esta es la nueva historia de la que ya les había platicado hace algún tiempo, se que ya no hay muchos lectores por aquí pero creo que aun habra quien quiere leer una historia más, la dejaré aqui por un tiempo si hay aceptación la continuaré y si no pues la quitaré esta historia sucede en los años universitarios de Beckett y castle, ambos estudian en la misma universidad pero en diferentes facultades, se conocen por casualidad, pero todo se volverá extraño cuando Kate lo acuse de un crimen que él no cometió a partir de allí ella luchará con sus recuerdos o lo que cree recordar y él sufrirá las consecuencias.
-no grites.- susurró en mi oído.- deja de moverte o será peor para ti.-su voz apenas se escuchaba, no quería hacer ruido alguno y hablaba con suavidad casi de manera imperceptible.- eres muy linda pero eso ya lo sabes, te he visto paseándote por los pasillos como toda una reina.- dijo en el mismo tono mientras su mano cubría mi boca, el aroma de su loción era apenas perceptible pero jamás lo olvidaré.- que tenemos aquí?.- dijo después de una pausa.- que linda.- su mano se metió bajo mis pantalones después de abrir el cierre y luchar con la hebilla del cinturón que usaba.- estabas esperándome.- intenté moverme cuando sus dedos acariciaron mi pierna desnuda.- dije que no te muevas.- murmuro con tono enfadado.-tal vez quieras que ate tus piernas, tal vez eso quieres.- escuché el sonido de un cierre y luego de unos segundos de silencio mis manos fueron atadas con una tira plástica que lastimó mis muñecas por detrás de mi espalda.- quizá tomes más en serio esto.- le escuché sonreír, sus manos jalaron mi ropa hacia abajo con fuerza dejando mi cuerpo semidesnudo.- disfrútalo nena.- sus manos acariciaron mi piel, sentí nauseas, quería gritar, pedir ayuda, pero simplemente no podía, percibí el aroma a menta en su aliento cuando de nuevo se acercó y besó mi mejilla.- te he visto muchas veces, en los pasillos, te vi esta noche, bailabas, bebías, provocabas a los chicos.- suspiró, acercó la nariz a mi cuello.- será inolvidable.
Lo siguiente que recuerdo es el dolor, la frustración, la rabia, la sensación de impotencia, su aroma y sus ojos azules, el sonido de su voz que aunque sonaba apagado sabía que nunca lo olvidaría, había sangre resbalando por mi pierna, vi la envoltura de un preservativo, mi cara descansaba sobre el suelo, estaba aturdida, por un segundo no supe donde estaba y no fue hasta que quise mover mis manos que me di cuenta de que aun estaban atadas, mis piernas dolían, mi abdomen, aun no sabía cuanto tiempo había pasado allí tirada, pude reconocer las sábanas de mi cama, mi boca estaba cubierta por una cinta adhesiva y mi ropa aun estaba atorada entre mis tobillos, la luz de una pequeña lámpara me hizo cerrar los ojos, los gritos de lanie fueron los que me despertaron, escuché sus dedos tecleando un numero en su teléfono, la vi sentarse a mi lado, mientras lloraba e intentaba no tocarme, de nuevo no supe cuanto tiempo pasó hasta que escuché la sirena de una ambulancia, miré el techo de la ambulancia mientras el hombre me cubría con una sábana, sentí vergüenza de que me viera, aparte mi vista de él, quería que mi mente estuviese en blanco pero recordaba, cuanto no lo sabía, solo sabía que algo habia pasado y mis manos temblaban mientras intentaba guardar mis lágrimas.
Una mujer apareció en la habitación del hospital, hasta entonces todo había sido confuso, recordaba al chico de ojos azules, le habia visto mientras bailaba con uno de mis amigos, era lindo, hablaba con una rubia, recordé haberlo visto antes, en algún lugar pero no sabía donde, incluso pude haber hablado con él en algún pasillo pero no sabía cuando, él me había mirado durante un buen rato, la reunión que algunos conocidos habían organizado la noche anterior se había vuelto algo salvaje, bebimos y bailamos con algunos chicos que nos habían parecido lindos, pero el muchacho de los ojos azules tenía toda mi atención aunque él por momentos parecía distraído y en algunos otros no dejaba de mirarme.
Caminé a la cocina en busca de una cerveza más, él estaba allí, me miró disimuladamente, la camiseta que usaba se pegaba a su cuerpo, al igual que sus jeans, sus ojos me miraban insistentemente, me acerqué a él solo por curiosidad, por atracción.
-hola.-dije después de beber de la botella, la séptima quizá, mi juicio comenzaba a nublarse.
-hola.-respondió sosteniendo un vaso en su mano.
-estas solo?, tu amiga te ha dejado?
-dijo que volvería y sigo esperando aunque no debería.
-por qué?
-por eso.- señalo hacia el otro lado, la misma chica hablaba con otro sujeto, uno bastante musculoso.
-oh vaya.
-mi nombre es...- su nombre era, pero no lo recordaba.
-el mío es Kate.
-lindo.
-reí entonces.-claro.
-quieres bailar?
-mis amigas me esperan.
-bueno, solo será un par de minutos, luego te vas.
Accedí entonces, su mano se posó en mi cintura, me miró a los ojos, sus ojos azules, sus manos suaves, supuse que no practicaba ningún deporte a pesar de tener un cuerpo de deportista, sus labios lucían suaves, fuerte y alto, mas que yo.
Una voz me distrajo entonces.
-cual era su nombre?, lo recuerdas?
-no.
-algo particular?, alguna marca, cicatriz?
-no… lo sé… azules, sus ojos eran azules.
-lo habías visto antes?
-creo que si.
-lo reconocerías si lo volvieras a ver?
-tal vez.
-bien, te harán un examen, tus padres vienen en camino, hablaremos después.
La mujer salió de la habitación, escuché sus pasos alejándose, otra mujer mas entró, me miró con una leve sonrisa en sus labios, llevaba una cámara con ella, un maletín del cual sacó un par de guantes de látex, después de colocárselos, volvió a mirarme, hasta entonces no había reparado en lo que realmente había ocurrido; las bebidas circularon, bailamos, hablamos de distintas cosas, pero en un momento lo perdí, estaba ebria igual que un 80% de los asistentes, caminaba con los zapatos en la mano, sola, no recordaba por que, algo extraño sucedió pero no podía pensar en lo que había sido, mis pies pesaban, iba sola por el sendero hasta mi dormitorio, el mío, no lo sabía, estaba cansada, terriblemente cansada, caí al suelo pero luego ya no estaba en el suelo, escuché pasos y luego nada, por varios minutos nada, hasta que esos ojos azules me miraron de nuevo mientras hablaba, susurraba, mientras su asqueroso aroma a loción barata y menta inundaba mi nariz, nada, solo sus manos tocándome, su cuerpo sobre el mío sujetándome con fuerza, nada, solo el dolor y la frustración, la sensación de vacío y una densa niebla cubriendon mis recuerdos.
