[Ciudad de corazones rotos]

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[Parte1]

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Marinette abrió una de las diminutas manzanas decorativas de papel que adornaban los vasos de los cócteles que se servían aquella noche en un evento organizado por sus padres en uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad. Ella la admiró mientras recordaba que cuando era niña apreciaba que sus padres le regalaran aquellas que sobraban, y las usaba para jugar durante la mañana siguiente.

– Esas manzanas de papel siempre me han gustado – comentó Adrien Agreste quien se había acercado a su estación de bebidas silenciosamente, y sin que ella lograra darse cuenta.

Marinette le sonrió. Ella casi se había olvidado de la presencia de Adrien, pese a que este era uno de los aspectos que más ansiedad le traía aquella noche. Normalmente, a ella no le molestaba ayudar a sus padres durante los eventos. Después de todo, aquel era un negocio familiar, y el trabajo no era especialmente difícil.

Se trataba de un evento publicitario por el lanzamiento de un reloj de marca. Ni Adrien, ni su padre tenían nada que ver con aquello, sin embargo, al ser el hijo de uno de los diseñadores más famosos tendría que ser invitado como parte de todo el show mediático. Marinette no sabía cómo se sentía Adrien al respecto, pero algo le decía que odiaba estar allí. Después de todo, aquel cóctel tendría lugar el día de su cumpleaños.

Marinette y sus amigos tan solo lograron invitarlo a tomar un trozo de pastel de la panadería Dupain y darle un par de presentes aquella mañana durante el receso, pese a que hubieran deseado planear una fiesta para él durante la noche de aquel viernes. Sin embargo, los compromisos previos de Adrien eran ineludibles. Ella sabía que de haber estado en su lugar, habría detestado tener que asistir a un evento, justamente el día de su cumpleaños, en especial, cuando su presencia no era requerida, ya que no tenía nada que ver con la empresa de los Agreste.

– S-Si son bonitos– balbuceó Marinette mientras ponía la manzana de papel sobre la mesa.

– Siempre que papá y mamá me llevaban a un restaurante en donde las bebidas tuvieran esas manzanas, yo solía robarlas para jugar con ellas– comentó Adrien quien claramente quería conversar, y mucho.

– ¿En realidad? – preguntó Marinette en tanto ella sentía que su emoción subía como la espuma. – yo también hacía aquello– dijo. Adrien le dedicó una gran sonrisa. Sin embargo, Marinette apenas tuvo tiempo de responderle ya que uno de los meseros se acercó a su mesa con la intención de llenar su bandeja de tragos nuevos. Ella corrió a hacer su trabajo. Sin embargo, Adrien no parecía querer alejarse de allí.

– ¿No crees que deberías disfrutar la fiesta? – preguntó Marinette – no me malinterpretes, no es que quiera que te marches, pero creo que se vería mal si permaneces parado aquí sin apenas dedicarle atención a los demás invitados – balbuceó torpemente – no quiero pensar que te aburres aquí conmigo.

– No estoy aburrido en lo más mínimo, me gusta pasar tiempo contigo – respondió él. Marinette se sonrojó, pero él permaneció completamente tranquilo, como si no hubiera dicho mayor cosa.

– Pero qué estás diciendo… – comenzó Marinette abochornada.

– No es un secreto para nadie que preferiría mil veces pasar tiempo con todos ustedes durante mis cumpleaños. En cambio, aquí estoy, en un evento donde no conozco a nadie más que a tí – comentó Adrien mientras que observaba con amargura el contenido de su ponche de frutas sin alcohol.

Marinette volvió a sentir pena por él. De repente, la mirada de sus padres quienes trabajaban en la estación de dulces y pasabocas al otro lado del salón se posó sobre ella. Marinette sabía a la perfección cuál era el problema, pues ella no era una asistente especialmente capaz. Ella había entregado pedidos tarde, y en aquellos eventos en los que participaba no probaba ser una buena mesera, sin mencionar aquella oportunidad en la que en vez de cumplir un sencillo recado había preferido huir y dejarlos planteados mientras ella perdía el tiempo en compañía de Adrien y Kagami.

– Será mejor que te marches o me meteré en problemas– dijo Marinette sin apenas abrir la boca.

– ¿A qué te refieres? – preguntó Adrien, quien en realidad parecía dolido por su comentario.

– Mamá y papá aún siguen molestos conmigo por aquella vez en la que me fuí de un evento contigo y Kagami. Ellos dicen que no suelo ser de confianza– le explicó Marinette mientras que él miraba por encima de su hombro hacía los puestos de sus padres.

– Lamento mucho haberte metido en problemas– comentó Adrien– como papá es tan exigente, a veces suelo olvidar que los otros padres también tienen límites– dijo casi con tristeza.

– Lo lamento, te juro que no es mi intención…

– No te preocupes, iré a dar una vuelta por el salón, tal vez logre encontrar a algún conocido – respondió Adrien con una falsa alegría en su tono de voz. Marinette apenas le dedicó una simple sonrisa y lo observó marchar.

Lo cierto era que pese a que no había dicho otra cosa más que la verdad. Marinette en realidad sí se sentía muy culpable por la forma en la que prácticamente lo había echado de allí. Ella hubiera querido encontrar una manera de decirle aquello sin herir sus sentimientos. Sin embargo, rápidamente, ella se dio cuenta de que no existía tal cosa. Después de todo, ella no podría complacer eternamente a Adrien. Lastimosamente, aquella oportunidad tenía lugar justamente en el momento en el que él más necesitaba de su ayuda.

Marinette continuó con su trabajo en el puesto de bebidas mientras que veía de tanto en tanto a Adrien entablar conversación con algunas de las personas presentes, todo bajo la dedicada mirada de su guardaespaldas. Ella apenas le dedicó un par de palabras amables a un par de personas que se acercaron a pedir un trago.

La presentación de la marca de relojes tuvo lugar entre un show de luces y la presentación de un grupo musical no muy conocido, pero que Marinette apreció bastante. Después, todos los presentes comenzaron a charlar animadamente al tiempo que ella se complacía de haber presenciado la presentación. Esta era la clase de detalles que le agradaban de ir a los eventos de sus padres, pues ella había podido disfrutar de cosas muy divertidas en ellos, cómo cuándo recibió un pase para ver el estreno de una película.

Sin embargo, Adrien no parecía divertirse como ella, ya que su rostro lucía aquella formal y falsa sonrisa que parecía tener en los compromisos a los que asistía por obligación. Marinette hubiera querido caminar a su lado, pero aquella noche no era la noche, simplemente, había demasiado que hacer. Al darse cuenta de que se hacía más y más tarde, y que el momento para los pasabocas había concluido, Sabine decidió que no era adecuado que una chica de la edad de Marinette estuviera a cargo del puesto de bebidas.

Ella le agradeció silenciosamente a su mamá, pues ya había tenido que soportar los comentarios desagradables de un par de sujetos pidiéndole que sonriera. Al volver al lado de Tom, se dió cuenta de que ya quedaba muy poco trabajo por hacer allí, y que podría sentarse en un rincón junto con su papá, a esperar a que la noche finalizara.

– No he visto a tu amigo por ninguna parte – comentó Tom. De repente Marinette recordó a Adrien. Ella levantó el rostro y se dio cuenta de que su papá estaba en lo correcto. Adrien no se encontraba en el salón. Sin embargo, pronto ella entendió que él aún no se había marchado ya que su guardaespaldas se encontraba recostado en un rincón esperando a que él se dignara a aparecer.

Marinette no se sorprendió. Después de todo, aquel hotel se encontraba por fuera de la ciudad, por lo que a Adrien no le quedaba mucho sitio a donde marcharse si era que no quería tener que regresar a París a pie.

– Probablemente salió al jardín – respondió Marinette.

– Y probablemente, tú deberías acompañarlo– dijo Tom tranquilamente dirigiendole una mirada confidente a Marinette. Ella entendió de inmediato que su papá le estaba dando permiso para desaparecer si eso era lo que ella quería hacer.

– ¿Estás seguro? – preguntó Marinette – podrían necesitar mi ayuda.

– Creo que no, creo que ya estamos cubiertos, has hecho un gran trabajo esta noche – respondió Tom. Marinette sonrió brevemente y asintió. De repente, ella tuvo una idea, por lo que tomó uno de los pocos cupcakes decorados que aún quedaban, junto con una de las pequeñas velas flotantes que habían sobrado de las decoraciones de los candelabros de la mesa del buffet.

Ella salió hacía el jardín del hotel, en donde encontró a Adrien sentado en las escaleras que conducían al patio mientras miraba la pantalla de su celular y pasaba de foto en foto con su dedo. Marinette le dedicó una sonrisa.

– Hola – dijo Marinette. Él levantó su mirada en su dirección y le respondió con otra aún mayor.

– Hola– respondió.

– ¿Has terminado de trabajar con tus padres? – preguntó Adrien mientras que retiraba sus audífonos y los guardaba en el bolsillo delantero de su chaqueta de gala.

– Si – respondió Marinette quien acomodó la falda negra de su uniforme mientras se sentaba en las escaleras junto a él – es por eso que sería una buena idea venir a hacerte compañía – dijo Marinette con la voz temblorosa, y con una sonrisa aún más nerviosa.

– Lo agradezco.

– Te traje esto – dijo ella mientras que estiraba el cupcake decorado en su dirección. Adrien lo tomó, y lo admiró por algunos segundos.

– Esto es realmente bello, ha debido tomarle un buen rato a tus padres terminarlos– dijo él mientras que admiraba la flor de glaseado sobre el pastelito.

– Ellos ya tienen bastante práctica – dijo Marinette. – aunque tengo tengo que reconocer que es algo triste cuando las personas dejan la crema y la hacen a un lado del plato. Sé que puede llegar a ser demasiado dulce, pero no pueden imaginar la cantidad de trabajo que tienen esas decoraciones.

– Es una suerte que a mí me guste el glaseado, y que no me importe que sea demasiado dulce – respondió Adrien guiñandole el ojo. Él abrió la boca grande y se preparó a darle un buen bocado al pastel.

– Espera– lo detuvo Marinette, por lo que él cerró la boca y la miró sorprendido.

– No sería tu cumpleaños si no cantamos "Feliz Cumpleaños" antes – comentó Marinette mientras que sacaba del bolsillo de su delantal la vela flotante y las cerillas que había traído consigo. Ella puso la velita sobre las escaleras, la encendió y comenzó a cantar.

Para su sorpresa, Adrien no la acompañó en su canción. Él simplemente permaneció observándola mientras que ella cantaba desafinadamente el Feliz Cumpleaños. Ella se sintió bastante cohibida, al punto que comenzó a frotar frenéticamente su brazo contrario, en tanto la voz se le quebraba.

– Pide un deseo – dijo Marinette al terminar su canción. Adrien le sonrió brevemente y sopló la vela.

– Ahora sí puedes comerlo – continuó ella. Adrien no dudó dos veces y le dió un gran mordisco a su pastel de cumpleaños. Marinette suspiró mientras sentía que la brisa de aquella primavera la hacía tiritar, pues ella había olvidado su abrigo.

– ¿Tienes frío? – preguntó Adrien quien sin escuchar su respuesta se quitó su chaqueta de gala y se la puso sobre los hombros.

– No es necesario – contestó Marinette entrecortadamente, mientras que él sin dudarlo la cubría. Marinette se sonrojó al verse rodeada con el aroma de la colonia de Adrien. Ella la reconoció en seguida, se trataba de "G" de Gabriel, la misma que había ocupado tantos avisos publicitarios por todo París.

– Realmente no era necesario, Adrien – dijo Marinette – sólo era una brisa, yo simplemente habría podido ir por mi abrigo.

– Puede ser – reconoció Adrien encogiéndose de hombros, pero en ese caso habría perdido tu compañía, y eso sí que no habría podido soportarlo – dijo casualmente Adrien. Marinette se volvió a sonrojar y evadió su mirada. La confianza de Adrien al decir aquello le recordaba a Chat Noir cuando lanzaba confesiones de amor a la nada sin siquiera medir las consecuencias. Ella le había dicho en una ocasión que envidiaba la forma en que hacía aquello, y el sentimiento no había cambiado en lo más mínimo.

– ¿Cómo puedes decir algo como eso? – preguntó Marinette en tanto dejaba salir una risa nerviosa.

– Es la simple verdad, este cumpleaños ha sido bastante aburrido, y ahora que tengo la oportunidad de pasarla en compañía de mis amigos no voy a perderla – dijo Adrien.

– No todo fue malo, la presentación fue bonita – comentó Marinette quien de inmediato se arrepintió de haber dicho algo tan tonto, ya que a juzgar por su expresión cargada de ironía él ya debía estar completamente acostumbrado a asistir esta clase de eventos.

– Si, lo fue– aceptó Adrien. Marinette se quedó en silencio y bajó su mirada antes de que pudiera decir alguna otra cosa que pudiera dejarla en evidencia. Sin embargo. De repente, ella se alarmó al sentir que él le retiraba el flequillo de la frente. Aquel gesto era decididamente íntimo, mucho más de lo que Adrien nunca hubiera intentado. Marinette se sintió completamente abochornada, pero llena de confianza. Tal vez ella se hubiera equivocado, tal vez, él si la quería como algo más que a una simple amiga.

– Fue un detalle realmente conmovedor que hubieras decidido salir a buscarme, que hubieras traído ese pastel, y esas velas– dijo Adrien. Nuevamente, ella no tuvo forma alguna de responder. Los dos se quedaron un rato en silencio mientras que tan solo los acompañaban las pálidas luces que salían del salón, y el eco de la música de la banda.

– ¿Quieres bailar? – preguntó Adrien de repente.

– M-me en-encantaría – respondió Marinette sonrojándose – pero no creo que sea una buena idea– dijo mientras se miraba a sí misma, ya que el uniforme era un recordatorio de que aquel día venía a ayudar a sus padres, no a perder el tiempo.

– Podemos bailar aquí – propuso Adrien. Marinettte dudó, pues francamente no sabía a dónde conduciría todo aquello, sin embargo, debió ser algo en la brisa, o el tenue brillo de la luz que provenía del interior del salón, o incluso, la sonrisa de Adrien que la animaron a dejarse llevar.

– Sí, por supuesto– dijo Marinette mientras se ponía de pie. Ella dejó que él tomara su mano mientras que los dos comenzaban a moverse al compás de la música. Marinette sintió que él se acercaba a ella como siempre lo hacía cuando los dos bailaban juntos. Si ella no hubiera conocido a Adrien como lo hacía, hubiera pensado que aquello era un signo claro de que él sentía alguna especie de atracción por ella. Después de todo, no lo había visto entregarse a otra persona de esa manera durante un baile, y ella parecía ser la única que lograba tener esa reacción en él.

Adrien la abrazó fuertemente mientras que ella sentía su aliento sobre su oído. Ella lo dejó continuar. Después de todo, aquel era un simple baile de cumpleaños, un momento robado en medio de la ocupada vida de Adrien, y que podría devolverle algo de su tradicional buen humor.

– ¿Te sientes mejor? – preguntó Marinette.

– Sí, creo que sí – respondió Adrien mientras se apartaba ligeramente de ella con el objetivo de que ambos pudieran charlar mientras bailaban.

– Lamento mucho que no hubieras podido tener la fiesta de cumpleaños que tanto deseabas– dijo Marinette.

– No tienes por qué lamentarlo– respondió Adrien – nada de esto es tu culpa, es más, agradezco mucho que estés aquí conmigo.

Un muy breve silencio siguió a aquella palabra, en tanto los dos permanecieron mirándose el uno al otro. Marinette adivinó en seguida las intenciones de Adrien. Él realmente quería besarla. En aquel corto instante, ella se preguntó a qué se debería esto, si sería consecuencia de la soledad de aquella noche, o tal vez era una respuesta desproporcionada a su tonto acto de amabilidad. Sin embargo, Marinette se aventuró a tener una idea descabellada, pues tal vez, y sólo tal vez, él sí tenía sentimientos por ella.

Marinette entrecerró los ojos y ladeo su rostro para dejar que él continuara con el beso que tan claramente deseaba. Adrien tan solo sonrió con la comisura de sus labios, y muy silenciosamente aceptó la invitación. Por primera vez en aquella noche, Marinette dejó de preocuparse, y de indagar mentalmente en cada una de las intenciones de Adrien, ya que él nunca le había dado razón alguna para suponer que no fuera honesto, o que no la quisiera en lo más mínimo.

Sus labios se sintieron suaves contra los suyos, y él hizo fácil seguirle el paso, casi cómo si ella hubiera podido derretirse en él. Adrien también parecía muy complacido con la manera en que se estaban desarrollando las cosas, ya que sus manos iban de la parte baja de su cintura a su cadera con suavidad. Él tomó del beso cómo si se tratara de agua en el desierto, y fue en aquel momento en el que Marinette se preguntó desde hacía cuánto tiempo exactamente él se sentía de aquella manera por ella, pues Adrien no había dado señal alguna de quererla.

Marinette sintió los labios de Adrien abandonar los suyos en busca de su mejilla. Ella lo dejó hacerlo, e incluso ladeó su rostro con el fin de ayudarle a que accediera con mayor facilidad. Aquel toque era inusitadamente intímo, pero ella lo dejó continuar pues mentiría si dijera que aquello no le causaba placer. Marinette pensó en aquel instante que debió haber intuido que algo venía cambiando en el comportamiento de Adrien de un tiempo para acá, pues en realidad, él sí la trataba de una manera diferente.

Ella recordó cada una de las suaves sonrisas que le dirigía cada vez que la veía venir, e incluso cuando se comportaba con torpeza. Una parte de Marinette creía que se trataba de lástima, pero otra intuía que él casi se encontraba entre conmovido y divertido por ella. Y al parecer, era esta última se encontraba en lo cierto.

Marinette sintió la punta de la nariz de Adrien rozar levemente con su mejilla mientras que él continuaba depositando leves besos en la parte baja de su mentón. Ella acarició su espalda, y con una de sus manos subió por su cuello hasta que se enredó con su cabello. Aquello pareció agradarle, ya que él unió aún más su cuerpo al de ella. Adrien era tan alto, que Marinette pensó que con aquel movimiento la levantaría del suelo, pero ella logró mantenerse en su sitio.

De repente, la intensidad fue tal, que los dos consideraron que era momento para detenerse a dar un respiro, y posiblemente, encontrar algo de sentido en lo que les acaba de suceder.

– Marinette… – suspiró Adrien cómo si en la forma soñadora en la que dejó aquella palabra salir de sus labios hubiera quedado un algo no dicho.

– Y-yo no… yo no tenía la mejor, perdón, la menor idea de que tú… – balbuceó Marinette, sin poder llevarse a sí misma a concluir la frase. Adrien se sonrojó.

– Yo tampoco estaba seguro respecto a tí, pero no podía seguir viendo los días pasar sin siquiera estar seguro, o sin decirte una palabra– murmuró Adrien.

– Yo siempre he estado enamorada de tí– respondió Marinette clara y firmemente, de una manera que nunca habría podido ser posible de parte de ella.

– Quisiera poder decir eso, quisiera poder decir lo mismo – respondió Adrien – pero estos sentimientos son extraños, no sé cómo explicarlo, son como una especie de música de fondo que sonaba de una manera muy suave en un principio, pero que con el pasar el tiempo se ha transformado en algo ensordecedor al punto que ya no puedo dejar de pensar en ello– dijo Adrien con un tono de pregunta en su voz.

– Sé que pensarás que estoy loco – dijo Adrien muy serio.

– No lo hago– respondió Marinette mientras que lo observaba sin saber bien qué hacer. Adrien debió sentirse incómodo, ya que mordió su labio.

– Me odias– dijo antes de frotar su rostro con sus manos en señal de desesperación.

– Nunca – respondió Marinette – en realidad, es todo lo contrario.

– Oh Marinette… – suspiró Adrien entre aliviado e ilusionado.

De repente, a Marinette regresaron las dudas que la habían mantenido lejos de Adrien en los últimos meses. Ella no se encontraba en posición de repetir con él su dolorosa historia con Luka, pues había pasado tanto tiempo discutiendo consigo misma si era buena idea seguir manteniendo una ilusión que ella claramente no podría mantener.

– Me preguntaba... – comenzó Adrien casi tan nervioso como Marinette solía encontrarse siempre que él le dirigía la palabra – me preguntaba si quieres salir conmigo un día, tu sabes, si tienes tiempo. – balbuceó él. Adrien levantó su mirada y la observó con sus cejas ligeramente arqueadas, y fue en aquel momento que Marinette vió cuán nervioso se encontraba. Fue entonces que ella decidió que no podía romperle el corazón. Ella no tenía la sangre fría para hacer algo cómo aquello, pues lo cierto era que no quería hacer otra cosa más que decirle que sí.

– Me encantaría– dijo Marinette sonriendo.

– ¿Quieres ir a pasear mañana? – preguntó Adrien – ¿Te gustaría salir en la mañana? – continuó. En ese momento Marinette recordó que ella se había comprometido a pasar la mañana con Alya, ya que su amiga le ayudaría a investigar otros de los secretos del libro de los Miraculous.

– Me temo que no podré salir en la mañana– respondió Marinette– ¿podríamos salir en la tarde? – preguntó ella.

– Sí, creo que sí – respondió Adrien alegremente– si gustas, podemos vernos en el Jardín de las Tullerías a las tres, por la salida al lado del invernadero.

– Eso suena bien – contestó Marinette.

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Ella apenas pudo dormir aquella noche. Marinette sabía que salir con Adrien no era una buena idea, que los problemas comenzarán en cuanto sus complejos horarios colisionaran. Ella llevaba todo el asunto de ser la guardiana de los Miraculous a cuestas, y él tenía un horario y un padre completamente demandantes, sin embargo, como pasa tantas veces en la vida, ella decidió dejar de lado la voz de su razón y dejarse llevar por las fantasías de su próximo encuentro con Adrien, mientras que el fantasma de sus labios sobre los suyos inundaban el ambiente.

El día siguiente llegó. Alya también lo hizo, y juntas comenzaron a trabajar en el libro de los Miraculous. Marinette no iba a mentir, su amiga había sido una gran ayuda y tenerla a su lado mientras compartía aquel importante secreto, era mucho más de lo que ella nunca podría pedir. Sin embargo, hubo algo que detuvo a Marinette de contarle acerca de lo que había sucedido con Adrien. Tal vez fuere porque la incertidumbre y las dudas de no saber si las cosas saldrían bien, o si su muy anticipada historia de amor tendría la misma conclusión que lo hizo con Luka. Pero, y tras pensarlo por un rato, Marinette supo que una parte bastante sentimental de ella quería atesorar ese momento como algo secreto, al punto que ni siquiera había compartido el asunto con Tikki, o los otros Kwami.

Su relación con Adrien era algo con lo que ella siempre había soñado. Era una especie de anhelo imposible en el que Marinette apenas se atrevía ni a soñar. Por lo que sintió que ese momento le pertenecía a ella, y únicamente a ella. Durante las horas siguientes, y en los espacios muertos en medio de las horas de trabajo en compañía de Alya, Marinette pensó una y otra vez en la forma en la que le preguntaría a Adrien la forma y el cuando en la que se habían dado aquellos sentimientos en él.

Marinette conocía a la perfección cuando se habían dado sus propios sentimientos, pero dudaba francamente de que pudiera ubicar un punto exacto en el caso de Adrien, pues lo cierto era que él siempre la había tratado con una gentileza particular, aún para alguien tan dulce como él. Tal vez, era por aquella razón que Marinette no lograba simplemente enterrar sus sentimientos y darlos por terminados. Sin duda, Adrien la había sorprendido, pero no completamente.

– Me voy – dijo Alya cuando llegó la hora de almorzar – y si yo fuera tu, me marcharía directo a la cama, pareces exhausta y muy distraída, tienes que descansar, amiga.

– S-si, tal vez eso sea lo que me sucede – balbuceó Marinette nerviosa.

Marinette se despidió de su amiga, sintiéndose levemente culpable. Después, ella hizo a un lado estos sentimientos y subió nuevamente a su habitación en donde comenzó a seleccionar vestidos de su armario sin tomarse la molestia de decirles a los Kwamis a dónde se dirigía. De repente, su celular sonó. Marinette miró la pantalla y se apresuró hacia el baño del primer piso en donde se encerró.

– Hola, Marinette – la saludó Adrien quien sonaba claramente desanimado, y fue allí cuando ella intuyó lo peor.

– Me temo que no podré asistir – dijo Adrien.

– ¿No? ¿Por qué? – preguntó Marinette sintiéndose algo defraudada.

– Papá no ha dejado que salga hoy, él piensa que no es buena idea, ayer me desvelé y no quiere que eso afecte mi rendimiento en el colegio y en las sesiones de fotos. Creo que es una tontería, pero ya sabes cómo es él – dijo Adrien.

– Lo lamento mucho Adrien – dijo Marinette genuinamente entristecida por la oportunidad perdida.

– ¿Crees que podamos vernos mañana por la mañana? – preguntó Adrien emocionado.

– Tal vez – dijo Marinette – les diré a papá y a mamá que no puedo ayudarles en la panadería. Cómo podrás imaginarte, mañana es el día más ocupado de la semana.

– Oh, lo comprendo, pero tendré una sesión fotográfica, tal vez podrías acompañarme– dijo.

– Sí, eso suena divertido – respondió Marinette emocionada.

– Perfecto – dijo Adrien de una manera que Marinette casi podía sentir su sonrisa a través del auricular.

Uno de los puntos con los que Marinette más había luchado desde que comenzó su carrera como Ladybug era la tarea. Ella aprendió que cuando se estaba tan ocupada como ella, se tenía que aprender a utilizar cada rato libre para avanzar lo más que se pudiera. Marinette decidió que aprovecharía aquella tarde hasta llegada las nueve de la noche cuando se transformó en Ladybug y comenzó sus rondas por París.

Habían noches, como aquella, en las que Ladybug hacía rondas sin la compañía de Chat Noir. Lo cierto era que esas jornadas los dejaban completamente exhaustos, por lo que decidieron que habría oportunidades en las que sólo uno de ellos vigilaría, mientras que el otro disfrutaba el placer de una buena noche de descanso. Aquella noche el trabajo le correspondía a Marinette quien debía hacer sus rondas por su cuenta.

Ella se transformó y saltó de edificio en edificio mientras que miraba hacía las calles desiertas de no ser por unos cuantos turistas y los paseantes regulares. Marinette ya estaba comenzando a desarrollar una especie de intuición sobre si habría o no un ataque de un akuma, y algo le decía que aquella noche estaría completamente tranquila.

Mientras ella observaba las luces de la ciudad, Marinette escuchó su celular sonar. Ella contestó, pues se trataba de Adrien.

– Hola, Marinette– dijo Adrien con voz soñadora.

– Hola– respondió Marinette igualmente emocionada.

–Quería hablar contigo. Es una verdadera lástima que no hayamos podido hablar antes – dijo Adrien. – Supongo que estás molesta por lo que sucedió anoche– continuó. Marinette sintió algo de precaución en su voz. Ella hubiera querido reír, no podía creer que después de la forma en la que ella había recibido aquel beso, él hubiera creído que se encontraba molesta.

– Molesta, no – respondió Marinette – yo diría que la palabra indicada es "sorprendida"

– Creo que siempre fue bastante obvio – contestó Adrien.

– Claro que no – se burló Marinette mientras dejaba salir una sonrisa.

– ¿A sí? – preguntó Adrien también burlándose de ella– ¿Y qué hay de ti? tu nunca fuiste lo suficientemente clara. Tu dices que siempre estuviste enamorada de mí, pero cada vez que buscaba grietas en tus sentimientos me lanzabas alguna confusa señal.

– ¿A qué te refieres? – preguntó Marinette mientras sentía que se sonrojaba, a pesar de la fría brisa de la noche corría en el tejado de aquel edificio.

– No pretendas Marinette – respondió Adrien– cuando te pregunté acerca de las fotos en tu habitación me dijiste que eran simples imágenes de moda, que no eras más que una fan de las publicaciones de papá, y en ese viaje a Nueva York me dejaste muy claro que no te interesaba que me fuera de allí.

– Yo… – comenzó Marinette sin atreverse a terminar la frase.

– Marinette – comenzó Adrien demasiado serio para su gusto – ¿Es cierto que en realidad estabas enamorada de mí? – preguntó – la verdad es que es un poco difícil para mí creer que así hubiera sido, pues a decir verdad tú nunca diste señal alguna de tener sentimientos por mí, y a decir verdad, al principio, parecía que solo querías evitarme.

– Espera Adrien – dijo Marinette mientras se levantaba de la cornisa en la que se hallaba sentada y comenzaba a dar vueltas en círculos por la azotea. Ella sintió el impulso de defenderse, pues no podía soportar que Adrien la estuviera acusando de algo que ella nunca tuvo la intención de hacer, pues lo cierto era que su comportamiento no fue intencional, era algo que definitivamente se salía de su control.

– No es justo que me digas eso, es simplemente que… – comenzó ella dudando– yo no soy como tú, yo no tengo la habilidad que tu tienes para lanzarte al ruedo sin importar si serás rechazado.

– ¿Me estás diciendo que tenías miedo?

– Puede ser – reconoció Marinette.

– No había necesidad para temer – dijo Adrien – ¿Qué era lo peor que habría podido pasar? ¿Qué te rechazaría? – preguntó Adrien.

– Puede que no sea la gran cosa para tí, pero para mí es bastante serio– dijo Marinette quien francamente se estaba comenzando a sentir irritada – creo que lo mejor será que hablemos mañana– continuó.

– ¡No!– la detuvo Adrien – por favor no cuelgues – pidió.

– Lamento mucho lo que dije, Marinette. Yo nunca tuve la intención de recriminarte por nada. La verdad es que yo he pasado tanto tiempo preguntándome si tú podrías responder mis sentimientos, que me frustra pensar en el tiempo perdido. – dijo.

– Supongo que yo debería pensar lo mismo – comentó Marinette – pero no puedo hacerlo, francamente, creo que estaba muy asustada como para hacerlo, simplemente, yo no soy como tú, Adrien – dijo ella en tanto dejaba salir un profundo suspiro.

– Quiero verte, Marinette.

– Ya acordamos que nos veríamos mañana.

– No me refiero a eso – se apresuró a decir Adrien – quisiera hablar contigo por video llamada, ya ha pasado casi un día desde que nos besamos, y realmente me gustaría verte nuevamente.

Marinette miró a su alrededor, aquello era completamente imposible, ella no sólo usaba su traje de Ladybug, sino que además se encontraba en lo alto de un edificio. Aunque ella volviera a ser Marinette, él de inmediato notaría algo raro en aquella escena.

Podría decirle que se trata de mi balcón– pensó rápidamente Marinette. Sin embargo, ella supo que aquella era una pésima idea, existía un riesgo muy grande de que algún peatón la viera transformarse y de-transformarse, sin olvidar de que su yo normal no tendría explicación alguna para permanecer en lo alto de un tejado a altas horas de la noche.

– Adrien, no puedo hacerlo, estoy impresentable – dijo Marinette dejando salir una risa nerviosa.

– No digas eso, princesa, estoy seguro que te ves bien de todas las maneras– dijo. Marinette se sonrojó, pues aquello parecía algo dicho por su compañero de equipo y no por una persona tan reservada como Adrien Agreste.

– Ese eres tú, que eres un modelo famoso, al resto de nosotros tenemos que esforzarnos para lucir presentables– respondió Marinette quien realmente quería que él se tragara esa mentira, de lo contrario, estaría en serios problemas.

– Marinette… – comenzó nuevamente Adrien a modo de súplica – por favor, concedeme esta oportunidad.

– Lo siento mucho, te prometo que te recompensaré por esto – dijo Marinette – te prometo que si salimos mañana, yo pagaré el helado.

– ¿Helado de André? – preguntó Adrien.

– El mismo. – Confirmó Marinette.

Marinette casi pudo escucharlo sonreír a través del teléfono nuevamente. Marínette se alegró al ver su reacción. Después de todo, su intención nunca fue la de hacerlo infeliz. Y con aquel pensamiento en mente, ella pudo irse a dormir profundamente aquella noche después de concluir sus rondas. Sin embargo, su sueño fue tan reparador que cuando despertó se dio cuenta de que la mañana había pasado en un parpadeo sin que ella realmente pudiera hacer nada para remediarlo.

Rápidamente, Marinette se puso de pié y se vistió. Después, ella bajó hacía la primera planta en donde sus padres le dijeron que habían preferido no despertarla, ya que ella se veía exhausta. Marinette subió a su habitación sintiéndose completamente desanimada, ya que no había nada que ella pudiera hacer para remediar el asunto, más que llamar a Adrián y disculparse por su haberlo dejado plantado.

– Lo lamento mucho – dijo Marinette contrariada.

– No tienes porqué hacerlo– respondió Adrien de una forma demasiado agradable como para tratarse de alguien que recién había acabado de ser plantado – de todas maneras, tenía el presentimiento de que papá no me dejaría ir contigo, por más que yo quiera, él no suele ceder en este tipo de casos– dijo Adrien.

– Debe existir alguna forma en la que nos podamos ver– contestó Marinette.

– Mañana podremos vernos en el colegio – respondió Adrien con un deje soñador en su tono de voz.

– Supongo que estás en lo cierto– dijo Marinette. – tu y yo siempre tendremos el mañana – suspiró Marinette quien en realidad quería darle algo de esperanza a Adrien para que él no descartara la posibilidad de verse al día siguiente.

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Marinette no tuvo que pedirle a Adrien que guardara el secreto de su nueva e incipiente relación. Una parte de ella no quería hacerlo, después de todo, todos los miembros de su curso de una manera u otra seguían esperaban poder ver el día en el que los dos finalmente pudieran estar juntos. Sin embargo otra parte, la que pertenecía únicamente a la Marinette irracional que no buscaba explicación sensata a ninguna de sus actuaciones, y se dedicaba únicamente a actuar bajo los dictados de su corazón, quería guardar el secreto para que solo Adrien y ella pudieran conocer la verdad.

Había algo increíblemente íntimo en todo el asunto, en las sugerentes miradas que Adrien le lanzó por encima de su hombro durante toda la mañana, o la forma en la que él o ella intentaban pasar desapercibidos mientras buscaban alguna clase de contacto entre los dos.

A pesar de lo anterior, no fue sino hasta llegada una hora de receso que ellos compartían entre la clase de lengua y biología, que Marinette finalmente juntó el valor necesario para mirar por encima de su hombro mientras se aventuraba a dejar el salón de clases. Adrien le devolvió la mirada con gran intensidad, fue entonces claro para ella que Adrien había entendido fuerte y claro su mensaje: ella deseaba que la siguiera.

Marinette bajó las escaleras del segundo piso mientras sentía su mirada fija en ella. Después ella se dirigió hacia la pequeña puerta al lado de la entrada que conducía a las calderas. Ella realmente esperaba que estuviera abierta, de lo contrario, su plan se vendría abajo. Haciendo honor a su nombre de Ladybug, ella contó con la buena suerte de su lado, ya que al mover la perilla la puerta se abrió sin ningún problema, por lo que entró sin pensarlo dos veces, después, caminó hasta que llegó a la caldera que se ubicaba en la parte de atrás. Marinette se recostó en una pared junto a la entrada, de forma que cuando Adrien entró él no la vió.

Adrien pronto miró a su lado y la vio recostada en aquella pared, pero los dos permanecieron en silencio, mientras que Marinette no podía hacer otra cosa más que sonreír. Pero, aún así, los dos se quedaron callados, como si cualquier palabra pudiera entorpecer las profundas emociones de aquel breve momento robado. Adrien se acercó a ella, poniéndose al frente suyo. Él la observó fijamente, con aquellos ojos verdes que le hicieron preguntarse si él la deseaba tanto como ella lo hacía en aquel momento.

Sin previo aviso, Él se inclinó hacía ella y la besó lentamente, Marinette se sintió sobrecogida por la suavidad de la manera en que sus labios hicieron contacto con los suyos, y cómo tomó su cuello para profundizar el contacto. Ella suspiró profundamente con aquel beso, y decidió que no podía quedarse estática mientras que aquello continuaba, por lo que puso sus dos manos sobre sus hombros para acercarse más a él. Adrien se emocionó ante aquel nuevo contacto, ya que sin pensarlo dos veces la arrinconó ligeramente contra la pared en la que ella se encontraba esperando.

Marinette lo observó sobrecogida una vez se separaron para tomar aire.

– Aún no quiero que nadie se entere de esto, quiero disfrutarlo contigo – respondió Adrien.

– Yo también – confesó Marinette. Adrien asintió y la abrazó con fuerza mientras que dejaba caer su rostro en el arco de su cuello. Mientras tanto, ella respondió el gesto lo mejor posible, no sólo porque se encontraba nerviosa como nunca lo hubiera estado, sino porque él era tan alto que era un poco más difícil para ella.

A pesar de lo anterior, Marinette hizo lo mejor posible por enredar sus dedos en su cabello. Ella quería encontrar una forma de hacerle entender y transmitirle todo el cariño que había reservado únicamente por él por los últimos tres años. De repente, fue cómo sus sentimientos la sobrecogieron, y las dudas regresaron nuevamente, ya que las cosas no habían cambiado desde su rompimiento con Luka, si algo, se habían vuelto aún más difíciles. Si bien, ella tenía alguien con quien llevar la carga de ser Ladybug. Lo cierto era que Hawkmoth cada día era más y más poderoso y los akumas parecían ser más amenazantes, al punto que ella estaba requiriendo más y más a los otros Miraculous con más regularidad.

– ¿Estás bien? – preguntó Adrien apartándose de ella.

– ¿Por qué lo preguntas? – dijo Marinette.

– Pareces asustada– respondió Adrien. – sé que algo pasa contigo, dijo.

– No es nada, o no es algo que pueda contarte– respondió Marinette quien en ese momento no se creyó lo suficientemente fuerte para despegar su mirada del piso.

– Puedes contarme lo que sea, yo lo entenderé– dijo Adrien. Marinette quiso reír, ya que aquello sonaba como un deja vu a lo que había vivido con Luka.

– No, no puedo – respondió Marinette. En aquel incómodo momento un silencio el silencio se impuso entre los dos, pues no importaba que tanto hubiera querido Marinette

–Está bien, realmente no hay problema – dijo Adrien. Martinete suspiró, ya que ella conocía la rutina, al principio, él decía que estaba bien, pero, eventualmente se cansaría de todo aquel asunto.

– Creo que tenemos que volver al salón de clase – dijo Marinette al sentir su teléfono vibrar en su diminuto bolso.

– Dime que podré verte al terminar clase– le pidió Adrien mientras pegaba su frente a la suya.

– Podrás verme cuando quieras – Respondió Marinette quien le dio un breve beso en los labios.

–Perfecto – suspiró Adrien mientras le dedicaba una sonrisa.

Marinette tuvo el presentimiento de que los dos sabían que aquella promesa no se iba a poder cumplir tan fácilmente, pero eso no implicó que Adrien continuara con las miradas por encima del hombro durante el resto de la jornada escolar, o que Marinette le dirigiera las suyas propias mientras los cuatro, en compañía de Alya y Nino trabajaban en un laboratorio en clase de química. Ella no supo qué fue lo que él encontró tan encantador, tal vez, el movimiento de pestañas que intencionalmente hizo, o la sonrisa que le dirigió.

– ¡Adrien!– lo llamó Nino. La profesora te ha llamado tres veces.

– Ah, sí, presente, señorita Mendeliev – dijo Adrien mientras que torpemente alzaba la mano.

Marinette sonrió para sí misma. Ella nunca pensó tener aquel efecto en Adrien, aunque por lo que estaba aprendiendo, él podía llegar a ser tan cursi como ella, por lo que no pudo evitar preguntarse si él también tenía las mismas locas fantasías, en las que los dos viajaban, eran felices, formaban una familia y adoptaban un hámster al que llamarían…

– ¡Marinette! – Dijo Alya– ahora es a tí a quien llaman.

– oh sí– respondió ella. – presente.

Las cosas no cambiaron mucho por el resto del día, los dos continuaron con su coqueteo silencioso, pero ninguno se atrevió a hacer planes para un nuevo encuentro, cuando los dos sabían que al encontrarse a la mitad de la semana no existiría forma alguna para que pudieran verse sin tener millones de contratiempos. No fue sino hasta que llegó el miércoles que el primero en estallar fue Adrien

– Dime que irás conmigo a pasear por el parque y a comer un helado– Murmuró Adrien mientras se sentaban uno al lado del otro en la cancha de basket del colegio.

– ¿Puedes ir? – preguntó Marinette sorprendida.

–Ya pensaré en algo– respondió Adrien.

– Está bien – Asintió Marinette.

Ella aceptó el encuentro, pero lo cierto es que había una parte de Marinette que aún no estaba completamente convencida de continuar con todo aquello. Al principio a ella no le había molestado, pero estaba comenzando a resentir un poco el hecho de que aquella relación se estaba llevando en el más profundo de los silencios. Después de todo, no entendía porqué tenían que guardar el secreto por tanto tiempo. Sin embargo, ahora que lo pensaba, lo cierto es que ellos dos no tenían en realidad una relación. Es más, Marinette nunca había salido con Adrien por fuera del colegio,

Marinette prácticamente se tragó aquellos sentimientos cómo si se tratara de una píldora amarga. Sin embargo, ella no pudo poner énfasis en aquellos pensamientos, ya que cuando llegó a casa se encontró con que sus padres estaban terminando de empacar la camioneta que usaban para llevar grandes pedidos a una sala de eventos cercana en donde tendrían un matrimonio que atender. Marinette quería verse libre de aquel compromiso lo más rápido posible con la intención de escribirle a Adrien, pero sus padres no partieron sino hasta las tres de la tarde.

Cuando finalmente pudo llamar a Adrien, él la sorprendió.

–Tengo libre hasta las cinco, creo que no podré tomarme más tiempo– dijo.

–Bien– aceptó Marinette, quién se sentía ligeramente responsable por aquel retraso, eso tendrá que bastar– respondió.

Ella corrió al parque, y justo cómo habían planeado varios días antes, se reunió con ella en la entrada al lado del invernadero. Marinette estaba completamente dichosa, y él parecía igualmente complacido. Ella tomó su mano y él recibió con alegría el gesto, al tiempo que los dos comenzaban a caminar por los senderos de grama amarilla circundados por árboles y turistas, mientras que la pálida luz de aquella fría tarde de primavera los rodeaba. Marinette y Adrien no tuvieron suerte en encontrar a André, pero aún así la pasaron muy bien.

– Deberías subir a tomar algo – dijo Marinette mientras abría la puerta de su casa. Adrien miró el reloj de su celular y aceptó.

– Aún tengo tiempo, y eso suena realmente tentador– respondió ella.

Los dos subieron al cuarto de Marinette, mientras que ella preparaba café a una velocidad realmente impactante, ya que quería aprovechar al máximo el tiempo que le quedara en compañía de Adrien.

Ella se sentó en su diván rosa en su habitación mientras ponía la bandeja entre los dos.

– Lamentó mucho que esto tenga que ser tan apresurado– dijo Adrien.

– Yo también lamento no haber podido tener un minuto de paz desde el fin de semana pasado. – dijo Marinette mientras entrecruzaba sus manos sobre su regazo. Adrien sonrió al verla hacer aquel movimiento, para después pasar a tomar su mano entre la suya.

– ¿No crees que deberíamos anunciar que estamos juntos? – preguntó Marinette. – sé que a nuestros amigos les alegrará mucho– dijo. En ese momento, Adrien pareció dudar.

– No lo sé, Marinette, tal vez no sea una buena idea

– ¿No quieres que nadie sepa de nuestra relación? – preguntó Marinette sintiéndose muy contrariada, al tiempo que retiraba su mano del agarre de Adrien y se hacía a un lado del diván.

– No es eso… – comenzó Adrien quien claramente batallaba con las palabras– Es que tu no sabes cómo es papá.

– ¿A qué te refieres?

– A qué él tomará esto de manera personal y sé que de alguna manera lo arruinará, probablemente diga que es una forma de preservar la marca, o simplemente se opondrá.

– ¿Realmente lo crees así? – preguntó Marinette.

– Si.

Marinette y Adrien se quedaron sentados el uno junto al otro sin saber a ciencia exacta que decir. Lo cierto es que aquella revelación no hacía otra cosa más que poner estrés en su incipiente relación. Ninguno de los dos tenía tiempo para mantener aquello, y la negativa de Gabriel Agreste no era sino otro problema más para la colección.

– Estás molesta – dijo Adrien de repente.

– Molesta no sería la palabra adecuada, yo diría que estoy "confundida"– afirmó Marinette.

Adrien volvió a acercarse a ella, y una vez más, Marinette se lo permitió. La verdad era que sin importar los problemas, los sentimientos que ambos compartían eran más fuertes que ningún obstáculo que existiera precisamente en aquel momento, por lo que ella recibió este nuevo beso de Adrien sin pensarlo dos veces, sin objeción alguna y entregando cada onza de su propio deseo en el acto.


Hola a todos, estoy algo aburrida del long fic que estoy terminando, así que vamos a publicar un oneshot para divertirme, pero como me ha sucedido en el último tiempo, ha salido muy largo, y debo dividirlo en dos partes que pronto estaré publicando.