Nota inicial: este es un nieyao, pero no lo vean de manera romántica, está situado canónicamente cuando WWX mira los recuerdos de NMJ, del capítulo Artimaña/Engaño, parte 3. Los acontecimientos originales de la novela están en cursiva. Intenté mantener la personalidad original de los personajes, pero dado que muchos acontecimientos cambiaron, puede que vean esto muy fuera de personaje. Mis disculpas de antemano por eso. Por otro lado, escribo esto por el septiembre amarillo, el 10 es el día mundial de la prevención del suicidio, más notas al final.

Tags: situaciones de abuso implícito, intento de suicidio, Nie MingJue está molesto, pero es comprensivo, Meng Yao está muy deprimido y es inestable emocionalmente, what if, probable out of carácter, canon fix-it, angst, hurt/confort, ¿final feliz?, ESTO NO ES ROMÁNTICO DE NINGÚN MODO.


Tras la partida de Meng Yao para unirse a la secta Jin, Nie MingJue pensaba en su ex-asistente. Era imposible no compararlo con el nuevo, quien no podía de ningún modo llenar el hueco que Meng Yao dejó en la secta. Sin embargo, sus preocupaciones iban más allá, pues recordó sin querer algunas habladurías que había escuchado sobre su ex subordinado. Los comentarios estaban llenos de desdén y desprecio. El líder Nie creyó erróneamente que los soldados habían dejado de hablar sobre Meng Yao, pero por lo que notó, parecio que el haberlo promovido como su mano derecha y luego recomendarlo a la secta Jin no hizo más que aumentar los chismes. Pero no tenía tiempo para castigarlos como se debía, estaban en medio de una guerra, así que solo los mandó a hacer guardia dos días enteros sin alimento alguno. «Quizá eso les ayude a escarmentar», pensó.

Posteriormente, entre más tiempo pasaba en Hejian, deshaciéndose de los perros Wen, más irritado se ponía. !¿Cómo es que su nuevo asistente no daba una?!

—Si Meng Yao estuviera aquí ya lo habría resuelto más rápido y más eficientemente que tú. —decía continuamente.

A veces el mismo se sorprendía de lo mucho que se preocupaba por el muchacho, pero Meng Yao era una de las pocas personas que le agradaban. Habría querido conocerle en otra situación, de modo que pudo haber entablado amistad con él, sin embargo, la relación existente entre ambos no era más que entre ex superior y ex subordinado ahora. También consideraba egoísta no haber dejado al chico ir con su padre, ¿por qué cortarle las alas al mantenerle a su lado? Lo mejor era que Meng Yao siguiera su camino; confiaba en él y estaba dispuesto a brindarle ayuda si este la pedía. Lo apreciaba quizá más allá de lo de que él hubiese admitido y prefirió guardarse ese sentimiento.

No tardarían mucho en encontrarse de nuevo.

Sucedió que la secta Jin atravesaba dificultades en LangYa. Apenas y se mantenían en pie, acababan de ser asediados y por poco no sobrevivían. Fue así como Jin GuangShan termino por pedir ayuda a la secta Lan y a la secta Nie, de modo que Nie MingJue partió desde Hejian lo más rápido que pudo.

Por lo que ambos líderes sabían, Langya no tardaría en ser emboscada nuevamente, lo que les dejaba poco tiempo para prepararse. Luego de discutir las estrategias y darse cuenta que un miembro de la secta Jin había presentado un manuscrito con la letra de Meng Yao, Nie MingJue quiso preguntar por el a Jin GuangShan. No obstante, fueron emboscados antes de lo previsto. Tras terminar en enfrentamiento Nie Ming Jue habló con Jin GuangShan de manera cortante, y rápidamente comenzó:

—Líder de Secta Jin, ¿qué está haciendo Meng Yao hoy?

Al escucharlo mencionar el nombre, Jin Guang Shan respondió:

—¿Meng Yao? Uh... Líder de Secta Nie, no pretendo ofender, pero ¿quién es?

Las cejas de Nie Ming Jue se fruncieron de inmediato. En aquel entonces, la historia de que Meng Yao fue echado de la Torre Koi era ya bastante conocida. Incluso otros sabían de tal farsa, por lo que no había forma de que la persona involucrada no pudiera recordar el nombre. Solo alguien con la cara más gruesa podría hacerse el tonto en tal situación. Era solo que, sin embargo, Jin Guang Shan resultó ser una persona así.

Nie Ming Jue habló con frialdad:

—Meng Yao es mi ex subordinado. Escribí una carta para que te la trajera.

Jin Guang Shan continuó fingiendo que no sabía nada:

—¿En serio? Pero aquí nunca he visto una carta ni una persona así. Oh, bien. Si hubiera sabido que el Líder de Secta Nie envió a su subordinado, definitivamente lo recibiría bien. ¿Pero sucedió un accidente a lo largo del viaje?

Simplemente se equivocó, diciendo que no podía recordar si había oído hablar del nombre o no. La cara de Nie Ming Jue se volvió más y más fría. Sintió que algo debía estar mal, así que se fue sin la menor vacilación. Después de preguntar a los otros cultivadores, todavía no encontró nada. Nie Ming Jue eligió algunos lugares y comenzó a caminar.

En su camino había un pequeño bosque. El bosque estaba bastante tranquilo, apartado. Acababa de pasar por un ataque sorpresa, y el campo de batalla aún no se había limpiado. Nie Ming Jue fue por el camino. A lo largo del camino había cadáveres de cultivadores, vestidos con los uniformes de la Secta Wen, la Secta Jin y algunas otras Sectas.

Los sentidos de Nie MingJue se agudizaron al escuchar algunos ruidos. Se escuchaban forcejeos, como si dos personas estuvieran peleando, pero no se oían voces. Sin pensarlo dos veces se acercó buscando el origen de aquellos sonidos, siempre sin quitar la mano de la empuñadura de su sable. Si hubiera llegado unos minutos antes, habría visto al otro lado de las ramas y las hojas a Meng Yao en el suelo, con un cultivador encima suyo que lo tenía tomado de las muñecas. Pero en un movimiento rápido, Meng Yao se liberó al darle una patada a su atacante, de modo que lo que Nie MingJue vio fue a Meng Yao atravesarle el pecho con una espada al otro cultivador. El joven Meng Yao no mostraba ningún tipo de emoción en su rostro, pues el único pensamiento en su mente es que debía sobrevivir y había disociado sus emociones para poder hacerlo.

Nie MingJue notó dos cosas: la espada no era la de MengYao. Era de uno de los Wen. Y el cultivador al que Meng Yao había asesinado era uno de la secta Jin.

Nie MingJue lo había visto todo. Pero, ¿que había visto realmente? Sin pensarlo, desenvainó el sable. Meng Yao no tardó en reconocer aquel característico sonido y comenzó a temblar, sintiendo el miedo carcomiéndole las entrañas.

—¿Líder de Secta Nie?

El hombre no le respondió, permaneció de pie con el sable en mano, mirándolo con fiereza y listo para atacar; su aura emitía decepción y enojo. Meng Yao conocía a Nie MingJue más que nadie, así que soltó la espada que aún sostenía inmediatamente. ¿Cómo iba a explicarle lo que acababa de pasar? ¿Cómo iba a decirle que solo había intentado defenderse?

—Líder de Secta Nie, Líder de Secta Nie! Por favor espera, por favor espera! ¡Puedo explicarlo!

—¿Qué quieres explicar? —Nie Ming Jue gritó.

Meng Yao se arrojó, medio rodando y medio arrastrándose:

—¡No tenía otra opción, no tenía otra opción!

Nie Ming Jue se enfureció:

—¡¿Qué otra opción no tuviste?! ¡¿Qué dije cuando te envié aquí?!

Meng Yao se arrodilló ante sus pies.

—Líder de Secta Nie, Líder de Secta Nie, ¡solo escúchame! Me uní a la fuerza de la Secta Lanling Jin. Este fue mi superior. Durante mi tiempo aquí, siempre me despreciaba. A menudo me humillaba y me pegaba...

—¿Y por eso lo mataste?

—¡No! ¡No, por esto! ¿Qué humillación no puedo soportar? ¿Qué no podría soportar, si solo fueran palizas y regaños? Siempre tomaba el crédito por mis acciones, todo lo que yo hacía... —Meng Yao tuvo que contenerse para no llorar. Recordó todas y cada una de las veces en las que fue abofeteado, ridiculizado y sometido. Pero lo último que le habían hecho...Sentía vergüenza y asco de sí mismo. No tenía voz para contarlo. Con sumo esfuerzo apenas pudo seguir hablando. —Me volví hacia los demás, pero nadie estaba dispuesto a escucharme. Justo ahora dijo que yo era igual que mi madre...—su voz se entrecortó. Tuvo que morderse el labio y tragar saliva para continuar—: Realmente llegué a mi límite: ¡no quise matarlo, fue un accidente!

—¡Estás mintiendo!

Meng Yao se estremeció. Ni siquiera Nie MingJue le creía. Sus lágrimas se desbordaron sin control. «Sabía que esto pasaría, sabía que nadie me iba a creer, ¿de qué hubiera servido pedir ayuda si él tampoco me cree?», pensó.

Nie Ming Jue lo miró a los ojos y pronunció una palabra a la vez:

—¿Un accidente dices? ¿Entonces porque lo trajiste al bosque? ¿Por qué lo mataste con una espada de los Wen? ¿Pensabas culpar a alguien más? !Responde!

—¡Juro que estoy diciendo la verdad!

Nie Ming Jue se enfureció:

—¡Incluso si es verdad, no podrías matarlo! ¡Fueron solo algunos logros triviales! ¡¿Te importa tanto ser reconocido?!

Meng Yao no respondió. Todos sus intentos por conseguir un poco de reconocimiento y respeto habían sido en vano. Los demás lo miraban y trataban como lo peor de lo peor. No importa cuánto intentase, para los demás era simplemente el hijo de una prostituta. Se auto percibía como una flor solitaria que había enraizado en el lugar equivocado, en un lugar donde no quería estar y donde lo único que había germinado en su interior era el odio. Era una flor, una peonía que se marchitaba cada día. Era una flor vista como una hierba mala a la que todos pisoteaban.

—Chi Feng-Zun, ¿sabes cuánto trabajo pongo en logros tan triviales? —Meng Yao respondió con voz temblorosa—... ¿Qué quieres decir con algunos logros triviales? ¿Tiene idea de cuánto sufrí? ¿Gloria? ¡Sin el puñado de gloria no tengo nada!

Nie Ming Jue lo miró, todavía estaba molesto, se sentía traicionado. ¿Cómo era posible que hubiera tenido a una persona así bajo su mando? No obstante, su versión de los hechos distaba de lo que realmente había pasado, y Meng Yao aún no se lo había dicho, dejándose llevar por la rabia, le preguntó:

—Meng Yao, la primera vez que te vi, ¿actuaste deliberadamente por mí de esa manera lamentable, para que yo viniera a rescatarte? Si no lo hubiera hecho, ¿habrías hecho lo que hiciste hoy y habrías matado a todas esas personas?

La manzana de Adán de Meng Yao se balanceó, cayó una gota de sudor frío.

«Por supuesto que sí», respondió en su mente, por supuesto que si hubiera podido, habría matado a todos aquellos que lo habían insultado y lastimado. El mismo sabía que estaba mal pensar de esa manera, pero, ¿qué otra cosa podía hacer sino sentir odio hacia quienes le habían hecho la vida imposible? ¿Quién lo habría ayudado? !Nadie! Hasta Nie MingJue, la persona en quien alguna vez confió, le estaba dando la espalda en ese mismo momento, ¿de qué servía contar toda la verdad si ya había sido acusado de ser un mentiroso?

Después de un tiempo, Nie Ming Jue volvió a colocar lentamente su sable en su vaina.

Algo le decía interiormente a Nie MingJue que Meng Yao no era así, o tal vez era el mismo queriendo convencerse de que todo eso tenía una explicación. Meng Yao tenía razón en una cosa, había sido una víctima de la crueldad de otros, y el creyó que lo había ayudado a ganar confianza en sí mismo al nombrarlo su mano derecha. Pensó de nuevo en lo que había estado meditando días anteriores. No quiso pensar tampoco en que Meng Yao estaba llorando para ganarse su lástima y tampoco quería perderle el aprecio, así que tuvo que respirar hondo y tragarse su enojo para poder hablar:

—No te haré nada. —Meng Yao levantó la vista de inmediato. Nie Ming Jue continuó: —Por tu cuenta, confiesa a la Secta Lanling Jin y recibe tu castigo. Déjelos tratar contigo de cualquier forma que se considere conveniente.

Nie MingJue no se sentía en posición de escarmentar a Meng Yao. Ya no estaba bajo su mando. Y aunque lo estuviera, quizá solo lo habría dejado ir con la esperanza de que este recapacitara. Su aprecio por el superaba la ira que sentía, y aunque de algún modo veía ese actuar de Meng Yao como una traición a los principios que pensaba que ambos defendían, quería darle otra oportunidad a Meng Yao.

Con un momento de vacilación, Meng Yao respondió:

—Vas a enviarme a mi muerte.

—Si tus palabras son verdaderas, no sucederá. Ve, reflexiona y dale la vuelta a una nueva hoja.

Quizá Nie MingJue estaba siendo demasiado optimista en aquel momento, quizá lo intentaba por el bien de Meng Yao más que por el bien de ambos.

Meng Yao susurró:

—Mi padre todavía no me ha visto.

«Y se deshará de mí en cuanto me vea», determinó.

No era que Jin Guang Shan no lo viera. Simplemente fingió no conocer su existencia. Finalmente, bajo la presión de Nie Ming Jue, Meng Yao todavía respondió 'Sí', aunque con gran dificultad. Después de un momento de silencio, Nie Ming Jue habló:

—Levántate.

Como si su cuerpo estuviera privado de toda energía, Meng Yao se puso de pie en trance. Se tambaleó unos pasos hacia adelante. Al ver que estaba a punto de caer, Nie Ming Jue lo ayudó a estabilizarse. Meng Yao murmuró:

—Gracias, Líder de Secta Nie.

Mirando su figura casi sin vida, Nie Ming Jue se dio la vuelta. Sin embargo, de repente lo escuchó hablar:

—No puedo más...

Nie Ming se volteó a mirarle nuevamente, no sabía desde cuándo, pero una espada estaba en la mano de Meng Yao. Apuntó la espada hacia su estómago, con la cara llena de desesperación.

—Líder de Secta Nie, no soy digno de su amabilidad.

Mientras hablaba, la empujó con fuerza. Las pupilas de Nie Ming Jue se encogieron abruptamente. Extendió la mano para agarrar la espada, pero ya era demasiado tarde. Al instante, la espada en la mano de Meng Yao atravesó su estómago y salió por su espalda. Su cuerpo colapsó.

Nie Ming Jue se sorprendió por una fracción de segundo, luego se adelantó. Medio arrodillado en el suelo, giró el cuerpo de Meng Yao.

—¡Estás...!

La cara de Meng Yao era incolora. Le dio a Nie Ming Jue una mirada débil, luego forzó una sonrisa.

—Líder de Secta Nie, yo...

Antes de terminar su oración, su cabeza cayó lentamente. Sosteniendo su cuerpo, Nie Ming Jue evitó la hoja de la espada y presionó su palma contra el pecho de Meng Yao, pasándole energía espiritual.

Sin embargo, Meng Yao no dejaba de sangrar, inicialmente él había planeado no atravesar ninguno de sus órganos vitales; cambió de opinión de último segundo. Meng Yao pensó que, si al final de cuentas, iba a morir condenado por la secta Jin por haber asesinado a otro cultivador, ¿por qué no morir en ese instante? Ya no tenía motivos para seguir adelante. Prefería morir. Si Nie MingJue lo iba a odiar, era mejor que lo odiara estando muerto. Así era más fácil para ambos.

Nie MingJue, por segunda vez en su vida, creyó que perdería a alguien importante. Si, Meng Yao era importante para él. Solo que no estaba preparado para afrontar esa situación y por un segundo se sintió falto de acciones. El pasarle energía espiritual no estaba funcionando y Meng Yao seguía desangrándose. Lo primero que se le vino a la mente fue retirar la espada con el mayor cuidado que pudo. Arrancó tela de su propia vestimenta para colocarla alrededor del cuerpo de Meng Yao y hacer presión en el área, esperando que el sangrado se detuviera.

—¿Meng Yao?—intentó llamarle, y al ver que el muchacho había perdido la consciencia se preocupó. Su propio rostro era un manojo de nervios, y se alivió un poco solo cuando se cercioró que Meng Yao había dejado de sangrar.

Sin esperar más, desenvainó el sable, tomó al muchacho entre sus brazos, cuidando de no lastimarlo, y emprendió el vuelo hacia su campamento. No podía perder más tiempo y no se perdonaría a sí mismo si no lograba salvarle la vida.

Atravesó el campamento de la secta Jin bajo la mirada curiosa de los cultivadores que le vieron surcar el cielo llevando a un cultivador en sus brazos. Sin duda la gente iba a hablar del asunto, solo que no le importó demasiado, la prioridad era atender a Meng Yao. De vez en cuando le miraba para notar si este respondía, pero nada. No sé movía y su respiración era muy lenta, casi imperceptible.

Al llegar a su campamento, bajó de un salto del sable, el cual volvió a su sitio con un sello, y al primer cultivador que se le cruzó con él, le gritó:

—!Trae a un sanador, es urgente!

Corriendo, se apresuró a su tienda de campaña y depositó a Meng Yao en la cama provisional. Estaba consciente de que el cultivo del muchacho era débil y quizá por eso darle energía espiritual no había funcionado, y luego quiso golpearse a sí mismo por caer en cuenta que seguramente, al recibir maltratos de otros en la secta Jin ni siquiera se había alimentado adecuadamente.

Su actual asistente entró con el sanador.

—Líder de secta, ¿qué ha pasado?

—No hay tiempo para explicar, necesito que le salven la vida. —expresó preocupado dirigiendo su mirada a Meng Yao.

El sanador se apresuró a revisar al chico. Nie MingJue se sintió un poco inútil al no saber que más hacer para ayudar a Meng Yao, ¿y sus palabras habían precipitado aquellos acontecimientos? Una lánguida tristeza lo invadió. Él, que jamás había llorado ni siquiera cuando murió su padre, quería echarse a llorar como un niño pequeño buscando consuelo de manera desesperada. Pero si se ponía a llorar en ese momento, ¿de qué iba a servir? Pasaron un par de horas más hasta que el sanador determinó que Meng Yao estaba fuera de peligro.

Estaba anocheciendo cuando Meng Yao recuperó la consciencia. Este sintió confusión al no saber dónde se encontraba. Sus ojos se cruzaron con los de Nie MingJue, quien parecía aliviado de verle.

—Líder de secta yo...

—Estas a salvo—dijo Nie MingJue. Le indico con un gesto a los demás que se retiraran y así lo hicieron. Puso un talismán silenciador, pues era mejor hablar con Meng Yao a solas.

El silencio pronto incomodó a ambos. Sabían que no iba a ser una conversación fácil y ninguno de los dos estaba listo para decir algo. Por su parte, Meng Yao estaba confundido, si Nie MingJue lo despreciaba por haber matado a otro cultivador, ¿por qué le había salvado la vida? Aun tendido, se puso a llorar nuevamente. Meng Yao lloró más de lo que imagino y Nie MingJue no lo dejó solo en ningún momento.

El líder de la secta Nie había visto llorar a su hermano por caprichos o por cosas que él consideraba simples, pero jamás había visto llorar a alguien con tanta desesperanza. El aún quería liberar sus sentimientos, pero no habría sido bueno hacerlo, él no era quien acababa de despertar luego de haberse intentado quitar la vida. Sí, probablemente los demás pensarían que era un bruto falto de sentimientos, y aunque ciertamente no sabía qué hacer en ese tipo de situaciones porque jamás se imaginó que pasaría algo así, tenía la suficiente empatía para darse cuenta que enojarse con Meng Yao o replicarle porque hizo lo que hizo solo empeoraría la situación. Y el sentía que ya había hecho suficiente con su acciones anteriores como para echar a perder todo. Él quería lo mejor para Meng Yao, pero se había equivocado de la peor forma.

—¿Por qué me dejaste vivir? ¿Por qué no mejor dejaste que muriera? Solo estás prolongando mi sufrimiento.

Las palabras de Meng Yao calaron en el corazón de Nie MingJue. Una parte de él ardió en ira hacia su propia persona y la otra pensó que Meng Yao no estaba pensando bien. El mismo solía decir cosas hirientes estando enojado y aunque le pesara reconocerlo, muchas veces no había querido decirlas realmente. Él no sabía cómo manejar la rabia y ahora era como ver los resultados de sus acciones. No era aún lo suficientemente cercano a Meng Yao, pero no necesitaba ser cercano a él para saber que salvarle la vida era lo correcto, ni para brindarle su ayuda. Nie MingJue no esperaba ser alabado por tal acción ni tampoco esperaba algo a cambio, al contrario, deseaba de algún modo poder ser más cercano a él y ayudarlo.

No obstante, pensó en qué pasaría si fuera sincero y no se dejara llevar por la intensidad de sus emociones, sino por la bondad que había en él.

—¡Responde! —exigió saber Meng Yao, cuyos ojos estaban enrojecidos por tantas lágrimas.

—¿Aún quieres morir?—preguntó Nie MingJue con cierta angustia en su voz.

Meng Yao respondió de inmediato:

—No tiene caso que siga vivo, estas salvando mi vida para entregarme después con mi padre, de todos modos, me matarán.

En lugar de replicarle, Nie MingJue quiso saber porque Meng Yao pensaba tales cosas. Consideró que si llegaba al fondo del asunto podía evitar que el muchacho se hiciera daño.

—¿Por qué crees eso? —Su rostro denotaba compasión y era muy diferente del ceño fruncido y la mirada amenazadora de hacía rato. Lo cual tranquilizó a Meng Yao de algún modo. —Te salvé porque eres importante para mí.

—¿Te importo? —Meng Yao rió amargamente.

—Todo lo que dije antes…estaba cegado por la ira. Debí haberte escuchado, no sé bien lo que estás pasando, pero realmente quiero ayudarte.

—¿De verdad?

Nie MingJue meditó antes de responder. Se recordó que no estaba en posición de juzgar a Meng Yao. Sí, este había asesinado a un cultivador. Pero no le correspondía a él. Tenía que repetirse eso.

—Lo que has hecho, no soy yo quien deba juzgarte.

—Dijiste que me entregara a mi padre.

—Tienes que enfrentar tus acciones tarde o temprano—objetó Nie MingJue—, pero mantenerte fuera de peligro es más importante en este momento.

Meng Yao vaciló unos minutos. Él tenía miedo de hacerlo, del futuro, de las consecuencias de sus acciones, y no tenía para nada el valor de hablar de todas las cosas que lo habían orillado a querer quitarse la vida y a asesinar a un cultivador. Sin embargo, las palabras de Nie MingJue le sonaron sinceras y pacíficas.

—No quiero estar solo. —Meng Yao sabía que volver a llorar quizá solo iba a causar más lástima, pero no lograba controlar sus sentimientos. Entre más había intentado en el pasado controlar su temperamento y la situación, más había fracasado. Ya no quería fingir. Pero se sentía pequeño, indefenso y falto de todo.

—No lo estás. Me tienes a mí, a XiChen y a HuaiSang.

—Líder de secta, yo...Tengo mucho miedo. —Se levantó y quiso abrazarlo. No sabía si Nie MingJue iba a devolverle el gesto, y no lo hacía por querer ganarse su compasión, era que necesitaba saber que no estaba solo.

—Puedes contar conmigo —respondió Nie MingJue rodeandolo para abrazarlo.

Por primera vez, sintió que ambos eran algo más que dos conocidos que pelearon en el mismo bando por los mismos ideales. Sintió que Meng Yao era un amigo. Ambos se habían equivocado, pero siempre había forma de seguir adelante y aprender de sus errores. En el fondo Nie MingJue quería lo mejor para Meng Yao, si bien su reacción había sido desenfrenada y sin tacto, habia tiempo para enmendar sus acciones. Los dos podrían volver al camino correcto.

A su vez, Meng Yao se sintió consolado. Le era complicado procesar todos los acontecimientos, pero el estaba seguro de una cosa, Nie MingJue era un hombre de palabra y cumplía sus promesas. Tal vez le había dicho palabras hirientes, pero el no era como las demás personas que se habían aprovechado de él en el pasado. El jamás había sido irrespetuoso y lo había defendido en varias ocasiones. Su temperamento era difícil de tratar, pero era un buen hombre y lo admiraba. Nie MingJue era todo lo que el deseaba ser, pero jamás lograría ser como él. Sin embargo, recordó las veces que fue alabado por este, en realidad Meng Yao no era tan inútil como pensó en los últimos días.

El abrazo se rompió solo cuando Nie MingJue le recordó a Meng Yao que debía comer algo. Meng Yao estaba aún avergonzado y sus pensamientos no tenían coherencia del todo, solo estaba seguro de que quería vivir, pero ya no al costo que fuera. Si las cosas iban a ser como Nie MingJue decía, tendría tiempo para reflexionar y tomar una mejor decisión.

Durante la cena, no hablaron más de lo que había pasado. Dado que el peligro se mantenía latente, Nie MingJue durmió en la tienda de campaña con Meng Yao. Si bien el muchacho parecía más tranquilo, no podía ignorar por ningún modo sus acciones en los días siguientes.

La mañana siguiente no se presentaron situaciones que requirieran su presencia, así que el líder de la secta Nie envió dos cartas, una a Xichen y otra su hermano para comunicarles lo que había sucedido, no era algo de lo que debiera guardar secreto, y confiaba en que ellos iban a ayudar también a Meng Yao llegado el momento.

La mañana siguiente no se presentaron situaciones que requirieran su presencia, así que el líder de la secta Nie envió dos cartas, una a Xichen y otra su hermano para comunicarles lo que había sucedido, no era algo de lo que debiera guardar secreto, y confiaba en que ellos iban a ayudar también a Meng Yao llegado el momento.

Meng Yao le buscó luego de comer algo, estaba inseguro sobre hablar con Nie MingJue sobre lo que había pasado realmente, y no se sintió listo para contarle la verdad, pero junto valor para hacer una petición:

—Líder de secta Nie.

—¿Qué pasa? ¿Qué haces levantado? —volteó a mirarle, se alegró interiormente de verle en mejor condición—. Creí haberte dicho que guardaras reposo.

—Me siento mejor. —aclaró—. He tomado las medicinas que me indicaron, y yo…quería decirle algo.

—Adelante.

—No quiero volver a la secta Jin. —declaró Meng Yao, luego hizo una pausa. —No al menos ahora. Cuando esté listo, afrontaré mis acciones.

Nie MingJue pareció dubitativo un par de segundos.

—Supongo que estarás a salvo si te quedas en mi campamento. —Meng Yao asintió. Él no quería ser reprendido nuevamente por otras personas. —Pero con una condición. —añadió Nie MingJue poco después.

—¿Cuál? —preguntó Meng Yao nervioso.

—Promete que confiarás en mí y pedirás mi ayuda si la necesitas.

Meng Yao, quien se consideraba como un estorbo para otros, tuvo problemas en aceptar esa petición.

—De acuerdo. Aunque yo, si me permite decirlo, me siento en deuda. Yo...quiero agradecerte por salvar mi vida. —Hizo una reverencia, pero Nie MingJue le indicó que no era necesario—. Actué así porque me sentí desesperado, no quise realmente que pasara todo esto. Solo quería dejar de sufrir y estaba cansado de todo. Aún me siento mal por todo esto. Sé que no debi hacer lo que hice, pero...No vi otra manera.

—Siempre hay otra manera. Puede que no lo puedas ver en este momento, pero la hay.

Meng Yao tenía mucho que meditar sobre eso, los planes que había hecho, estaban basados en sus pensamientos distorsionados por las situaciones estresantes y abusivas que estaba experimentando, pero ahora que estaba a salvo no había necesidad de recurrir a tales cosas.

—¿Sigues molesto conmigo? —Meng Yao admitía que tenía miedo de Nie MingJue cuando se enojaba, conocía la maldición del sable, así que por un lado comprendía que las reacciones del Nie se debían a eso, por el otro, temía que cuando le contara lo que había sucedido realmente entre el cultivador que mató y él, lo despreciara. Pero decidió confiar en qué Nie MingJue iba a estar de su lado. —Cuando esté listo, prometo explicarte todo.

Nie MingJue tardo en darle una respuesta. Estaba decepcionado, pero no iba a dejar que esa emoción le dominara. Además, Meng Yao no necesitaba escuchar eso, pero tampoco iba a mentirle. Debía darle palabras más amables.

—Confío en ti lo suficiente para saber qué harás lo correcto —dijo con determinación.

—Gracias. —Meng Yao lloraba, pero ahora era por la paz que sentía.

Ya no estaba solo. Tenía otra oportunidad para florecer.


Nota final: ADVERTENCIA DE MUCHO TEXTO. Hay cosas que no se mencionan en el fic y que quizá quedan al aire, se debe a que este one-shot es también una precuela de mi otro fic llamado "Nada se rompe como un corazón" y planeo abordarlas ahí. Pasando al tema principal, creo que hablar del suicidio es muy difícil, debo decir que me basé en mi propia experiencia para escribir la parte donde NMJ da consuelo a MY, pues las palabras fueron más o menos las que yo recibí cuando un amigo me salvó la vida y parece que no, pero me tranquilizó bastante. Las tendencias suicidas es una de las razones principales por las que voy a terapia. Con mi terapeuta actual trabajamos en crear un plan de prevención de suicidio, autolesión y adicciones, y ha funcionado, así que quise escribir sobre eso no solo para desahogarme, sino para decirles a los demás que siempre hay otras opciones. Para mí la prevención es autocuidado y no me avergüenzo más por ello. Ir a terapia y cuidar de mí ha sido la mejor decisión. Así que si estás pasando un mal momento, da un paso a la vez. No estás solo, hay gente que te quiere y está dispuesta a ayudarte. Cuídense mucho todos, gracias por leer.