Ryu se fue para siempre cuando se lo dejó de nombrar en la isla. Cuando su trabajo se deshizo para evolucionar a otro hecho por un forastero de turno. Cuando Rinko empezó a salir de noche... fue ahí que se fue para siempre...
El cuerpo del deseo
Pestañas largas, cabello azabache enredado en la almohada de conejitos y nubes, mejillas pálidas, piel canela…
Los primeros rayos de sol calentaban sus labios rojos y brillaban en sus cabellos lisos.
Se despertó antes que sonara el despertador y bostezó perezosamente al hacer conciencia de la hora del desayuno, el cual debía preparar y llevarle a su abuelo.
Rinko era la engreída del abuelo desde que murió su madre y se quedó bajo su cuidado. Ella lo quería mucho y todos los días le llevaba desayuno y almuerzo a la pequeña isla donde vivía, en la que también lo ayudaba con ciertas labores.
En la tarde, academia; luego, paseo en moto; luego, Yusuke... Era un chico amable, inteligente y bonito y moría por ella. Cita con él más tarde. ¡Qué pereza!
Una mañana, de camino a la isla con el desayuno en la canasta, corría a paso ligero cuando en eso desaceleró hasta caminar lentamente, porque su vista se le fue casi naturalmente, como imán al oro, hacia un fuerte y vigoroso muchacho de camiseta ajustada y brazos fuertes, cuyos músculos se marcaban cuando se llevaba unas pesadas leñas al hombro. Quedó embelesada... y finalmente continuó su camino hacia la isla, hacia el abuelo, el desayuno, ¿recuerdas?
Durante el resto del dia, esa imagen de aquel muchacho tan atractivo la evocaba cuando estaba aburrida "Qué rico".
Ya caída la tarde, luego de la academia y los libros y las tareas, regresó a casa a preparar el almuerzo. "Rinko, esta ves trae almuerzo para tres" recordó que el abuelo le pidió aquel favor. Suspiró y se encogió de hombros. Sus pies delgados eran picoteados por pequeños pececitos en la laguna en la cual se remojaba, mientras pensaba en Yusuke... era bonito, de cabello fino y manos delgadas y se moría por ella ¿ya lo dije antes? pero él no le "inspiraba", no le emocionaba para nada, no le atraía a pesar que era tierno y sensible. Su instinto le hacía desear a alguien algo más "hombre" sentir la atracción de lo opuesto, de la belleza de un cuerpo masculino perfecto, y sazonado con la nobleza y la dulzura que en un hombre puedan coexistir. Ni modo. Asi de caprichosos eran sus ovarios. Se levantó de un salto enérgico y se dispuso a empacar el almuerzo del abuelo.
Canasta en mano, corría a toda prisa hacia la isla, cuando se detuvo en seco. Al otro lado del pequeño lago, otra ves, un hombre joven de espaldas firmes y brazos bien marcados jalaba una gran soga atada a un árbol inmenso, levantando un pesado tronco mientras se marcaban sus abdominales y biceps, y gotas de sudor caían de un rostro joven y hermoso, perfilando a contraluz su atractiva masculinidad. Se quedó estática contemplándolo. No se dio cuenta de que él se había detenido, manos apoyadas en las caderas, mirando el suelo, jadeando. De repente hizo un gesto señalando a la derecha , como diciéndo "muévete". Fue ahí que ella tragó saliva y sintió vergüenza en forma de soga bajo sus pies. Sus torpes pies. Se dió cuenta que pisaba la soga, con lo cual interrumpía el trabajo del muchacho. Pegó un brinco y corrió y corrió sin parar hasta la isla...
Ya recuperado el aliento y mientras servía la comida , no dejó de pensar en ese bello muchacho, acaso el mismo que también vio (y admiró) esa mañana. Era el mismo. Nunca lo había visto antes por ahí. Qué extraño.
Se sentó a comer con el abuelo, a lo que ella preguntó "¿Por qué me has pedido tres raciones?" El abuelo sonrió, despistado "Es para mi nuevo huesped, un joven que me ayudará con las labores de la isla a cambio de un lugar para entrenar" y en seguida lo llamó de un grito "Ryu, ven a comer" en ese momento entró por la puerta: toalla al cuello, bibidí negro, pantalón karategui, gloves rojos de karate... Rinko no pudo pasar la comida, quedándosele atorada en la garganta. Pero fingió serenidad. Ryu se sentó, muy relajado y alegre. "Rinko, él es el muchacho del que te hablé , se quedará con nosotros. Ryu, ella es mi nieta, Rinko" los presentó, sin darle importancia y sin despegar la vista del plato.
"Ya te conozco" - Dijo un apuesto Ryu mientras sonreía. "Me estabas observando cerca al lago esta tarde... pisándome la soga..." prosiguió con aquella extraña introducción. Ella sintió un escalofrío helado recorrer su cuerpo de la cabeza a los pies "Lo, lo siento" se disculpó Rinko, sin dejar de mirar su plato.
"No es nada" - Respondió, mirándola a los ojos. En ese momento ella alzó la vista y se cruzaron ambas miradas por primera ves. Fue ahí que notó el marco de su mirada: cejas pobladas, ojos rasgados, negros como el universo; como debe ser el color de lo varonil. Todo ello contrastado con una nariz fina y unos labios que brillaban y ... provocaban.
La mujer no pudo sostener la mirada ni 3 segundos y bajó los ojos al plato el cual devoró sin pensar, y hasta que lo acabó y se levantó de la mesa nerviosa, fingiendo calma.
Acabado el almuerzo, Rinko se quedó pensando en aquel muchacho. Era el mismo de la mañana y la (accidentada) tarde, no lo podía creer.
Casi para la noche, caía una atmósfera tibia. Rinko aun sentía la comida en la garganta y rumiaba dentro de su mente todo el dialogo del almuerzo, todo lo que dijo, mas bien lo que no dijo y lo que debió decir... debí decir esto o aquello , debí golpearlo por insolente, debí ignorarlo, o animarme como mejores amigos... no lo sabía. Lo que sabia era que ¡uuuufff! sí que era guapo. Pero ¿cómo le iba a decir semejante cosa? a ese muchacho insolente y que viene aca a dársela de chulo! ¿qué se ha creído este??? Fruncía el ceño y remilgaba para sus adentros y repasaba una y otra ves el dichoso momento del almuerzo, mientras yacía desparramada en un viejo sofá. Cuando de repente, escuchó golpes que retumbaban afuera. Salió desconcertada a ver de qué se trataba. Cuando lo vió. Ahí estaba él, entrenando. Sus piernas largas, musculosas y tensas daban poderosas patadas a un tronco que hacía retumbar todo el cuarto, mientras se marcaban sus firmes nalgas bajo ese delgado karategui, que ahora se empapaba bajo la lluvia y se volvía translúcido. Eso era por lo que le atraía tanto: era el paradigma de la masculinidad, del vigor, de la fuerza y juventud, grabadas en el cuerpo de un solo hombre, que tenía frente suyo ahora mismo.
Pasaron varios dias, varias semanas, y su rutina se había vuelto estar escondida detrás de un árbol, lo suficientemente oculto a la vista de él, observándolo y admirándolo.
A partir de ese entonces, ese árbol se volvió su sitio preferido para espiarlo mientras entrenaba. No solo ese árbol, varios recovecos más: como detras de una roca, agachada, entre las ramas, entre las paredes, los arbustos, las leñas, los troncos secos; cualquier sitio era bueno para estimular sus fantasias de adorarlo. Se volvió una observadora empedernida. Una voyerista insaciable. Su anatomía la tenía seducida, estimulada, con ganas de él, de algo, la tenía provocada. Ese hombre despertaba en ella toda la sensualidad contenida que pudiera tener como mujer, que ella misma no conocía. Todos los dias, con semejante hombre viviendo bajo el mismo techo, era una oportunidad para satisfacerse visualmente y en su imaginación. Se volvió su obsesión.
Como cuando lo siguió hasta una lejana montaña donde él se retiró para entrenar, y donde armó una pequeña carpa. Pero ella obsesivamente siguió sus pasos, instaló también su carpa lo suficientemente lejos para no ser descubierta; pero cerca para poder espiarlo. Revistas, golosinas, agua y unos buenos binoculares para no perderse nada, y ya estaba bien acomodada para la función.
Pasaron las horas viendolo básicamente dando de patadas y puñetazos con diferentes técnicas. No podía creer el temple y la fortaleza que tenía para seguir con esos duros entrenamientos y entregarse de lleno a ellos. Cuando entrenaba parecía ser que no existía más nada en su vida. Su compromiso y su entrega eran de una pasión tan grande, algo casi conmovedor. Definitivamente él había nacido para eso.
Las golosinas se acababan poco a poco y lentamente, entre patadas, descanzos, meditaciones; de repente él se detuvo y sacó algo de comida. La atmósfera era de mucha calma, un halcón cruzó el cielo amarillo, el aire era seco y tibio, había mucho silencio que aveces se rompía con el sonido de los vientos.
Ella, desde su guarida libidinosa, sacó el último chocolate que le quedaba. Lo comía lentamente mientras continuaba observándolo... descanzando sobre el pasto. Se hizo de noche pero todavía se notaba la silueta armoniosa de sus curvas que se tornaban azules bajo la luz de las estrellas. En eso ella notó que él cerro sus ojos y mordió sus labios... entonces bajó inmediatamente la vista: él tenía sus manos dentro de su pantalón. A ella se le detuvo la respiración y subio rápidamente el enfoque de los binoculares hacia el rostro del muchacho, y comprobo que tenía una expresión de placer. Bajó violentamente hacia el pantalón, el cual lucía tenso y abultado. Se devoró frenéticamente el chocolate. Subió el enfoque hacia su rostro nuevamente, lucía extasiado, ella empezó a respirar agitadamente y empañó los vidrios, ahora se veía borroso, comió más chocolate erráticamente, bajó hasta los pantalones, parecía que iban a explotar, no había más chocolate, nada más qué chupar, subió al rostro, él apretaba los ojos pareciendo no poder soportar la sensación, bajó la visión y se detuvo en su pecho, en sus poderosos pectorales, los cuales subían y bajaban agitadamente, ella encontró una botella de agua, se la metió a la boca, derramándosele el líquido en su boca y cuello; vio su cuerpo arquearse y entreabrirse los labios mientras gemía al vacío; finalmente su rostro lució relajado, y su pecho bajó y su pelvis y sus manos por fin estaban quietas...
La mujer se dio media vuelta y se quedó en posición fetal, sintiéndose excitada y culpable, sucia.
Esa mañana despertó perozosa y sin ganas de levantarse de la carpa, con el recuerdo de aquella voluptuosa visión, acaso delincuencial. Su moralidad estaba secuestrada por un vicio que le ofrecía placer a cambio de indulgencias cada ves más insanas...
Notó que él ya no estaba, ¿se había ido tan temprano?
Anduvo de regreso reflexionando sobre su insania; y no muy lejos, lo descubrió bañándose en una pequeña laguna, en un diminuto boxer. Se quedó agazapada, como siempre, entre los arbustos. De nada le sirvió su reflexión. De repente lo vió emerger del agua , sacudón de cabello hacia atrás, previa salpicadera que llegó hasta ella. Se sintió observado, pero no le molestó. De repente ella hizo un torpe movimiento que sonó fuerte. El ruido llamo su atención. volteó y la miró. Y con un gesto del rostro le dijo "ven". Ella se acercó tímidamente y con el corazón a mil. El estiró el brazo y la agarró de la mano y la atrajo hacia él, mojándole la ropa. Ella seguía con la mirada hacia abajo, sin poderlo mirar a la cara. Y él de pronto se sumergió en el fondo del agua desapareciendo a la vista de ella, y pasaban eternos los minutos mientras la chica se quedaba parada y mirando para todos lados, y él no salía, ¿Se habrá muerto? Dónde esta? Y de repente se le metió por entre las piernas y la alzó sobre sus hombros, ella sorprendidísima y elevadísima perdía el equilibrio y sonreía tímida y sonrojada, en eso se dejó caer al agua en algo que parecía ser el comienzo de un jugueteo travieso, e inexplicablemente, en un impulso, salió apresurada del agua, se dio media vuelta y se fue de ahí a toda carrera sin mirar atrás... y corrió y corrió sin parar por varios minutos hasta llegar a un puente donde se detuvo y miraba el agua mientras respiraba agitadamente y el pelo se le venía todo en el rostro con el viento. Caminó hasta su casa a paso lento mientras calmaba su agitada respiración. Llegó a su casa, se encerró en su cuarto, se tumbó en su cama y soltó un suspiro complaciente mientras metía sus manos dentro de su truza y cerró los ojos y mordió sus labios y al diablo con el pudor...
Al dia siguiente no fue a la isla del abuelo. Pero ese dia sintió una inexplicable angustia que crecía cada ves más en su pecho, y sentía una ganas tremendas de volverlo a ver a ese Ryu hermoso, que me robó el corazón y ahora no se qué hacer con esta angustia y este deseo que me pueden. Sintió ansiedad por saber quién era, de dónde venía, qué hacía aquí, por qué entrenaba sin que existiese nada a su alrededor, quería todo, todo de él.
En fin, esa tarde prefirió mantenerse ocupada a toda hora para no pensar, para no dar tregua a esa sensación de angustia que crecía en su pecho. Paseó en motocicleta, vio a sus amigos, y bien entrada la tarde, cita con Yusuke.
En aquella cita, el buen Yusuke habló sin parar, nerviosamente, sin saber qué hacer con la angustia de su amiga Rinko que se hacía evidente, pero no se atrevió a preguntar el por qué. Casi al anochecer se despidieron. Él quiso darle un beso, a lo que ella rechazó desviándole el rostro. Finalmente al despedirse, prefirió caminar sola.
De regreso por la pequeña plaza y entre la multitud encontró a Ryu caminando solo y sin prisa. Se quedó nada más observándolo. Un grupo de niños que jugaba cerca corrió desordenadamente al lado de él. Un pequeño cayó al suelo. Ryu se agachó para ayudarlo. Sacó un pañuelo de su bolsillo y le limpió la carita "Ahora sí te veo la cara" le dijo tiernamente. El niño esbozó una gran sonrisa y corrió a jugar. Esa actitud la sacó de quicio "Dime quién eres, el rebelde sin causa, el rudo karateka al que sólo le importa pelear, que justifica la magnificencia de su anatomía en el poder de sus puños para su propio ego? O eres el cálido muchacho, generoso y altruista que se enternece con la sonrisa de un niño y que ama a los animales y lucha por sus ideales de justicia? Ese contraste irreconciliable la hacía sentir más ganas de conocerlo, de saber todo de él en mente y cuerpo.
Al dia siguiente regresó a casa del abuelo, a retomar sus labores en la isla, como de costumbre. Llegó con las compras a la cocina "Abuelo, ya llegué". Nadie respondió. Parecía ser que no había nadie. Se dispuso a preparar el almuerzo. Sabiéndose sola, se puso cómoda, quitándose casi toda la ropa por el calor sofocante, quedando sólo en un diminuto short y un sostén de gimnasio. Inclusive se puso a cantar, con el coro de la soledad. "Además de cocinar delicioso, cantas muy bien" - Escuchó que alguien dijo y se calló sonrojada y se tapó el cuerpo con el secador de platos, en señal de pudor. Ryu acababa de entrar sin que ella lo notara.
—Ho, Hola. El abuelo no está contigo?
—No. Salió en la mañana, dijo que iba a demorar.
—Bueno, entonces solo cocinaré para los dos. Si gustas te enseño, porque todo no lo arreglan los puños, eh?—Dijo ella, coqueta.
—Me parece muy bien.—Respondió el muchacho algo sonrojado.
Cocinaron juntos, rieron, conversaron, se conocieron un poco más, ella moría por saber más, un poquito, ¡algo por favor! pero él era reservado. Mientras se cocían las carnes a fuego lento, ellos conversaban en un suave sofa que se hundía haciéndolos estar muy juntos, tan cerca cada ves más que terminaron hablando casi susurrando las preguntas de "mentira o verdad" que ella solita inventó, mejor dicho cambió las reglas a su antojo, todo acomodado para que él soltara todo, hasta sus más íntimos secretos.
—Yo diré algo acerca de ti: se que cuando entrenas te entregas de lleno, y no existe nada más para ti... ¿verdad o mentira?
—Depende, si estas tu por ahí, no lo sé... —esa respuesta fue inesperada y la muchacha bajó la mirada y se cogió el cabello, colorada como un tomate. Sus nervios evidentes la ponían, naturalmente, en una posición de sometimiento.
—Cuando me pisaste la soga mientras estaba trabajando, no fue casualidad. Y cuando te apareciste detrás de los arbustos cuando me bañaba en el lago... no fue casualidad. Y también en la montaña, todo el tiempo me sentí observado, no fue casualidad... —y se acomodó muy cerca de ella dejándole sentir su aliento y su calor para susurrarle "¿mentira o verdad?"
La remató con esa pregunta con lo cual la mujer tragó saliva y empezó a batir como loca la salsa que tenía en un bold entre sus piernas, salpicando por todos lados. Y solo atinó a reír nerviosamente mientras lo acusaba falsamente de cosas sin sentido. Te toca a ti responder.
—¿Dejaste a alguien esperando por ti, es decir, una novia, es decir, has tenido novia? —Preguntó visiblemente nerviosa.
—No.—Respondió relajadamente.
—Entonces ¿lo has hecho alguna ves? Eres virgen, Ryu?—Preguntó sin saber por qué preguntó eso, seguro lo tenía latente en su inconsciente; con la cara caliente y atropeyando sus palabras, tratando de dar forma a su exacerbada imaginación alrededor de ese hombre tan sexualizado en su mente, mientras batía apresuradamente la salsa que se empezó a salpicar por todos lados nuevamente.
Antes de responder cogió un pepino pelado, se acercó a las piernas de Rinko y antes de que ella pudiera reaccionar introdujo el pepino hasta el fondo del bold que sostenía entre sus piernotas, remojó en salsa y se lo llevó a la boca. Ella reaccionó tensándose y se lo quedó mirando con la boca abierta..."Hasta cuando come es sexy... carajo. ¿Por qué dios lo ha hecho tan bello así de sensual? Para desgracia mia, mírame, me he vuelto una zombie pervertida por su culpa..." pensaba la muchacha mientras lo miraba comer sin estar presente, perdida completamente en sus pensamientos sobre él, ignoraba el muchacho que tenía una piel culpable, pecaminosa... la suavidad del sofá hacía que ambos se juntasen cada ves más y más... y más... hasta que estuvieron lo suficientemente cerca para que le salpicara a él la salsa cerca de los labios. Los varios segundos de silencio incomodo se rompieron con una pregunta "¿Y qué hay de ti? ¿Cómo asi es que vives con tu abuelo?"
Ella dejó la salsa a un lado y adoptó un tono melancólico. Empezó contándole de su mamá fallecida, la cual le obsequió el rosario azul que siempre llevaba consigo en la muñeca "Me protege de todo mal" y prosiguió: "En fin... desde entonces vivo con mi abuelito" Le terminó de contar gran parte de su historia, dejándose ver vulnerable. Pero sintiendo cierta satisfacción por mostrarse así ante él, quería entregarse de alguna manera, aunque simbólica, indefenderse completamente suplicando ser protegida por su fortaleza y su hombría.
Ella se le acercó tímida y puso un dedo delicadamente sobre los labios del hombre, limpiándole la salsa, que le embarró peor en todos sus labios. Entonces, en un impulso incontrolable, ella acercó su rostro intentando limpiar con sus labios los de él. Ryu cerró los ojos, sintiendo la proximidad de su boca. En ese momento toda la salsa cayó al piso, antes de que pudieran tocarse sus labios. Todo el piso quedó salpicado, habia salsa por todos lados. Ella se agachó avergonzada y los dos comenzaron a limpiar y recoger trastes "Qué torpe soy!" Antes de poder ponerse de pie totalmente, sintió un apretón en la cintura. Ryu la atrajo hacia él y la sentó en sus piernas "tranquila, vamos a hacerlo juntos" Le retiró suavemente el cabello de la cara, eran los segundos más intensos que ella haya tenido. Su corazón latía, latía fuerte, el del joven también, mientras mantenía sus manos rodeando la cintura de la chica. Ella cerró los ojos para sentir el calor de sus manos tocándola. Tensó sus nalgas al sentir las piernas de él. Él sintió todo eso y le gustó. Le acomodó el pelo detrás de la oreja y le acercó sus labios... En ese momento entró el abuelo tirando la puerta bruscamente "¡Aaayy, ayych; muchachos! ¡Con esta lluvia de afuera no se puede ni salir! ¡Ya me mojé todo!" Los dos se levantaron de un salto del sofá y se dispusieron a recoger el desastre del suelo y a traer toallas para el abuelo, cuando chocaron sus miradas cómplices mientras recogían los trastes sucios, soltaron una tremenda carcajada que el abuelo estaba sin entender que pasaba entre estos dos.
Esa noche no pudo dormir. Daba una y mil vueltas en la cama pensando en Ryu. Ese hombre la tenía loca de pasión. La tenía ardiente de deseo. Por su cuerpo, por su rostro. Por su masculinidad. Por su carácter. Ese hombre sí que la sacaba de su cordura. Le daba vertigos de placer de recordar haberlo tenido tan cerca, y a la ves le daba rabia no haber hecho nada. Tal ves lo hubiera amado (ahí mismo en la cocina del abuelo), lo hubiera comido a besos, pasado su lengua por todos sus músculos, morder su boca, meterle sus manos hasta hacerlo sentir... Todo eso hubiera hecho, pero no lo hizo. Y se moría de frustración y se enrollaba en las sabanas, en una noche infinita... y empezó a sentir esa extraña angustia en el pecho...
"...Ni te lo imaginas
Que mis manos pueden
Dibujar tu cuerpo sin haber pecado
Que tengo en mi boca sabor de tu boca
Y no te he besado..."
A la mañana siguiente, después de haber dormido poco, encontró en la puerta una muy sellada y personal carta.
Muy desconcertada -ya que nunca recibían cartas- se agachó a recogerla. Más extraño aun era en destinatario: Ryu. Quedó muy intrigada preguntándose quién le podría enviar una carta a Ryu. Y de Estados Unidos. "¿Tendrá a alguien especial por alla? ¿Serán sus padres? ¿Algún hijo que dejó por allá? ¿Una novia triste? ¿Un novio, tal ves?"
