Título: Atrapado contigo.

Personajes: Fuyumi Todoroki, Keigo Takami/Hawks, Shōto Todoroki.

Pairings: Intento de FuyuHawks, ah.

Línea de tiempo: AU; Sin Quirk.

Advertencias: Disclaimer Boku no Hero Academia/My Hero Academia; los personajes no me pertenecen, créditos a Kōhei Horikoshi. Posible y demasiado OoC [Fuera de personaje]. AU [Universo Alterno]. Situaciones dramáticas, vergonzosas, cómicas y poco románticas. Nada de lo ocurrido aquí tiene que ver con la serie original; todo es creado sin fines de lucro.

Clasificación: T

Categoría: Comedia, Fantasía.

Total de palabras: 2495

Nota de autora: ya extrañaba escribir de estos dos preciosos (╥﹏╥) «3


Summary: Después vuelve a mirarlo a él. El ente le sonríe inocentemente, mientras las plumas regresan a su espalda, a formar el par de alas imponentes que en su momento le hicieron dudar de que fuera un fantasma. Pero él tampoco podría llamarse ángel, de todas formas.


Golpea un par de veces la puerta cerrada enfrente de él, y espera con serenidad a que la persona de adentro le abra. Mientras no escucha sus pasos, observa alrededor del pasillo, y el lugar se le hace relativamente normal. Nada del otro mundo, mucho menor aterrador como solían describirlo en las películas de terror (las cuales le hacen dormir, pero bueno), así que solamente piensa en lo genial que sería ir por ese corredor, bajar las escaleras y comprar soba en la tienda de al lado.

Pero antes de sacar su teléfono para ver la hora, y cerciorarse de que ya fuera momento de almorzar, la puerta se abre. Suelta un respingo.

Se calla al ver el aspecto de la persona que acababa de abrirle.

—¿Fuyumi?

—¡Shōto! —Como si estuviese viendo a su salvador, el aspecto desaliñado de la mujer se ilumina con una gran sonrisa de alivio—. Qué bueno que llegas.

—Sí, tú me llamaste y–

—Entra.

Sin dejarlo terminar, agarra a su hermano menor del brazo y lo estira hacia dentro del departamento, cerrando con fuerza la puerta detrás de ellos. Lo jala hasta llegar a la sala, y se quedan justo allí.

Shōto frunce un poco el ceño, mirando de aquí para allá el lugar. A diferencia de Fuyumi, con su cabello despeinado en una coleta mal hecha, las ojeras y su vestimenta con poco estilo, la sala está perfectamente bien cuidada, con cada cosa en su lugar, puesto de manera increíble y resaltando con estilo. Casi parece haber sido decorada por un profesional.

El muchacho mira otra vez a su hermana, y nota que ella no ha quitado la vista de en medio del salón.

—¿Qué sucede?

—¿No lo ves? —La alegría que había mostrado la muchacha al hacerlo pasar se desvanece en un segundo, y le observa con tristeza—. Shōto, ¿seguro que no lo ves?

—¿Ver qué?

—Al fantasma.

—Oh, fantasma —lejos de mostrarse espantado por las palabras de su querida hermana, observa mejor a su alrededor, en busca del dichoso ser espectral. Pero su rostro tranquilo no tarda en pasar a ser extraño—. ¿Hay uno aquí? No lo veo.

—No puede ser… —suspira pesadamente la mayor, cubriéndose el rostro con ambas manos—. No, Shōto. Se supone… se supone que tú y sólo tú los ves y ahora… ¿No puedes ver el que está aquí?

—¿Puedes ver uno? —Vuelve su mirada sorprendida a ella. Fuyumi asiente, aún con la cara oculta tras sus manos—. ¿Y dónde está?

—Justo detrás de ti.

—Se nota que es tu hermano —la voz del espectro solamente llega a oídos de la chica, quien se quita las manos de la cara para levantar la vista, y dedicarle una mirada cansada y hastiada. En cambio, él simplemente sonríe divertido, examinando de cerca el rostro confundido del jovencito de pelo bicolor—. Mira ese teñido. ¿Todos los de tu familia tienen este estilo?

—No, es de nacimiento. —Aclara Fuyumi.

—¿Qué cosa? —inquiere Shōto, frunciendo el ceño. Ella le mira con resignación, decidida a explicarle.

—El fantasma–

—No soy un fantasma.

—No sabía que nuestro cabello es de nacimiento.

—Oh, ya veo —asiente, comprendiendo totalmente. Luego da media vuelta, volviendo a buscar al dichoso ente—. Es raro. Ni siquiera siento su presencia.

—¿Cómo que no? Está ahí mismo…

—Sí, estoy aquí mismo. —El espectro sonríe y pestañea repetidas veces, de manera encantadora, estando ahora enfrente de Shōto y su expresión confusa.

Él la mano frente al chico menor, y chasquea los dedos varias veces, sólo para después regresar a mirar a Fuyumi y encogerse de hombros, como si no hubiera caso.

—Tal vez sólo me aparezco a las chicas —comenta divertido, sonriendo de lado. La mujer bufa, desviando la vista—. Pero no creo. También me atraen los chicos, sabes. Pero no los menores. ¡Oh, tal vez es por eso que no me aparezco frente a él! Trae a tu otro hermano, a ver si funciona.

—¿Está diciendo algo? —pregunta el chico bicolor. Su hermana asiente.

—Dice que no le atraen los chicos menores.

—Ah.

—Bueno… —Fuyumi vuelve a suspirar pesadamente, decidida a ignorar las demás cosas que fuera a soltar el fantasma de su departamento—. ¿Quieres almorzar? Preparé soba.

Los ojos de Shōto pronto comienzan a brillar intensamente.

—Es muy expresivo. —Menciona el espectro. Fuyumi asiente orgullosa, y después niega rápidamente.


—Tu hermano se ve buena onda. ¿Cuándo me presentarás al resto de tu familia? —aventura, con una sonrisa falsamente inocente, en tanto se recuesta descaradamente sobre el montón de papeles llenos de notas con mala caligrafía.

Fuyumi apenas despega un segundo su vista de la hoja impresa con suficientes números impares como para enloquecer a cualquier otro compañero de trabajo. Las ojeras bajo sus ojos parecen mucho más pronunciadas.

—Por favor no me hables —su voz sale un poco rasposa. Él deja de sonreír—. Estoy ocupada.

—Tal vez estás tan ocupada ahora, porque te la pasaste todo el mes intentando hacerme un exorcismo —ríe secamente, levantándose y recostando el codo contra la mesa, para que su rostro quede a la misma altura que el de la chica—. ¿Recuerdas la primera vez? ¿El «ataque de sal»? Me tiraste sal por tres días seguidos.

—Necesito concentrarme…

—No soy un vampiro y aun así trataste de espantarme con ajo —suelta una carcajada—. Oh, y no olvidemos el agua bendita. Eso fue genial, aunque luego tuviste que trapear todo, otra vez. Fue doloroso verlo.

—Fue doloroso hacerlo… —gruñe por lo bajo. Rendida, baja los documentos y observa en silencio a su inoportuna y cruel compañía—. Eres un espíritu realmente maligno.

—Oh, si fuera maligno, ¿podría hacer algo como esto?

Chasqueando los dedos, las plumas de las alas rojas que habían permanecido quietas en su espalda, pronto empiezan a desprenderse y a mover todas las cosas dentro de la oficina. Juntan los papeles arrugados del suelo para tirarlos al tacho de la basura, alzan los libros en las estanterías, limpian algo de comida chatarra desparramada por el piso, y hasta se llevan la taza de café vacía que Fuyumi se había terminado hacia horas.

Los ojos turquesa de la mujer observan, sorprendidos, cómo su antes desastroso cuarto de trabajo es ordenado en menos de cinco minutos.

Su querida taza de "La maestra #1" no tarda en regresar, volando sobre una pluma roja, a su mesa. Está llena de café caliente. Ella no sabe ni qué cara poner para entonces.

Después vuelve a mirarlo a él. El ente le sonríe inocentemente, mientras las plumas regresan a su espalda, a formar el par de alas imponentes que en su momento le hicieron dudar de que fuera un fantasma. Pero él tampoco podría llamarse ángel, de todas formas.

Acomoda sus lentes sobre el puente de su nariz, antes de regresar a su labor en silencio.

—Oh, ¿ni un gracias, siquiera? —se queja el muchacho espectral, haciendo un puchero.

—Pudiste ayudarme en todas esas veces en las que estuve limpiando —masculla, casi entre dientes. A pesar de no demostrarlo facialmente, hay furia en su voz—. Incluso pudiste haberte encargado tú solo, en poco tiempo. Pero…

Él poco a poco borra su sonrisa. Finalmente, hace una mueca de desagrado, y toma asiento en la mesa, interrumpiendo por completo el trabajo de su compañera.

—Bueno, alguien no tenía intenciones de hacerse mi amigo —puntúa, fingiendo tristeza y molestia—, así que no esperaba que fueras a estar agradecida de que te ayudara en los desastres que tú misma provocaste.

—¿Me estás echando la culpa? —frunce el ceño, incrédula.

—No realmente, bueno… —cruza los brazos, poniendo un rostro pensativo—. Más bien… Sólo te estaba dando espacio para que te acostumbraras a mi presencia. Si hacía algo por ti, seguro y ya hubieras salido corriendo. Hasta podrías pensar que puedo agarrar un cuchillo y atacarte por la noche, ¿no crees? Bueno, eso pensó el anterior inquilino. No podía arriesgarme.

—Dios mío… —niega con la cabeza, sintiendo una punzada de dolor en la cabeza—. Entonces… ¿Me estás diciendo que tenías miedo de que huyera si me enteraba de que podías mover cosas con tus plumas?

—Más o menos. Quién sabe —se encoge de hombros, restándole importancia. Luego vuelve a su actitud común, sonriendo de lado—. Aunque puedo hacer más que sólo limpiar.

—No quiero saber —lo detiene rápidamente, poniéndose de pie y casi tirando su silla hacia atrás. Con prontitud se dirige a la salida del cuarto—. Me iré a dormir. Por favor, no entres a mirarme mientras duermo.

—No lo hago —de repente, aparece justo a su lado. Fuyumi ya está tan acostumbrada a eso que ni se inmuta—. Respeto las cosas privadas.

Al pasar frente a un espejo, ella se detiene un segundo, dándose cuenta de que el reflejo del chico no está, sólo el suyo. Su expresión se suaviza, pero regresa a la realidad al volver a verlo a él. Y al observar esa cara por más de dos segundos, un montón de recuerdos desagradables regresan a su mente.

—No cuando me estoy duchando. —Señala, casi entre dientes.

—Tal vez porque tú nunca avisas que te vas a duchar y yo tengo ganas de ir al baño.

—Eres un fantasma, no puedes ir al baño. —Pone un rostro confundido, deteniéndose en la puerta de su dormitorio. Él se detiene junto a ella, con una expresión inocente.

—Y qué si no.

La muchacha pone un rostro más molesto, mientras se sonroja suavemente. Decide ignorar eso también, y abre la puerta del cuarto, para rápidamente ponerle pestillo a pesar de que eso no serviría de nada para un ser que trascendía de la materia. Pero quién sabe, quizás el sentimiento impediría que entrara sin permiso.

Sólo que no.

—Oye, dejaste la estufa encendida. —Dice de repente el rubio ente, atravesando la mitad de su cuerpo por la puerta cerrada. Fuyumi suelta un grito y vuelve a ponerse bien el suéter, que iba a quitarse para poder dormir.

—¡Santo cielo! ¡Tú…! —ruge, perdiendo la paciencia. Respira profundo al notar que él se ha desvanecido, y está gritándole a una puerta. Se coloca de nuevo los anteojos antes de salir.

Al abrir la puerta, lo ve caminar por otro corredor, en dirección a la cocina. Resignada, lo sigue, deteniéndose en el marco. Pero una vez allí no halla rastro alguno de su presencia, sólo están ella, la olla de comida, y el fuego azul de la estufa encendido.

—¿No podías apagarlo tú? —pregunta en voz alta, esperando que le haya escuchado desde donde estuviera.

—No, no podía —contesta él, reapareciendo, pero esta vez en el marco, donde antes estaba Fuyumi. Ella le mira, curiosa—. Digamos que, al parecer, no puedo acercarme al fuego.

—¿Puedo saber por qué?

—Te lo diría, si supiera… —suspira, como si estuviera triste. Pero la chica no puede creerle—. Pero hoy hemos evitado un incendio, ¿no crees, Fuyumi? Es un logro.

—Por favor, no vuelvas a traspasar la puerta de mi habitación.

—Oh, sí. Lamento eso, fue una emergencia.

—Y, por favor, no me llames por mi nombre.

—¿Por qué no? Ya somos roomies, deberíamos empezar a llevarnos bien. —Con una sonrisa descarada, se recuesta contra la madera del marco. Fuyumi tiene un tic en la ceja, pero sonríe lo mejor y más tranquilamente posible.

—¿Acaso no puedes ir y buscar otro sitio que atormentar? Hay un cementerio cerca.

—Quisiera —hace un rostro de exagerada desilusión—, pero ya lo he intentado, sabes. No puedo salir de este departamento, lastimosamente. Y tú… no te puedes ir porque tendrías que pagar una comisión muy alta.

—No me lo recuerdes —pide, con pesar, tomando asiento en una de las sillas del comedor conjunto—. En el contrato de arrendamiento no decía que el lugar venía incluido con un fantasma.

Pone ambos brazos sobre la madera de la mesa, y recuesta allí su cabeza. Está tan cansada, no ha dormido por días enteros y aún tiene trabajo que entregar, así que tiempo es lo que menos le sobra. Pero le duele tanto la cabeza, lo suficiente como para ir en busca de los medicamentos a los que tanto teme.

Ni siquiera puede pensar correctamente. Sólo puede mirar hacia la puerta, al fantasma que usa la forma de un chico lo suficientemente apuesto como para hacer suspirar a cualquier chica de su edad.

Pero esto no era una película.

—Me estafaron…

—Oye, puedo contar chistes y preparar café. Es una ganga, cariño —bromea, pero justo después escucha un ronquido—. Oh, público difícil.

—Aún no puedo dormir… —balbucea, con esfuerzo. Intenta mantenerse consciente, a pesar de que sus ojos ya están totalmente cerrados y no tenga fuerza alguna para levantarse de su asiento e ir a la cama—. Tengo que hacer… mi trabajo… tareas…

—Ordenaré tus notas por ti, si eso te es de ayuda.

—No, yo debo…

—Te puedes desmayar —comenta, esta vez más serio que ninguna otra vez. Se acerca a ella, poniendo una mano sobre la cabeza blanca con mechones rojos. Ella no puede sentirlo en lo absoluto, pero sonríe apenas—. No creo que al dueño del edificio le agrade tener otro fantasma en uno de los departamentos.

—No es… gracioso… ¿Cuál era tu nombre? —Pregunta de repente, apenas abriendo un ojo para mirarle—. Se me olvidó tu nombre, lo siento…

—Bueno, nunca me presenté antes porque alguien no dejaba de tirarme sal a la cara —señala, con sorna. Ella se ríe apenas, y él se sorprende de que finalmente haya tenido esa reacción, cuando siempre ponía mala cara a sus bromas—. Aunque… mi nombre… Eh…

En tres segundos, ella se duerme.

—Digamos que me llamo Hawks.

«No podría decirte que no recuerdo».

Observa, resignado, la imagen de la chica, durmiendo plácidamente en esa incómoda posición. Se siente culpable por ello, pero no se molesta mucho. Era mejor dormir en la cocina con la estufa apagada.

Se ríe un poco.

«Bueno, no creo que quieras seguir viviendo con alguien que no sabe su propio nombre».

—Los dos estamos atrapados aquí, querida Fuyumi.


¿fin?