NOTA: ¡Hola!, quería hacer un pequeño inciso. En vista de lo que me costó terminar "Cenizas", estaba convencida de que no escribiría nada más de momento, pero la realidad es que estoy muy agradecida por los amables mensajes que me han llegado estos días, mensajes que no teníais por qué escribir pero que os agradezco desde el fondo de mi corazón. Así que pensé en escribir algo fruto de ese agradecimiento a todos los que leen o han leído alguna de mis historias (sé que algunos lo hacéis con el traductor de google, con lo cual aprecio vuestro doble esfuerzo), pero especialmente a esas personas que alguna vez habéis dedicado algo de tiempo a dejar un comentario o enviar un mensaje privado, animándome con ello a continuar. Para vosotros, os dejo esta pequeña historia, que no tiene más pretensión que entretener. No me apetecía meterme en nada demasiado complejo ni con demasiados capítulos, y por eso, si os animáis a leerla, comprobaréis que no es más que una historia de amor (como no podía ser de otra manera) contada a través de escenas a veces más divertidas, y a veces más tiernas. Al menos he intentado que fuera así. Si lo he conseguido o no, pues lo dejo a vuestro criterio. Sólo espero que disfrutéis leyéndola tanto como yo escribiéndola.
Había previsto 10 capítulos que ya he escrito… Y me temo que no he llegado a la escena final, pero creo que voy a esperar a pensar un poco más en esa escena para intentar hacer algo bonito. Mientras tanto, iré publicando capítulo por día, según vaya corrigiendo.
Gracias, gracias, gracias.
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CAPITULO 1.
Derek Morgan no tenía por costumbre irse a dormir temprano, y menos aún un viernes por la noche; sin embargo, en aquella ocasión había caído rendido en la cama tan pronto había regresado del último caso en Houston. Habían tardado casi una semana en atrapar al sudes y todo el equipo estaba agotado.
Por eso, el teléfono dio unos cuantos tonos antes de que él reparara en que aquel sonido infernal no era parte de su sueño.
De un manotazo, y sin abrir los ojos, lo lanzó al suelo, pero ni siquiera eso impidió que siguiera sonando.
Finalmente no le quedó más opción que atender la llamada, asumiendo que a aquellas horas sólo podría ser García avisándolo de un nuevo caso cuando aún no se habían recuperado del anterior. Gruñendo, se bajó de la cama y agarró el teléfono comprobando acto seguido la pantalla. Para su sorpresa, no se trataba de la analista, sino de otro de sus muchos contactos y no precisamente de los que buscaban conversación a horas intempestivas de la noche.
Fue cuando se percató de que eran casi las dos de la madrugada. ¿Qué demonios hacía Lucas, el barman del local al que solía acudir con el resto del equipo cuando necesitaban despejarse, llamando por teléfono?
— ¿Lucas?— Preguntó desconcertado — ¿Qué ocurre?
Derek era habitual del "Laberinto"- así se llamaba el local- incluso aún más que los demás agentes, por lo cual tenía una buena amistad con Lucas, con el que había mantenido muchas conversaciones durante muchas noches. Esa era la razón por la que tenía su teléfono entre sus contactos, a pesar de que no lo había utilizado más que para reservar mesa para el equipo.
— Siento molestarte a estas horas— Se disculpó Lucas al otro lado de la línea— Es que no sabía qué hacer.
En ese momento, Derek se temió que se hubiera metido en un lío lo suficientemente grave como para tener que recurrir a su amistad con un agente del FBI
— ¿Estás bien?— Preguntó Morgan con cierta preocupación.
— Yo sí… Pero creo que deberías venir a recoger a tu amiga…— Se detuvo un momento como si estuviera comprobando la reacción de Morgan— Tu compañera, la morena… Se llama Emily, ¿No?
¿Emily? ¿De qué le estaba hablando? Supuestamente ella se había ido directamente a casa tan pronto había bajado del jet. Se frotó la sien tratando de despejar la mente. La sola mención de su nombre lo había despertado por completo.
— ¿Está ahí?
La pregunta era innecesaria, pero aun así tenía que preguntarlo.
— Ha bebido más de lo debido, y está empeñada en irse a casa con un tipo que acaba de conocer y que tampoco está en condiciones de conducir… — Le explicó brevemente— La verdad no suelo meterme en estos asuntos pero sé que es tu amiga… Y no he visto a ese hombre por aquí en mi vida…
Morgan no necesitó escuchar nada más. Emily había regresado hacía unos meses y se sentía responsable de su bienestar. No estaba dispuesto a perderla dos veces, por mucho que ella se empeñara en demostrar que era la misma de antes.
La realidad era que Emily había cambiado, pero ambos habían preferido fingir que ninguno de los dos se había dado cuenta.
— Voy para allá. ¿Les has quitado las llaves?
— Es lo primero que he hecho— Le confirmó Lucas.
Menos de veinte minutos después, Morgan entraba en El Laberinto, y tan pronto lo hizo la divisó. Vestía un sugerente vestido negro de tirantes y bailaba en la pista con un hombre al que definitivamente Derek tampoco conocía.
Sus movimientos torpes corroboraron claramente que Lucas tenía razón. Ninguno de los dos era capaz de mantener la estabilidad y de hecho se apoyaban el uno en el otro para no caerse. Justo en ese momento, Lucas se acercó a él.
— Gracias por venir— Señaló a la pareja que danzaba alegremente en medio del local— ¿Qué hacemos?
Morgan torció el gesto.
— Llama un taxi para él…— Le pidió— Yo me encargo de ella.
Se dirigió hacia la pista justo a tiempo de sujetar a Emily, que había perdido el equilibrio al tratar de agarrarse a su acompañante.
— Hora de irse a casa, princesa…— Dijo, mientras la sostenía por la cintura.
Emily se volvió hacia él frunciendo el ceño.
— Derek Morgan, ¿Qué haces aquí?— Saludó con voz pastosa— Bueno, no importa…— Tiró del brazo del tercero en discordia— Este es…— Dudó un momento intentando recordar algún dato importante, pero el alcohol no le había proporcionado a su mente precisamente claridad— Es mi nuevo mejor amigo… — Se inclinó sobre éste – Oye, ¿Cómo te llamabas?...
El hombre sonrió con expresión bobalicona, y tendió la mano hacia Morgan, que no se molestó en responder a su saludo. Estaba demasiado ocupado manteniendo a Emily en posición vertical. ¿Cuánto había bebido para estar así? Conocía perfectamente su capacidad para tolerar el alcohol, no podía ni imaginar cuánto había ingerido.
Y menos aún el motivo.
— Soy Brad…— Dijo. Retiró la mano sin mostrarse mínimamente ofendido— Emily me ha dicho que es Agente del FBI… ¿No es genial?... Me ha enseñado su placa y todo.
Morgan suspiró con resignación. No tenía ninguna intención de mantener una conversación con el tal Brad, que además parecía querer ver mucho más que la placa de su amiga.
— Me alegro mucho – Dijo Morgan— Pero ya es hora de que os despidáis.
— ¡No!— Chilló Emily mientras luchaba en vano por zafarse de Morgan— Brad y yo nos estamos divirtiendo… Y me ha dicho que va enseñarme su casa… Tiene un gato… — Le dirigió una sonrisa alcoholizada y le estrujó el rostro con una mano libre a su nuevo amigo— ¿Verdad Brad?— Luego dejó caer la cabeza en el hombro de Derek— No seas aguafiestas, Morgan… Sabes que me encantan los gatos…
Derek entornó los ojos con un gesto de negación. En ese momento se sintió enormemente agradecido de que Lucas lo hubiera llamado. No tenía intención de meterse en la vida privada de Emily, pero la conocía lo suficiente como para saber que aquella no era una decisión que hubiera tomado sobria.
Si quería intimar con Brad, no sería aquella noche.
Lucas se acercó entonces al grupo.
— El taxi acaba de llegar – Anunció.
Morgan señaló con la cabeza hacia Brad.
— ¿Te importa meterlo dentro cuando me vaya?
Lucas asintió. Sería más fácil si primero se iba Emily. Le entregó las llaves del coche de Emily junto con su bolso a Morgan y se guardó las de su acompañante.
— No me quiero ir…— Se quejó Emily. Sin embargo, en aquel punto ya no tenía fuerza física para resistirse a Morgan, que comenzó a tirar de ella guiándola hacia la puerta.
Con serias dificultades, Derek logró llegar con ella hasta su camioneta.
Sin soltarla, abrió la puerta del copiloto y prácticamente la empujó al interior, ignorando sus protestas; luego rodeó el vehículo y ocupó el asiento del conductor.
Sonrió para sí mismo cuando se dio cuenta de que Emily había dejado caer la cabeza sobre la ventana. Calculó que se quedaría dormida antes de llegar a su destino. Eso lo hizo dudar. En un primer momento había previsto llevarla a su apartamento, pero en las condiciones en las que se encontraba no era probable que recordara la contraseña de su nueva alarma. La había cambiado hacía un par de semanas, añadiendo un mecanismo de seguridad reforzado a su vivienda.
Otra de las consecuencias de su "no-muerte".
— Esta noche te quedas conmigo— Susurró mientras le colocaba el cinturón de seguridad.
Condujo a través de las calles de la ciudad hasta llegar a su casa y, una vez allí, repitió la maniobra en sentido inverso. La liberó del cinturón, se bajó del vehículo, lo rodeó y abrió con cuidado la puerta del copiloto.
Emily aún seguía dormida, así que inevitablemente cayó sobre él en cuanto su cabeza perdió el apoyo de la ventana.
— Cuando te despiertes tendrás una resaca infernal…— Declaró Morgan al aire, puesto que era evidente que Emily no lo escuchaba.
Como pudo, la alzó en brazos y tanteó en el bolsillo de su pantalón hasta encontrar la llave de la puerta de entrada a su casa. Justo cuando cruzó el umbral la escuchó balbucear algo ininteligible. Sólo captó las palabras "gato", "jacuzzi" y algo en francés que tampoco supo descifrar. Sonrió ante la idea de que incluso ebria fuera capaz de expresarse en otro idioma.
En ese momento Emily se removió en sus brazos, y entreabrió los ojos mirándolo directamente con expresión confusa. Morgan aprovechó para dejarla de nuevo en el suelo sin soltarla del todo. Seguía sin mantenerse de pie por sí misma, y seguía seriamente perjudicada.
— Mmm… — Murmuró ella torciendo la boca — Derek Morgan… ¿Me has secuestrado?...— Y empezó a reír de forma atolondrada— Ni aun así vas a conseguir meterme en tu cama… ¿sabes?— Añadió apuntándolo con el dedo.
Morgan se echó a reír suavemente.
La tenía prácticamente derrumbada entre sus brazos tal era el grado de embriaguez en el que se encontraba.
— Me parece que es justo lo que va a pasar.
Y sin previo aviso, la alzó de nuevo en brazos y, de nuevo pese a sus protestas, se encaminó con ella hacia la escalera que daba a la planta superior. Recorrió el pasillo hasta llegar al dormitorio principal y la dejó con delicadeza sobre la cama.
— Eres un antipático— Gimoteó Emily, incorporándose. De alguna manera consiguió mantenerse en pie apoyándose en el cabecero de la cama — Me caes mal, Derek Morgan…
A éste, por su parte, comenzaba a ponerlo de los nervios que llevara toda la noche dirigiéndose a él con su nombre y apellido.
— Ya… Mañana me lo agradecerás…— Sin perderla de vista, aprovechó para deshacer la cama con la intención de convencerla de que se metiera en ella— Ahora a dormir.
Pero cuando trató de llevarla hasta allí, Emily se escabulló, tambaleándose y entre risas, hacia el centro de la habitación.
— Jesucristo…— Murmuró Morgan— Emily, no hagas que vaya a buscarte…— Señaló hacia la cama— ¡A dormir…!— Le ordenó con firmeza.
Ésta se encogió de hombros con resignación y se quitó los zapatos, lanzándolos hacia Morgan que sólo pudo esquivar el primero. El segundo le dio en todo el pecho, clavándole el tacón de aguja. Le dirigió una mirada atónita. ¿Cómo podía tener semejante puntería incluso borracha?
Ella comenzó a reír como loca.
— No tiene gracia…— La reprendió— Ahora, ¡A la cama!
Su voz sonó aún más determinada.
— Está bien…— Emily se dio por vencida. Y de nuevo añadió algo en francés que Morgan asumió como algún tipo de comentario poco agradable dirigido a él.
Pese a todo, suspiró aliviado creyendo que todo había terminado; pero en lugar de ello, Emily comenzó a tirar de su vestido hacia arriba y antes de que él pudiera evitarlo, se lo lanzó a la cara.
Y entonces Morgan se encontró a su hermosa compañera de trabajo frente a él, vistiendo únicamente un conjunto de ropa interior de encaje negro, y tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para no deleitarse contemplando cada curva de su cuerpo. Ni siquiera las cicatrices que Doyle le había dejado, mermaban la sensualidad que desprendía.
Pero no se detuvo ahí. Al parecer Emily tenía intención de continuar el striptease sin importarle que hubiera testigos y sin pensar en que al día siguiente su actuación estelar resultaría absolutamente humillante para ella.
Morgan se abalanzó hacia Emily en el preciso instante en que ésta luchaba por deshacer el cierre del sujetador, impidiéndoselo en el último segundo. La agarró de las manos, sin atreverse a acercarse a ella cuerpo a cuerpo dado su escaso atuendo.
— ¿Qué se supone que estás haciendo?— Le reprochó.
Ella lo miró con el desconcierto reflejado en el rostro.
— ¿No querías que me metiera en la cama?— Le preguntó inclinando la cabeza hacia un lado y estrechando los ojos. Pero ni aun así conseguía tener una imagen nítida de Derek. Todo estaba borroso a su alrededor— Pues eso hago.
Morgan abrió la boca para contestar, pero de ella no salió absolutamente nada. Emily se las había ingeniado para colocar en su mente, sin pretenderlo, una imagen suya durmiendo tal y como había venido al mundo.
— De acuerdo…— Miró a su alrededor y localizó una de sus camisetas sobre la butaca que había junto a la puerta del dormitorio. Guió a Emily hasta la cama y la dejó allí sentada— Quédate quietecita, ¿Vale?..— Le advirtió mientras iba a buscar la camiseta y regresaba junto a Emily— Hoy duermes vestida…— Le dirigió una mirada severa cuando ella comenzó a refunfuñar— Y no es negociable.
Por fin Emily pareció rendirse y colaboró- o más bien dejó de luchar- para ponerse la camiseta que, por supuesto era tan amplia que le quedaba como si fuera un camisón corto, cosa que no mejoró los pensamientos impuros que Morgan estaba intentando mantener alejados de su mente.
Lo siguiente fue meterla entre las sábanas y cubrirla con una manta.
Por un instante temió que se levantara de nuevo pero Emily estaba tan agotada que en cuanto sintió el calor en su cuerpo se dio la vuelta y cerró los ojos.
Y sin saber por qué, Morgan se inclinó sobre ella y le dio un beso en su cabello desmadejado, que aún olía al humo del local entremezclado con su perfume habitual.
— Buenas noches...— Susurró en voz baja— Duerme tranquila.
Luego recogió el vestido del suelo, lo dejó sobre la butaca y salió de la habitación.
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