SABES MÁS DE LO QUE DICES

—Oye, ¿dónde está Morofushi?

Rei levantó la mirada de su plato de comida y la dirigió hacia Matsuda, quien comía con indiferencia. No obstante, Rei podía leer bien la seriedad en su rostro.

—Lo digo porque se le va a pasar el tiempo de comer. ¿Qué puede ser más importante que la comida?

Rei sonrió. Sabía que Matsuda quería preguntarle algo concreto acerca de Hiro pero, sorprendentemente, estaba dando un rodeo. No era propio de él, pero apreciaba sus intentos de un acercamiento con más tacto.

—Si quieres preguntarme algo, hazlo. Es muy extraño verte siendo tan considerado.

—Serás…

—No es que queramos meternos donde no nos llaman— intervino Hagiwara, que milagrosamente había conseguido deshacerse del ejército de chicas que siempre tenía detrás de él—, pero el otro día, en la tienda de motos, Morofushi-chan actuó de una forma muy extraña.

—Sí, fuimos a preguntar por un tipo con un tatuaje de cáliz y cuando el encargado nos preguntó que por qué le buscábamos, él solo se echó a temblar. ¿Qué demonios le pasa?

Al escuchar acerca del tatuaje, Rei aumentó la fuerza con la que sujetaba su cuchara. ¿Un tatuaje de un cáliz? Era la primera vez que escuchaba sobre eso. Lo que solo podía significar que Hiro estaba recordando más cosas acerca de lo que pasó. ¿Por qué no se lo había contado? Rei apretó los labios: no podía dejar que su amigo continuase así, cargando con todo el peso él solo. Siempre había actuado de esa forma y estaba convencido de que un día, aquello terminaría con él.

—Eh, tierra llamando a Zero— la voz de Matsuda le devolvió a la realidad—. ¿Qué pasa, tú también conoces al tipo del tatuaje o qué?

Rei apretó los labios. Una parte de él le decía que no debía contarles nada, que no era su secreto y si Hiro quería compartirlo con ellos o no, era su decisión. Pero otra parte…

—No tienes que contarnos nada si no quieres, parece algo lo suficientemente grave como para no tomarlo a la ligera— la autoritaria voz de Date irrumpió en el grupo. El joven se sentó junto a sus amigos y fijó su mirada en Rei—. Sin embargo, somos un equipo, para lo bueno y para lo malo. Vamos a estar aquí si cualquiera necesita ayuda, pero la ayuda hay que pedirla.

Rei reflexionó un momento las palabras de su líder de escuadrón y, como de costumbre, tenía razón. Admiraba la habilidad que tenía su amigo para hacer que los demás hiciesen lo que él consideraba correcto. Con una sonrisa de derrota, dejó los cubiertos sobre su plato a medio comer y alzó la vista hacia sus amigos.

—Caso de asesinato de una pareja en la prefectura de Nagano. Eso es lo que Hiro está investigando— respondió antes de tomar su plato y levantarse de la mesa, dejando a sus tres amigos en el sitio. No estaba contando la historia de su amigo, y tampoco mentía a sus compañeros. Sabía perfectamente que Hiro empleaba cada segundo libre que tenía en buscar información acerca del asesinato de sus padres. Si sus amigos querían ayudarle, primero tenían que ponerse al día.

Por su parte, estos se quedaron un momento estáticos, pero enseguida volvieron en sí y se pusieron en pie. Dejaron las bandejas en su lugar correspondiente y siguieron a su compañero rubio, que se dirigía hacia la sala de ordenadores.

Una vez allí, los cuatro se agolparon tras la puerta y por una pequeña rendija observaron una figura inclinada sobre una pantalla. No les costó mucho identificar quién era.

Al cabo de unos minutos, Hiro apagó el ordenador y se levantó, una expresión de derrota decorando su rostro. Rei hizo una seña a sus amigos para que se alejasen un poco.

—¡Ey, aquí estabas! — Hiro dio un respingo.

—Dios, Zero, por poco se me salta el corazón. ¿Qué haces aquí?

—Venía a buscarte. Te has perdido la comida.

Hiro tuvo la decencia de sentirse avergonzado.

—Ah, sí. Estaba buscando algo y se me fue el tiempo.

—Debía ser algo muy importante.

En ocasiones como esta Rei agradecía que su amigo huyese de las confrontaciones, pues con una afirmación y una risa falsa empezó a caminar en dirección a las habitaciones, dejando vía libre a los tres jóvenes que aguardaron una seña de Rei para meterse en la sala.

—Veamos: asesinato, pareja, Nagano… Ah, debe ser esto.

Hagiwara mostró el artículo a sus otros dos compañeros y los tres sintieron un escalofrío al leerlo.

—Dios mío…

—No me extraña que reaccione así, esto daría pesadillas a cualquiera.

—Pero ¿por qué le afectará tanto?

Ante la pregunta de Matsuda, Hagiwara continuó leyendo.

—Tal vez sea por esto: "El único testigo aparente de los hechos parece ser el hijo pequeño de la pareja, que logró salvar su vida al encontrarse escondido en el momento del crimen".

Los tres se quedaron mudos.

—Entonces… ¿Los padres de Morofushi fueron asesinados cuando él era pequeño?

—Y no solo eso, parece que él estaba allí cuando pasó. Creo que ahora entiendo mejor su reacción del otro día.

Date se tomó un momento para digerir aquella información y pensar un plan de acción. Ahora comprendía por qué su compañero investigaba con aquella ferocidad ese caso pero no podían dejarle hacerlo solo más tiempo. Miró a sus otros dos compañeros, que asintieron.

Apagaron el ordenador y salieron de la sala, dispuestos a enfrentar a su amigo.

—No le digáis nada.

Una voz les detuvo en seco. Al girarse, vieron a Rei apoyado en la pared junto a la puerta de la sala. Tenía una expresión seria y triste al mismo tiempo.

—¡Zero! ¿Qué quieres decir?

Rei suspiró.

—Escuchad, ahora que lo sabéis tal vez sea más fácil ayudarle, pero si vais a acribillarle a preguntas solo conseguiréis que se cierre más. Lo sé bien, le conozco.

Se tomó un momento para apretar los labios, recordando la primera vez que Hiro le contó el motivo de su mudanza a Tokyo.

—Hiro es el tipo de persona que intenta cargar con todo él solo. Si sabe que lo sabéis, no solo negará todo en rotundo, sino que se cerrará aún más y quién sabe lo que podría llegar a hacer él solo.

Los otros tres se miraron entre ellos.

—Por favor, solo… Esperad a que esté preparado para contároslo. Lo hará, estoy seguro.

Aquellas últimas palabras parecían estar dirigidas más a él mismo que a los otros tres. Sus compañeros se miraron y asintieron.

—De acuerdo, esperaremos a que nos lo cuente.

—Agh, no voy a poder aguantarlo.

—Vamos, Jinpei-chan, estoy seguro de que puedes hacer un esfuerzo por Morofushi-chan. Es un tema delicado de sus padres, debería compartirlo cuando se sienta cómodo con ello.

—¿Quién eres tú para decir eso? ¡Te recuerdo que tú no tuviste ningún tipo de problema en contarle todo lo de mi padre!

—Eso es completamente diferente.

—¡¿Cómo?!

—Bueno, creo que ya es hora de volver. Las prácticas de la tarde van a empezar enseguida y lo último que necesitamos es que Onizuka tenga más motivos para, que sé yo, mandarnos a limpiar los baños.

Date comenzó a empujar a sus dos compañeros en dirección a los pasillos. Rei se tomó un momento para sonreír: desde luego que Hiro y él tenían el mejor equipo cubriéndoles las espaldas.