POV Draco Malfoy
Estaba sentado en la barra del bar del hotel. El ambiente era muy agradable. No estaba muy concurrido, la luz era tenue y sonaba una melodía de jazz. Aun así, yo me estaba poniendo impaciente. Debería haber llegado hace 20 minutos. ¿Se habrá acobardado? Maldito cabrón. Vences a un mago oscuro y ya te ganas la fama del Gryffindor más valiente de la historia. Ya me estoy arrepintiendo de la idea.
Comencé a ponerme incómodo, sentado ahí, solo. No estaba tomando nada, porque decidí esperarlo para pedir las bebidas. Vi unos pares de ceniceros esparcidos a lo largo la barra. Supuse que estaba permitido fumar. Generalmente, los magos fumamos pipas. Pero desde la caída del Innombrable, nuestra generación adaptó algunas costumbres Muggles más prácticas que las nuestras. Por ejemplo, los cigarrillos. Que yo este sentado aquí, en un maldito hotel que pertenece a Muggles, ya habla por sí solo.
Lo encendí, le di unas pitadas y me concentré en la música. Dejé que las ondas sonoras del piano y el saxo entraran por mis oídos, haciendo vibrar mi cuerpo. Me relajé, hasta que luego de unos minutos, lo vi entrar por la puerta de vidrio. Cuando pasó el umbral, percibí como cambió de energía la habitación. Últimamente siento que, cuando estoy rodeado de Muggles, puedo detectar la magia con más facilidad. Él desprendía un aura mágica que inundaba el lugar. Y dios mío, era hermoso. Me dejó sin aire.
Intercambió unas palabras con el recepcionista del bar. Le sonreía de manera muy sensual, y hablaba cerca suyo. No porque estuviese exactamente coqueteando con él. Créanme, yo me doy cuenta. Era notorio que este muchacho era seguro de sí mismo, con un magnetismo sexual muy natural. Se quitó el saco que llevaba puesto y se lo entregó al recepcionista para que lo guarde. Tenía la piel morena y un cuerpo musculoso pero acorde a su altura. Una camisa blanca bastante desabrochada, por la cual se asomaba un poco de su vello pectoral de manera sutil. Su cabello era una mata negra y descuidada, tenía anteojos circulares, y last but not least; la cara rajada.
La cicatriz blanca en forma de relámpago, nacía en el extremo derecho de su cabeza, pasando en diagonal por su frente y terminaba debajo del ojo. Algunos rayos llegaban hasta su nariz y su pómulo. Le daba un aspecto salvaje.
Me percato de que está viniendo hacia mí y rompo mi transe embobado. Su sonrisa coqueta había desaparecido totalmente. Se acercó muy serio, lamiéndose los dientes. Parecía otra persona de la que recién había entrado. Ahora era un animal caminando hacia su presa mientras se le hacía agua la boca.
Sin saludarme, ni romper el contacto visual, arrastró la silla alta que estaba al lado mío y se sentó en ella. Abrió un poco las piernas y apoyó un codo en el respaldo, recostándose hacia atrás.
—¿Te conozco? —pregunté.
Un costado de su boca se torció hacia arriba, dejando escapar una sonrisita pícara.
—¿Por qué tanta hostilidad? —volvió a ponerse serio. Frunció el ceño fingiendo estar ofendido.
Yo no respondí. ¿Qué quería? ¿Llegar media hora tarde y que lo esperé de brazos abiertos?
—Soy Harry. Me presento —extendió su mano.
Dudé en si tomarla o no, pero acepté.
—Un placer.
—¿Y tu nombre, cuál es?
—Draco —me mantuve inexpresivo.
—Draco… Lindo nombre —me guiñó un ojo —... Y dime Draco ¿El gato te comió la lengua?
—No te preocupes que mi lengua está muy sana.
No pudo evitar abrir un poco sus ojos y reprimir una pequeña sonrisa.
—Bueno, entonces déjame pedirnos unos tragos, a ver si la soltamos un poco.
Me dedicó una última mirada llena de deseo, para luego girar la cabeza hacia el bar tender y hacerle señas con la mano.
—Dos vasos de Dalmore número doce. Uno puro… —volteó hacía mi —... Y el otro cortado con hielo y limón. Por favor —terminó de decir el pedido sin sacarme los ojos de encima.
—¿Y acaso cómo sabes cómo me gusta el whisky en las rocas?
—Porque yo sé lo que te gusta —dijo en un tono grave y sentí mi vientre burbujear.
El bar tender regresó con las bebidas y las puso en frente nuestro.
—¿Están teniendo una buena noche?
—Estupenda —respondió Harry. Volvió la sonrisa coqueta.
—Bueno, me alego —se dibujó una sonrisa tensa en sus labios —. Hacen una bonita pareja.
—Oh, no estamos saliendo —se tomaba en serio su papel cuando le convenía, el muy cabrón —. Pero me halaga que pienses que estoy a la altura —hizo una seña inclinando su cabeza hacia mí. Fue suficiente para sonrojar al estúpido —¿Cuál es tu nombre?
—Me llamo Derek —respondió —¿Y ustedes? ¿Cómo se llaman?
—Y dime, Derek —lo ignoró completamente. Seguía recostado de manera despreocupada. Un brazo apoyado en el respaldo y con el otro bebía de su vaso — ¿Dices que hoy voy a tener algo de suerte? —preguntó mirando hacia mi dirección. Los tres sabemos que esa pregunta no está dirigida a Derek.
—Bueno, yo… No los interrumpo más —carraspeó nervioso y simplemente se fue.
—Como te gusta involucrar a terceros ¿eh? —lo miré con los ojos entrecerrados. Harry se rio.
—Oh no, Draco. Déjame decirte que, de hecho, no me gusta compartir.
—¿Ah no?
—No. Si quiero algo, lo quiero sólo para mí.
—¿Algo como qué? ¿Se puede saber? –me acomodé en la silla, apoyando un pie en mi rodilla. Le di un sorbo al whisky. No pudo evitar mirar directamente ahí, como si fuese un reflejo. Al fin comienzo a tener un poco de calor.
—Creo que por el bien de ambos debemos obviar esa respuesta —no dejó de mirar mi entrepierna.
—Te equivocas, Harry —apoyé el vaso, descrucé las piernas y me incliné hacia él —. Capaz, si me lo dices... Hoy efectivamente tendrás un poco de suerte.
Su vista intercalaba entre mi ingle y mis labios. Aproveché para morderlos de manera sutil. Estábamos tan cerca que me embriagaba su aroma. Carraspeó, tomó aire, y trató de concentrarse.
—¿Qué me darás a cambio?
Me reí.
—Bueno, si nos vamos a poner a negociar… —me miró con mucha expectación —. Digamos que, doy espectáculos… privados. Ya que a ti no te gusta compartir.
Mi rodilla tocó el interior de su muslo. Pude escuchar como latía su corazón y sus pupilas se dilataban. Podía ver los engranajes funcionando dentro de su cabeza.
—¿Qué es lo que tengo que hacer, para merecer semejante cosa?
Me reí de nuevo. Mierda, entró haciéndose el galán y ya lo tenía comiendo de mi mano. Me estaba divirtiendo.
—Ya te dije, distraído —palmee su mejilla —. Dime lo que quieres —jugué con el botón de su camisa con la misma mano. Bajó su barbilla automáticamente para mirar mis dedos. Alzó la cabeza de nuevo para mirarme a mí y tragó saliva.
—No creo que sea buena idea —negó con la cabeza —. El autocontrol no es específicamente una cualidad mía.
Respiraba con mucha profundidad. Podía ver como esos pectorales se inflaban apretando más su camisa. Miró alrededor chequeando que nadie nos esté viendo. Él tomó mi corbata y me acercó a él lentamente hasta que sus labios estuvieron a la altura de mi oreja.
—Malfoy, te lo advierto. Si no nos vamos ahora mismo, tendré que doblarte encima de esta mesa y follarte aquí nomás.
Chasqueé con la lengua desaprobatoriamente. Sentí su aliento cálido acercándose a mí cuello de manera inerte. Incorporé mi torso cuidadosamente para no dejar que me toque. Cuando se dio cuenta, abrió sus ojos y sacudió la cabeza, despabilándose. Ambos estamos duros.
—Aún no te lo mereces.
—Confía en mí. Vamos a casa, y me lo ganaré —sus ojos suplicaban.
Me paré sin decir nada y comienzo a caminar hacia la salida. Pude imaginarme como se le dibuja una sonrisa de oreja a oreja. Lo escucho pedir la cuenta y correr detrás mío como un niño yendo a cometer una travesura.
POV Harry Potter
Le pedí mi saco al recepcionista cuando Draco ya había salido del edificio. Pude ver a través del vidrio que se dirigía hacia la esquina del hotel. Me puse el saco mientras salía apurado detrás suyo. Una vez que traspasé el umbral, no lo veía por ningún lado. Me di cuenta que se había aparecido directamente en el departamento. Me sonreí a mí mismo. ¿Así que no quiere perder más tiempo? Genial. Ya verá.
Me aparecí en el vestíbulo. Él estaba llaveando la puerta para abrirla, cuando miró hacia atrás al notar mi presencia. Me acerqué a él y lo tomé por las caderas.
—Mira —presioné mi erección en su trasero —. Ese juego me puso así de duro. Tú me pusiste así de duro —Draco dejo escapar un gemido y apoyó la frente en la puerta aún cerrada. Pasé mi pulgar por la hendidura de su trasero aún vestido —. Estoy atándome las manos mentalmente desde que te ubiqué sentado en la barra —comencé a sacarle la camisa guardada de manera prolija dentro del cinturón, pero no se la saqué totalmente del cuerpo —. Solo, fumando. Viéndote tan ardiente que al jodido barman solo le faltaba colgar su lengua para afuera mientras te observaba como un idiota.
Pasé sus manos por debajo de la tela. Su piel está tan caliente y su aroma es tan fresco, que no me ayuda a controlarme. Me deslicé por sus abdominales, cuando me dio un manotazo antes de llegar a su pecho. Retiré ambas manos automáticamente, pero me quedé descolocado. ¿No me había pedido acaso, que le hable sucio? Quiero ganarme ese maldito espectáculo, sea cual fuera el precio a pagar.
Abrió la puerta y traspasó el umbral. Se giró hacia mí e hizo un gesto de bienvenida, extendiendo el brazo hacia adentro de su departamento e inclinando un poco la cabeza, como si estuviese haciendo una pequeña reverencia. Ese cuerpo esbelto, perfectamente simétrico, era mi perdición.
No le quité los ojos de encima mientras cerraba la puerta detrás nuestro. Apenas se dio vuelta de nuevo, estrolé su espalda contra la superficie de la misma. Lo inmovilice agarrando sus muñecas.
—¿Qué es lo que planeas, Draco Malfoy? —apoyé mi frente en la suya restregando nuestras pelvis. No se iba a zafar de saber lo caliente que me estaba poniendo — ¿Acaso quieres volverme loco? ¿Es eso, no? ¿Eso quieres? —estaba fuera de mis cabales. Cuando friccioné mi cuerpo con el suyo, sentí en mi pecho una especie de correa de cuero. Miré entre nosotros, confundido. Cuando me di cuenta que lo que había sentido, estaba debajo de la camisa de Draco— ¿Qué diablos…?
El me miró lleno de lujuria y sonrío sobradoramente mordiéndose el labio inferior. Aprovechó ese momento para empujarme fuerte hacia atrás, librándose de mi agarre, sin romper el contacto visual. Sentí como algo golpeaba mis rodillas desde atrás, obligándome a flexionarlas. Me senté involuntariamente sobre una superficie de madera. Antes de que pueda decir Quidditch, Draco estaba enrollando una soga alrededor de mi torso, atándome al respaldo a una silla que había traído con magia. Comienzo a sospechar, que estuvo orquestando cada movimiento desde me dio las indicaciones del hotel, hoy a la mañana.
—Ya lo dijiste tú mismo, no tienes auto control. Me veo obligado a hacer esto.
Comencé a torcerme un poco, chequeando que los nudos estén bien hechos. La presión era perfecta; estaba inmovilizado, pero podía respirar al mismo tiempo.
Sentí como movió la silla para que me enfrente al otro lado de la habitación. Estábamos en su sala de estar. Era moderna y bastante lujosa. Unas partículas de átomos, comenzaron a aparecer ordenadas en forma vertical, en el medio de la habitación. Se fueron concentrando hasta crear, por arte de magia (literalmente) un caño que nacía en parqué de roble claro hasta el cielo raso.
Esta mierda se estaba poniendo cada vez mejor. Draco pasó una pierna por encima de mí y se sentó en mi regazo a horcajadas. Miró mi necesitada erección de reojo. Sus manos apoyadas en sus rodillas.
—¿Quieres que te toque?
—¿Pero de que hablas? Si sacas mi polla, encontraré la manera de follarte aún atado a silla —dije con voz ronca.
—Créeme, lo sé —sacó la varita de su bolsillo, y presionó la punta en mis testículos aún vestidos —. Podría atarte de pies y manos a una montaña, y aun así vendrías arrastrándote hacia mí. ¿Verdad, Potter? —sentí como se iba enterrando la punta de su varita en mis bolas. El dolor y el placer burbujeando en mi interior — ¿Verdad que así de tanto me deseas?
Solté un gruñido impremeditado. Estaba perdiendo la cordura oficialmente.
—¿Qué tienes debajo de tu camisa?
—Te hice una pregunta.
—Vamos, Malfoy. Sabes bien cual es la respuesta. Me tienes endemoniadamente atado. —espeté impaciente —. No me hagas perder la paciencia, porque haré que esta silla vuele a pedazos por los aires, y se acabó la cháchara.
Draco rio por última vez, arrojó su varita al suelo y de un tirón se sacó la camisa. Oh. Por. Dios. Llevaba un arnés de cuero negro. Comenzaba con una gargantilla alrededor de cuello y terminaba con unas cadenas por debajo de sus pectorales. Se paró y camino hacia atrás. Las luces del departamento se fueron apagando. Menos una, la que lo alumbraba a él. Su pálida piel y su cabello platinado brillaban en el medio de la habitación, como un oasis de luz blanca entre la oscuridad. Parecía un ángel. Comenzó a sonar una melodía con un ritmo suave. Retorció sus caderas de manera lenta y sensual al compás de la música, mientras se desabrochaba el cinturón.
Cuando pensé que había tocado el cielo con las manos, que mis ojos nunca iban a ver algo más hermoso de lo que ya estaba presenciando, se bajó los pantalones. Tenía unas bragas de puntilla, también negras. Dio una vuelta a 360º muy despacio, dejándome admirar esas nalgas cuyo color contrastaba tan bien con la ropa interior. Mi corazón quería salir disparado de mi boca.
Caminó hacia el caño, enrolló una pierna en el mismo, lo tomo con una mano e hizo un giro alrededor de él, con mucha destreza. ¿Acaso había estado practicando eso? ¿El aquí, solo, en su sala estar? ¿Retorciéndose alrededor de un puto caño, para montarme este show a mí? Maldición. Podría vivir mil años y nunca merecer a este pedazo hombre.
Se paró detrás del caño, dándome la espalda. Abrió las nalgas de par en par, usando las palmas de sus manos. Bajó su torso con las piernas aún extendidas y metió el metal en la hendidura de su trasero. Sacó las manos, y vi como su compacta cola se comió el caño. Era impresionantemente bueno haciendo esto.
Comencé a protestar, gruñendo y forcejando contra las cuerdas. No podía soportarlo más. Se enderezó, girándose hacia mí. No parecía querer darme ningún tipo de tregua. Tomó el caño con ambas de sus manos. Separó las piernas, abriéndolas muy bien. Mi hombre es muy flexible. Apoyó su erección en el caño y la restregó. Pude ver como sus testículos se presionaban contra el frío metal. Las bragas en el medio lo hacían mil veces más erótico. Comenzó a subir y bajar usando sus piernas mientras lamía el caño. Mierda. Mierda. Mierda. Estoy a punto.
Las cuerdas alrededor mío se aflojaron. Fue tan inesperado, que quedé en shock mientras Draco caminaba hacia mí a grandes zancadas. Tener un novio bueno en Legeremancia es un arma de doble filo. Sabe cuándo estas al borde y lo usa en tu contra, para empujarte al límite. Todo sucedió muy rápido. Apenas liberó mi polla de mis propios pantalones, tenia la suya delante de mi rostro. Él bajó sus bragas, lo suficiente para liberar su erección, pero no se las quitó del todo. En un acto inconsciente, abrí mi boca esperando a que se siente en mi cara. Me escupió en la lengua. Antes de que pudiese reaccionar, tomó mi cabeza por detrás y enterró su polla. Dios mío. Sabía excelente. Sólo quería que llegue al fondo mi garganta, para comérmela de alguna manera y que viva dentro mío. Con una mano agarré su trasero enterrándole mis uñas en una nalga. Con la otra me masturbe a mí mismo. Comenzó a arquear su espalda y soltar gritos ahogados mientras el jugo deliciosamente agrio se hacía paso en mi laringe. Me corrí a los pocos segundos, con su erección muriendo en mi boca.
