Desde que se fue, Shinnosuke no ha dejado de pensar en Kazama, le gusta vivir en México, es ideal para su tipo de personalidad tan rebelde y liberal, aún así siempre extraña al chico de ojos azules.

Hablan muy seguido por Line, se mandan fotos, se cuentan su vida por videollamada, ama ver su sonrisa, ama escuchar su voz y verlo, pero no es suficiente, quiere abrazarlo y quiere decirle lo que siente. Lo ha ocultado tanto tiempo que ya no sabe que hará si le llega a decir y le rechaza, sin embargo esa idea no abandona su mente, porque no es suficiente solo admirarle, no es suficiente con la amistad que llevan, él quiere algo más.

En México vivió muchas noches solitarias, hizo muchos amigos al aprender español, aún así se sentía tan solo, en esas noches Kazama le acompañaba de vez en cuando, ya que el chico estudiaba hasta tarde. Es tan confuso sentir que nada es suficiente, que aunque Kazama esté ahí para él solo piensa en lo solo que está, en lo maravilloso que sería abrazarlo y besarlo, muchas veces llora por la misma razón.

Recuerdos, siempre tiene recuerdos de cuando ambos eran unos niños, y vuelve a su mente ese momento cuando jugaban al lado del río al anochecer, apenas tenía 5 años, pero ese momento jamás lo olvidará, ese instante en que vio a Kazama reír a su lado mientras el viento movía su cabello, y como su corazón latía con fuerza, sintió calor en su cara al pensar lo bello que se veía. Cada día se aferra a ese sentimiento como si su vida dependiera de ello, como si temiera que no sea real.

Hoy sería otro día como los demás, volviendo a la realidad, a esa realidad dónde está solo, acaricia a Nevado luego de darle su comida y se viste para ir a la escuela, bosteza pues tiene mucho sueño, pero no fue capaz de dormir más, aún no amanecía así que desayunó con calma cualquier cosa que hubiera en el refrigerador. De repente le llegó un mensaje, era Tooru.

"Ya estoy aquí." Shinnosuke miró extrañado el celular y comenzó a teclear una respuesta.

"¿Aquí donde? ¿De qué hablas, Kazama?"

"Aquí, en México"

Shinnosuke se sorprendió tanto que botó su vaso de jugo al suelo por accidente, Misae se despertó con el ruido y comenzó a regañarle, pero el chico le restó importancia, no podía salir de su impresión inicial, nervioso escribió en su celular.

"¿Dónde estás?"

"Voy en camino a Madakueruyobaka"

—Misae me voy, tal vez llegue tarde al cole, ¡ya volví! —exclamó dejando a Misae con la palabra en la boca.

—¡Se dice "hasta pronto"! —suspiró sabiendo que no podría detenerle.

Corrió mientras el sol amenaza con salir, ayer llovió y la humedad entra a su nariz con cada respiro. Recordó ese momento, cuando ambos eran pequeños y miraron el sol salir después de la lluvia, resguardados en la guardería Futaba, luego de mirar el cielo volteó hacia Kazama, este está sorprendido por el arcoiris que apareció poco después, y pudo notar una pequeña sonrisa formándose en sus labios, ¿será su imaginación o fue real que su corazón dio un vuelco al mirarlo?

Ahora que tiene 15 años lo sabe, le gusta Kazama, le gusta tanto que si ahora tiene esa oportunidad al alcance de su mano, le diría sin dudar sus sentimientos. Su pecho dolía por el esfuerzo corrió mucho hasta llegar a la parada de autobús, sudaba como nunca y no podía respirar, se quitó el saco del uniforme y secó el sudor de su cara con él. Esperó el autobús con impaciencia, quiere verle, lo desea tanto que sabe que llorará solo con observarle de cerca después de tanto tiempo.

El autobús llegó y sus ojos se humedecieron al divisar la cabellera azul y luego los ojos de ese chico mirándole, después esa sonrisa tímida, era él. En un impulso le abrazó fuerte, Kazama correspondió con uno de sus brazos pues su otra mano está ocupada con la maleta enorme que llevaba.

—Tooru, estás aquí, no puedo creerlo —dijo con voz temblorosa, las lágrimas resbalan por sus mejillas.

—Shin, no llores, idiota, no vine para que lloraras —dijo entre risas, aún así sabía que él también lloraba—, apestas a sudor.

—¿Por qué no me avisaste antes? —preguntó separándose un poco para mirarle a los ojos.

—Era una sorpresa —dijo con las mejillas sonrosadas.

—Joo, casi me matas de un paro cardíaco. Primero no me hablas en dos días y de repente estás aquí —dijo con un pequeño puchero que a Kazama le pareció adorable.

—¿O sea quieres que me vaya? —preguntó medio en broma medio en serio.

—Jamás querría eso —dijo tomando a Kazama de sus mejillas—, estoy tan feliz de que estés aquí que podría morir.

—Exagerado —susurró sonrojado y empujó sus muñecas dejando que la maleta cayera al suelo—, no me agarres así, nos pueden ver.

—Joo.

Shinnosuke luego se dio cuenta, ese olor a humedad mezclado con el perfume del chico mientras el sol salía entre las montañas, hacían todo este momento más mágico, los ojos de Kazama brillaron más que nunca, quería decirle sus sentimientos, debía decírselo ahora. Su voz no salía y Kazama le miró extrañado, el corazón de Shin latía como loco, tomó una mano de su amigo entre las suyas y respiró hondo.

—¿Sucede algo, Shinnosuke? —Shinnosuke apretó sus labios y sonrió.

—Yo... nada, eh... me refiero a que... desde hace un tiempo quiero decirte algo importante.

—¿Qué cosa?

—Te quiero, te quiero tanto, he pensado cada día en ti, quería verte y es como un sueño que estés aquí, me gustas mucho, lo digo en serio —dijo Shinnosuke frunciendo el ceño y sus mejillas se encendieron.

—Shinnosuke... que cosas dices...

—Es la verdad, si no sientes lo mismo entenderé... pero no podía callarme más esto, verte aquí conmigo es demasiado para mí...

—Idiota, cómo puedes decir eso así como si nada. —Colocó su mano libre sobre su rostro y Shinnosuke sonrió al ver el sonrojo en sus orejas—. M-Me gustas, por eso vine aquí y por eso ahorre tantos años para darte esta sorpresa.

—¡Tooru! —exclamó abrazándole, besó la mano sobre su rostro, luego la quitó para besar su frente y entrelazó esa mano que había tomado con la suya—. Te quiero, te quiero, te quiero.

—Calla, me da vergüenza.

—¿Por qué? Nadie nos entiende.

—¡Pero me tienes abrazado!

—Pero pensaran que es un abrazo de amigos, ahora dame un besito —dijo frunciendo los labios, Kazama le detuvo poniendo su mano libre sobre la boca de Shin.

—¡Aquí no!

—Joo —se quejó Shinnosuke y le soltó agarrando su saco que había dejado tirado por ahí, y en la otra mano la maleta de Kazama—, vamos, hay muchas cosas que quiero mostrarte.

—Oye, espérame.

Ambos chicos caminaron con calma hacia el pueblo, era un camino largo y aún así Kazama no se quejó. Shinnosuke se sintió más feliz que nunca, el perfume de su amado impregna el aire, su sonrisa y su voz le enamoran, mirar de reojo y ver al chico ahí a su lado le acelera el corazón. Ya no está solo.