El sonido del timbre lo despertó haciendo que se sentara sobre su cama, el pelinegro froto sus ojos con sus manos y finalizo con un suspiro, un segundo timbre lo hizo girarse al reloj que mantenía en el mueble junto su cama.
2:00A.M.
¿Quién en su sano juicio está despierto a esta hora? Hay una regla de esto y me encargaré personalmente.
Arregló rápidamente su cabello, peinándolo con sus manos y buscó sus zapatos en la oscuridad de su habitación, finalmente ante su puerta encendió la luz antes de abrir la puerta.
"Hey."
Reconocería esa voz donde fuera, Mondo Owada.
"Mondo…" Su cuerpo se relajó visiblemente, temía tener que causar una escena si fuera otra persona. "Son las dos de la mañana, ¿sabes eso? Te meterás en problemas…"
"¿Podemos hablar?" El mayor interrumpió, su tono serio haciéndolo despertar y estar alerta.
"Claro, pasa…" El pelinegro abrió más la puerta para su invitado pero este lo tomó de la muñeca.
"Aquí no, vamos afuera. Vamos a caminar." Anuncio antes de darse media vuelta y empezar a caminar.
Huh.
Sin pensarlo salió de su habitación, cerrando la puerta ante su espalda caminando a grandes zancadas hasta llegar a lado de su amigo, un sonrojo se formó en sus mejillas al ver que se dirigían al cuarto de baño. "Mondo," Susurró rápidamente, tomándolo de la manga de su chamarra para llama su atención. "No podemos, nos atraparan."
"No es, eso…" El castaño soltó un suspiro y entró al cuarto, encendiendo la luz a su paso para sentarse en una de las bancas cerca de los casilleros le indico al menor hacer lo mismo. "Quiero que hablemos."
El menor se hundió entre hombros. "Bien." Y pronto se encontraba sentado al lado de su novio, no dijo más esperando con curiosidad el misterio que invadía al mayor. Podía verlo con el ceño fruncido mientras apretada sus labios fuertemente, sus manos cerradas en puños.
"Mira, no puedo seguir más. Quiero que terminemos." Finalmente alzó la mirada para ver la expresión del ojirubí.
Su declaración sonó como un eco en su cabeza, cada vez haciéndose más fuerte hasta taladrar en su cabeza. "¿Q-Qué? ¿Por qué?" Susurró finalmente.
Mondo se hundió entre hombros, sus manos aun en puños esta vez con más fuerza. "Ya hablamos de esto, no está funcionando, no lo siento… Ya no puedo."
Cada declaración fue como un golpe en el estómago para Ishimaru, cada vez perdiendo más el aliento se relamió los labios un par de veces. "Está bien… Finalmente lo acepto…" Escuchó al mayor soltar un suspiro en alivio, dando así el último golpe en su estómago. "¿Podemos hablar? Quiero decir unas cosas…"
"Taka…"
"Por favor…" Sus palabras fueron rápidas, ni él se escuchaba claramente. "Lo acepto, te lo prometo. Solo quiero decir unas cosas antes… No, nos volveremos a ver…" Estaba jugando con sus manos, intentando calmar el hormigueo que sentía de estas.
"Está bien." Mondo finalmente acepto su petición.
. . .
Después de un rato Ishimaru finalmente decidió irse a su habitación, limpiando las lágrimas de sus mejillas con la manga de su pijama este caminó lentamente a su dormitorio. Para su suerte nadie más había salido a esta hora de la madrugada. Finalmente en su habitación se quitó los zapatos y se sentó en su cama, se sentía muy débil en estos momentos, como si hubiera tenido una sesión intensa de cardio, sabia el sentimiento después de entrenar con Nekomaru y Sakura. Sin poder impedirlo más lágrimas recorrían sus mejillas nublando su visión.
El menor suspiro derrotado, una mano limpiando el sudor de su frente. "Oh, tendré que quitar los cuadros… ¿Quieres… Algo? También son tuyos…" Miró tímidamente al mayor, con la esperanza de que este aceptara.
Mondo simplemente se encogió entre hombros. "No, son tuyos. Has lo que quieras con ellos. ¿Quieres que te devuelva el llavero?"
Un nudo en la garganta le impedía contestar, había ignorado el relicario que le había regalado hace unos meses. Aunque después de un tiempo Mondo dejo de usarlo en sus llaves, con la excusa de que tenía problemas con él ya que se abría fácilmente. "¿Me mentiste de eso? Solamente… No me querías…"
Lo escuchó respirar hondo. "Lo siento…"
Sus pies se sentían pesados ante cada paso que cada hasta el mueble de su closet, sobre este había un par de cuadros coloridos con fotografías de él. Se negó a mirarlas detenidamente para evitar recordar el pasado, los buenos tiempos… Pero tampoco quería desecharlas a la basura, era su versión que quería recordar para siempre. Ellos felices. Abrió el último cajón de su mueble, uno que no usaba tan a menudo y los guardó ahí. Apagó las luces antes de irse a su cama, mirando el reloj…
4:50A.M.
En pocas horas tendría que levantarse definitivamente para ir a sus clases, cerró sus ojos fuertemente evitando pensar en su futuro cercano, lo único que quería era dormir.
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"¡Mi nombre es Kiyotaka Ishimaru!"
"Cielos, hombre… No tienes que gritar, mi nombre es Mondo Owada…"
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"Desde ahora serás mi kyoudai."
"Heh, suena bien. Tú también serás mi kyoudai."
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"Taka… Me gustas…"
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"Mondo, te amo…"
"…Yo también te amo..."
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"Ya no puedo."
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