Fandom: Haikyuu!

Pareja: Bokuto x Akaashi

Esta obra también se encuentra publicada en Ao3.


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Love Drunk

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Bokuto: [drunk] I love Akaashi.

Bokuto: He has the most incredible eyes and he's so beautiful.

Akaashi: [blushes] That's-

Bokuto: Shhh! Don't tell him! Akaashi: [smiling softly] Okay. I won't.

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Akaashi caminaba con dificultad, avanzar con Bokuto a cuestas había dejado de ser sencillo desde que dejó de practicar deporte. Ahora maldecía las consecuencias de una vida sedentaria con su mayor actividad como la caminata que realiza cada día de su trabajo a su apartamento.

Para empezar, todo habría sido más fácil si hubieran tomado un taxi apenas dejaron el bar, pero Bokuto le había asegurado que no estaba tan mal y que podía andar las cuadras que existían entre su apartamento y el local ubicado en el centro. Akaashi había terminado por asentir, pensando que el aire fresco les ayudaría a ambos a despejar la cabeza.

Grave error, ni bien hubieron avanzado una calle, Bokuto se desplomó contra su costado, roncando suavemente. El menor sabía por experiencia que intentar despertar a Bokuto en condiciones normales era difícil, pero, ¿despertarlo después de ingerir alcohol? Casi imposible. Se resignó a su destino, acomodando al otro como mejor pudo y continuó avanzando.

—Akaashi —murmuró el mayor, enterrando su nariz en el costado de su cuello.

El escalofrío que lo recorrió poco tenía que ver con el frío de las calles de Tokio, logrando que casi tropezara y su corazón se saltara varios latidos.

—¿Bokuto-san? —llamó con suavidad, esperando que el otro estuviera lo bastante consciente como para ser capaz de caminar por su cuenta lo que restaba de camino, pero no lo suficiente como para notar el sonrojo que se negaba a desaparecer. Al no obtener respuesta, se relajó y continuó avanzando, no faltaba tanto, podía hacerlo.

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Aceptar ir a tomar una copa con sus amigos de Fukurodani había sido sencillo, quizás demasiado. No lo había pensado ni un segundo cuando vio el mensaje en el chat grupal, aparentemente todos iban a coincidir en la ciudad y ¿qué mejor oportunidad para recordar los viejos tiempos? La cantidad de "Hey, hey, hey" y "Akaaashi" no tuvo influencia alguna en su precipitación por responder.

Si bien se admitía a sí mismo que extrañaba a Bokuto, eso no quería decir nada, los amigos se extrañan todo el tiempo, ¿verdad? Konoha le diría que está siendo estúpido e innecesariamente terco, pero Akaashi sabía que estaba bien. No había motivos adicionales para estar tan emocionado por verlo, es decir, se escribían con suficiente frecuencia y algunas llamadas ocasionales cuando el mayor tenía algo emocionante que contarle, que en palabras suyas "no podía esperar" y él estaba perfectamente bien con eso.

O al menos fue así hasta que fue arrastrado a un abrazo unilateral de un emocionado Bokuto que no dejaba de gritar "Akaashi" exagerando la "a" haciendo que todos rieran divertidos y cuchichearan entre sí. Cuando Akaashi finalmente se decidió a soltarse, el abrazo había durado más de lo necesario, pero la sonrisa de ambos permaneció.

—Es bueno verte, Bokuto-san.

Hablaron de todo y nada, rememorando campos de entrenamiento y anécdotas divertidas que hicieron sonrojar a más de uno, sin embargo, el alcohol nunca dejó de correr. Akaashi tomó apenas un par de copas, consciente de que tomar demasiado sólo le acarrearía un dolor de cabeza monumental al día siguiente. Sus amigos no tuvieron los mismos reparos, mientras bebían un vaso tras otro.

—Y bien, ¿cuándo conoceremos a la persona destinada a soportarte por el resto de la vida? —preguntó con malicia Konoha, sonriendo taimado—. He visto como las chicas se arrojan a tus brazos, debe haber alguien —declaró, colgándose sin reparo alguno del hombro de su ex-capitán, sosteniendo apenas su botella.

Bokuto casi se atraganta con la bebida, golpeándose en repetidas ocasiones en el pecho antes de voltear a ver a su amigo, completamente conmocionado.

—¿Chica? —murmuró apenas, con los ojos abiertos, como si no diera crédito a la pregunta.

—Chica, chico, alíen, Akaashi… aunque supongo que él entra en la tercera categoría —apuntó Shirofuku con una sonrisa maliciosa—. No puede ser de humanos tener tanta paciencia.

—Yo… —comenzó, alternando la mirada entre Akaashi y sus amigos, antes de apurar su bebida, casi derramándola por las comisuras de su boca.

Decir que la respuesta le traía sin cuidado hubiera sido una falacia, en especial cuando sus manos retorcían con tanto ahínco su servilleta, oculta de forma conveniente bajo la mesa.

—¡Necesito otra copa! —gritó Bokuto, deslizándose sin cuidado alguno del reservado, en dirección a la barra.

El suspiro colectivo solo pudo deberse a distintas razones, pero decidió no profundizar demasiado en ello, no cuando todos parecían decididos a continuar la pregunta a costa suya.

—Ni se les ocurra —amenazó apenas Konoha posó su mirada en él.

—Arruinas la diversión, Keiji —se burló, guiñándole un ojo en complicidad.

Resistió el impulso de bufar.

—¿Qué me dices de ti, Konoha-san? ¿Algo que quieras decirle a Shirofoku-san? —preguntó a su vez, consciente de las repercusiones, pero sintiéndose especialmente vengativo.

—Akaashi, maldito traidor —gritó, levantándose del asiento con tal rapidez que terminó sacudiendo la mesa.

—¿Se supone que eso era un secreto? —cuestionó la aludida, riendo con diversión—. Konoha solo se está haciendo el difícil, pero no se preocupen, no voy a ceder a sus encantos y ser yo la que le pida salir conmigo.

El abucheo general, acompañado de risas solo hace que el sonrojo de Akinori aumente, ocasionando que las burlas de "Declárate de una vez" y "No te tenía por un cobarde" se intensifiquen. Quizás es cosa del equipo y la perspectiva del momento, pero a Akaashi le parece que Konoha no debería estarlo sermoneando si su situación es similar.

Afortunadamente para todos, la conversación vuelve a desviarse, esta vez a la pareja del momento que acaba de comprometerse.

—Nosotros no nos pudimos dar el lujo de esperar —explica Kaori, lanzándoles una mirada significativa—. Era ahora o nunca.

Todos asienten en consecuencia antes de que Washio proponga un brindis, sosteniendo la mano de Kaori con delicadeza.

—Por el ahora o nunca. Y para que nuestros indecisos se arriesguen —declaró, elevando su botella.

Bokuto elige ese momento para volver, levantando su copa, sonriendo avergonzado. Lo mira como si supiera que hay algo que no le está diciendo, que hay más en ese brindis de lo que quiere aceptar. Pero ambos guardan silencio y el momento pasa.

Las risas se reanudan y una vez más, se pierden en el bullicio general.

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Akaashi jamás había estado tan agradecido por vivir en un complejo de apartamentos que contará con elevador, no está seguro de haber podido soportar el peso de Bokuto hasta el quinto piso con escaleras de por medio.

Apenas abrió la puerta, Bokuto comenzó a murmurar palabras en voz baja, al principio no entendió nada, pero poco a poco, la claridad fue reflejándose en la voz del mayor.

—Amo tanto a Akaashi —confesó a media voz, arrastrando las palabras—. Tú sabes, él tiene esos bonitos e increíbles ojos, nunca he podido terminar de decidir si son verdes o azules… ¡Y es tan hermoso! —gritó, pasando ambas manos por su rostro.

Su cerebro no podía seguirle el ritmo al latido de su corazón. ¿Se había golpeado la cabeza al subir? No había forma de que Bokuto le correspondiera, debía estar bromeando, ¿Cuánto alcohol había ingerido?

Se giró con cuidado, no queriendo dejar que Bokuto cayera en un tambaleo de sus inseguras extremidades.

—Bokuto-san yo…

—¡No puedes decirle! —exclamó, abriendo los ojos con sorpresa, casi asustado, negando frenéticamente con las manos.

Akaashi sabe que está alucinado, debe de estar alucinando, porque esos ojos reflejan el mismo temor a ser rechazado que carga a cuestas. Pero verlo también le ayuda a comprender que Bokuto sigue en un estado poco conveniente y despierto a duras penas.

—No te preocupes, no le diré —respondió, esbozando una pequeña sonrisa. Observando como el otro se apoya con desgana en la pared, luciendo abatido.

—Akaashi merece a alguien mejor…

Dichas esas palabras el mayor volvió a caer inconsciente, siendo atrapado por muy poco.

Akaashi solo se había subido a la montaña rusa una vez, creyó que jamás volvería a sentir esa adrenalina que hacía latir a su corazón como loco, dejándolo con un nudo en la garganta y dificultad para respirar mientras no se acercará de nuevo a esa trampa mortal.

Claramente se equivocaba.

Con cuidado de no despertarlo, Keiji acomodo a Bokuto en el escalón, descalzándolo con eficacia, para poder llevarlo dentro. Dudo entre dejarlo en el sofá, pero finalmente se dirigió a su habitación, acomodándolo en su cama.

Lo observó por unos segundos antes de arroparlo y abandonar la estancia, para regresar después con un par de aspirinas y un vaso de agua, colocándolos a la vista, lo necesitaría por la mañana.

No pudiendo soportar ver la ligera mueca que tenía el otro, salió apresurado de su habitación, según recordaba, Bokuto siempre dormía con una sonrisa en su rostro, y tenía la ligera sospecha de que el causante era él, pero ¿Qué podía hacer? ¿Confesarle que llevaba enamorado de él desde la preparatoria? ¿Decirle que quién no lo merecía era él?

Imposible, seguramente eran delirios producto de su estado etílico, pero… ¿No dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad? O quizás solo se estaba haciendo ilusiones y buscando 5 pies al gato. Pero de no ser así, y existiera la remota posibilidad de que ambos sintieran lo mismo y Bokuto lo quiere… de ser correspondido.

Decir que durmió mal sería quedarse corto, Akaashi apenas pudo pegar ojo en toda la noche, dándole demasiadas vueltas a sus turbulentos pensamientos, aunado al hecho de que no hay café en la alacena, el día ya le parece una auténtica tragedia.

—¡Buenos días, Akaashi! Disculpa por robar tu cama, no quise hacerlo —explicó Bokuto a voz de grito.

Era demasiado ruidoso por la mañana y Akaashi gimió en respuesta, queriendo enterrar la cara en la incómoda almohada del sofá. Descubrir porque Bokuto tenía tanta energía por la mañana se había convertido en un misterio para el menor.

—No te preocupes Bokuto-san, no duermo mucho de cualquier forma —confesó, frotándose los ojos, antes de colocarse los lentes, incorporándose con dificultad, haciendo crujir sus articulaciones.

—Esos hábitos de sueño —reprochó el mayor, acercándose quizás demasiado a su cara—. Esas ojeras no estaban allí ayer, no debiste dejarme dormir en tu cama si sabías que ese iba a ser el resultado, Akaashe.

—¿Desayuno? —preguntó, evadiendo el tema, no queriendo que el otro notara que se había sonrojado.

—Akaashi —protestó, inflando las mejillas, en una mueca que el editor conocía quizás demasiado bien.

—Bien, tomaré un descanso más tarde —cedió, levantándose para dirigirse a la cocina con premura. No está huyendo, en absoluto.

—¿Pancakes? —cuestionó entusiasmado, siguiéndolo con premura. Casi saltando sobre su refrigerador.

Por experiencia, sabe que es una de las pocas cosas que el mayor puede hacer sin quemar cada sartén o crear una experiencia de sabor peculiar e irrepetible, si se le permite citar una de las tantas excusas y disculpas a los crueles asaltos que ha sufrido su batería.

—Puedo preparar yo el desayuno —ofreció con calma, sabiendo de antemano que su sugerencia sería denegada.

—¿No quieres pancakes? —inquirió, con una sonrisa triste, que como siempre, volvía masilla a Akaashi. Y que ahora, empezaba a dudar que el otro no conociera el efecto que tenía sobre él, ya que siempre lograba salirse con la suya.

—No es correcto que el invitado cocine, Bokuto-san. Pero si realmente quieres hacerlo, no veo porque no —terció, sonriendo apenas.

Sin esperar respuesta, comenzó a sacar todo lo que podrían necesitar, agradeció haber previsto el escenario y conseguir los ingredientes, sin embargo, eso solo le generó inquietud, debido a que recordó echar a la cesta cada ingrediente, pero olvidó su preciado café, ¿qué decía eso de él? Bueno, ahora sería una idea más con la cual torturarse por la noche.

Cocinaron con el tarareo de Bokuto de fondo, Akaashi no reconoció la tonada, pero admitía que era pegajosa. Los roces constantes de sus manos solo lo ponían más ansioso, el mayor parecía buscar constantes excusas para tocarlo, desde sostener la cuchara de la masa, hasta pasar el brazo alrededor de la cintura mientras volteaba el pan cake para atraerlo hacia sí.

Akaashi se queda tan quieto como puede, casi temiendo respirar y romper la atmósfera que han creado. Todo parece tan doméstico y natural, pero sabe que no pueden seguir así, la culpa de haber escuchado a Bokuto la noche anterior lo está carcomiendo, tiene que decírselo, debe decírselo. No puede seguir con esa inquietud.

Acomodo la mesa con simpleza, consiguiendo arrebatarle las chispas de chocolate al otro antes de que fueran más que una simple decoración y se convirtieran en el plato principal. Bokuto no tardó mucho después de eso, apareciendo con dos pilas de pancakes perfectamente acomodados, coronados con mantequilla y chispas, incluso se tomó la molestia de traer consigo la miel de maple, depositando ambas frente a Akaashi.

La atmósfera cambió de manera drástica después de que ambos empezaron a comer, sentía la mirada del otro con insistencia sobre sí, pero no se atrevía a decir nada, mucho menos a apartar la mirada de su plato, no cuando sus nervios amenazaban con traicionarlo y ahogarse a mitad de bocado.

—Bokuto-san, me gustaría decirte algo —pidió con ansiedad. Aún inseguro sobre las repercusiones que podría tener lo que estaba por decir en su amistad—. Tú... tú me gu-

—¡Akaashi, me gustas! —grito, interrumpiéndolo—. ¡Así como mucho, mucho! Quiero decir, llevo tiempo intentando decírtelo, Kuroo quería que simplemente lo soltara, pero quería estar seguro, ¿sabes? No estaba seguro de que tú me quisieras —explicó, agitando con exageración los brazos—. Además, a veces pienso que no soy una buena opción para ti, soy ruidoso y molesto, antes siempre tenías que cuidar de mí, todo el equipo siempre me consideraba una carga y tenías que hacerte cargo, ¡además ahora vivo en Osaka! No querría dejarte solo, pero...

Por su vida, Akaashi no podía seguirlo, no después de las primeras palabras.

—Bokuto, cállate —espetó, no pudiendo más con la situación.

Si la ausencia del honorífico no hubiera pasmado a Bokuto, en definitiva, el tono de voz lo habría hecho. Akaashi casi puede ver las emociones y pensamientos del otro corriendo a toda velocidad mientras intenta recomponer la expresión de su rostro, sin dar crédito a lo que acaba de escuchar. El mismo tampoco puede, sin embargo, se disculpará por ello más tarde, tiene prioridades que atender.

—Yo lo sien...

No deja que la oración concluya, sabe que va a disculparse, pero no es lo que Akaashi quiere escuchar. Por eso, no duda en atraerlo hacia sí, chocando sus labios en lo que pretende hacer pasar por un beso, pero que termina siendo más un choque de dientes desordenado, pero no le importa, no cuando es su primer beso.

—También me gustas —confesó, separándose apenas para poder mirarlo a los ojos.

—Kaashi —murmura entre aturdido y fascinado, mirándolo como si acabara de ofrecerle hacer mil colocaciones seguidas—. ¿Podemos hacerlo otra vez?

Akaashi ríe y asiente a su vez.

—Podemos.

Aún tienen muchas cosas por hablar, y a pesar de que la mesa del comedor ya no está de por medio, se mueven de manera torpe e inexperta. En realidad, no le importa, porque el momento se le antoja perfecto, que vendrá después, no lo sabe, pero sea lo que sea sabe que lo recibirá con una sonrisa.

—¡Casémonos, Akaashi!

Quizás con más que una sonrisa, decide, intentando controlar el tic en su ojo izquierdo.


Mi pequeña contribución para la semana BokuAka 2021, día 2.

Espero sea de su agrado, ¿dudas? ¿quejas? ¿chocolates?

¡Gracias por leer!

Chaos~