DISCLAIMER: Ninguno de los personajes me pertenece, son propiedad de J. . Sí es mío este One-Shot.


La última conversación

Severus Snape miraba la piedra atentamente, aterrado por lo que era y lo que significaba. Se asomó a la ventana, intentando desviar su mirada y sus pensamientos de los objetos que se encontraban sobre la mesa. Miró atentamente los pavos reales, que bebían agua de un arroyuelo cercano. En la orilla del arroyo, crecía una solitaria flor blanca, que Severus reconoció con un sobresalto. Era un nenúfar, un lirio de agua. Sacó su varita, y, con un simple Accio, hizo que fuese hasta él. La olió y, con un gesto de dolor, la devolvió a su lugar. Igual que había dejado ir a Lily. Había otro animal bebiendo del arroyo, y tuvo que afinar la vista para distinguirlo: era una cierva, que huyó espantada cuando la flor se posó a su lado. Ojalá Lily hubiese huido también…

Con un suspiro, se dio la vuelta para pensar otra vez sobre los objetos de la mesa. Un anillo con una piedra negra partida en dos, una snitch, y una foto rasgada. Dumbledore le había dado los dos primeros, y él había conseguido la última. Los tres tenían peso sobre su conciencia, de maneras distintas.

La snitch, la primera en ser capturada por Harry Potter, le recordaba demasiado al hombre que le había quitado a su Lily, y al niño por el que ella había dado su vida. Había jurado protegerlo y cuidarlo en nombre de su amiga, pero al final, tenía que morir. Si conseguía descifrar el enigma de la snitch, al menos podría tener un consuelo antes de encontrar su final a manos de Voldemort.

La foto la había conseguido de casa de Sirius Black. El solo pensar que ella le había escrito a ese chucho pulgoso con la misma confianza con la que un día se había dirigido a él hacía que sus entrañas hirviesen de rabia. Pero no hacia Lily, si no hacia él mismo. Tenía que haberle hecho más caso, tenía que haber renegado de los mortífagos y haber vuelto a su lado. Lily le habría readmitido en su vida, no tenía ninguna duda. Y ella no hubiese muerto por su culpa.

Y el anillo... era la mayor tentación de toda la mesa, el objeto hacia el que sus ojos se iban una y otra vez. Gracias a Dumbledore, sabía lo que era la piedra. El anillo en si era irrelevante, solo una reliquia de una familia olvidada, cuyo último y demente miembro celebraba la muerte de un gran hombre en el piso de abajo. Pero la piedra... Dumbledore le había pedido que, cuando muriese, tenía que meter la piedra en la snitch y devolverla a sus pertenencias. Harry Potter la heredaría. Dumbledore le había remarcado que no la usase, so pena de sufrir el mismo destino que el segundo de los Peverell. Pero la tentación era tan grande...

Con un giro de su varita, separó la piedra del anillo y la cogió con veneración. Le dio un par de vueltas en la mano, sin saber muy bien su funcionamiento.

-Quiero ver a Lily Evans - dijo, con la voz fuerte pero temblorosa.

Ante sus incrédulos ojos, la fantasmal silueta de Lily Evans apareció, con la mirada más triste que Severus le había visto nunca.

-Severus... - dijo, dulce. -Mi querido amigo...

-Lily... - lloró el hombre, devastado, mientras se sentaba de la impresión -Lo siento tanto, tantísimo... nunca quise que murieses.

-No fue tu culpa, Severus - le dijo Lily.

-Si no le hubiese contado lo de la profecía, no habría ido a por vosotros - sollozó, desconsolado.

-Severus, nosotros ya estábamos ocultos tras un Fidelius, con un traidor como guardián. James combatía en primera línea. Tarde o temprano, habría ido a por nosotros. Al menos nuestra muerte fue rápida, no nos pasó lo que a los Longbottom - le consoló Lily, poniendo una incorpórea mano en su hombro. Con ese gesto, Severus entendió al fin el dolor del segundo Peverell. Lily estaba allí, pero no lo estaba. Solo era un estado poco mejor que un fantasma.

-Lily, te quiero - consiguió decir al final, mirándola a los ojos verdes que tanto amaba.

-Y yo a ti, Severus - le contestó Lily, con una sonrisa melancólica. -Fuiste mi primer y mi mejor amigo, incluso cuando nos distanciamos. Pero amaba a James, y eso fue demasiado para ti.

-Ahora lo entiendo - le aseguró Severus, mirándola a los ojos. Sabía lo que debía hacer, pero sus manos se resistían a soltar la piedra. Ver a Lily, de nuevo con él... poder convocarla cada vez que necesitase apoyo o consuelo…

-Lily, ¿me reprochas nuestra discusión? – le preguntó, no queriendo desprenderse todavía de ella.

-Te lo reproché durante mucho tiempo – admitió ella, con esa sinceridad aplastante que siempre había tenido. –Pero pronto me di cuenta de lo tonta que había sido. Ambos tuvimos la culpa, por no admitirnos como realmente éramos. Pero debo confesarte que antes de morir escribí una carta, pidiéndote que volviésemos a ser amigos. Me falló mi valentía Gryffindor, y no me atreví a mandártela. Posiblemente se quemaría en nuestra casa…

-Y a mí me falló mi astucia Slytherin – admitió Severus. –Primero no supe ver la verdadera calaña de los que se hacían llamar mis amigos, y luego, no supe preveer que el Señor Tenebroso iría a por vosotros. Lily, créeme, me habría puesto delante del Avada que te mató sin dudarlo.

-Pero no te habrías puesto por delante del hechizo que mató a James, ni en el que casi mata a mi hijo – le recordó suavemente Lily. –Y por eso, yo debía morir. No fue una mala muerte, si mi sacrificio ayudó a que tuvieseis muchos años de paz.

-Oh, Lily… - volvió a llorar Snape, desconsolado. - Ojalá no nos hubiesen separado en Hogwarts.

-Cuántas veces lo soñé – le contestó Lily, apenada. – Yo no habría podido ser una Slytherin, pero tú eres lo bastante valiente como para ser un Gryffindor. O ambos podríamos haber sido Ravenclaws.

-Maldito sombrero… - dijeron los dos a la vez. Al notar la coincidencia, ambos sonrieron. Severus recordó cómo le molestaba a Petunia cuando ellos decían lo mismo a la vez, pensando que era cosa de magia. Pero también recordó que la última vez que había pasado había sido en su segundo año de estudios. Sin darse cuenta, se habían ido alejando poco a poco, tomando caminos muy distintos en sus vidas.

-Severus - le dijo Lily, sacándolo de sus pensamientos con una voz triste. -Sabes lo que debes hacer. Cuanto más tiempo esté aquí, más te costará soltar la piedra. Te estoy infinitamente agradecida por haber cuidado de Harry todos estos años, y por lo que vas a seguir haciendo por él. Termina tu misión, vive tu vida, y ven con nosotros.

-¿Iré contigo? - preguntó Severus, esperanzado.

-Por supuesto - le dijo Lily, sonriendo. - ¿No eres acaso mi Sev, mi mejor amigo? Estar sin ti siempre fue como vivir sin una mano.

Severus Snape, por primera vez en mucho tiempo, sonrió. Sabía que el camino que quedaba hasta derrotar a Voldemort sería arduo y escabroso, pero lo haría, le costase lo que le costase. Se reuniría con Lily Evans en el lugar donde estuviese, y volverían a ser lo que habían sido. Con lágrimas en los ojos, miró por última vez a los verdes ojos de su amiga y dijo:

-Adiós, Lily.

Y dicho esto, metió la piedra en la snitch. Justo en el momento en el que sus dedos soltaron la piedra, pudo escuchar por última vez la voz de Lily.

-Hasta pronto, Severus.


N.A.: ¿No es bonito pensar que Severus pudo hablar con Lily una última vez? ¡Se agradecen las reviews!