Furia de los emperadores

Capítulo 32: Antaño – Natsu

Sé que te preguntas el porqué de mi obsesión con él, una obsesión tan fuerte que no dudaría en dar mi vida por solo un segundo de su atención.

Patético, ¿No lo crees?

Pero, mi motivo por el cual amo a ese hombre es simple, el me dio la vida que conozco, y no, no hablo de mi padre...

Deja te cuento una historia...

POV Natsu

Nací en una época de tensión en la aldea, la amenaza de una nueva guerra era demasiado fuerte en ese entonces, y eso les costó la vida a mis padres, a muy temprana edad quedé huérfana y al cargo del clan Hyūga, quienes se encargaron de moldearnos para ir a la lucha por el honor de nuestra aldea.

Apenas al cumplir el año se nos empieza a entrenar, aunque no tan exhaustivamente. ¿Cómo entrenas a un bebé de apenas un año? Por medio del hambre, la comida que nos daban la mantenían alejado, toda junta en un pequeño espacio al cual debíamos llegar, si había suerte podías alcanzar con creces un plato de papilla o un biberón. ¿Inhumano? Lo es, pero el clan necesitaba guerreros, y harían todo lo posible para irlos formando.

Muchos de los niños terminaban con lesiones, golpes, moretones, en casos más graves se presentaba una desnutrición severa, querían separar a los más fuertes de los débiles, era algo que agradezco logré sobrellevar.

A los dos años empezó nuestra formación mental, debíamos saber las reglas de nuestro clan, su historia y la historia de la aldea en la que nos establecimos, no entendía a veces, y los castigos eran muy fuertes, recibía semanalmente golpes con reglas, quemaduras de segundo grado, azotes, era muy cruel el entrenamiento, pero querían guerreros, y para ellos nosotros debíamos de mostrar el potencial de nuestro clan.

Recuerdo que muchas veces nos ponían a leer estrategias de guerra, análisis de combate, y demás mierdas relacionadas al clan y a la guerra, en una noche me escapé, y en la basura encontré un libro de historias fantásticas, viajeros que habían encontrado fortunas, fama y poder, y que vivieron con su pareja, a lo que denominaban el amor de su vida, no me interesó eso, pero me gustaba el libro, así que lo mantuve, por si las dudas.

A los tres años empezaban a acondicionarnos, con ejercicios físicos para que saquemos a flote nuestro potencial, en cada momento nos metían la idea de que nuestro destino dictaba la vida que tendríamos, que ser parte del clan Hyūga era un gran orgullo, que no debíamos de defraudar el clan juntándonos con los demás. Nos lavaban el cerebro para ser lo que ellos querían que fuéramos.

Ninguno de nosotros tenía amigos, solo éramos compañeros que entrenaban juntos, era lo único que había en ese entonces, no quería esa vida, realmente la detestaba, pero... ¿Qué podía hacer? Solo era una niña que quería vivir su vida sin tener que estudiar, sin tener que entrenar, solo quería ser feliz y reír, siempre se nos prohibió hacer eso en el clan, no sabía el porqué, pero debía acatar las reglas si quería mantenerme en ese lugar.

Cumplí mis cuatro años, y recibí la formación para activar mi Byakugan. Hay una regla dentro del clan que trata acerca de esto. Si un miembro del clan no logra activar su Byakugan antes de su décimo cumpleaños, se le sella con un sello especial, el cual hace que la víctima sea la marioneta del clan, obligado a hacer todo lo que los altos mandos quisieran, y sí cuando digo todo es TODO.

Debido a esa puta regla, fuimos obligados a llevar nuestro cuerpo al límite con tal de evitar ese destino, muy pocos lograban activar sus ojos en ese tiempo, por lo que debíamos de esforzarnos si queríamos ser dignos de servir a nuestro clan.

Como sabes, en el clan existen dos familias, la familia de la rama principal y la rama secundaria, yo formaba parte de la rama secundaria, por lo que debía de portar el sello del pájaro enjaulado, a los cinco años se les coloca a los miembros de dicha rama, para que sean separados del resto del clan, como parte de la rama secundaria se nos explicó el funcionamiento del sello, un sello de tortura que no dudarían en activar si hacíamos algo que ofendiese a los altos mandos del clan. Incluso la rama principal tenía derecho de usarlo si nos pasábamos de la raya.

Créeme que tener ese maldito sello era un infierno, en ese tiempo conocí a un chico del clan perteneciente a la rama principal, Hyūga Kō, un jodido niño de papi que se burlaba de mí frente por tener el sella del pájaro enjaulado, cada que podía le pedía a su padre que lo activara solo para verme llorar del dolor, era insoportable tener ese sello que regía mi vida, quería volar, volar más allá de lo demás.

¿Quién diría que el tiempo pasaba rápido? Seis años, y un gran evento en el lugar estaba siendo presente, la boda entre Hyūga Hiashi y Hyūga Hana, como toda niña perteneciente a la rama secundaria, tenía que vestir como criada y atender a los invitados, puede que no lo entendiera en el momento, pero, al ver al nuevo matrimonio presente, mi corazón se llenó de alegría, no por la nueva pareja, si no por la posibilidad de que, algún día, yo sería quien se estaría casando, y esperaba encontrar a un buen hombre... claro estaba que Kō nunca lo sería...

Como saben, a esa edad empezamos la academia ninja, con el objetivo de volvernos Shinobis que protejan con honor la aldea, una vez entré me encontré con varios aspirantes que, sinceramente me daban mala espina, digo, un peliplata con cara de amargado y máscara no es de fiar, así como dos amigas que se obsesionaron con dos pobres víctimas, una loca que quería meterle venenos a todo lo que se moviera, una niña con marcas en sus mejillas que seguía al enmascarado a donde fuera, en todo caso casi todos eran gente de la cual no me fiaba, solo tuve en ese tiempo tres amigos, Gekkō Hayate, que me explicaba algunas cosas que no entendía, Sarutobi Asuma, un tío que me pedía ayuda cada que una azabache lo perseguía en búsqueda de una cita, y Shiranui Genma, un buen amigo quien siempre me regalaba sembons.

No ocurrió nada interesante durante un gran tiempo, y, de hecho, cuando me di cuenta de lo rápido que el tiempo pasó, ya tenía ocho años cumplidos, lo más molesto en ese tiempo era la actitud insoportable de Kō, me había molestado demasiado, no podía hacer nada debido a que había aprendido los sellos para activar la marca de mi frente, si no hacía lo que pedía la activaba, si no lo adulaba la activaba, prácticamente la activaba cada que quería joderme la vida, poco a poco se volvía más insoportable, quería que alguien lo pusiese en su lugar, pero no había nadie que estuviese a su nivel, y de hecho, debido a la guerra, nuestro grupo tuvo que separarse, para mi desgracia mis tres amigos fueron separados, por fortuna tuve un nuevo amigo, Morino Ibiki, un tío muy serio que quería ser un gran interrogador, me ayudó a endurecer un poco mi actitud, eso, sumando a la supremacía Hyūga que tenía en ese entonces, me valió como una de las alumnas más serias, y poco a poco lograba avanzar en las filas del clan Hyūga.

A pesar de dar todo de mí para mejorar, había algo que me preocupaba, y me aterraba, no había podido desbloquear mi Byakugan, y el día en el que todo empezó a cambiar para mí se acercaba, era el día de mi décimo cumpleaños, mi último día para tratar de acceder a mi Dōjutsu, creía que mi destino era servir con mi poder al clan Hyūga, por lo que ese día, desde que me levanté, me fui a un pequeño claro a entrenar, la nieve del invierno caía lentamente, y sin detenerme trataba de activar mis ojos, las horas pasaban y no había rastro de que avanzara, de pronto, tres miembros Hyūga me habían acorralado, solo reconocía a uno, Hyūga Kori, el padre de Kō.

Ellos querían colocarme el sello especial, traté de argumentarles que todavía tenía tiempo, que lograría desbloquearlo con esfuerzo, pero no me hicieron caso, me colocaron un sello se parálisis, me enterraron dos kunais en mis manos para inmovilizarme por completo, no necesitaba escuchar palabras para saber lo que pasaría, esas miradas de lujuria y perversión bastaron para saber qué es lo que me pasaría, por primera vez en mi vida maldecía mi destino, lloré, grité, pero sabía que nadie estaría para ayudarme... o eso creí...

Un chico azabache con un peinado de piña, con unas gafas azules que no me permitían ver sus ojos, había aparecido en el pequeño claro, su ropa era muy llamativa bajo la blanca nieve, y lo que hizo me sorprendió en ese momento, no dudo en lanzarles shurikens a quienes me querían lastimar, la distracción que hizo sirvió para que me quitara el sello de parálisis, e inmediatamente me cargó al estilo nupcial para huir del sitio, escuchaba el sonoro paso de los Hyūga, quienes lanzaban armas para atrapar a mi salvador, algunos proyectiles habían rozado con nosotros, mi desesperación era evidente y mis lágrimas empezaron a salir, por lo que inconscientemente cerré mis ojos, empecé a juntar mucho chakra en mis ojos… y solo susurré lo único que se me ocurrió...

"Byakugan"

Las venas de mis ojos empezaron a resaltar, y al abrir mis ojos pude ver con claridad mi alrededor, todo lo veía con nitidez, las redes de chakra, tras los árboles, me alegré, gracias a ese chico que me salvó a último momento desbloqué mi poder ocular, internamente estaba celebrando, y a la par, el chico que me cargaba se apresuraba a dejarme en el complejo Hyūga, no entendía cómo sabía el camino, pero logró llevarme hasta el lugar, cuando llegamos rápidamente me bajé de sus brazos y, sin darle tiempo a agradecerle se fue, vi como los tres Hyūga que me acorralaban se acercaron a mí, y antes de decir algo Hiashi-sama me elogió por desbloquear mi Byakugan, deseando que mi Dōjutsu pusiera en alto el renombre del clan, en ese entonces sus palabras me alegraron como no tenían idea, pero, los que me habían acorralado se fueron molestos, al parecer ya no me podrían hacer nada... o eso creía...

Los días pasaron y, al volver a la academia pude apreciar una vez más que los grupos habían sido cambiados, volví a ver a Genma, Hayate y a Asuma, incluso Ibiki estaba con nosotros, pero estaban también los idiotas que no me daban confianza, y finalmente me aprendí sus nombres, Kakashi era el peliplata enmascarado que parecía un amargado, Rin era su fangirl #1, Kurenai era la azabache que estaba obsesionado con Asuma, mientras que Yugao era quien quería salir con Hayate, la obsesionada con los venenos se llamaba Anko. De todos uno en especial llamó mi atención, un azabache con peinado desordenado en forma de picos, unos profundos ojos negros, unas gafas naranjas que protegían al parecer su visión y, sobre todo, su ropaje azul con accesorios metálicos, según supe su nombre era Uchiha Obito... algo en él me parecía familiar...

El tiempo pasa cuando uno está concentrado en la guerra, y cuando me enteré había cumplido ya los once años, poco a poco mejoraba mis habilidades gracias a mi Byakugan, y debo admitir que me emocionaba, sabía que mi destino era servir al clan con orgullo, a pesar de tener a mis amigos seguía siendo muy seria con las cosas, debía dar el ejemplo Hyūga, por lo que, mis compañeros de salón nunca se me acercaban, llegó el momento en el que el grupo de cinco se separó, Asuma tenía responsabilidades con su padre, el Sandaime en ese entonces, Genma fue solicitado por AMBU para entrenarlo como futuro guardia personal del Hokage, Hayate tuvo que buscar maneras de sanar su tos crónica, mientras que Ibiki empezó a entrenar en la unidad de IT, estaba de nuevo sola... y junto a mi actitud no dejaba nada bueno.

Pasó el tiempo y un evento en el clan se llevaba a cabo, el nacimiento de un familiar del líder Hyūga, lo único que sabíamos es que era hijo de Hyūga Hizashi, el hermano de la cabeza del clan, como siempre, éramos obligadas a usar nuestra vestimenta de sirvienta, cosa que de verdad me desagradaba, junto a nuestra cinta en la cabeza que tapaba el sello del pájaro enjaulado, si bien era cierto que me enorgullecía servir al clan Hyūga, ese sello me traía inseguridades por Kō, quien ahora parecía interesado en estar conmigo, a pesar de todo no le tome importancia.

Doce años, ya tenía doce años y finalmente iba a ser Genin, si todo hubiese sido como antes me hubiese graduado a la edad de nueve años, pero, debido a la carencia de habilidades de los recién graduados, se optó por extender la academia por tres años más para dar tiempo a que las nuevas generaciones pulieran sus habilidades, y eso fue lo que pasó con nosotros, mis habilidades fueron cuidadosamente pulidas, la idea de que mi destino era ser una fuerte kunoichi brillaba más que nunca, enorgullecería al clan, y como buena Hyūga, había subestimado a todos mis compañeros, exceptuando a Kakashi, me burlaba de todos por no pertenecer al honorable clan Hyūga, en especial de Obito, quien a pesar de todo nunca me respondió groseramente, de hecho se burlaba de él mismo cada que lo insultaba, en ese entonces creí que era un idiota que moriría en su primera misión... como daría todo por no haberle dicho esas palabras...

Un mes pasó y me asignaron mi equipo, no me acuerdo bien ni de mi equipo y de mi sensei, solo me interesaba saber que el equipo de Obito era conformado por Kakashi, Rin y él, como sensei tenían a Namikaze Minato, una verdadera leyenda Shinobi de ese tiempo, me sentí celosa, quería estar en ese equipo, aprendiendo del mejor, creí que Obito no aprendería nada con él y que estaría mejor con otro equipo... nunca quise tener la razón...


Y todo cambió en esa noche...

Regresaba de una misión, habíamos asesinado a nuestra primera víctima, me sentía rara y agotada mentalmente, así que me preparé para dormir, antes de acostarme sentí como un fuerte golpe impactaba en mi cuello, y lo único que hice fue caer... alguien me había noqueado...

Desperté y lo primero que note es que estaba atada de manos a una cama, con mi ropa de mucama, no recordaba habérmela puesto, lo único que veía era un cuarto, con una puerta y una ventana cerrada, un foco alumbraba la habitación, empezaba a asustarme, quería llorar, y cuando creí que no podía empeorar lo vi, tenía un látigo y en su cara se veía una mirada de lujuria, sentí como sus ojos me desnudaban y comían por completo, frente a mí estaba Hyūga Kori... el padre de Kō...

Su presencia me asustó, aún tenía pesadillas por lo ocurrido en mi décimo cumpleaños, solo podía ver como se acercaba a mí, diciendo que no podía escapar de mi destino, me explicó lo que pasaba con aquellos que no desbloqueaban su Byakugan a los diez años, como eran usados para el placer del clan, tratados peor que escoria, como abusaban de las mujeres a diario, sin que estas se pudieran defender, como eran obligadas a embarazarse y dar a luz a nuevos miembros del clan Hyūga, como muchas terminaban suicidándose por toda la mierda que vivían, ese era el destino que se me había impuesto, y por primera vez no quería aceptar ese camino, quería luchar, aferrarme a mis esperanzas... quería ser libre por una vez en mi vida...

Sin que se detuviese por un momento, empezó a desnudarme, sus manos me arrancaban mi ropa, cada segundo que pasaba aumentaba mis temores y las lágrimas caían de mi rostro, luché y le solté una patada cuando intentó quitarme mis bragas, pero eso solo lo enfureció más, no sabía lo que pasaría, y esos golpes aún los recuerdo... esa maldita tortura...

Me soltó una bofetada, me volteó para que quedara boca abajo y con su látigo me azotó, las heridas en mi espalda se agrandaban más, junto con las que hacía en mis piernas, grité, lloré, supliqué, rogué, pero nunca se detuvo, cuando se hartó de lastimar mi espalda y mis nalgas me volvió a voltear, y con una katana empezó otro castigo, me golpeó mi estómago, lis rodillas las rompió sin pensarlo, mis manos terminaron ensangrentadas, mis brazos tenían sangre corriendo por ellos, mis pechos eran los que se encargó de lastimar más, no era muy desarrollada, pero tenía mi encanto, y el maldito no dudo en golpearlos, en cortarlos, ya no podía soportar ese dolor, mi cuerpo no respondía, mi sangre la podía sentir, solo quería que parara, y cuando creí que todo había acabado... el siguió...

Sin pensarlo trató de besarme a la fuerza, pero logré esquivarlo y con la poca fuerza que me quedaba le di un cabezazo, enojado, me soltó un corte con un kunai, lastimando mis cachetes, se había sacado su miembro y quería forzarme a que lo chupara, no supe cómo lo logré, pero nunca abrí mi boca a pesar de los golpes que me dio, así fue durante diez minutos, hasta que se hartó y me enterró un kunai en mis hombros, me inmovilizó, y furioso arrancó mis bragas y me abrió de piernas y se había acomodado, en ese momento grité, no quería ser violada, no quería darle mi primera vez a un bastardo, pero no podía hacer nada, solo resignarme, mis piernas no podían moverse, y solo quería que todo acabase, cuando menos lo esperé algo se rompió y ambos habíamos gritado... solo cerré mis ojos ante esa sensación...

Sangre chorreaba de mi intimidad, pero había algo raro en todo, nunca sentí algo entrar en mí, al abrir mis ojos solo pude ver un charco de sangre, una Shuriken enterrada en el miembro de Kori y un Uchiha bastante furioso, a pesar de que mis ojos estaban inundados de lágrimas, pude ver bien quien era mi salvador... frente a mí estaba Obito...

Sin pensarlo me desató de esa cama, y me cubrió con una manta que había en el lugar, Kori había reaccionado y trató de alcanzarnos, pero mi salvador había salido por la puerta del lugar, saliendo del complejo Hyūga y empezando a correr por la aldea.

Quien nos viera creería que un Uchiha trataba de violarme, pero esos pensamientos se fueron rápidamente al ver como Kori gritaba en furia lo que me haría, nunca notó a los aldeanos y Shinobis en el lugar, por lo que la persecución terminó rápidamente tras la aparición del Hokage, quien detuvo al Hyūga, por mi parte seguía en los brazos de mi salvador, esa sensación de protección me recordaba al día en el que activé mi Byakugan, no sabía el porqué, pero me acurruqué a Obito en busca de seguridad.

Llegamos a una pequeña cabaña, una vez dentro me acostó en una cama, instintivamente cerré mis ojos, creía que él también trataría de violarme y, por inercia empecé a llorar, no quería sentirme sucia, asqueada por ese acto, esperaba el momento en el que sería penetrada por la virilidad de Obito, y no podía culparlo, me burlé horriblemente de él, sin embargo, solo sentí un trapo húmedo que limpiaba mis heridas, abrí mis ojos asombrada, y lo que pude ver fue algo que siempre llevo en mi corazón, unos ojos negros y una cálida sonrisa en el rostro de mi salvador, junto a unas palabras que siempre me alegran cada que las recuerdo...

"Me alegra ver que sigues bien, no quería que algo malo te pasara y quedara grabado con mi Sharingan"

Él me había salvado de una violación, y por primera vez no me importaba nada, no me importaba tener múltiples heridas en mi cuerpo, tener ese horrible sello en mi frente o estar desnuda frente a alguien, solo quería admirar el rostro de mi salvador, quien se esmeró en limpiar mis heridas y curarlas, quien me regaló un poco de ropa y salió de la habitación para que me sintiera cómoda, quien se retiró con una hermosa sonrisa. Al abrir la caja que me dio donde decía que había ropa, vi un traje de mucama igual a los que usaba en eventos especiales del clan, antes me causaba disgusto ese traje, pero en ese momento solo pude agradecerle a aquel chico y colocarme la nueva ropa que me quedaba de maravilla, me admiré en un espejo y salí de esa habitación esperando ver a Obito.

A pesar de querer ver a mi salvador, tenía miedo de que se burlara de mí, siempre me había burlado de él, y si bien aguantaba los comentarios hirientes de Kō, con Obito era diferente y no sabía el porqué, temblaba, mis lágrimas salían sin parar, quería irme del lugar, así que corrí a la puerta que daba afuera, y antes de poder agarrar la perilla se abrió, y choqué con Obito, quien me había traído unos roles de canela para mí... solo para mí...

Caí al suelo y grité, seguía doliéndome el cuerpo, y por primera vez lloré sin que me importara las reglas Hyūga, solo quería librarme de mi dolor, sentí como unos brazos me rodeaban, y al levantar la cabeza vi como Obito me abrazaba en un intento por alivianar ese dolor.

"No llores Natsu, esas lágrimas no se ven bien en tu bonito rostro"

Esas eran las primeras palabras de afecto que alguien me decía, no sabía que hacer, mi rostro se enrojecía, mi corazón latía rápido y a pesar de todo me acurruqué en Obito, quien me cargó a una cama y se acostó junto a mí, me tapó con una cobija y dejo que me aferrara a él, quedé dormida de poco en poco debido al cansancio, y en ningún momento me solté de mi salvador, en esos momentos recordé las cosas que hacía y odiaba, el sello en mi frente, mi ropa de mucama, mi idea del destino y mi orgullo como Hyūga, nada me importó al estar con Obito. Antes de caer rendida escuché algo que me sorprendió totalmente...

"Me alegra haberte salvado de nuevo, no soportaría ver como ese maldito te dañaba como trató hace dos años"

Y en ese entonces recordé a las parejas que leí en el libro que había encontrado a mis dos años, fue ese el momento en que todo lo que había leído de ese libro venía a mí, lo que sentía cuando estaba con ese chico, y caí en cuenta de algo...

Me había enamorado de Obito... mi Obito-kun...

La mañana se había levantado por el horizonte, los primeros rayos de luz entraban por la ventana que había en la cabaña, me levantaba poco a poco, recordaba lo que había pasado el día anterior, y quería llorar, hasta que la imagen de Obito pasó por mi cabeza. Por instinto me volteé, y vi como sus brazos me cubrían por completo, tratando de alivianar mi dolor, no decía nada, y a pesar de todo lloré, lloré con usa sonrisa en mi rostro, ¿Quién diría que un Uchiha salvaría a una Hyūga? ¿Quién diría que Obito, el chico de quien me burlaba, era quien terminaría salvándome de una violación dos veces? Ironía en todo su esplendor, pero eso fortalecía más mis nuevos sentimientos hacía él, amor y admiración, me enamoré de mi salvador, y antes de que despertara, decidí irme del lugar, le robé un rollo de canela y le deje una nota explicando que me iba, cerré la puerta de la cabaña y me dirigí al complejo Hyūga.

Regularmente los asuntos del clan solo los trata el mismo clan, sin intervención del Hokage, en este caso fue diferente, en público Kori había afirmado que trató de violarme presa de la furia por lo que Obito interrumpió, por lo que no tuvieron más remedio que matarlo, según las reglas del clan solo sería sancionado un cierto tiempo, pero el clan sufriría de una muy severa mancha por los aldeanos y las Kunoichi que vieron lo que pasaba, de no matarlo se encadenaría un gran escándalo, por lo que en la noche anterior mientras dormía al lado de Obito-kun, Hyūga Kori fue asesinado por el Hokage, dejando a Kō huérfano... y con un severo odio hacia mí...

La semana pasó, y en un descanso me encontré con Obito, sin pensarlo agarré su mano y salí corriendo hacia los campos de entrenamiento, al llegar a uno de ellos lo solté y lo abracé llorando, no le había agradecido por lo que hizo, y realmente me sentí mal por cómo lo traté, debí de respetarlo, de hacerme su amiga, y no lo hice en ese entonces, pero esta era una oportunidad para enmendar mi error, por lo que empecé una conversación para tratar de redimirme...

"Perdón... perdóname por cómo te traté... por cómo te insulte... lo siento mucho Obito-kun, lo siento mucho, por favor... perdóname... ¿Podrías perdonas a esta tonta que se dejó llevar?... por favor..."

"No te preocupes, sé cómo es el clan Hyūga, y veo que tú también caíste en eso, pero no hay problema, me alegra que podamos ser amigos Natsu"

"Gracias Obito-kun, muchas gracias por perdonarme... gracias..."

"Vamos, no llores Natsu, no fue tu culpa..."

"Si lo fue, debí de tratarte con más respeto, tú me salvaste una vez y yo no puede reconocerte"

"Sin problemas, además, no puedo dejar que alguien te trate así, como futuro Hokage debo de velar por mis compañeros y amigos"

"¿Futuro Hokage?"

"Sí, la guerra ha traído solo tristeza, así que me esforzaré para acabar con esto, y una vez acabada la guerra, me convertiré en Hokage, y así evitaré que mis amigos sufran"

"Jeje, serás un buen Hokage Obito-kun"

"Gracias por el apoyo Natsu, ¿Qué te parece entrenar un rato?"

"Sí, ya verás lo buena que soy"

Ese día entrené junto a mi amor platónico, Obito era muy malo en muchos aspectos, pero era bueno en perseverar, y eso me puso en aprietos cuando me quedé sin mucho chakra, al final del encuentro empatamos, pero, no me sentía mal por perder, me sentía bien conmigo misma, eso significaba que estaba al mismo nivel que mi amado, y tendría que esforzarme por seguir estando a la altura de Obito-kun.

Y desde ese día, ambos empezamos una bonita amistad, los días pasaban y poco a poco los meses también, pasó un año exactamente, tenía catorce años, y en ese tiempo entrené arduamente junto a Obito, el me enseño la importancia de ser un buen ninja, y sin importarme el clan empecé a practicar Ninjutsu, Genjutsu, Kenjutsu y Fūinjutsu, empecé a escalar entre todos para volverme una buena Kunoichi, digna de estar al lado de Obito-kun, quien también mejoró. Y sí, no me importaba si era su pareja o solamente una amiga, solo quería estar con él sin importar que, por que estaba perdidamente enamorada... porque él me salvo de mi destino y me regaló mis alas para volar...

El tiempo en el que no entrenábamos lo dedicamos a conocernos mejor, a jugar juegos tontos que nos divertía a ambos, almorzar lo primero que compráramos, contar los sueños que teníamos en nuestra mente, vivir la infancia que no habíamos tenido, me contó todo lo que le gustaba, su relación con Kakashi y Rin, junto a su sensei, a pesar de que estuviese enamorado de alguien más seguía junto a mi amado, sin importar que, le debía mucho a él, rompió mis falsos ideales para regalarme la verdad ante mis ojos... irónicamente él pudo ver más allá de mi Byakugan...

En ese tiempo descubrí muchas cosas que no me gustaron, el sensei de Obito nunca le enseño nada, Kakashi lo humillaba y a pesar de las falsas apariencias, Rin odiaba a Obito, pero él no se daba cuenta debido a que estaba enamorado de ella, cosa que me enojaba, no quería que Obito sufriera por alguien que no lo quería, sin embargo, estaba atada de manos, no tenía pruebas para confirmar lo que veía, y en ese entonces no sabía de las habilidades del Sharingan más que copiar jutsus y ver en cámara lenta los movimientos, por lo que me quedé callada, no quería perder a mi amado... eso me atormentaría después...

Tuve una oportunidad cuando, en una misión, me encargaron de cuidar una cámara, un nuevo invento para 'grabar' lo que la lente veía, emocionada acepté, y con el extraño artefacto me dirigí a buscar a Kakashi y Rin, quería grabar el momento donde decían odiar a Obito para que así viera que Rin lo odiaba y no viviera engañado, sufriendo por que la perra no se conformaba con los regalos que le daba mi amado, al llegar al campo de entrenamiento donde se reunían empecé a montar todo, y pasado un rato vi a Kakashi y Rin, vi cómo se besaban, como ambos tocaban lascivamente el cuerpo del otro, como ambos tenían sexo oral y terminaban corriéndose, eso me enfermó, los bastardos jugaban con Obito, no lo dude y grabé esos momentos para poder mostrárselos a Obito, sabía que lo lastimaría, pero quería evitar que sufriera para después, nunca lo hice para que me aceptara como su pareja, solo quería que Obito estuviese bien.

Después de tomar las fotos tardé una semana en entender el proceso para revelar las imágenes, era algo nuevo y tenía que saber cómo usarlo para que las pruebas no se arruinaran, cuando finalmente las tuve y planeaba mostrarlas al mundo, el equipo de Obito se fue en una misión cerca de Iwa, planeaban destruir un puente para acabar con la guerra, estuve orgullosa cuando escuché acerca de la misión, Obito-kun sería importante para acabar con esta guerra y traer la paz que tanto anhelábamos, era algo que, cuando llegara, lo festejaríamos juntos, tenía planeado todo para ese momento, por más que me doliera le diría la verdad, y lo consolaría, no por buscar una oportunidad con él, sino porque no quería que Obito-kun estuviera cegado al igual que yo.

Los días pasaban, y finalmente había aprendido dos técnicas que impresionarían a mi amado, el Kage Bunshin, una técnica prohibida que realiza clones físicos, y un sello anti paralizador, me había esforzado con tal de sorprenderlo, y lo más bonito de todo es que lo había aprendido justo a tiempo, Obito volvía ese día, así que me fui a arreglar, me vestí con el mismo ropaje que me regaló y, decidí esperarlo en la entrada de la aldea, pasaron los minutos, y pude ver como una cabellera rubia se acercaba, era el sensei de Obito-kun, así que esperé a ver a mi amado, pero los segundos pasaron y solo apareció Rin y Kakashi, creí que se había atrasado y vendría pronto, así que me acerqué a preguntar... mi mundo se acabó tras escuchar esas palabras...


Obito murió...

No quería creerlo, la persona a la que amaba se había ido de este mundo, no quería creerlo, pero era esa la verdad, no lo soporté y me fui corriendo, nunca pude decirle lo mucho que agradecía tenerlo a mi lado, no pude decirle de lo que realmente pensaban sus compañeros de él, no pude estar a su lado, solo me encerré en mi habitación en el complejo Hyūga y lloré sin parar, quería dormir, pero no podía, al menos quería tener su banda ninja como último recuerdo, por lo que sequé mis lágrimas y fui a buscar a Kakashi y Rin, quería al menos tener algo de mi fallecido amor, solo sabía el lugar donde vivía el peliplata, así que fui a verlo para ver si podía tener algo, al tocar a su puerta no respondió, por lo que decidí asomarme por su ventana... como desearía no haberlo hecho...

Frente a mí estaba Kakashi y Rin, teniendo sexo intenso mientras maldecían el nombre de Obito, a ellos les gustó que muriese, al no estar él ellos podrían revelar al mundo su relación, entre embestidas se burlaban de lo que hacía Obito, se burlaron de cómo se esforzaba por la atención de Rin, y como me quedé sin mi amado, salí corriendo, furiosa, destrozada, humillada, perdí al amor de mi vida, lo perdí todo, me había quedado sola... volvía a estar sola...

Un mes había pasado, la guerra llegó a un punto crítico, cualquier movimiento sería letal si se efectuaba erróneamente, en ese tiempo no hice misiones, me encontraba demasiado decaída por lo de Obito, al clan no le importó, después de todo no podíamos enamorarnos de alguien ajeno a este, y sin embargo, seguía destrozada, lo único que se me ocurrió fue empezar a redactar cartas, hacer dibujitos de lo que pudo hacer sido con Obito, llorar cada noche, esperanzada de que mi amado volviese de la muerte y me consolara como hizo antes, en ese mes supe lo que había pasado con Kakashi y Rin, ella salió embarazada y planeaban atar a Kakashi al clan Inuzuka, por lo que la muy perra se cambió el apellido... celebré cuando Kakashi la asesinó...

A pesar de todo, seguía estando sola, me quedé sola, y solo podía entrenar lo que había aprendido junto a Obito-kun, y así pasó el tiempo, tenía 14 años, mi cuerpo fue codiciado por muchos, pero nada me haría cambiar de opinión, mi cuerpo y alma le pertenecerían a Obito-kun por el resto de mi vida, muchas cosas cambiaron, y lo más impactante fue el ataque del Kyūbi no Yōko a la aldea, en medio de la noche el Kyūbi atacó la aldea, muchas vidas se perdieron en ese día, no tenía nada más que perder, lo único que me importaba había muerto, así que, a pesar de la orden que nos dieron de mantenerlos a raya, yo desobedecí y me enfrenté con todo lo que tenía contra el Kyūbi, si moriría lo haría luchando, a base de Jūken desvié las garras de la imponente bestia, cuando trató de sepultarme con sus colas logré protegerme con mi Kaiten, mis Kage Bunshin lograron colocarle trampas al Kyūbi, sin miedo logré detenerlo lo suficiente para que el Yondaime lograra hacerle frente, el cansancio finalmente me llegó y lo único que hice fue desmayarme... había hecho demasiado ese día...

Me desperté en el hospital, frente a mí estaba un par de AMBUS esperando a que me levantara, y sin pedirme más me llevaron ante el consejo, esperaba lo peor, desobedecí una regla directa, merecería el castigo sin reproches, no tardamos mucho en llegar a la cámara del consejo, al entrar a ella vi a los líderes de clanes, el consejo civil, los tres ancianos de Konoha, los Shinobis de mi generación y al Sandaime Hokage, no sabía que iba a pasar, solo esperaba lo mejor... y créeme que fue lo mejor...


"Se le ha citado a usted, Hyūga Natsu, Gennin de Konohagakure no Sato, debido a su participación en la batalla contra el Kyūbi no Yōko hace un día, por su insubordinación, y desobedecer reglas directas de un Jōnin, se consideró un castigo apropiado, no obstante, su audacia y habilidad para combatir al Kyūbi en ese momento nos dio la oportunidad de planear una nueva estrategia hasta la aparición del Yondaime Hokage, además, evitó la pérdida de más vidas, por lo que, junto al honorable consejo, usted, Hyūga Natsu, es ascendida Tokubetsu Jōnin, con efecto inmediato, felicidades por su logro"

No lo podía creer, y eso era lo mismo que pensaban mis compañeros de generación, logré ascender a un rango aún más complicado que el rango Jōnin, recibí el chaleco característico de un Tokubetsu, y me lo coloqué encima de mi ropa de mucama, nunca me sentí más orgullosa de mis logros, aún más sabía que todo lo logré gracias a Obito, este chaleco era la muestra de lo que logré gracias a Obito, y eso no acabó ahí, tras la reunión fui asignada por el líder Hyūga a resguardar la integridad de la familia principal, había alcanzado un gran punto en mi vida, y todo gracias a él... ojalá viese lo que logré...

Llegó el invierno, recordaba la primera vez que vi a Obito, cuando me salvó por primera vez, me gustaba la nieve, cuando era invierno jugábamos a hacer castillos, nos lanzábamos bolas de nieve, hacíamos ángeles de nieve, era feliz con él, su partida seguía doliendo, traté de olvidarme un rato, por lo que fui a buscar una botella de sake, antes de llegar a la cocina Hana-sama me interceptó y me dio una recién nacida, su cabello color índigo, casi azabache, junto a su blanca piel, era algo que me maravillo, recuerdo con claridad las palabras que me dio esa maldita...

...

"Busca a alguien que la quiera, hazte cargo si quieres, no me importa lo que le pase, después de todo solo será una puta para el clan"

¿Qué podía hacer? Solo era una chica que quería olvidar a su antiguo amor, y mi mente se había bloqueado, ¿Cómo una madre puede dejar abandonada a su hija, así como así? Lo único que se me ocurrió fue dejar a la pequeña en un cuarto, taparla bien y esperar a que se durmiera, al abrir sus ojos, pude ver como los perlados ojos Hyūga eran algo que la hacía resaltar, su cabello era muy bonito, a mi mente llegó el recuerdo de cuando me volví la amiga de Obito, un hermoso lugar soleado, ella era lo más parecido a la hija que siempre soñé tener con Obito, esa pequeña no tenía nombre, ni siquiera su madre pudo hacer eso... y un solo nombre se me vino a la mente...

"Hinata... tu nombre, pequeña niña, será Hyūga Hinata"

Después de bautizarla, me enfoqué en cuidarla a la distancia, un año había pasado, y después del festejo de la muerte del Yondaime, decidí acabar de una vez por todas con aquel niño que resguardaba al Kyūbi, todo mundo sabía quién era el Jinchūriki y donde estaba, cegada por la ira, agarré un kunai y me dirigí al orfanato para acabar con la vida del pequeño bastardo, cuando entré a su habitación, lo destapé, solo era un corte, un pequeño corte, pero no pude hacerlo... ver al bebé me afecto...

Su rubio cabello, sus hermosos ojos azules, sus marquitas de zorro, lo hacían ver muy lindo, pero, esa sonrisa fue lo que me desarmó, era la misma sonrisa que Obito me dio, la sonrisa de antaño que tanto extrañé, mi mano empezó a temblar y lo único que pude hacer fue acariciar su mejilla mientras mis lágrimas caían, no lo soporté y lo volví a tapar, y con una idea en mente fui corriendo a la torre del Hokage... adoptaría a ese pequeño sin importar que...

Llegué, y para mi sorpresa los amigos que hice a lo largo de mi vida estaban ahí, cinco personas que querían ayudar a un pequeño, cinco personas que habían decidido ir a la cámara del consejo, cinco personas que escucharon todos los planes que rodeaban al pequeño rubio y la pequeña ojiperla, cinco personas que se volvieron los guardianes de los pequeños bebés... cinco personas contra toda una aldea Shinobi...

El tiempo pasó, no pude cuidar a la pequeña Hinata por la amenaza de Hiashi-sama, tuve que soportar a Kō queriendo que me entregara a él, tuve que soportar todo eso, lloré otra vez cuando Hinata-sama desapareció por evitar que su primo la violara, mi desesperación había llegado al límite, y a mis 23 años mi vida había sido una total mierda, no pude decirle la verdad a mi amado, no pude confesarle mis sentimientos, no pude proteger su legado, no pude cuidar a una pequeña niña, no pude hacer nada ese maldito día, mi vida era una completa mierda, y solo podía prometer que encontraría a Hinata-sama y a Naruto-san para protegerlos, era lo único que me quedaba...

Hasta hoy...

Fin POV

El mismo claro en el que se había desarrollado todas las anteriores batallas se encontraba en armonía, frente a la Hyūga peliverde estaba el grupo de los emperadores, junto a las personas que combatieron codo a codo con ellos, detrás de ella, se encontraba un Uchiha muy cansado, herido, y asombrado por todo lo que había escuchado por parte de su amiga, aquella a la que había creído muerta tiempo atrás... se lamentaba profundamente no estar con ella cuando más lo necesitó...

El grupo de viajeros no sabía que hacer, mucho menos las personas que seguían atadas, todos vieron el dolor de la Hyūga en las palabras que dijo, y, sin embargo, nunca retrocedió, todo por la persona a la que le juró una enorme lealtad, querían hablar, decir algo, pero la peliverde siguió hablando sin importar el qué.

"Puede ser algo patético para ustedes... dar la vida por un segundo de atención... pero... gracias a Obito logré llegar hasta aquí... el me libró de mi destino impuesto por alguien más... y esta vez... seré yo quien lo proteja del mundo... así que... si me tengo que enfrentar a los nueve Bijūs... a todos ustedes... no dudaré en hacerlo... porque hoy... seré yo quien salve a Obito sin importar qué... porque hoy..."

Daré mi vida para salvar la de Obito...

Datos y demás weas:

Ø Originalmente la historia solo contaría con un máximo de 30 capítulos, pero, al ver como avanzaba todo esto y ustedes seguían leyendo la historia decidí alargarla, explicando más a fondo todo lo que tengo planeado. Gracias por eso.

Ø La mayoría de las parejas que se han ido formando no las he visto en otro lado, a excepción del NaruHina y GaaMatsu. Busco que las posibles uniones sean algo novedoso y fresco, como lo es el caso de Kankurō y Kurotsuchi.

Ø Nunca he visto Boruto, pero me animaría a hacerlo si hacen un arco, una película o un OVA donde Himawari viaje al pasado y conviva con Naruto cuando era chikito, y no me refiero a Naruto siendo Genin, si no cuando era estudiante de la academia

Ø Me quedé sin ideas para memes en Facebook, y la página ha sufrido mucho abandono, es el momento de prometer ser más activos y subir contenido, tanto aquí en Wattpad, como en Facebook, será mi promesa de año nuevo.