Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo los uso para mis adaptaciones :)
CAPÍTULO 14
Victoria estaba tan cansada que, cuando entró con el coche en el garaje, sus movimientos eran torpes. Permaneció sentada por un instante, con la puerta abierta y los ojos cerrados, tratando de hacer acopio de la energía necesaria para salir del coche. Había sido una noche larga, muy larga, y ahora quizá podía contar con un par de horas de sueño antes de que tuviera que levantarse y hacer su ronda en el hospital, antes de recibir durante todo el día a los pacientes en la consulta; después tendría las rondas vespertinas antes de que pudiera volver a casa y dejarse caer en la cama. El café la despertaría, pero no la haría sentirse menos cansada.
Se preguntó qué tal le habría ido a True con Bella la noche anterior. Conocía a Bella lo suficiente como para saber que ella había descubierto el subterfugio y estaba enfadada.
True pensaba que podía embaucar a Bella, pero no la conocía tanto como Victoria. Bella parecía y era el tipo de mujer que preferiría ponerse un vestido en lugar de pantalones, a quien le gustaba cocinar, decorar y trabajar con niños. Una vez en su plan de vida había pensado dedicarse a la enseñanza, lo que para la forma de Pensar de Victoria era llevar la afición por los niños hasta extremos ridículos. Las uñas de Bella estaban siempre bien arregladas, y Victoria, que la conocía desde hacía once años, nunca la había visto las uñas de los dedos de los pies sin pulir. Hasta cuando había parido, las uñas de sus pies estaban pintadas de un delicado color nácar.
Probablemente le había pedido a Jacob que se las pintara porque no había modo alguno de que una mujer en el noveno mes de embarazo pudiera inclinarse tanto. Y Jacob lo habría hecho sin vacilar: estaba loco por ella.
Pero los aldeanos que habían sido testigos del secuestro, dijeron que Bella había peleado por su bebé como una tigresa. Y a pesar de que había estado a un paso de morir de una terrible puñalada, desde el momento en que recuperó la conciencia se había comportado como una mujer poseída por una sola idea, con un único propósito en su vida: encontrar a su hijo.
Había sublimado su personalidad, se había forjado a sí misma como una persona más dura. Había ido a sitios en los que hombres armados hubieran dudado entrar; conversaba con rufianes y drogadictos, ladrones y asesinos, y por alguna razón, aunque ninguno le había proporcionado una información real, tampoco le habían hecho daño. Quizá, a cierto nivel celular que nunca llegaba a la conciencia, ellos tenían la esperanza de que sus propias madres los hubieran buscado con la misma dedicación incansable. Quizá hasta los que sabían que eso no era así, hubieran querido que sus madres fueran como Bella.
El hecho de que fuera tan joven y que en sus grandes ojos pardos hubiera un mundo de tristeza había ayudado. El mechón plateado en sus cabellos atraía las miradas, era para todos un recordatorio de su sufrimiento. Había aparecido e ido a todas partes: a la televisión, a las revistas, a la oficina del presidente de México, había hablado con los Federales y la Patrulla de Fronteras, entrevistándose con cualquiera, con todo aquel que pudiera ser una ayuda. Se había convertido en la personificación de las madres ultrajadas y desconsoladas, el rostro de la tragedia y la decisión. Había llegado a romper con su propia familia por su dedicación de buscar a William.
Jacob se había quedado por el camino. Debía de ser muy duro estar casado con un cruzado, pensó Victoria. Bella había mostrado tener un núcleo de acero, una veta de terquedad que le llegaba hasta lo más profundo. Adoraba a Jacob, pero lo había dejado.
¿Y True pensaba que podía tener mejor suerte? Victoria no creía. Pero él había insistido, y True siempre conseguía lo quería. Ella no era tan tonta como para negarse a ayudarlo. Sabía mejor que nadie lo implacable que podía llegar a ser, y siempre se había preocupado de no tener problemas con él.
La puerta que llevaba del garaje a la casa se abrió y apareció
—¿Vas a quedarte toda la noche ahí sentada? —le preguntó.
Oh, dios. ¿Por qué estaba levantado aún? Habitualmente, ella se hubiera sentido agradecida si él la hubiera esperado despierto, pero no en ese momento, no esa noche. Lo más probable es que estuviera enfadado por lo de True y Bella, y ella estaba demasiado agotada para practicar la esgrima verbal con él.
—Estoy tan cansada que podría dormirme aquí mismo
—respondió Victoria mientras salía del coche—. Debería haberme quedado en el hospital.
—Probablemente —asintió él, apartándose para permitirle entrar en la casa—. Entonces, deberías de haber estado allí cuando pasé a verte.
Victoria se quedó un instante paralizada, y después continuó caminando hasta llegar a la escalera y subirla casi a rastras. ¡Maldita sea! Debió de haber contado con alguna cobertura, pero como él la había acusado de estar tonteando con True y sabía que no estaba I con ella, ni siquiera había considerado la posibilidad de que James pudiera controlarla.
—¿No tienes nada que decir? —preguntó James a sus espaldas. — No. Si vas a montar un espectáculo porque no oí el busca, o Porque el personal no sabía dónde estaba, no puedo hacer nada al respecto. Voy a darme una ducha y a meterme en la cama.
—No llamé. Fui a los dos hospitales. No estabas allí. Tampoco estaba Felicia D'Angelo. Así que revisé tu tarjetero de pacientes, encontré el teléfono de Felicia y la llamé para ver cómo le iba. En caso de que te interese, se siente bien.
Maldición. Maldición por partida doble. Joder. Ella siempre tenía en casa un registro de los teléfonos particulares de sus pacientes por conveniencia. ¿Cuándo se había convertido James en un Panetero Sherlock Holmes?
—Hablamos mañana —dijo ella, porque no se le ocurría nada en ese momento.
Tenía que hablar con True. Estaba perdiendo el control y se daba cuenta de ello, porque nunca soltaba tacos, ni siquiera para sus adentros, a no ser que se sintiera acosada. No se atrevía a comenzar una discusión con James en ese momento, o podría hablar más de lo necesario.
Entró en el dormitorio y cerró la puerta, recostando la espalda en ella mientras esperaba a ver si James la seguía. Pero un rato más tarde lo oyó caminar por el pasillo en dirección a la habitación donde dormía. Cerró el pestillo con un suspiro de alivio y se dirigió al baño.
Llamó a True por el móvil. Respondió al segundo timbrazo, con voz alerta, muy autoritaria, como siempre.
—James me vigila —dijo Victoria—. Sabe que no estuve en ninguno de los hospitales. Incluso llamó al paciente que le dije que estaba tratando.
—Busca a un hombre y deja que James te descubra tirándotelo, y dejará de controlarte.
Ante la brutal respuesta de True, ella cerró los ojos. Lo peor de todo era que tenía razón: si hacía eso, James creería haber resuelto el misterio y dejaría de espiarla.
Pero nunca había engañado a su marido y no iba a empezar ahora. Le daba lo mismo lo que él pensara o lo que True le había dicho.
—¿Cómo te fue con Bella? —De ninguna manera.
Podía oír la furia contenida en su voz y sabía que Bella había reaccionado exactamente de la manera que ella había anticipado. Era demasiado lista para decirle a True «te lo dije».
—Está obsesionada por encontrar a su hijo —se limitó a decir—. No hay nada más que le importe.
—Por lo visto, ni siquiera la razón. Necesito tenerla controlada de alguna forma. Nunca había sido una amenaza antes, pero ahora lo es. ¿Quién le habló de Masen? Creo que la he desorientado, pero podría decidirse a investigar por sí misma, y lo último que queremos es tener a Masen cerca.
Victoria no conocía a Masen, pero sí había oído hablar de el También sabía que True Cullen no temía ni al mismo demom0' pero que el tal Masen le preocupaba. Habría alguna vieja cuenta entre los dos, tenía que haberla. Tenía la sensación de que Masen estaría muy contento de hacer algo para causarle problemas a True. La reputación de Masen literalmente daba miedo; si Bella contactaba con él y lo convencía de que la ayudara, tendrían que tomar medidas para protegerse.
—Dale algunas pistas falsas —sugirió—. Que esté ocupada persiguiendo fantasmas.
True soltó una risita gutural.
—Buena idea. —Hizo una pausa—. Acabo de darme cuenta, de que, en la pantalla de mi teléfono no apareció el número de tu casa.
—Estoy llamándote desde el móvil.
—¡Mierda! Sabes bien que los pueden interceptar.
—Si llamo desde el teléfono de casa, James puede coger la extensión y escuchar.
—Entonces, encuentra otra vía, pero no utilices tu móvil.
Colgó bruscamente, con un tirón que retumbó en el oído de Victoria.
Haciendo una mueca, ésta puso punto final a la llamada.
«Que te jodan a ti también», pensó. A continuación, siguió maldiciendo por dentro, y se quedó inmóvil por un instante; el cansancio la hacía balancearse. Se sentía tentada a meterse en la cama y darse una ducha al levantarse, pero después del trabajo que había hecho no quería acostarse sin un baño. Por supuesto, se había lavado antes de regresar a casa, pero eso no era lo mismo que un buen baño. Quizá Lady Macbeth se hubiera sentido así, limpiando de su piel gotas de sangre invisibles.
True se levantó de la cama después de colgarle a Victoria. Confiaba en ella de la misma manera como confiaba en muchas otras personas, pero a veces podía hacer cosas de una estupidez increíble. Le había dicho, una y otra vez, que no utilizara móviles o teléfonos inalámbricos. Era mejor utilizar la línea. Era lo más seguro. Tenía teléfonos inalámbricos por comodidad, claro, pero los de su oficina y el que estaba junto a su cama eran de cable.
Tendría que actualizar su sistema de seguridad dentro de algún tiempo, pensó. Codificadores en los teléfonos. Contramedidas electrónicas para impedir que alguien pudiera realizar escuchas furtivas con un micrófono parabólico. Sin embargo, en ese momento aún no era una presa tan grande como para que alguien se tomara todo ese trabajo con el fin de atraparlo. Aún era de talla mediana, pero seguía creciendo. Su intención era continuar creciendo. Dale otro año, dos a lo sumo, y podría largarse con una fortuna considerable, que necesitaría supervisión e inversiones, pero crecería por su propio peso.
Si pudiera pasar esos dos años sin que nada se derrumbara bajo sus pies...
Bella nunca le había causado demasiados problemas a pesar de su persistencia. Él se había asegurado de que nadie le dijera nada. Se mantenía atento a sus movimientos a través de Victoria y otros contactos, e incluso la admiraba por no rendirse, aunque eso lo des- concertaba un poco. Ni su propia madre había mostrado nunca tanta dedicación. A veces, cuando Bella se dedicaba a recaudar fondos para aquel grupo suyo, él se preocupaba por estar presente y contribuir, lo que le permitía irla conociendo poco a poco y hacer que ella confiara en él. ¿Qué mejor manera que estar a la cabeza de sus esfuerzos? Era un patrocinador. Ella le hablaba, y aunque habitualmente limitaba su conversación a las actividades de Rastreadores, si él le hacía preguntas sobre su situación personal, ella respondía. Siempre se preocupaba por preguntar.
La sorpresa inesperada resultó que ella le empezara a gustar.
Demonios, quería acostarse con ella. Quería tenerla desnuda. Quería hundir sus manos en aquel pelo suave y ondulado y abrazarla mientras se la follaba. Y no lo entendía, porque ella no era el tipo de mujer que le gustaba habitualmente. No era voluptuosa, ni llamativa, ni siquiera verdaderamente guapa. Pero tenía estilo, presencia, y unos ojos café que invitaban a cualquier hombre a perderse en ellos.
Si tenía que hacer que la mataran sería una pena.
No quería llegar a eso. En primer lugar, tenía un perfil demasiado notorio. La gente conocía su nombre, su cara, su historia. Si algo le ocurría, sería una noticia de nivel nacional, lo que significaba que los maderos se volcarían en la investigación.
Era suficiente amenaza como para mantenerla bajo vigilancia, él mismo lo había hecho durante diez años. Había minimizado la efectividad, y eliminarla en ese momento sería como matar un pájaro con un fusil para cazar elefantes. No quería reaccionar de maneja excesiva y atraer sobre sí una atención indeseada. Había otras formas de mantenerla bajo control.
Y la mejor manera de vigilar todos sus movimientos y controlar la situación hasta que estuviera listo para desaparecer sería liarse con ella. Sabía que le resultaba atractivo, sabía que ella había tenido un par de líos de corta duración, demostración de que no había renunciado totalmente a su vida privada. Pero había subestimado la fuerza de la devoción a su causa, y tras sentir lo rígido que se había puesto entre sus brazos cuando la besara, tenía que aceptar que ella no iba a cambiar de idea. Si insistía, la espantaría del todo y ella dejaría de considerarlo un amigo personal.
Tendría que aceptar que, por el momento, había perdido, pero no le gustaba. Se había vuelto a sentir casi como un adolescente, ansioso ante las expectativas. Ahora se daba cuenta de que había manejado el asunto con descuido, aquel encuentro «casual» en el restaurante, con Victoria avisada de que tendría que irse, para lo que había acordado con un camarero que llamara a su busca tan pronto como él se sentara a su mesa. Todo como en el instituto, y Bella lo había descubierto al momento.
Así que daría marcha atrás. Eso no significaba que se rindiera. Con el tiempo la tendría, porque en un aspecto crítico era igual que ella: nunca desfallecía.
A la mañana siguiente, al cambiarse el parche anticonceptivo, Bella se dio cuenta de que le quedaban reservas sólo para un mes, sin repuestos, por lo que anotó llamar a la consulta de Victoria y pedirle una receta. Siempre era muy cuidadosa con los anticonceptivos, porque era del todo consciente del riesgo que corría de ser violada. Lo anotó literalmente, porque no confiaba en acordarse. Se sentía a la Vez aletargada y nerviosa, agotada por el estrés de la noche anterior y cosa extraña, muy alerta, esperando que ocurriera algo.
Había dormido profundamente. Tratar con True había sido estresante, pero Masen... el corto tiempo que había estado con él la había dejado como si un tornado la hubiera levantado, llevándola a la otra punta del país antes de dejarla caer en un baño helado. Terror, furia, risa, deseo, desesperación: todo aquello la había sacudido en rápida sucesión. Los efectos de tanta adrenalina galopando por sus venas la habían dejado temblando, y después se había derrumbado.
Pero lo primero que le vino a la mente al despertar fue la imagen de Masen agachado delante de ella, sonriendo a la luz de la lámpara. Y como todavía no se había despertado del todo, su imaginación levó anclas y los colocó en posiciones diferentes: él agachado encima de ella con los pesados párpados cubriéndole los ojos y una leve sonrisa en sus labios mientras la penetraba...
Interrumpió su fantasía, estremecida de placer a pesar de que no le había permitido a su imaginación seguir por aquel camino. Aquello era suficiente para asustarla. Había deseado a otros hombres antes, había imaginado que hacía el amor con ellos. Pero ninguno, ni siquiera Jacob, había logrado tentarla a que se apartara del camino que ella misma había elegido.
Masen sí. Dormir con él sería un error a nivel personal, pero lo que la atemorizaba era el caos que podía surgir en sus relaciones laborales. En aras de William, ella no se atrevería a cambiar esas relaciones. Pero a pesar de eso, seguía deseándolo, quería conocerlo, tocarlo, sentirlo dentro de sí.
Masen nunca la había besado, apenas le había tocado la mano, pero una sola sonrisa suya había bastado para borrar el recuerdo del sabor de True.
Tenía que controlarse para no cometer ninguna estupidez. Si lo había entendido todo correctamente, Masen desaparecería si se aferraba a él y comenzaba a hacerle exigencias emocionales, y no estaba segura de que no lo haría. No se había sentido así desde... vaya, nunca se había sentido así. Con Jacob, se había sentido absolutamente segura de su amor. No había existido ninguna razón para la inseguridad emocional. Masen, sin embargo, era el polo opuesto a Jacob y podía ofrecerle algunas cosas, pero la estabilidad emocional no entraba en su repertorio.
Se dio cuenta de que estaba haciendo lo que habitualmente hacían las mujeres: volviéndose obsesiva. Debía sacárselo de 1* cabeza, concentrarse en el autocontrol y hacer lo que había que hacer cada día. El trabajo cotidiano en Rastreadores era más importante que su libido.
Mientras se dirigía al trabajo, llamó por teléfono a la consulta de Victoria; tras una espera de cinco minutos mientras se abría paso entre el denso tránsito matutino, oyó que la ginecóloga quería hacerle una revisión, ya que habían transcurrido dos años desde la última.
Rayos. Con un suspiro, Bella concertó una cita, anotó la fecha en la nota que le recordaba llamar a Victoria en primer lugar, con la esperanza de estar en la ciudad para no perder la cita.
Lo primero que vio cuando entró en la oficina fue a Emmet inclinado sobre el escritorio de Rosalie. Pero su voz era un susurro, y en sus ojos había esa mirada cargada de intenciones, medio adormilada, que ponían los hombres cuando...
Abrió mucho los ojos y lanzó una mirada incrédula en dirección a Rosalie, que se inclinaba hacia delante con los brazos cruzados sobre la mesa, lo que recalcaba el volumen de sus pechos y los levantaba. Miraba a Emmet y sonreía.
Bella pensó que no se trataba sólo de ella. La lujuria florecía por todas partes.
Alice sacó la cabeza por la puerta de su oficina:
—¡Alarma ámbar en Lubbock!
Un minuto después, todos contaban con la descripción de la niña, una pequeña de tres años que había sido secuestrada en el jardín de su casa; el vehículo era una camioneta Ford último modelo, verde oscuro, conducida por un varón blanco, de treinta y pocos años y largo cabello rubio. La policía se Lubbock se ocuparía de la detención, pero Rastreadores llamó a todos sus asociados en la zona para que cubrieran calles y carreteras, armados con teléfonos móviles y una descripción del vehículo y el conductor. La gente que se ocupaba de sus asuntos cotidianos podía estar escuchando cintas o compactos, y no oiría el aviso por la radio, o no prestar atención alguna a lo que ocurría a su alrededor.
Tras unos tensos cuarenta y cinco minutos, detectaron la camioneta y se notificó a la policía. Cuando un patrullero se le acercó con el faro intermitente encendido, el conductor se detuvo sin más. Resultó ser una disputa de una pareja divorciada, la pequeña era hija suya, y no sólo se alegraba de estar con su papá, sino que comenzó a llorar con desconsuelo cuando los agentes la separaron de él.
—Qué gente —dijo Bella, disgustada, golpeando levemente el escritorio con la cabeza—. ¿Por qué le hacen eso a sus hijos?
—Porque sí —fue la respuesta de Alice, cargada de información. A continuación, con un sonido audible, retuvo el aliento—. Adivina quién acaba de entrar — dijo, con voz chillona.
Bella levantó la cabeza mientras su corazón se aceleraba al ver a Masen que caminaba hacia su oficina con aquel paso felino suyo. A su paso las conversaciones se detenían y las cabezas se giraban. Emmet se incorporó, atento y alerta, como era siempre su reacción automática ante la presencia de un depredador en el grupo. Sin duda había reconocido a Masen como participante en la búsqueda del pequeño Max la semana anterior, pero eso no parecía cambiar nada.
Masen se detuvo en la entrada a la oficina de Bella, girando levemente a un lado para que nadie pudiera aproximarse a él por la espalda sin ser detectado.
—Vamos a dar un viajecito al otro lado de la frontera — dijo. Su rostro era la máscara habitual, sin emociones.
—¿En este momento?
—Si te interesa —respondió, encogiéndose de hombros. Bella estuvo a punto de preguntar: «¿De qué se trata?», pero si no se tratara de algo relacionado con William él no estaría allí.
—Me cambio de ropa —dijo, poniéndose de pie. Llevaba un vestido ligero y unas sandalias.
—Estás muy bien así. Iremos a Ciudad Juárez.
Ella agarró el bolso y lo revisó para comprobar que llevaba todo lo que necesitaba, por si acaso.
—Vámonos —dijo.
—Usaremos mi camioneta —dijo él cuando llegaron al pie de la escalera exterior, señalando el vehículo azul cubierto de polvo.
—¿Cruzamos con ella o caminando?
—Caminando. Es más rápido.
—¿Debo llamar para que nos tengan preparado otro coche? —preguntó Bella mientras se recogía la falda y trepaba a la cabina.
—No hace falta. Tengo otra al otro lado.
—¿Qué vamos a hacer? ¿A quién vamos a ver?
—Quizá a la hermana del hombre que te dio la puñalada.
Masen cada vez le ayuda a cercarse mas a su objetivo creen que lo logre?
veremos mas adelante
