Lo que parecía una celebración conmemorativa para honrar a los difuntos y ancestros, resultó ser un procedimiento para mantener el sello del Infierno o eso había llegado a comprender Ichigo Kurosaki, antiguo shinigami sustituto y el héroe de la Guerra contra Ywach y el resto de Quincys. Doce años habían pasado desde aquel suceso, aprendió a madurar y a conformarse con lo que tenía cerca, no siempre podía tener lo que quería, incluso si aquello era lo único que sentía necesitar realmente.
Estaba bastante ilusionado, creyendo que podría ver a sus antiguos amigos y compañeros del Seiretei después de dos años sin contacto físico, bueno, eso quería hacerse creer. Estaba casado, era padre de un niño maravilloso, no debería pensar constantemente en el único amor verdadero y verdaderamente imposible que tuvo, Rukia Kuchiki, esposa de Renji Abarai y madre de Ichika, y cómo no, capitana de su escuadrón. No podía mentirse, escuchar su voz era suficiente para notar mariposas en el estómago, pero la noticia de que podría volver a verla lo hizo tremendamente feliz. No fue una reunión ideal, más bien no pudo verla hasta que todo el caos se disipó y el silencio regresó a la noche.
—¿Te encuentras bien, Ichika? —Ichigo se acercó a ella, guardando a Zangetsu, tendiéndole la mano— No te preocupes por tu padre, está bien, un antiguo amigo nos ha ayudado.
—No necesito tu ayuda, soy una mujer fuerte y autosuficiente y, para tu información, sé quién es el capitán Ukitake y lo que hizo por la Sociedad de Almas, estoy en la Academia —respondió, haciendo alarde del orgullo que había heredado de sus progenitores, cosa que provocó una sonrisa en el pelirrojo, metiendo la mano que le ofrecía en uno de sus bolsillos.
—Cierto, Rukia me ha comentado que entrenas a diario con Ikaku Madarame. Estoy seguro de que eres muy hábil con la katana —elogió, volteándose al notar nuevamente la presencia espiritual de su hijo, junto con otra energía desvaneciéndose. Aquel rebelde había vuelto a abrir un portal.
—No me sirven tus halagos si no lo has comprobado por ti mismo, aunque sé que jamás tendría una oportunidad contra ti.
—¿Por qué dices eso?
—Si Ywach absorbió al Rey Espiritual junto con todos sus poderes y tú lo derrotaste, temeroso de demostrar todos tus poderes latentes por miedo a romper el equilibrio entre todos los mundos, tú eres la nueva piedra angular del mundo.
—Te equivocas, solo soy un simple shinigami sustituto con un shikai que no se corresponde a mis espíritus, pero que me recuerda que salí victorioso —corrigió, o lo intentó, aquella niña tenía demasiado ingenio para su edad.
—Mamá me dijo que te estuviste planteando tomar clases de kidou y formar parte de la Sociedad de Almas. ¿Qué pasó entonces?
Definitivamente, aquella niña sabía demasiado, pero no pensaba decirle que él decidió rendirse y contentarse con el mundo físico después de que Renji cumpliese su promesa, sin conocer tampoco los sentimientos que Rukia había desarrollado por él, rivalizando con los que tenía por Renji.
—Preguntar tanto es de mala educación, Ichika. —La voz que resonó en el silencio de la noche, consiguió que Ichigo se estremeciera ligeramente, volteándose lentamente para mirar a esa mujer.
—Rukia… —murmuró casi inaudible, con una tristeza inmensurable en su mirada, admirando los orbes amatista de la pelinegra. Leyendo sus labios, pudo entender un «lo siento, idiota».
—Eso es porque tú nunca me dices lo que pasó e insistes en que no le diga nada a papá e igualmente, papá no sabe qué pasó con el tío Ichigo.
—¡Eres una traidora que juega a dos bandos! —protestó Rukia, alzando su voz e intentando darle un pequeño golpe en la cabeza a su hija, siendo detenida por Ichigo.
—Querer saber no es un delito, Rukia. Sin embargo, hacerle saber le traería demasiado malestar, lo mejor es olvidar ese pasado —habló, tomando la muñeca de la mujer menuda y pequeña—. ¿No crees? Siempre quedarán los recuerdos compartidos, los momentos y las hipótesis.
La pelinegra se quedó inmóvil, sintiendo la piel de Ichigo contra la suya, sus manos eran más grandes, pero seguían siendo cálidas y suaves a pesar de las numerosas cicatrices que albergaban. No pudo evitar sonrojarse al escuchar lo último y al sentirlo tan cerca; en cuanto él se dio cuenta de lo que pasaba, la soltó y se alejó. Actuar y fingir nunca había sido más doloroso.
La pequeña Ichika fue testigo de aquellas interacciones y reacciones tan espontáneas como cómplices, notando que su madre demostraba una faceta distinta con Ichigo, más inocente y quizá vulnerable y sensible que con su padre.
—No importa lo que fui en el pasado, Ichika. Ahora mismo, solo soy un recuerdo de una época turbulenta, un rumor y un traductor que intenta tener una familia feliz. ¿Verdad, hijo mío? Puedo sentir tu reiatsu, sal de tu escondite y saluda. No seas maleducado, ya que tampoco eres obediente y Kon, se supone que tienes que cuidar de él, no ser su acompañante en todas las salidas nocturnas.
—¡Pero yo intento detenerlo! ¡Es como tú en ese aspecto y nunca escucha! —protestó el peluche, saliendo de la capucha del joven Kurosaki.
—¿Insinúas que no sé escuchar? —preguntó enfurecido, con el ceño fruncido.
—Lo afirmo, es diferente.
Rukia aclaró su garganta para calmar la situación, haciéndose notar para el peluche también, quién corrió hacia ella e intentó abrazarla.
—¡Nee-san! ¡Estás tan guapa como siempre!
—No seas pelota y deja de ser tan insistente —le dijo Ichigo, atrapándolo por la cabeza antes de que pudiera lanzarse.
—¿Se puede saber por qué nunca me dejas abrazarla?
—Porque si yo no puedo hacer lo que deseo, tú tampoco —respondió, sin darse cuenta de que estaba hablando en voz alta, provocando que los niños lo mirasen extrañados y que Rukia abriese sus ojos, con un rubor más notable que el anterior. Kon prefirió no decir nada.
—Mamá, deberíamos irnos ya, papá hace tiempo que se fue. Lo vi cargando algunos heridos, supongo que sabía que querías ver al tío Ichigo.
—Tienes razón, Ichika. Va siendo hora de regresar, después de todo, me he escapado al darme cuenta de todo el caos, debería estar en mi oficina. —Rukia sonrió, para alguien que no la conociese tanto como el pelirrojo, sería una sonrisa normal, pero él sabía que era forzada.
—Cuídate enana, llámame si necesitas que te salve el trasero. Siempre ha sido un placer, yo tengo que regresar a casa con este delincuente antes de que su madre se dé cuenta de que no está durmiendo.
—Es normal tener escapadas nocturnas si llevas la sangre de shinigami en tu interior y más si es de un clan noble. Fuiste un cobarde, Ichigo, decidiste abandonar todo lo que querías, no dejes que Kazui repita tus errores —susurró Rukia lo más cerca de él que podía estar, tocando su hombro como despedida antes de desaparecer con el shunpo y llevarse a Ichika.
—¿Qué ha dicho, papá? Te ves pálido, ¿no has cenado? ¡Mamá siempre dice que debo comer bien para ser tan fuerte como tú! —le dijo el pequeño Ichigo en miniatura, trepando por la espalda de su padre.
—No he tenido tiempo de cenar, hijo —mintió con una sonrisa dulce, sujetando a su pequeño y empezando a hacer shunpo hasta llegar a su casa y dejarlo en la cama, fingiendo que lo veía dormir al notar que su esposa se acercaba.
—¿Cómo fue la ceremonia, cariño? —preguntó inocentemente, viendo la escena de su marido alborotando el cabello de su hijo.
—Se salió un poco de control y creo que uno de los monstruos que maté era la última pieza para completar el ritual. Por suerte, Szayelaporro no pudo hacer tanto como quiso, Ukitake lo empaló con su shikai y volvió a arrastrarlo al infierno —explicó ahorrándose muchos detalles, consiguiendo que su mujer se confundiese—. Sí, el Arrancar loco de cabello rosa, ahora se dedica a custodiar el Infierno o algo así o a liberarlo, parecía tener las intenciones de liberar las almas corruptas de los más poderosos y sembrar el caos.
—Creía que habías terminado con esa vida cuando decidiste regresar y comenzar a estudiar en la universidad.
—Ya sabes que me invitaron, Orihime. Son nuestros amigos y compañeros de batalla, no tiene nada de malo reunirse con ellos de vez en cuando —murmuró, desapareciendo de la habitación con el shunpo para volver a tomar posesión de su cuerpo físico y aparecer nuevamente.
—No me gusta porque sé que hay algo que no me has contado. Hace dos años, con la reunión, estuviste bastante tiempo con una mirada triste y distante, la misma que tienes ahora mismo. No sé qué es lo que tienes, pero siento que te aleja cada vez más de mí y puede que de Kazui.
—No metas al niño en esto, él no tiene nada que ver, igual que tú tampoco. Todos tenemos nuestros momentos —contestó, intentando no dejar ver nada de lo que pasaba en su interior o mente—. Voy algo atrasado con las entregas y con el tiempo de la celebración, creo que iré a dormir más tarde, puedes ir a la cama ya. Buenas noches.
No esperó que contestase, sabía que sería peor, se marchó lentamente hasta su despacho para volver a encender su ordenador de sobremesa y retomar el trabajo. No estaba atrasado, pero esperaba que el trabajo lo ayudase a olvidarse de Rukia y de sus sentimientos revueltos en esos momentos, no quería lastimar a su esposa.
Un visitante desconocido entró a la habitación de Kazui, despertándolo debido a su curiosidad, pero sin asustarlo. Al ver la calidez de su mirada y sus rasgos tan familiares, le formuló la pregunta que jamás pudieron responderle ni comprender.
—¿Qué es un corazón? ¿Si te mato y abro tu pecho, lo comprenderé al tenerlo en mis manos?
