Título: Superfreak

Pareja principal:Koko x Sanzu.

Argumento: Sanzu es una molestia, para Koko y para cualquiera que se le acerque un poco a Mikey. Por supuesto, no ayuda que Koko se excite con Mikey después de marcarlo, pero este último decide que ellos son sus muñecos, y como tal, puede jugar con ellos.

'Three's not a crowd to her, she said'

El sonido de la máquina de tatuar estaba resonando en todo lo largo del espacio.

Era tan pesado que incluso podía verlo de manera física, sacudiendo los cimientos del costoso edificio, resquebrajando las paredes, cuarteando los ventanales. Resonando con una rabia que hacía competencia con la que Sanzu estaba sintiendo justo ahora.

No era humilde a sus virtudes, sabía cuáles eran los efectos que causaba en la gente, el terror o el encanto según fuera su deseo, sin dejar jamás a nadie indiferente. Era un prodigio con los filos, y tan sensual como el pecado. Más de uno ofrecería todo cuanto poseía por una noche, por una caricia y aquello lo hacía más engreído de lo que incluso él mismo podía soportar a veces.

Dicho esto, estaba claro que era una especie de trébol de cuatro hojas que más de uno añoraba, sin que él ni siquiera ofreciera un milímetro de su persona a cambio.

Con Mikey se entregó de corazón afuera, con cada uno de sus músculos y dientes, poniéndose a su entera voluntad, rogando que al menos encontrara en su ciega lealtad, ese algo que nadie más podría darle.

Ese hilo que lo mantuviera atado desde un sitio que no compartiría jamás con otra persona, que le perteneciera sólo a él, así el costo fuera su entera existencia.

Pero, por más que lo enfermara y le doliera como una lluvia de estrellas en su frágil atmósfera, él sólo era otro de los muchos que estaba dispuesto incluso a morir por Mikey.

Y él lo sabía.

Aquél tatuaje, un signo mucho más íntimo que un anillo, más lóngevo que una promesa, fue su orgullo, fue la luz de sus ojos casi una semana, ya que fue el primero en recibirlo. Fue su escudo de armas, la marca que deseaba mostrar al mundo como ese rasgo único con el que todos lo identificarían.

Porque así sabrían que era su perro, su esclavo, su eterno girasol.

Sin embargo, ahora esa máquina de tatuar estaba llevándose las simientes de lo que pudo ser una esperanza.

Deseó no estar tan ebrio, porque los ruidos se magnificaban aunque las imágenes se volvían difusas e imprecisas, y así mañana no tendría tan claro el trauma de saber que Mikey había decidido marcar a los cuatro con su sello.

No era una estúpida declaración de amor, era el equivalente a lo que hacían antaño para garantizar que los esclavos no escaparan, o , de hacerlo, saber a quiénes debían ser entregados.

Tenía más sentido realmente, Mikey le tenía una especie de fobia al abandono, no una vena romántica.

Pero dolía, quemaba como la piel cuando las agujas la traspasan.

—Estás sudando.

El sonido de la voz de Koko se pudo perder en el martilleo, y hubiera sido un alivio no escucharlo porque eso le hizo voltear y enfocarse.

Mikey no era un tatuador profesional, simplemente un terco queriendo hacer algo por sí mismo, así que no era raro que el proceso fuera el de un amateur que sólo miró un par de videos en internet y se puso en manos de la suerte para ejecutar su capricho.

Estaba a horcajadas sobre Koko, sujetando la máquina con dificultad por los guantes, los espesos ojos oscuros fijos en su tarea, la lengua en la punta de sus labios en una remanencia de su alma infantil.

— Y tú estás duro como el infierno, así que sólo cállate.

De aquí, había dos cristales para observar el eclipse que ocurrió en Sanzu.

Desde los ojos de los hermanos, quienes estaban sentados junto a él en el mismo sillón, aburridos, sin comprender por qué era de suprema importancia que participaran del ritual, cuando no los involucraba directamente, y estaban cada vez más irritados por los balbuceos de Sanzu/ese sujeto siempre trae algo encima, no es como si alguna vez diga algo coherente de todos modos/ y el ligero gotear de su vaso al ser incapaz ya de mantenerlo derecho.

Ellos lo vieron levantarse, con la gracia de Dios, los dientes apretando su lengua hasta que un hilo de sangre le bajó por la fina camisa, y direccionar el vaso hacia Koko.

—¡Quieto!

Mikey exclamó sin siquiera verlo, con ese innato sentido de alerta, de pronóstico, o quizá porque su papel de líder supremo lo obligaba a conocer a sus subordinados al dedillo y ya intuía que, de todos, Sanzu sería el único proclive a sentirse traicionado.

Como una muñeca que dejó de ser la favorita, olvidando que sólo fue hecha para entretener y ser usada, no para poseer absolutamente nada, ni reclamar algo que no era parte de la naturaleza que ocurriera.

— Tengo un trasero fenomenal encima de las piernas, por supuesto que estoy duro— dijo Koko a modo de retarlo, presionando sus botones—. Además llevas como diez minutos restregándote, no es mi culpa,

— Le dije que le pagara a alguien para que lo hiciera— murmuró Ran, jugueteando con la orilla de uno de los cojines, mirando el reloj con pereza—. Mucho más rápido y menos problemático.

— Pero más costoso, además, el único que está haciendo un drama por esto es ese payaso.

Pudo ver en sus ojos que otra palabra más tendría un costo, y, en términos de economía, Koko no es de los que pierde, así que dejó el tema en paz, volviendo a concentrarse en el muchacho encima de él, cubriendo su piel con algo que ni la muerte iba a poder borrar.

Se mordió la lengua, queriendo morder de vuelta la risa al tomar la osadía de retirarle el sudor de la frente con los dedos.

— Seré un payaso, pero al menos no soy un maldito impotente. Lo realmente sorprendente es que hayas logrado que esa mierda se te pare, con toda la coca que siempre te estás metiendo.

— Oh, el adicto quiere hablar de drogas— Koko se carcajeó entre dientes, y Mikey no pudo evitar una risita—. Podría tomar un consejo hasta de un vagabundo, Sanzu, pero no de un pobre desquiciado como tú. Te freíste el cerebro a base de pastillas.

— Tanta tensión entre ustedes me hace pensar que en el fondo se desean— le murmuró Ran a su hermano, y ambos se rieron.

— Eso tiene mucho sentido. Parecen gatos en celo, lanzando zarpadas y bufidos todo el tiempo pero ninguno de los dos se hace daño realmente.

— Yo podría matarlo si se me diera la gana.

Aquello era una declaración innecesaria, que ninguno tendría el coraje de tomar a la ligera.

—Pero no lo vas a hacer— dictaminó Mikey, con un tono casual y relajado.

— Sólo porque tú me lo pides.

Remarcó, y Koko no pudo evitar un ligero temblor en la base de su columna, sabiendo que, realmente, la única garantía de su existencia era que Mikey fuera capaz de domar al fenómeno aquél.

De otra manera, sus comentarios ya le habrían valido, por muy barato, un par de costillas rotas.

— Qué perro tan obediente.

Para cualquier otro, aquello pudo ser una ofensa. Para Sanzu, era la columna vertebral de todo cuanto era.

El perro más fiel de Mikey. Ese que sabe que la naturaleza inclina las balanzas de forma innata, y él había nacido para ser marcado, sometido y entrenado por él.

Mientras que Mikey había nacido para tomar el mando.

Sanzu ladeó los labios, y las cicatrices en sus comisuras le dieron una sombra parecida a la carta de diamantes en una baraja.

— Si quieres ofenderlo, deberías haber dicho justamente lo contrario.

No había nada más que una miel diluida en la voz de Mikey, como si aquella lisonja no hubiera salido de sus propios pensamientos sino de algún guión improvisado. Aún así fue lo suficientemente precisa para que Sanzu relajara dos grados su expresión, no hacia una calma de tregua, sino a una desquiciante sonrisa que Koko solo pudo interpretar como ' dale gracias a él que estás respirando.'

Esa arrogancia no era infundada, por supuesto, pero cada vez lo ponía más al límite, seguro que un día su instinto de supervivencia se vería reducido por el deseo de arrancarle esa sonrisa maníaca, y hacerle ver qué él también sabía usar las armas, y si lo deseaba, al menos una gota de sangre sí le arrebataría.

— Sí, bueno, todos sabemos que está más que acostumbrado a que le den trato de perra.

— Eso es algo que ni en tus mejores sueños vas a poder averiguar. Qué tan perra puedo llegar a ser.

Dictaminó con una sonrisa que fue languideciendo a medida que volvía a sentarse, perdiendo el interés en la pelea, o más bien lo poco de sobriedad que le quedaba.

El vaso se le resbaló de las manos, rodando hasta los pies de Ran, que miró con asco la mancha de licor que dejó en la punta de su zapato.

Estaba cada vez más incómodo y sólo quería que terminara ese teatro.

Pero, Mikey dio una sonrisa, que sacudió a cada uno de distintas maneras, aunque con la misma claridad.

— Yo también he escuchado a varios hablar al respecto. Nadie está tan demente como tú, así que nadie se atrevería a ponerte una mano encima sin que tú lo autorices, aunque muchos están encabronados contigo porque sólo los calientas y nunca te acuestas con nadie. Casi podría apostar a que en realidad eres virgen.

Koko se rió tan alto y tan fuerte, que Mikey debió alejar la aguja de su piel para no errar el trazo, comenzando a reírse también, seguido por el resto.

Aquello se estaba volviendo tan ridículo que lo único que pudo concluir, todos ahí estaban tan colocados con algo como él estaba ebrio.

— El único con el que no dudaría dos segundos en abrirme de piernas es contigo, Mikey. Lástima que no sea tu tipo.

— Sí, Mikey, qué desperdicio— murmuró Koko, sujetándolo de la cintura sólo por molestar a Sanzu.

— Quizá deberías aprovechar tú la oferta, ya que estás tan ansioso. Así podremos corroborar qué tan cierto es que Sanzu ya no es virgen, y tú no te irás a la cama con un dolor ahí abajo.

Koko resopló una risa, que, sin embargo, nadie imitó.

—Mikey…

—¿No que harías cualquier cosa que yo ordene, que tu vida está a mi completa disposición?— sin apartar los ojos de las últimas líneas, su voz fue suficiente autoritaria para dejar en claro que no estaba bromeando—. Pues bueno, demuéstralo. Déjate coger por él. No puedes ni siquiera meter las manos, todo lo hará él.

La risa ahogada de los hermanos fue seguida por la de Koko, mientras Sanzu buscaba en los ojos de Mikey ese brillo de sinapsis cuando se trataba de una orden.

La cualidad de luna hecha polvo en medio de la noche, algo cruel nacido de pura tristeza, de un sentimiento desesperado de reafirmarse.

Mikey ordenaba para no ponerse a gritar nomeabandones, quédate aquí.

Borrando sus límites para obligarlos a expandirse, a borrar sus estructuras para ser una copia más fidedigna de sus deseos sobre lo que debían ser.

Estaba desvariando.

Pero, nadie esperaba nunca que no lo hiciera.

— ¿Me lo estás ordenando?

El salió de la boca de Mikey mientras su mano realizaba el último trazo, cubriendo con el film plástico la piel enrojecida y sangrante de Koko, cuyos ojos ahora mismo estaban viajando de Sanzu a Mikey y a los hermanos Haitani, buscando en alguno ese pedacito de cordura necesario para decir que algo ahí no estaba bien.

— De ninguna manera.

— ¿Cuánto quieres?— canturreó Mikey, besando las orillas de la cinta adhesiva antes de ponerla sobre su piel, como besitos de mamá en las heridas—. Te puedo dar mil ahora, y si no te alcanza, de todas maneras tienes las claves de mis tarjetas.

Koko tragó fuerte, sin tener la caradura para afirmar que él no era esa clase de persona.

— No voy a poner mi pene en su sucio agujero, no me voy a arriesgar a infectarme con una porquería.

— ¿No estabas muy seguro hace un minuto de que era virgen? Además, no tienes qué usar tu pene para hacérmelo, de todas formas, esa mierda seguro ya sólo la tienes de adorno. Ni con todo el viagra del mundo lograrías hacer feliz a ninguno de tus amantes, con razón estás soltero.

La carcajada de los hermanos salió casi al unísono con la de Mikey.

— ¿En serio tienes problemas de ese tipo, Koko?— cuestionó Mikey, limpiándose las lágrimas de risa, y la mirada ligeramente elusiva le dio la respuesta. — Yo te puedo ayudar con eso. Ran, dame una pastilla.

Sanzu abrió la boca para volver a cerrarla, con las mejillas infladas y los brazos cruzados.

Como si lo indignante de la situación fuera eso, y no que estuviera disponiendo de sus partes privadas a conveniencia.

El muchacho se apuró a buscar en la mesa, una bolsa recién empaquetada con exactamente diez pastillas. Se acercó al centro de la sala, donde Mikey seguía a horcajadas sobre Koko, y le extendió la bolsa, que miró apreciativamente, sacando dos.

— Una para mí— murmuró, empujando la pastilla colorida contra su garganta, tragando en seco, y acomodando la otra entre sus labios, cuidando que la saliva no la disolviera— . Y otra para ti.

Sus palabras no fueron audibles, mas sí resonó en todos la manera en que Mikey lo tomó de las mejillas, empujando sus labios y sus dientes contra los de Koko, usando su lengua para empujar hasta su garganta la pastilla.

Con los ojos abiertos, con las piernas abiertas a los costados de su cintura.

La lengua de Mikey no era gentil, era ágil y sus movimientos eran feroces. Koko quería seguirle el ritmo, lo había puesto de ánimos con su buena técnica al besar. Pero sobretodo, lo animaba saber que Sanzu los estaba viendo, sin poder hacer nada.

Koko fue invitado a levantarse, y acomodarse en la silla. Le dolía mucho ahí abajo, pero fue dejado de lado cuando Mikey decidió que había hecho demasiado. El verdadero show requería a otro protagonista.

Sanzu levantó las manos a modo de rendición, con una expresión relajada, y como un buen perro se puso de rodillas frente a Koko. Tan fácil, se había inclinado ante alguien que obviamente le desagrada para complacer a su amo, solo faltaba que le diera una pata.

—¿Dices que puedo hacer lo que quiera con él? —preguntó Koko con resignación, no podía negarse a nada con Mikey. No era bueno para los negocios.

—Tranquilo, solo muerde a quien le ordenó. —dijo Mikey para darle seguridad.

Con cautela Koko se acercó a Sanzu, quien estaba de rodillas ante él como un buen chico y con la mano le corrió el pelo que tenía en la cara, le sonrió y le enseñó los dientes.

Lo golpeó, tan fuerte que le dolió la mano, con los anillos puestos y mucha ira.

El impacto del golpe se reflejó en la pálida mejilla de Sanzu, enrojecida por la rudeza y este le sonrió, frenéticamente.

—Qué débil. —dijo Sanzu con una sonrisa, ni siquiera se toca la zona del golpe.

Y lo golpeó de nuevo, y otra vez, y otra y otra. Lo odiaba, su cara no cambiaba no importa cuántas veces lo abofeteara.

—Deja de reírte, imbécil. —dijo Koko.

Sanzu se reía en su cara, porque esto no significaba nada para él. Había recibido cientos de golpes de hombres más fuertes que Koko, más agresivos, más despiadados. Incluso lo habían herido con varios tipos de armas.

Esto no significaba nada.

Para Koko en cambio el escenario era más peligroso, Sanzu era problemático y le caía mal, el sentimiento era mutuo.

No tiene decencia o moral.

Daba asco y lo aborrecía como a nadie en esa habitación.

—Sin besos ¿Oíste? —preguntó Koko.

Sanzu parecía ofendido, pero no le afectó demasiado. Volteó a ver a Mikey, quien se había acomodado en el sillón. Con Rindou acurrucado a su lado derecho, mientras Ran estaba a su lado izquierdo jugando con su blanco cabello.

Parecían un par de cachorritos, pero Mikey le hizo una seña para que siguiera. Supuso que estaba bien.

Odiaba pensar que su rey estaba aburrido, y seguro más de uno pensaba que le faltaba un tornillo por aceptar aquella humillación sin nada a cambio, pero no era a ellos a quienes intentaba complacer. Haría lo que fuera por su rey, él no era nada más que lo que quisiera que fuera y estaba feliz con ello.

Tomó la mano de Koko, y la colocó en su cuello.

—Sujétame fuerte, pero con cuidado, si me matas, te mato ¿Entendido?

—Dices tonterías...—dijo Koko chasqueando la lengua.

Koko no apretaba con fuerza, al parecer todavía necesitaba algo que lo animará.

Sanzu agarró su cinturón, y de rodillas aún, empezó a desabrocharlo, como no hubo objeciones intentó sacar su miembro.

—Espera...—dijo Koko poniendo su mano en la cara de Sanzu, para apartarlo.

Sanzu estaba molesto, no lo dejaba avanzar.

—Trae los condones. —dijo Koko.

Sanzu lo miró incrédulo, tratando de procesar su pedido.

No supo distinguir quién, pero alguien quería reír en ese momento.

—Tranquilo, hoy es un día seguro. Puedes hacerlo dentro. —dijo Sanzu con su retorcida sonrisa. Koko rodó los ojos fastidiado, mientras Ran y Rindou se reían en el sillón.

—Dile que te estás tomando la pastilla, eso siempre funciona. —dijo Rindou.

Y todo eran risas y burlas entre los hermanos, pero la voz de Mikey rompió el ambiente.

—Ve a traerlos. —dijo Mikey mirando directamente a Ran, quien dejó de abrazarlo. Y fue por los condones que tenían en el otro cuarto.

Imbécil, cómo se atrevía a insinuar que podría pegarle algo. No había estado con nadie después de que Mikey lo hubiese buscado una noche hace años. No podía ni quería a nadie más, solo el lo hacía sentir bien.

No le molestó que Mikey hiciera la broma sobre su virginidad, no le interesaba lo que pensarán los demás. Simplemente dejó pasar su mentira, no quería saber porque intentaba que todos le creyeran. Él sabía que no era virgen, ellos habían estado juntos.

Sin embargo, sabía para su desgracia que su rey podía pasar la noche con cualquiera que le hiciera sentir un poco mejor, nada especial. No podía asegurarlo con certeza, pero no dudaba de que también hubiera estado con los hermanos que lo miraban y con el propio Koko.

Pero no le importaba, su rey le había pedido entretenimiento, y él estaba dispuesto a cualquier cosa.

Cómo le había dicho una vez, sus deseos eran órdenes.

Cuando terminó de divagar en sus pensamientos, Koko ya había colocado el condón en su miembro erecto, firmeza, era la palabra para describirlo. Tenía la cara roja y se encontraba acalorado.

Sanzu se avalanzó sobre su miembro, teniendo que hubiera otra interrupción, con la derecha frotaba la base, y con la boca besaba suavemente la punta de su pene.

Frotaba, besaba y lamía, ese era su ritmo. No siendo tan agresivo como le gustaba serlo, después de todo Koko lo odiaba, pero no sé quejaba de su técnica. Es más, apretaba con su mano la silla en dónde se apoyaba.

Eso estaba bien, temía que le prohibieran usar las manos, hubiera sido más difícil. Para su suerte, Mikey aprobaba su movimiento.

Froto con más fuerza el miembro de Koko, incluso estímulo sus bolas, besaba en distintas zonas. Hasta que luego de unos segundos, acabó por meter el miembro a su boca.

—Eres tan vulgar. —dijo Koko desviando la mirada. Estaba soportando los gemidos, y evitando ver al público al que entretenían.

A Sanzu le preocupaba que no gimiera, por lo que se propuso ser más entusiasta con la felación. Su miembro no era muy grande, aún así tuvo cuidado de que sus dientes no le incomodaran, y succionó su miembro hasta llegar a la base.

Demasiado agresivo, vulgar y ansioso. Sanzu succionaba y masajeaba el miembro de Koko con su boca. Fuerte y rápido.

—Maldita sea, eres tan molesto. —dijo Koko. Con su mano sujeto de Sanzu, molestia era lo que podía demostrar, para no admitir lo mucho que le gustaba lo que estaba sintiendo.

Empujando la cabeza de su socio con fuerza, usando su boca para su placer, por un momento olvidó lo mucho que le desagrada.

Un boca tan sucia, no lo estaba decepcionando para nada. Tan bueno, que comenzó a gemir. Escucho que Mikey dió su aprobación, pero no le importo.

Sanzu estaba motivado, y él quería venirse follando esa boca, de ser posible empujar tan fuerte la cabeza de Sanzu que terminara causándole una lesión y obteniendo su orgasmo en el proceso.

—Me voy a venir. —dijo Koko, sentía que al menos debía avisarle. Por tener alguna clase de consideración.

Sanzu sonrió, y siguió succionando su miembro, ahora que Koko empujaba su cabeza con agresividad, el trabajo se había hecho más fácil.

Se lo estaba haciendo con la boca, solo lamentaba no poder ver la expresión de su rey desde esa posición.

Unos segundos más, y Koko empujó tan fuerte dentro de la boca de Sanzu, que no le importo sí terminaba asfixiandolo. Sanzu mantuvo la boca lo más abierta que pudo, la saliva le escurría y su mandíbula se acalambró. Cuando lo dejo ir, se la acomodo.

Koko estaba agitado, el orgasmo lo golpeó con fuerza. Y cuando controló su respiración, hizo un gesto con la mano a Sanzu. Esto aún no terminaba, hasta que el jefe lo dijera.

Sanzu se levantó enseñando esa sonrisa transtornada tan característica.

Koko casi da un paso atrás, pero mantiene el porte y la entereza. No sé dejaría intimidar por esa bestia.

—¿Qué esperas? Recuéstate sobre el escritorio. —dijo Koko con severidad.

Koko tenía sus dudas de sí podría continuar hasta el final, entonces Sanzu se desabrochó el cinturón y se bajó los pantalones. Enseñando sus partes privadas como si no le importará.

—Solo hazlo, estoy preparado. —dijo Sanzu.

Koko quien se había cambiado el condón, agarró la cintura de su socio y lo penetró sin juego previo. Se hubiera avergonzado de que Ran y Rindou festejarán ello, pero estaba absorto en un nuevo sentimiento. Se sentía muy bien, empujar dentro de Sanzu era bueno, muy bueno. Así que fue casi automático mover las caderas para seguir obteniendolo.

—No harás que me venga con esos empujoncitos. —dijo Sanzu. Por supuesto, él era un imbécil.

—Cierra la boca, nadie pidió tu opinión. —dijo Koko.

Sanzu le saco la lengua a modo de burla, mientras Koko terminó tomando su brazo y doblándolo. Está furioso y sentía que las emociones le desbordaban del cuerpo, sentía mucho calor y estaba siendo muy sensible con todo ese asunto.

Quería maldecir, y luego correr diez vueltas a la manzana. Porque sentía todo el cuerpo caliente, y tenía una sensación de necesidad que no se calmaba.

Lo joderia, tan fuerte que siempre recordaría esa noche. Después de todo, podía presumir de haberselo hecho. Koko empujaba fuerte, y tenía doblado el brazo de Sanzu para lastimarlo en el mismo acto.

Sanzu no hablaba, tenía la cara recostada sobre el escritorio, no era una molestia para el que Koko le rompiera el brazo. Solo quería pasar ese momento viendo la cara de Mikey mientras se lo hacían.

Quien parecía algo preocupado, Sanzu sonrió, eso le hacía muy feliz.

—Se está sonriendo, qué perverso eres Sanzu. —dijo Rindou.

—Vamos, sé que puedes hacerlo mejor. Esto no entretiene a nadie. —dijo Sanzu a Koko.

—Estás ebrio, eso es lo que ocurre. —dijo Koko.

—¿Ayudaría sí grito tu nombre? —pregunto burlonamente— sería mentira, pero creía que te ayudaría.

Koko se rió de su falta de vergüenza. Entonces hizo lo primero que haría sorprender a Sanzu en toda la noche.

Le dió una nalgada, el golpe no dolió pero sí lo sorprendió. Su expresión fue bastante graciosa y reanimó el espero tu de Koko.

—No olvides quien es la perra aquí, conoce tu lugar y solo vente cuando te lo diga. —dijo Koko. Luego empujó dentro suyo más agresivamente, con mayor energía.

Sanzu, quien había tenido las emociones controladas en todo momento, sintió la vergüenza por primera vez desde que iniciaron. Lo había nalgueado, frente a Mikey. Lo trato como a su perra, no lo era maldita sea.

De haber podido, lo habría matado. Ahora lo tenía haciendo lo que quería con su trasero.

Eso sí le había jodido.

Koko optó por fingir no escuchar los refunfuños de Sanzu mientras lo tomaba, eran molestos, solo le quitaban placer.

Para eso hacía esto, no quería ser su amigo luego de esto.

Luego se inclinó hasta el oído de Sanzu, y le susurro al oído.

—Oye me voy a venir, apúrate tu también y terminemos con esto. —dijo Koko.

Pero no todo podía ir tan bien.

Sanzu estaba ebrio y algo drogado, pero lo suficientemente consciente para saber que le costaría venirse en su posición.

—Solo hazlo. —dijo Sanzu, desde su posición, esperaba que su cuerpo se relajara. Mikey no le quitaba los ojos de encima, y sentía que lo estaba decepcionando.

Koko lo sujetó con firmeza y empujó dentro suyo varias a veces, hasta que los movimientos eran torpes y desesperados.

Sentía que podía romperlo y aún así, no sería suficiente, se vino con la última estocada, de una forma desconsiderada sobre su socio.

Koko sentía que el corazón se le saldría por la agitación, pero también se encontraba más aliviado. Creía que podría dormir esa noche, pero todavía quedaba un problema.

—Suficiente, ya déjalo. —dijo Mikey.

Koko se retiró, y dejó a Sanzu justo donde estaba.

Ambos se sentían avergonzados por no lograr concretar lo que Mikey les ordenó.

Mikey se levantó del sillón, quitándose a los hermanos y a sus manos de encima. Camino hasta el escritorio donde estaba Sanzu, y le sonrió, luego colocó una mano sobre su cabello rosado, acariciándolo.

—Hiciste un excelente trabajo. —dijo Mikey.

Los hermanos Haitani abuchearon lo dicho por su jefe, mientras Koko tomaba aliento volviendo a sentarse.

Sin embargo, las palabras de su jefe tenían un especial efecto en Sanzu. Que necesitaba un poco de incentivo para terminar con ello, solo que no estaba recibiendo los adecuados. Escuchar sus felicitaciones lo había reanimado, lo vio en sus ojos y en su boca semi abierta.

—Adelante, hazlo para mí. —dijo Mikey, ni siquiera tuvo que estimularlo físicamente.

Era enfermizo de tan solo verlo, se había excitado con solo tenerlo enfrente, luego de prepararse por si mismo. Sanzu se vino, podría decirse que solo con un par de palabras bonitas.

—Que obediente. —dijo Koko, no mentiría, se sentía un poco indignado.

—¡Woolf, Woolf! —dijo Sanzu, tan contento, jadeante con la lengua afuera. De haber tenido una cola, la estaría moviendo.

Ese fue el fin de aquel indeseable sexo, no tenían tiempo para sentirse humillados. Los hermanos Haitani salieron del cuarto tan pronto Mikey indicó que podían irse, Koko fue el siguiente en salir, después de alistarse. Sanzu siguió recostado en el escritorio.

Mikey le acarició la cabeza.

Se dice que desde entonces, los hermanos Haitani cuentan como Koko de Bonten domo a la bestia que era Sanzu, por supuesto, con algunos detalles jugosos.

Los días siguientes fueron normales, cumplieron cada encargo en su totalidad. Cada uno en su respectiva labor, y con ello el final de mes llegó.

Cómo en cualquier trabajo, por más ilegal que este fuera, Bonten tenía la costumbre de pagar a cada afiliado su respectiva parte a final de mes, como si fueran simples empleados de oficina.

Un sistema que Koko manejaba a la perfección, y nadie lo cuestionaba. Después de todo, siempre había sido una billetera andante, la mayoría de los afiliados preferían que se les hiciera llegar el dinero en efectivo, limpio, por supuesto. Otros en cambio, recibían jugosos depósitos, pero aquel día sucedió algo inusual.

Cuando Sanzu lo vio sentado en su escritorio, tal y como era habitual.

Notoriamente fastidiado solo habló.

—Creo que hay problema con mi pagó. —dijo Sanzu.

Koko, quien no cometía errores de tal índole, lo negó con la cabeza. Pero sintió el irracional deseo de preguntar.

—¿Y por qué piensas eso? —pregunto.

Inmediatamente se arrepintió.

—Pensé que recibiría un bonus este mes, ya sabes, por las molestias. —dijo Sanzu. Mikey quien estaba en el sillón de junto, se acercaba, sonaba como un problema si Sanzu se tomaba la molestia de ir con Koko, este último era muy responsable administrando el dinero,

—Tendría que revisar tu actividad este último mes —dijo Koko, mientras buscaba en su computadora el registro de Sanzu— ¿Por qué motivo recibirás el bono? Lo buscaré.

Sanzu muy tranquilamente, como pocas veces se mostraba. Respondió con una sonrisa amable.

—Pues obvio, para el aborto ¡Daah! —dijo Sanzu, sacándole la lengua. Frenético, hizo que la sangre le hirviera en segundos. Lo odiaba, quería matarlo.

Koko sintió como el calor calentaba sus mejillas, ese maldito adicto, sólo quería joderlo.

—¡Eres un imbécil! —dijo Koko.

Sanzu se rió, pero Mikey quien pasaba por ahí no pudo evitar reír por lo absurdo de la situación.

—Felicidades, pido ser el padrino. —dijo Mikey, Sanzu estaba feliz y Koko solo quería matarlos a ambos.

Hola, estoy bastante contenta con mi hermano por seguirme en esto, siempre quisimos trabajar juntos y ahora que coincidimos en TR tenemos varios proyectos mas. Nos divertimos mucho haciendo este OneShot, que nació de la idea de "¿Hasta donde crees que llegue la devoción del Sanzu del futuro por Mikey?" Coincidimos en que, no tenia limites, por lo que dejarse humillar de esta forma seria una de ellas. Por lo demás, Koko nos pareció muy estético, un buen contraste con la bestia que es Sanzu. Así que nos sorprendió este escenario en un principio, pero nos divertimos mucho planeandolo.

Muchas gracias si llegaron hasta el final y muchos éxitos. 3