Sean bienvenides a este fanfic, mi primer Scorbus formal y ya en proceso en Wattpad y Ao3. No había tenido tiempo de publicarlo, pero al fin está aquí.
Algunas advertencias:
- Tal como el título lo indica se trata de una fanfic Omegaverse.
- Scorpius Malfoy es el omega.
- Albus S. Potter es el alfa.
- Hay mención de embarazo y también de aborto (si estos temas no son de tu gusto es mejor que no leas).
Ser asistente no es la profesión más complicada del mundo, al menos no lo es si eres asistente de un joven tranquilo y paciente, no lo es si tu jefe es comprensivo y mucho menos lo es si se trata de tu mejor amigo. Definitivamente una gran ventaja para Albus, quién no puede estar más feliz a pesar de las constantes críticas.
¿Qué críticas? Bueno, Albus es un alfa y su jefe, un omega. Hasta hace un par de generaciones pasadas, el hecho de que un omega dictara órdenes a un alfa, aún si fuera parte de su trabajo, era inconcebible. Por eso, los magos y brujas de esas generaciones que aún continúan con vida y deambulando en el mundo mágico ven con malos ojos que el joven alfa se someta a dicha... Humillación. Sus abuelos pertenecen a este grupo, y aunque Albus podría considerar que son de las pocas personas con mentalidad abierta, hay ciertos detalles que todavía deben corregir.
Por otro lado, sus padres y sus tíos parecen haber rebasado esa barrera y siempre le dicen "si tú eres feliz, nosotros también", eso basta para apaciguar el enojo que surge en él cada vez que alguien lo crítica por algo. Porque no sólo lo critican por trabajar para un omega, también lo critican por haber llegado a la edad de treinta y dos años sin una pareja estable.
A sus padres no les urge que los llene de nietos, su hermano mayor James ya está bastante comprometido con eso; sus dos hijos y el tercero en camino lo demuestran. Pero sus amigos y compañeros de trabajo no pierden la oportunidad para recordarle que se está haciendo viejo y en cualquier momento perderá la oportunidad de emparejarse con un omega o beta joven, que si espera mucho tiempo no le quedará de otra más que elegir entre otros igual o más viejos que él y eso... Eso definitivamente no figura entre el concepto de un buen futuro para la comunidad mágica. Realmente a Albus no le interesa que los años vayan transcurriendo, y es normal cuando su deseo es encontrar a la persona ideal, esa persona con quién conecte de tal manera que su alfa y su persona le indiquen que ha encontrado a su pareja ideal.
Mientras tanto, continúa con su rutina; trabaja, visita a sus padres, sale con sus amigos, estudia el idioma elfico y también francés y muchas veces pasa en casa simplemente mirando películas, leyendo un buen libro o mirando por la ventana mientras acaricia el pelaje de su perro Artemis.
Realmente es una vida muy tranquila. Nada fuera de lo común, nada excepcional, nada excéntrica. Sólo es una vida como cualquier otra o al menos así lo fue hasta esta misma tarde.
Primero, como todas las mañanas preparó el té de Scorpius y se aseguró que estuviera en orden la agenda del día. Llevó el té y la agenda a la oficina de su jefe. Abrió sigilosamente la puerta, ya que el hombre se encontraba en una video llamada, caminó dando pasos silenciosos y depositó la taza en el escritorio. Sacó la agenda del día de su bolsillo y la agrandó con un movimiento de varita —afortunadamente en la actualidad los dispositivos electrónicos estaban configurados para que la magia no los afectara, una hazaña lograda hace ya casi veinte años— y esperó al lado del escritorio, como siempre lo hacía, a que Scorpius terminara su conversación.
— ¿Y cómo se llama? —escuchó una risa.
— Albus, se llama Albus —el aludido frunció el ceño y miró a Scorpius preguntando con la mirada de qué estaba hablando.
― ¿Albus? ¿Tu amigo del colegio? ―respondió emocionada.
El rubio asintió.
— ¡Qué maravilloso! Obviamente será tu acompañante en la boda ¿Verdad? —esa fue la respuesta de su receptora, quien por la voz pudo intuir se trataba de la prima de Scorp, quien por cierto se puso más pálido de lo que ya era.
— ¿La boda?
— Si, a la boda.
— Si, si, por supuesto —dijo sonriendo forzadamente, claramente Albus se dio cuenta, conocía muy bien a Scorpius—. Bueno, te dejo, tengo que trabajar —agregó, después de un minuto más de despedidas y promesas finalmente cortó la llamada.
Sus ojos grises miraron a Albus con preocupación.
— ¿Sucede algo malo? —se atrevió a preguntar, aunque ya sabía que algo definitivamente iba mal.
Scorpius resopló y se desparramó en su silla cerrando los ojos con fuerza.
— Nada, nada —respondió después de un momento—. ¿Qué tengo programado para el día de hoy? —cuestionó reacomodándose en la silla.
— ¿Esperas que simplemente ignore el hecho de que mencionaste mi nombre en una llamada con un conocido tuyo? —respondió.
Scorpius lo miró por un momento antes de colocar los codos sobre el escritorio y cubrir su rostro con ambas manos.
— Lo siento, es sólo que estaba en una situación incómoda y tú ibas entrando... Discúlpame, no habrá mayores inconvenientes para ti, así que no me preguntes más por favor.
Albus asintió comprendiendo. Si Scorpius le decía que no habría mayores problemas él le creía.
— Muy bien, entonces... ―y comenzó a deslizar el dedo sobre la pantalla de su agenda digital para numerar las actividades del día.
«A las diez tienes reunión con los ejecutivos del departamento de ventas para analizar los resultados de la nueva línea de perfumes lanzadas el mes pasado.
«A las trece horas comida con el presidente de...
Y el teléfono comenzó a sonar.
Scorpius levantó la bocina.
— ¿Sí? ¿Papá? —se escuchó un largo silencio en el que claramente el padre del omega estaba hablando; Albus observó como la expresión de su amigo pasaba de una tranquila a una mortificada. Y después... respondió—: Si, yo... Estaremos allí el fin de semana. Lo prometo.
Terminó la llamada y miró con preocupación a Albus.
— ¿Ocurre algo malo? —cuestionó también preocupado.
Scorpius dejó escapar una fuerte exhalación y luego respondió:
— Hace un rato te dije que no habría mayores problemas por mencionar tu nombre, pero no preví las consecuencias. ¡Lo siento de verdad!
