Lo de siempre, estaba mirando tele y flojeando el domingo y salió esta película que es tan adorable que dije "Oye! Escríbele un fanfic!" y heme aquí.
Esta es una historia basada en la película Como si fuera la primera vez, pero llevada al final de la era Tokugawa; básicamente Kenshin está en sus 18 y Kaoru es una adolescente de 16 años /17 años.
COMO SI FUERA LA PRIMERA VEZ
Battousai supo que las cosas no iban a salirle muy bien cuando en lugar de su objetivo cruzando por el callejón a las 11 de la noche, se encontró con una mujer.
¡Y qué mujer!
La muchacha en cuestión debe tener quince años, tal vez un poco más. Utiliza un traje de entrenamiento muy poco favorecedor para sus (escasas) curvas, lleva un bokken de madera al hombro y su cabello negro está recogido en una coleta alta, adornada con un listón azul. Encontrar una mujer que practique el arte de la espada, si bien es una novedad, no fue lo que le sorprendió.
Lo que en realidad lo dejó atónito es que ella, en su completa inocencia, se interpuso entre él y dos borrachos que no parecen ser lo suficientemente inteligentes como para reconocerlo. Los tipejos en cuestión lo acorralaron y lo empujaron contra un muro (porque son enormes y pesados, a falta de una mejor palabra), buscando pelea y entonces, ella apareció.
Kenshin sabe que el solo pensamiento resulta estúpido, pero puede jurar que ella se está deshaciendo de los malandros con una velocidad digna del Hitten Mitsurugi Ryu, y sin sudar una gota además, para después acomodarse el cabello de forma presumida y preguntarle a él (¡A hitokiri Battousai!) si se encuentra bien, con los ojos azules más bonitos que ha visto.
Tal vez su adolescencia tardía (que sí, que a los dieciocho todavía se es joven, pero mira que él ha tenido que madurar pronto) está pasándole factura, pero su corazón se detiene por un segundo y titubea un muy lamentable "estoy bien", que consigue que ella lo mire como si fuera bastante patético y en serio necesitara su ayuda.
El Ishin shishi no dudaría en sacarlo de sus filas si viera lo ridículo que su mejor asesino se está comportando.
Total que él se queda ahí con cara de imbécil hasta que ella desaparece, refunfuñando entre dientes lo malagradecido que es y que eso se gana por ser buena persona. Kenshin quiere acompañarla a casa porque una mujer no debe caminar sola por las calles a esa hora, pero cuando lo piensa mejor, recuerda que tiene una persona qué asesinar y que quienes deben temer, son los pobres idiotas que se atrevan a molestarla.
Así que calma su consciencia y continúa con su trabajo, todavía algo resentido por el hecho de que una mujer se atreviera a hablarle como si fuera un pobre tipejo indefenso y aparte le defendiera, arrojándole al piso de un empujón además. Le duele el ego y está seguro de que si es que se la vuelve a encontrar, le hará ver que no tiene un solo pelo de debilucho.
