Luego de la revelación sorpresa de Marinette aquella tarde solo quedaba hacer lo más lógico en aquella situación: Que Alya se quedase a dormir.

No costó mucho trabajo que Sabine y Tom Dupaing-Cheng dieran el permiso para aquella pijamada sorpresa, especialmente considerando que su pequeña Marinette se había visto completamente fuera de sí misma las últimas semanas. Las ojeras bajo sus ojos parecían crecer más cada noche y parecía que cada vez pasaba más tiempo encerrada en su cuarto, ya ni la máquina de coser se escuchaba con tanta regularidad que antes, así que la sugerencia de ambas adolescentes fue como un faro en la oscuridad.

Esperaban que aquella noche Alya ayudara a su hija con lo que sea que estaba lidiando, aun si no les quería decir a ellos, sus padres. Sabían que Marinette, aunque torpe, era una muchacha inteligente y si la situación fuese preocupante acudiría a ellos sin temor.

La cena luego de que Alya llamase a sus padres para informarles sobre los planes de la noche fue un momento algo tenso, aunque no tanto como se esperaría con la bomba que Marinette acababa de soltar, ambas muchachas se comportaron con gran normalidad, pero ambas sabían que la verdadera conversación importante sucedería cuando estuvieran en la comodidad de la habitación de Marinette.

Cuando la noche cayo y los señores de la casa despidieron a las niñas para ir a dormir, ambas muchachas solo demoraron un par de segundos antes de correr a la trampilla de Marinette para iniciar la plática.

Mucho se rebeló en aquella plática: Alya parecía tener todas las preguntas correctas para hacer que Marinette se relajase a medida que las respondía, la muchacha de cabello castaño parecía compartir todas sus preocupaciones al mismo tiempo que era un hombro cómodo para llorar y desahogarse sobre algunas cosas puntuales: Luka, Adrien, sus responsabilidades sobre ser la nueva guardiana, los temores que le causaba Hawk Moth, como sentía que su vida personal se iba desbaratando a medida que su papel como superheroína aumentaban, las dudas que tenía sobre su relación con Chat Noir, etc.

Alya tenía que admitir que muchas cosas cobraron sentido luego de escuchar todo esto, no solo como la niña de ascendencia asiática parecía desaparecer siempre que un akuma estaba cerca, o sobre sus tontas escusas para llegar tarde o escaparse de clases, sino también pensó en pequeños momentos con Ladybug que no tendrían sentido de otra forma, desde que la eligiera a ella para portar el miraculous del zorro hasta el simple hecho que conociera su nombre la primera vez que ella apareció en París.

Realmente un peso pareció levantarse de ambas a medida que la noche avanzaba y el aire se iba destensando hasta convertirse en una plática llena de recuerdos. Ningún kwami decidió hacer acto de presencia aquella noche, Tikki los convenció de manera amable (con amenazas suaves solamente, sin recurrir a la violencia) que estas horas se las dieran al par de amigas, ya por la mañana podrían hacer su gran entrada.

— Espera ¿estás diciendo que me ibas a dar tu miraculous? – La muchacha de lentes pareció realmente sorprendida ante ese dato inesperado

— Bueno, no me sentía completamente segura de poder con el trabajo, y cuando nos conocimos tú parecías tener todo este tema de "ser la heroína" tan resuelto que pensé que serias mejor que yo con Tikki a tu lado. — Marinette al menos tuvo la decencia de parecer arrepentida mientas imitaba la pose de seguridad que Alya hizo aquel primer día.

— ¡No podría hacer lo que tú haces! – Exclamo alzando la voz llena de sorpresa, dos segundos antes de darse cuenta de que los padres de su amiga seguían durmiendo bajo ella, Alya se cubrió la boca con las manos antes de continuar hablando en un tono más moderado. — Además, Trixx y yo hacemos un gran equipo, muchas gracias.

— Bueno, no lo sabía en aquel momento – esa fue la mejor excusa que encontró la muchacha de ojos azules antes de arrojarle un cojín a la peli castaña y que esto iniciara una guerra silenciosa.

Marinette realmente no pudo pensar en un momento donde fuera ella misma y se divirtiera tanto dentro de los últimos 6 meses, que Alya supiera tanto fue algo liberador, aunque tenía que admitir que había cosas que se iba a guardar para ella misma, cosas como Bunnix, Chat Blanc, las identidades de otros portadores, etc. Por seguridad, claro esta.

Cuando ambas muchachas finalmente parecieron estar en paz con la nueva normalidad se recostaron sobre las mantas que habían dispuesto para dormir cerca esa noche. Usualmente Alya dormiría en el futón rosa mientras Marinette se recostaba en su cama bajo la trampilla, pero aquella noche querían sentirse cerca la una de la otra

— Marinette — la calmada voz de Alya apenas superó un susurro, ni siquiera volteo para ver a la muchacha de ojos azules..

— ¿si Alya? — Ella tampoco cambió su postura, ahora mismo se encontraba mirando el techo de su habitación, una pequeña parte de sí misma intentaba convencerse de que esta había sido la mejor opción

— Tengo otra pregunta — Eso fue algo que la sorprendió, ya que la conversación había cambiado de rumbo hace ya casi una hora atrás

— Dime ¿qué pasa? — La muchacha peli castaña volteo sus ojos para mirar a su mejor amiga por el costado de este.

Se veía tan pacífica, no se parecía a la muchacha que lloraba en sus brazos horas atrás porque la carga del mundo estaba sobre ella. En pro de mantener esa calma, aunque fuera de manera momentánea, decidió tragarse la preguntaba que estaba en la punta de su lengua y la cambio por algo que fuera... más normal para dos chicas comunes.

— ¿Cuál es tu parte favorita del día? —

Una parte de ella culparía más adelante a su costumbre de no mencionar nada relacionado con los miraculous o su identidad a nadie con que lo que inmediatamente salió de su boca fue una mentira.

— Cuando en el almuerzo nos sentamos con Nino y Adrien, así puedo ver sus hermosos ojos verdes. — Luego de que aquella frase dejase sus labios quiso rectificarse inmediatamente, reírse de una respuesta tan básica y abrirse completamente a la portadora del zorro, pero otra parte de ella, lo más profundo de lo que Marinette era, su parte más celosa y secreta, lo impidió, impidió que la verdad saliese de sus labios:

Las patrullas nocturnas con Chat Noir

Sí, quizás era algo… hipócrita que una de las cosas que más le gustaban en su actual normalidad eran las pocas horas donde no era ella misma, donde corría por los tejados de París como la grandiosa Ladybug en vez de su común Marinette, pero no era la presencia constante de la adrenalina lo que la mantenía ansiosa hasta que llegase la siguiente, tampoco la ocasional presencia de un akuma con el cual combatir, ni siquiera eran las grandiosas vistas que tenía hacía su querida ciudad, no, era la compañía que tenía al realizar todas esas acciones, era Chat Noir.

El estar sentada sobre la torre Eiffel con la vista nocturna más hermosa de Europa no sería la mitad de relajante que lo es gracias a la compañía de cierto gato negro, el saber que él está junto a ella, sus conversaciones con un tono suave y las más tontas bromas la ayudan a alejar todos sus problemas, cuando él se gana a su costado simplemente bromeando con ella todo lo malo de su día a día se borra, ya no hay mentiras descaradas o secretos dolorosos, ya no hay Chloe y sus humillaciones en clases, ya no hay Luka, ya no hay Adrien, ya no está el recuerdo persistente de Chat Blanc, solamente son ella y su mejor amigo, su persona favorita en el mundo.

Sus días favoritos son, en contrario a lo que se pensaría, los que aparecen los villanos "sencillos", particularmente Mister Pichón. En esos días en que apenas gastan energía al purificar el akuma, pero ambos tienen una escusa confiable para permanecer transformados ("puede aparecer otro akuma en cualquier momento, hay que estar atentos" "M'lady, debes admitir que extrañabas a este gato callejero) y tienen unos momentos para compartir un helado o conversar sobre lo que desean hacer en el futuro, algo mucho más seguro que el presente.

Particularmente su instante favorito es cuando ambos se dan cuenta de que el otro está ahí porque quiere estar, ese pequeño momento de comprensión mutua que parece golpearlos con la misma sorpresa que la primera vez. Los ojos de Chat se agrandan por lo que parece ser un solo segundo, la conversación muere un poco entre ambos, pero al mismo tiempo es como si hablaran en un idioma secreto; las barreras son derribadas, así que él se acerca un poco más a ella; las mascaras y las identidades caen, son solo un chico y una chica pasando el rato juntos; quizás no dura mucho, pero mentiría que esa pequeña y cálida sonrisa no es su favorita en todo el repertorio de Chat Noir, una sonrisa que es solo para ella, para solo ese momento.

Por eso, si Marinette fuera complemente sincera al responder la pregunta de Alya, su respuesta sería simple: su parte favorita del día a día son los 30 a 40 minutos que pasaba con Chat Noir luego de correr por los tejados.