Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo los uso para mis adaptaciones :)
CAPÍTULO 12
Pasó una semana sin que Bella tuviera noticias de True o de Masen; no esperaba que True le dijera nada nuevo, ahora que sabía que había seguido la pista errónea al considerar que Masen había estado involucrado en el secuestro de William, pero esperaba que al menos la llamara y le dijera que no tenía ninguna información nueva.
Se sentía constantemente con los nervios a flor de piel, esperando ver a Masen cada vez que doblaba una esquina o abría una puerta. A veces tenía la sensación de que la vigilaban y miraba a su alrededor, pero si él estaba allí, nunca lo había detectado. ¿Y por qué razón iba a vigilarla? Probablemente estaba en algún lugar de México, haciendo su trabajo, legal o no, el que fuera.
Con él ausente, ella debería sentirse más relajada. Cada vez que lo tenía cerca, todos sus sentidos se mantenían alerta, como si estuviera en presencia de un animal amaestrado a medias, en el que no Podía confiar del todo. Pero cuando él no estaba y su sentido del peligro se desvanecía, su guardia bajaba y a veces era agredida de repente por una insidiosa punzada de deseo.
Era una locura. Se había sentido atraída por otros hombres después de Jacob, había intentado establecer otras relaciones. Percibía que existía cierta química entre True Cullen y ella, aunque sus razones para no reaccionar a eso eran válidas y no tenía ni la tentación de cambiar de idea. Sin embargo, sentirse atraída físicamente por Masen era preocupante. Era el hombre más peligroso que había conocido en su vida, y no se refería a enfermedades de transmisión sexual. Podía ser de una violencia devastadora. Ella no lo había visto, apenas había probado una pizca pequeñísima de su potencial la noche en que él había saltado sobre ella en Guadalupe, pero podía verlo en sus ojos, en las reacciones de las personas que habían oído hablar de él o tenían tratos con él.
Tenía que estar loca para considerar cualquier cosa que no fuera una relación laboral con él, y para eso debía suponer que él era capaz de mantener una relación. Sexo, sí, una relación, no. Eso exigiría un vínculo emocional que ella no creía que Masen fuera capaz de generar. Además, ¿de veras quería meterse en la cama con un hombre que temía a medias?
Quizá sólo una vez, le susurró su libido, lo que le indicó cuan tentada se sentía en realidad, porque antes nunca había tenido problemas para rechazar una gratificación personal si eso interfería con su incansable búsqueda de William. Masen era la mejor oportunidad que había tenido para descubrir lo que le había ocurrido a su hijo, y no osaría hacer nada que pudiera alterar el status quo.
Tan pronto reconoció la peligrosa atracción que sentía hacia él, se puso aún más nerviosa mientras esperaba a que apareciera de esa manera inesperada en que lo hacía. Una parte de ella, la más profundamente femenina que anhelaba el contacto con un varón fuerte, quería ver si el tirón del deseo estaba allí en persona, o si simplemente se lo había imaginado en la seguridad de su ausencia. Sin embargo, sabía lógicamente que nunca le daría la menor señal de que lo tomaba en consideración desde el punto de vista sexual, y la mejor forma de hacerlo era mantenerse lejos de él. Como eso no era posible, la gran pregunta era si podía adoptar medidas drásticas con respecto a su reacción y evitar que él percibiera el menor destello de interés. En vista de su agudísima percepción del entorno y la intensidad con la que vigilaba a la gente, tendría que ser doblemente cuidadosa.
Después de que él le localizara a Vulturi, quizá...
No. No podía permitirse siquiera esa idea. No podía dejar fuera la posibilidad como una tentación constante, una recompensa al final del camino. Tenía que congelar su reacción física y concentrarse en una sola cosa: William. Eso había funcionado a lo largo de diez años, y volvería a funcionar. Las únicas relaciones que se había permitido habían tenido lugar con hombres que no suscitaban una atracción tan fuerte como para que ella dejara de estar todo el tiempo controlada. Ella podía ponerlos en segundo lugar, y lo había hecho, sin vacilar ni un instante. Con Masen, tenía miedo de carecer de semejante control, y ahora, cuando finalmente tenía una pista concreta sobre lo de William, no podía permitirse renunciar a ese control.
Como estaba tan nerviosa, cuando Victoria la llamó una noche en la que ella no tenía nada que hacer, y le pidió que cenara con ellos, aprovechó con gusto la oportunidad de alejarse por un rato de sus pensamientos. Normalmente, prefería disfrutar de sus escasas veladas libres en casa, pero se sentía como si estuviera a punto de perder un zapato y la tensión mental la estaba volviendo loca.
Dispuesta a disfrutar de la velada, se puso uno de sus vestidos preferidos, una blusa pálida sin mangas de color amarillo cremoso, con una falda que se mecía al andar y flirteaba con sus rodillas. Aunque la lluvia había detenido la ola de calor y las temperaturas habían vuelto a la normalidad, en agosto en El Paso eso todavía quería decir bastante calor, y el vestido era maravillosamente fresco. Tiempo atrás, cuando ella y Jacob salían juntos, iban con frecuencia a bailar y ese vestido le recordaba los que usaba entonces. Ahora, que era mayor, se daba cuenta del esfuerzo que había hecho Jacob para cortejarla, porque en aquella época era médico residente y siempre estaba corto de sueño. Sin embargo, a ella le encantaba el baile, y él había empleado su tiempo libre en llevarla a bailar.
El recuerdo la hacía sonreír incluso cuando le abrió la puerta a James; él y Victoria habían pasado a recogerla. Ella había propuesto ir conduciendo en su coche y reunirse con ellos en el restaurante, Pero James era muy protector con respecto a ella, lo había sido desde que le robaron a William y ella había estado a punto de morir a causa de sus heridas. Siempre que cenaba con ellos, insistía en recogerla y cerciorarse de que regresaba a salvo a casa.
—Hola —dijo, sonriéndole—. Un vestido fantástico.
—Gracias. —Ella le devolvió la sonrisa mientras encendía una lamparita en el pequeño recibidor para cuando regresara; a continuación, salieron y cerró la puerta con llave—. Es magnífico poder vestir bien en ocasiones, sin que tenga que soltar un discurso.
—Llevas mucho tiempo haciendo eso. —James le abrió la puerta trasera y ella se deslizó dentro del coche. Cuando se sentó tras el volante, preguntó—: ¿Y no hay nadie más en Rastreadores que pueda encargarse de las relaciones públicas?
—Ojalá. Sin embargo, la gente asocia mi cara con los niños desaparecidos, y es a mí a quien quieren ver.
—Pero necesitas tener tu propia vida —dijo Victoria, dándose la vuelta desde el asiento delantero y mirándola con ojos sombríos.
—Tengo una vida —replicó Bella—. Es ésta. Es lo que he elegido.
—O lo que han elegido por ti. Ya sabes que no tienes que seguir haciendo eso. Podrías apartarte del trabajo cotidiano en Rastreadores y dedicarte sólo a recaudar fondos. La presión que tienes encima... —Victoria negó con la cabeza—. No sé cómo has podido seguir tanto tiempo. Al menos, deberías tomar un receso cada cierto tiempo.
—Todavía no —dijo. No hasta que encontrara a William. Victoria suspiró.
—Al menos, hazte chequeos regularmente, y toma vitaminas. Para ti, que estás sometida a tanto estrés, las vitaminas prenatales podrían ser una opción adecuada.
—Sí, mamá —respondió Bella con voz infantil, haciendo que Victoria y James sonrieran.
Sin embargo, las vitaminas eran una buena idea. No quería enfermar ahora, cuando tenía la sensación de que en cualquier momento podía tener lugar un avance relevante. Tenía que estar preparada, tenía que mantenerse en un buen estado físico.
Victoria dejó de regañarla y comenzaron a hablar de amigos comunes, intercambiando cotilleos. James hizo algunos comentarios, pero a Bella no le tomó mucho tiempo detectar que algo en él había cambiado. Su voz y su sonrisa seguían siendo cálidas cada vez que se dirigía a ella, pero existía una tensión entre él y Victoria que casi se podía palpar. Era obvio que habían discutido, y eso la hacía sentirse violenta. Hubiera preferido cancelar la cita antes que mantener la obligación, para ellos y para sí misma, de asistir a una terrible cena, llena de tensión e incomodidad, pero ya había caído en la trampa.
El restaurante que habían elegido era de una elegancia informal, donde no se requería corbata, pero no eran bien vistos los vaqueros. De hecho, se trataba de uno de los sitios favoritos de Bella, porque contaba con una excelente parrilla. Eligió el salmón preparado sobre tabla de cedro, y se dedicó a pasar la velada hablando continuamente de cosas sin importancia. Podía disfrutar de la compañía de ambos, incluso aunque ellos no pudieran disfrutar de la presencia del otro.
La cena se alargó, pero por fin terminaron y justo acababan de pedir el café cuando Bella sintió una presencia extraña a su lado; al levantar la vista, descubrió el rostro delgado y quemado por el sol de True Cullen.
—¡True! —exclamaron a la vez ella y Victoria.
Bella miró a su amiga con suspicacia. ¿Habría organizado Victoria todo aquello a pesar de que ella le había dicho claramente que no iba a salir con True?
—Acabo de darme cuenta de que estabas aquí —dijo, poniendo la mano en el respaldo de la silla y rozando la parte posterior de su hombro—. Victoria, James, ¿cómo os va? Lástima que no os haya visto antes, hubierais podido sentaros conmigo.
—Estamos bien —dijo Victoria con una sonrisa—. Como siempre, cargados de trabajo. ¿Y tú?
—Igual.
—Acabamos de pedir el café. ¿No te sientas con nosotros, en caso de que no tengas prisa?
—Gracias, creo que sí. —Acomodó su largo cuerpo en la silla vacía entre Bella y Victoria y dedicó una de sus intensas miradas a Bella—. No te he visto recientemente. ¿Hay algo nuevo? Pareces...
—Si dices la palabra «agotada», te pego —respondió ella con firmeza.
—Iba a decir que te ves muy bien —sonrió True.
—Ummm. —Bella no sonaba convencida—. Pero no, no hay nada nuevo. Seguimos buscando gente perdida, e intentando recaudar fondos. He conseguido un nuevo patrocinador en Dallas, una empresa de software.
—Eso es magnífico.
James no había participado en la conversación, ni siquiera había saludado a True. Bella lo miró y descubrió que su expresión había perdido todo su afecto habitual; su mirada se ocultaba tras los párpados, de un modo que le recordaba la de Masen.
Maldición. Ella había salido con la intención de olvidar a Masen, no de que se lo recordaran. ¿Y qué le pasaba a James? Normalmente, era una persona muy amistosa. ¿Qué había hecho True para ganarse su hostilidad?
En el bolso de Victoria sonó de repente el busca.
—Al menos han esperado a que terminara de cenar — gruñó. Sacó el busca y leyó la pantalla—. Es el hospital. Dejadme que salga y llame, ahora mismo regreso.
Con el teléfono móvil en la mano, echó a andar de prisa hacia la puerta.
—Cuando uno es médico, los buscas no resultan convenientes —dijo True.
Su mano había vuelto a posarse sobre el respaldo de la silla de Bella, y su pulgar le acarició delicadamente el hombro antes de que hiciera como que se daba cuenta y retirara la mano. O quizás estaba siendo astuto y no quería obligarla a que se apartara.
El mentón de James estaba muy tenso y no había respondido al comentario de True.
—¿Me has conseguido más información? —preguntó Bella, que no quería permanecer en silencio hasta el regreso de Victoria; además, si no hacía la pregunta, él sentiría curiosidad.
—Nada que encaje en el tiempo. Temo que sea un callejón sin salida.
—¿Información sobre qué? —preguntó James de forma abrupta, y aunque la pregunta resultaba extrañamente grosera, Bella se dio cuenta de que ella también lo había sido al excluirlo de la conversación.
—Creí que había encontrado por fin un nombre relacionado con el secuestro, y le pedí a True que averiguara algo. —No tenia que especificar de qué secuestro se trataba, aunque en Rastreadores se habían visto involucrados en varios: aquel día terrible era la referencia fundamental para todos ellos.
James ni se molestó en mirar a True.
—¿Por qué no le pides a la policía que investigue ese nombre? Sabes que por ti lo harían.
—Lo sé, pero True tiene contactos al otro lado de la frontera...
Victoria regresó con expresión tensa, y los interrumpió.
—Lo siento, tengo que marcharme. Felicia D'Angelo tiene fiebre y le ha subido la presión. Sólo está de veinte semanas. Me reuniré con ella en el hospital.
—¿En cuál? —preguntó James, pues pasaba consulta en dos. Ella se lo dijo, después se inclinó y depositó un beso en la mejilla de James, sin prestar atención a la súbita rigidez de él.
—Me llevo el coche. Puedes tomar un taxi, ¿no?
—No os preocupéis por eso —dijo True, mirando alternativamente a Bella y a James—. Puedo llevaros a casa a los dos.
—No, eso sería demasiada molestia —replicó Bella—. Vivimos en extremos opuestos de la ciudad.
—Ya lo sabía cuando me ofrecí. No es ninguna molestia.
—Tomaremos un taxi —intervino James—. Quiero que Bella llegue bien a su casa, así que primero la dejo allí y después que el taxi me lleve a casa.
—Eso es una ton... —comenzó a decir Victoria, pero se cortó y le lanzó a James una mirada de insatisfacción, que le hizo pensar a Bella que todo había sido preparado previamente—. No importa. Haced lo que os plazca. Yo tengo que irme, espero verte más tarde.
Agarró su bolso y salió presurosa del local.
El camarero trajo el café y lo sirvió. Bella bebió a sorbos de su taza, sentada incómodamente allí entre los dos hombres que no Prestaban atención a su café, mientras continuaban tirando de ella educadamente. True estaba decidido a llevarla a casa; James, con la misma decisión, no iba a permitirlo. Vio que James estaba a punto de Mostrar su enfado y decidió que era mejor intervenir.
—Calma —dijo, con serenidad—. Ninguno de los dos me ha Peguntado qué es lo que quiero hacer.
Ambos se volvieron de inmediato hacia ella; la expresión de él tenía algo de arrepentimiento.
—Lo siento. ¿Te has sentido como un hueso entre dos perros?
—Algo así. —Bella sonrió, porque sabía que lo que iba a decir no le iba a gustar a James—. Tengo que hablar con True, así que me iré con él.
—Lo que tú digas —replicó James mientras el camarero traía la cuenta de cada uno.
James sacó del bolsillo una tarjeta de crédito y la dejó bajo una de las cuentas. True hizo un gesto como si fuera a tomar la de Bella, pero ella lo detuvo con una mirada y colocó varios billetes en la pequeña bandeja.
Esperaron a que el camarero recogiera las cuentas y regresara después con la tarjeta de crédito de James y el recibo para que lo firmara. James le pidió al camarero que le pidiera un taxi, y cuando el hombre partió en busca del teléfono, dejó en la mesa una buena propina, garabateó su nombre en el papel y se guardó la tarjeta en el bolsillo.
—La empresa de taxis dijo que en diez minutos — informó el camarero al regresar.
—Esperaremos —dijo Bella, pero James negó con la cabeza.
—No hace falta. Son sólo unos minutos. Terminaré mi café mientras espero. —Se levantó a la vez que True y Bella, a quien besó en la mejilla—. Hace tiempo que no salíamos juntos. No te alejes tanto.
—Como si tu agenda y la de Victoria estuvieran más libres que la mía .—repuso ella con una risa gutural.
—Pues es verdad. Cuídate.
Con un gesto de cabeza despidió a True y volvió a sentarse, mientras ellos dos abandonaban el restaurante.
—Mi camioneta está allí —dijo True, señalando hacia la izquierda y empujando suavemente a Bella en esa dirección con la mano en su espalda—. Tengo la impresión de que no le gusto a James—
Bella emitió un sonido evasivo y aguardó a que ambos estuvieran dentro del Lincoln Navigator de True antes de hablar.
—Yo tampoco me siento muy contenta contigo. No me gusta que me manipulen ni que me utilicen.
Él permaneció en silencio por un instante, con la llave en la mano.
—¿Ha sido tan obvio? —dijo, mientras metía la llave en la ignición y ponía en marcha el motor.
—Lo suficiente. —Si hubiera negado que su presencia allí era un montaje, ella hubiera podido creerle, pero lo respetaba por no intentar escabullirse a la hora de decir la verdad; a Bella se le ocurrió algo—: ¿Cómo sabes dónde vivo?
Cuando había dicho que ella y los Witherdale vivían en extremos opuestos de la ciudad, él había respondido que ya lo sabía.
—No sé exactamente dónde. Sé que vives en Westside, porque se lo pregunté a Victoria. Pero, ¿cuál es tu dirección exacta? —Ella se la dio y él asintió—. Sé cómo llegar.
True era nativo de El Paso y conocía bien la ciudad.
—¿La llamada a Victoria fue auténtica? Él se encogió de hombros.
—Por lo que a mí respecta, sí. De todos modos, yo tenía la intención de ofrecerme para llevarte a casa.
—Voy a cumplir lo que te dije. No voy a salir contigo, True. Te agradezco que me hayas traído a casa, pero ahí termina todo.
Había muy poco tráfico y pasaron por varios semáforos seguidos en verde. Ella observaba cómo las farolas de la calle proyectaban sombras cambiantes en el rostro de él, veía cómo su expresión se endurecía y sus dedos tamborileaban sobre el volante.
—No tienes por qué recluirte —dijo él, con voz dura por la frustración—. Dios sabe que comprendo bien lo que te mueve, pero no tienes por qué renunciar a todo. Puedes buscar a tu hijo, y también tener algo para ti. Te has aislado emocionalmente, no dejas que nadie...
—Porque no es justo dejar que la gente espere algo que no quiero dar —lo interrumpió ella—. No voy a darte ni un minuto de mi tiempo si pienso que ese minuto puede significar que encuentre la información que me permita llegar a William, o que pierda el tren.
—Te tomaste tiempo para cenar con Victoria y James.
—Esa relación es bien distinta de la que tú tienes en mente, y lo sabes. Si en el último momento lo hubiera cancelado todo porque tenía que reunirme con alguien, cosa que hubiera hecho en caso de que algo hubiera surgido, ellos no se habrían molestado. Hay amistad, pero nuestras vidas se cruzan sólo de vez en cuando, no son Parte de una misma trama.
—Entonces, me estás diciendo que ni siquiera podemos ser amigos.
—Como si fuera a creerme que eso es lo que quieres — replicó ella.
—Demonios, eres dura —dijo él, sonriendo a pesar de sentirse molesto—. Pero me gustan los retos.
—No te estoy retando. No estoy buscando mejorar una posición. Me molesta que me hayas puesto en el punto exacto que yo quería evitar, y que te enfades porque no hago lo que tú quieres. Si no salgo contigo, eso te disgustará; pero si salgo contigo, y no te doy prioridad, tampoco te va a gustar. Es una situación en la que siempre se pierde.
—¿Y si te prometo ayudarte a buscar a tu hijo? — respondió True, adelantando la mandíbula—. ¿Y si te acompaño cada vez que sigas cualquiera de los rumores que escuchas? Si estás tratando con coyotes y otros miserables de esa calaña, necesitarás protección.
—Nunca voy sola a ver a nadie.
Bella se puso a mirar a través del parabrisas. Hacía menos de dos semanas, ella se hubiera agarrado a cualquier oportunidad de contar con la ayuda de True, pero eso había sido antes de conocer a Masen. A pesar de su dinero y sus conexiones, no creía que True fuera tan eficaz como Masen para encontrar a Vulturi. Quizá se equivocaba. Podía estar cometiendo el mayor error de su vida, pero había hecho su elección y la respetaría, sin importarle cuan peligrosa fuera.
True masculló un taco para sus adentros.
—Si siempre llevas contigo a alguien, ¿por qué no puedo ser yo?
—Porque estás atado por demasiadas cosas. Dime la verdad: ¿dejarás de patrocinar a Rastreadores si no salgo ahora contigo?
—¡No, demonios! —Se echó hacia atrás como si ella lo hubiera abofeteado.
—Entonces, mi respuesta definitiva es no.
Las manos del hombre se tensaron sobre el volante, pero no pronunció una sola palabra más hasta llegar a su calle.
—¿Cuál es tu casa? —preguntó.
Ella le señaló su edificio, que era el último del lado izquierdo, 1 él entró en el corto camino de acceso, con las luces delanteras iluminando la puerta de entrada. El garaje de su vecino era adyacente al suyo, y sus caminos de acceso estaban separados sólo por la línea que marcaba dónde habían vertido el hormigón. Como su casa era la última, el lado derecho del edificio estaba adornado con árboles y arbustos que, de alguna manera, suavizaban las líneas rectas de las residencias. Su pequeño patio tenía una diminuta cerca a su alrededor, que lo separaba del de su vecino. Su puerta de entrada se encontraba al fondo de un pequeño nicho, y ella había colocado tiestos con flores a cada lado. La luz amarillenta de la entrada hacía que las flores mostraran un color más naranja que rojo. Su casa era pulcra y el mantenimiento era bueno, pero sabía que True la estaba comparando con su propia residencia y preguntándose qué tenía ella en la cabeza.
—Gracias por traerme a casa —dijo Bella, mientras se quitaba el cinturón de seguridad y abría la portezuela.
True puso el cambio de marchas en posición aparcar y salió del enorme todoterreno, pero no fue lo suficientemente rápido para rodear el vehículo antes de que ella descendiera. Su mano se cerró en torno al codo de ella mientras la acompañaba a la puerta de entrada.
—Muy bien —dijo True abruptamente—. Me rindo. Pero si necesitas algo, llámame. De día o de noche, de veras. Sin que eso implique nada.
La oferta la conmovió y ella le sonrió.
—Gracias.
True bajó la vista para mirarla; a continuación, volvió a mascullar algo quedamente, y antes de que pudiera retroceder, Bella se encontró en sus brazos. El era unos quince centímetros más alto que ella, a pesar de los tacones de diez centímetros que llevaba, y cuando él se le inclinó encima, ella se sintió abrumada. La mano de True le acarició la espalda y su boca cubrió la de Bella.
Ella le colocó las manos en los hombros y lo empujó, intentando liberarse de él. En otras circunstancias, le hubiera encantado aquel beso y hubiera respondido. Él sabía besar; su boca era cálida, su aliento era placentero, su lengua la acariciaba, pero no la agredía, con las caderas acopladas a las de él, percibió una creciente erección.
Bella separó los labios y empujó con más fuerza. Él dejó caer brazos y dio un paso atrás.
—Creí que habías dicho que te rendías —dijo ella, molesta por el hecho de que él no aceptara un no por respuesta.
—Y me estoy rindiendo. —La expresión de él era dura, con los ojos entrecerrados—. Pero quería probarte, y que tú me probaras. Si cambias de idea, sólo tienes que llamarme.
La arrogancia masculina no carecía totalmente de atractivos, pero su intensidad la volvió cauta y no quiso demorarse allí. Sacó las llaves y abrió la puerta.
—Buenas noches —dijo, mientras entraba.
Cerró la puerta y echó el cerrojo prácticamente con un solo movimiento.
Estaba tan agitada que transcurrió un momento antes de caer en la cuenta de que la luz estaba apagada. Se quedó inmóvil, y mientras la oscuridad se cernía sobre ella, se dio cuenta de que no estaba sola.
Uyyy que opinan?
True se dara por vencido en realidad?
quien estara en la casa de Bella?
leo sus opiniones
nos vemos el jueves con un nuevo capitulo
