De Retornos

Que brujas y magos viven más de una vez no es un secreto. Sabido es que los espíritus viajan por el escenario terrenal adoptando épocas y geografías y que, como explican los Arcanos, al cabo de transitar siete veces en torno de Venus vuelven al mundo, por razones de amor, de odio, de progresos o de deudas místicas.

Muchos, entre ellos, tienen recuerdos sobre sus vidas anteriores, ya sea como déjà vu, como déjà senti, atisbos que se presentan como los sueños que recordamos importantes, pero que corren en escenas parciales, en emociones fugaces en nuestra consciencia. «Yo vi esto, yo sentí esto, yo estuve aquí.» Los espíritus, el tuyo, el mío, van, vienen, danzando entre las estrellas, mensajeros de anhelos que trascienden los relojes.

Para la mayoría, ese saber no pasa de la infancia, porque la cotidianidad se impone, borrando las huellas de los paisajes amados. Lo que el espíritu atesoró, al beber del Leteo, ya no existe. En otros, pocos, aunque no recuerden, arde una llama que sienten remontada a una época que se vislumbra con el agitar de un velo. En menos, el saber permanece, convirtiendo la vida presente en una extensión de la anterior. En más escasos todavía, el retorno no ocurre solamente en la memoria, sino también en el aspecto: Idénticos rostros, acaso mismos nombres, porque la trama de los actos crea designios que aguardan los regresos. Y en los elegidos, sus caminos vuelven a encontrarse, porque crearon un destino, de sabiduría, de gloria o de amor.

Nuestras mentes crean fronteras, pero no existe el ayer, el hoy, ni el mañana: El tiempo es uno y quienes se amaron en la ilusoria separación que llamamos tiempo, quienes se enlazaron con sentimiento profundo, místico, pasional, forjan una comunión que se extiende por los calendarios, porque los detalles se olvidan, las encrucijadas se borran, los idiomas deben volver a aprenderse, pero lo esencial, el perfume, permanece.

No toda bruja y mago conocen esos Arcanos, pues Hogwarts no cree en los espíritus inmortales, ni en que vuelvan para cumplir con citas. Son saberes de Artes Oscuras que pertenecen a los tiempos lejanos de las florestas de hadas, de los dólmenes consagrados, de las hogueras que flameaban en los cónclaves de máscaras de carneros, de sacerdotes ataviados con pieles y de sacerdotisas coronadas de lirios; tiempos de revelaciones que convocaban a las estrellas; sortilegios salvajes anteriores al castillo, a las Casas y a los emblemas. Habría qué creer en dioses y en designios de efluvios por los bosques, para creer en los retornos; pero los practicantes de Artes Oscuras hoy ya no lo saben, y ninguna materia del colegio de magia lo enseña, acaso ciertos volúmenes de la Sección Prohibida, que no han roto los lazos con los Arcanos, lo insinúan.

Hermione Granger visitó al menos en dos ocasiones la Sección Prohibida. Al revisar afanosa cada volumen por título, antes que información sobre pociones y horrocruxes encontró la materia asociada, los saberes de la transformación, de la inmortalidad en los renaceres. El grimorio, la forma escrita de los hechiceros, abunda en la Sección Prohibida y ahí hojeó creyéndolo afín a sus búsquedas en ambas ocasiones, el De Sphaeris Astral.

Sur Les Sphères Astrales, como lo consultó Ryddle cuando perfilaba la manera de concretar sus ambiciones y que no le fue útil, pues el volumen diserta sobre la forma de destino que se llama tomar decisiones. Demasiado tiempo ir de una vida a otra, demasiada exigencia de sentimientos, para quien lo deseaba todo hoy, sin ser capaz de amar a nadie.

El conocimiento de Ryddle en francés era escaso, apenas para entender que el libro trataba sobre renacimientos y desdeñarlo, pero Hermione, que en sus pesquisas llevó su sed de conocimiento, había aprendido más que bastante de ese idioma en la escuela de St. Jude, por lo que, pese a la presión que experimentaba, pues buscaba información con urgencia, también consideró que el saber no es bueno o malo, sino que depende de la intención y que, además, podía ser la única vez que podría revisar la Sección entera.

El lomo mostraba en láminas de oro el título en francés, aunque existía una versión traducida al latín en esa misma parte del librero... La tapa del grimorio en lengua romance era marrón oscura, gruesa, labrada con grecas, desgastada en las esquinas, y al levantarla reveló rígidos pliegos de pergamino color arcilloso, resecos por el tiempo, pero consistentes, escritos profusamente a mano... No lo que entendemos hoy por "a mano".

La primera impresión de Hermione fue de deslumbramiento: En vez de la consabida forma de varios libros de Artes Oscuras, que te vigilan o lanzan dentelladas, en vez del elegante e inusual orden de los libros hechiceriles, a veces con arrebatos de pasión en la letra, este grimorio estaba escrito con caligrafía perfecta, equilibrada, sin una corrección, sin una línea de tinta fuera del trazo de las letras, fluyendo perfecta y adornada a lo largo de 450 páginas.

Boquiabierta, Hermione pensó que una caligrafía así, ya era hechicería. Tinta negrísima, de colorante de hierro, ferrogálica, revelando un manejo magistral de la pluma, que hizo a Hermione imaginar la mano que trazó, con armónico ritmo de péndulo... Escritura alineada, siempre alimentada de tinta, como si respirara; letra sin usar reglones, guiada por un sentido equilibrado del espacio... A Hermione le cautivó, en las frases, en los párrafos, su aire nítido, pero inaprensible como un céfiro, invocando admiración por la mezcla de sus caracteres redondos, rectos, las itálicas y las elegantes capitulares... La castaña pensó que el calígrafo había creado una obra de arte, un sortilegio. Tal vez ésa era su protección de Artes Oscuras, impedir leer a quien abriera el grimorio por cautivarlo visualmente con la belleza gráfica, con la caricia evocativa de la perfección de su caligrafía, de sus adornos, las curvas, los vuelos.

Hermione logró cruzar esa barrera, no por ambición, sino por admiración... Leyó cerca de 30 páginas donde encontró los sentidos ocultos de los déjà vu y los déjà senti, encontró el Diagrama de Venus, con su Anillo de los Espíritus, aguardando para retornar a la vida, durante un lapso al menos siete veces los años que vivieron... Analizó los Eslabones de Actos que conducen a ciertos Espíritus a Renacer juntos, creando una Esfera o dimensión de la experiencia, donde los amantes se encuentran sucesivamente en los renaceres, porque su amor es inagotable, pues está llamado a durar más allá del tiempo... El tiempo que marcaba el tic-tac del reloj de la Sección Prohibida...

Hermione sacudió la cabeza para zafarse del embrujo del libro, recordándose que debía continuar con sus pesquisas, pero a punto de cerrar el grimorio se dijo que el autor debió ser un hechicero de elevadísima posición social... Pensando, para volver a ubicarse, se dijo que hasta donde ella sabía, la escritura a mano había sido un arte complejo, donde los practicantes comunes eran hábiles, pero que tuvo maestros y jurados. Requería tiempo, buena iluminación en un mundo con velas, mesa y silla cómodas y una práctica impensable para la actualidad. Era un arte oneroso, que se cultivaba después de haber aprendido a leer, habilidad que no era común.

Quiso saber el nombre del autor.

En la primera página se informaba que el libro fue escrito en el año 1798, a los 37 años de edad del nigromante.

El tic-tac sonó más fuerte... En el centro, bajo el título en caligrafía espectacular, aparecía con igual elegancia:

Hermione parpadeó, irguiendo la espalda. Por clara correspondencia, pero sin querer, lo asoció con ella y con Snape. La emoción fue inesperada y por un segundo, lo imaginó... Imagino que eso fuera verdad, y experimentó confusión... Luego, para volver a la realidad, recordó que era un libro antiguo, de un mundo desaparecido... Encontrar nombres conocidos en antiguos pergaminos, de una bruja y un mago que debieron nacer en el siglo XVIII, le fue extraño y llamativo, en el sentido de la curiosa coincidencia.

¡Vaya! ¡Al menos un Severus fue amable con una Hermione, en la historia del mundo!, se dijo con ironía, para zafarse, y fue todo. Era una coincidencia sorpresiva, desconcertante, extraña, chocante si se detenía a pensarla. Pero no había por qué dar valor de significado, a la mera impresión de una casualidad.

Al final de esa primera página se especificaba que el grimorio se escribió en la París y se finalizó en la población de Aix-d'Angillon... Añadía que los últimos pliegos contenían obras, que representaban al amor de su vida, y a él.

Hermione no quiso verlas en primera instancia.

No obstante, antes de continuar con su búsqueda, en un arranque exasperado y no supo por qué, intranquilo, fue al final del grimorio, pero encontró, no sin cierta decepción, que las láminas habían sido arrancadas... Quedaba un encabezado donde el hechicero comentaba que eran copias de óleos pintados por su amada, inconclusos, que lamentablemente habían quedado en Las Tullerías, durante el asalto popular que sufrió el palacio en 1792.

Hermione siguió su labor. Tenía mucho por hacer. Con el tiempo olvidó el libro.

Pero había traspasado la barrera. Había tocado y leído el grimorio. Y con eso, la historia de los antiguos enamorados, echó a andar...