Draco estaba recostado contra la pared. Tenía una mano guardada en el bolsillo del saco y con la otra fumaba un cigarrillo. El humo que recorría su garganta era la única calidez que sentía gracias a la baja temperatura del clima. Cerró los ojos e inclinó la cabeza hacía atrás, apoyándola en la pared. Exhaló una nube de humo que se terminó de disipar sobre él. Escuchó un ruido y se puso en alerta. Tiró el cigarrillo en el suelo y lo pisó con sus Oxford lisos. Cuando levantó la vista se encontró con el auror. Tenía unos jeans ajustados, una camiseta bordó, un saco negro un poco más corto que el de Malfoy y unos borcegos, también negros. Llevaba su varita sujeta en el muslo con un arnés. La sacó acercándose a Draco, agarrándola tan firme que se emblanquecían sus nudillos.

—Tranquilo Potter. ¿O acaso tienes miedo?

—Son precauciones —escupió en tono amenazador.

Malfoy cruzó sus brazos negando con la cabeza. —No puedo creer que te mandaron a ti —su voz rondaba entre intriga y diversión —. Su chico estrella. El putísimo elegido.

—Nadie me mandó a ninguna parte —Harry saltó a la defensiva rápidamente, elevando la voz —Yo vine solo.

—Claro, no me crees —descruzó los brazos, metió una mano en su bolsillo y sacó una elegante pitillera de plata. Tenía una serpiente grabada en la tapa. La abrió ágilmente usando sólo una mano. Sacó uno y se lo colocó en la boca. Harry observaba todos sus movimientos —. ¿O me equivoco? —preguntó con el cigarrillo colgando en los labios.

—No te equivocas.

El rubio bufó sardónicamente y encendió el tabaco con la punta de su varita. Le dio una fuerte calada. -Es entendible. -el humo salió disparado de su nariz y boca. Los ojos de Harry recorrían a Malfoy de arriba a abajo. Draco quizo descifrar esa mirada. —¿Quieres uno? —extendió su brazo para alcanzarle la cajita de plata. Harry se acercó y la agarró con cuidado. Chequeó ambas tapas y miró de nuevo a Malfoy.

—Solo son cigarrillos, no seas desconfiado.

Harry no respondió. Abrió la cajita, sacó uno, y lo colocó entre sus labios inclinándose hacia Draco, sin romper el contacto visual. Malfoy lo encendió con la pequeña llama que salía de su varita. El auror le dio la primer calada para luego soltar el humo. Draco notó como Harry continuaba penetrándolo con los ojos. Comenzó a ponerse algo ansioso.

—Que frío ¿no?

—Vayamos al grano Malfoy. Y si es posible, hablemos sin tapujos.

El muy cabrón era intimidante cuando quería. Draco tragó saliva.

—Bien. Saben donde esta escondida mi prima, Nymphadora. Sospechan que está conviviendo con el licántropo.

—No lo llames así —interrumpió Harry.

—Como digas. Adviérteles que se tienen que ir de ahí.

—Claro, porque la Orden cuenta con tantos lugares seguros.

—Seguramente los irán a buscar mañana.

Hubo una pausa. Harry parecía estar muy concentrado en sus propios pensamientos.

—Él está en tu casa ¿no? —rompió el silencio cuando llegó a esa conclusión.

—No soy tu puto espía.

—¿Ah no? ¿Qué eres, entonces?

—¿Perdona? —preguntó Draco entrecerrando los ojos. Estaba ofendido.

—¿Por qué me das esta información?

Malfoy desvió la mirada. Le dio una calada al tabaco y dijo con un hilo de voz:

—Envíales tu patronus con urgencia —volvió a mirar a Harry e hizo una pausa —. Créeme, es preferible que huyan del país —apagó su cigarrillo en la pared y lo arrojó lejos —. Suerte.

Se dio media vuelta para irse, pero Harry lo tomó fuerte del brazo para girarlo hacia él.

—¿Qué más sabes?

Draco se soltó de su agarre con brusquedad.

—Ya te dije que no soy tu... —de un momento a otro, sintió como su espalda se estroló contra la pared. Harry presionó su pecho con el antebrazo y clavó la varita en su garganta.

—¡RESPONDE MI PREGUNTA! —el auror respiraba muy profundo. Estaba tan cerca, que Malfoy podía ver la tensión de su mandíbula.

—Mira, grandísimo idiota. Ambos aquí sabemos que no eres bueno en legeremancia —Draco luchaba para mantener la calma —. Me puedes cruciar toda la noche si quieres, pero nunca sabrás si te estoy diciendo la verdad.

El agarre de Harry se fue aflojando y su respiración comenzó a ser más controlada. Se sentó sobre sus talones y se frotó el rostro con frustración. Draco se acomodó el saco con el ceño fruncido.

—Además ¿Qué mierda quieres que te diga? Pius ya es Ministro. Snape ya es director. Sabes muy bien cuál es su próximo objetivo.

Draco escuchó un leve sollozo. Se arrepintió automáticamente de lo que dijo. Harry continuaba agachado con su rostro tapado con las palmas de sus manos. Estaba claro que no se encontraba con el mismo Harry Potter con quien compartió tantos años en Hogwarts. Este Harry era débil, y estaba roto.
Malfoy se sintió terrible. Pensó en algunas palabras de consuelo. Pero no se le ocurrió nada. Había un entendimiento mutuo e implícito: Esta vez sí que los dos magos tenían la soga al cuello. Harry esnifaba para que no se le caigan los mocos. Parecía ayer que trataban de meterse en problemas mutuamente, más por la travesura que otra cosa. Ahora, tan alejados de esa infantil enemistad, se encontraban dos muchachos cuya juventud había sido arrebatada por una guerra.

—No entiendo porque no huyes.

Harry se levantó de golpe, con la cara hinchada.

—¡ES FÁCIL DECIRLO! —lágrimas caían de sus ojos.

—Tranquilízate.

—¿QUE ME TRANQUILIZE? —Harry rio de una manera tan sarcástica que a Draco se le erizó la piel —. Óyete a ti mismo. Que huya... Eso es lo que una lacra cobarde como tú haría —se limpió la nariz con el dorso de su mano -. Me das asco.

—¿Terminaste?

—No. Tienes a Voldemort viviendo en tu casa como un puto huésped. No te creo nada este mini acto de compasión. Con toda la información que debes manejar, deberías-

—¡NO HABLES DE COSAS QUE NO TIENES NI IDEA! —su voz se rompió, aproximando un llanto.

Se miraron mutuamente por unos segundos, un silencio invadió la habitación. Harry se abalanzó hacia Draco. No llegó a golpearlo, pero comenzaron a forcejear.

—¡TE ODIO! —el auror logró tirar a Malfoy al suelo —. ¡SI NO HUBIESES ARREGLADO EL PUTO ARMARIO EVANESCENTE!

—MIERDA, POTTER —trató de cubrirse de los puñetazos inútilmente —CONTRÓLATE. NI QUE TODO FUESE MI CULPA.

Draco empujó a Harry logrando acostarlo. Rodó sobre él y lo retuvo sujetándolo por las muñecas.

—Podemos hacer un acuerdo. Pero tienes que mantener tu mierda junta —el moreno lo miró con desconfianza, pero se quedo quieto. Malfoy lo soltó y se sentó a su lado. Apoyó un codo en su propia rodilla flexionada y se limpió la transpiración de la frente, tratando de recuperar la respiración. Harry se apoyó en sus codos y luego se fue sentando de a poco.

—Escúpelo —el auror lo estaba fulminando con la mirada.

—Déjame recuperarme primero, mierda —se acomodó el cuello de su camisa —Y no escupo, trago.

Harry trató de reprimir una risita traicionera. Se paró con dificultad y extendió una mano hacia Draco, que aceptó su ayuda. Ambos se palmearon la ropa para quitarse el polvo.

—Mira...

—Júralo.

Eso agarró al rubio desprevenido. Lo miró estupefacto.

—Pero hombre, ni sabes lo que te iba a proponer.

—No me importa. Jura que me ayudarás.

Malfoy estaba extrañado.

—Vale, lo jur...

Harry lo interrumpió con esa risa fría y sarcástica.

—No me estas entendiendo —dijo ya muy serio —, hagamos un Juramento Inquebrante. Tu y yo.

—No te equivoques —Draco le frenó el carro —, vine a darte una mano, no a cambiarme de bando. Ni siquiera esperaba que vengas tú.

—Entonces vete —Harry encogió los hombros —. No necesito tu caridad —se dio media vuelta y comenzó a marcharse.

—Te comportas como un niño testarudo. A mí se me hace que sí la necesitas.

Pero Harry continúo caminando. Draco chasqueó la lengua con frustración y rodó los ojos.

—Potter, vuelve aquí —se acercó hacia él —. Sé donde hay un horrocrux.

Harry paró en seco y giró sobre sus talones lentamente. Entrecerró los ojos. Draco se preguntó si estaba tratando de explorar su mente para ver si mentía. De ser así, estaba fracasando.

—Júralo.

—No hay manera.

—Entonces no te creo una mierda.

—Tu más que nadie, sabes la complejidad de estas cosas. No puedo volver a mi casa con una nueva cicatriz en el brazo.

—Claro, prefieres la que ya tienes.

—No es la única —levantó su camisa, dejando ver las marcas del sectumsempra sobre su pálida piel. Estaba perdiendo la paciencia, eso había sido un golpe bajo —. Ambos estamos marcados por él, para siempre. Me hiciste esto gracias a él —apuntó sus cicatrices con el dedo índice —. Estoy cansado de coleccionar recuerdos de ese psicópata en mi piel.

—La mía no es un recuerdo. Presiente su presencia y sus emociones. Como si estuviésemos conectados por una endemoniada red inalámbrica.

—¿Y la mía, como piensas que funciona, IMBÉCIL? —perdió los estribos —. No te hagas el pobre incomprendido. Somos diferentes caras de la misma moneda.

Harry se quedó mirándolo sin saber que decir. Draco le dio la espalda.

—Ya va un año de esta pesadilla. Ahora lo tengo que ver todos los días. Me obliga a hacer cosas que no te puedes ni imaginar. En mi propia casa.

—No hace falta que me lo imagine.

—¿Cómo? —Draco giró su cabeza para mirarlo.

—Nada.

—Como un ingenuo, me enorgullecí de la tarea suicida que me dio. ¿Y para qué? Me volví tan paranoico que no comía ni dormía. Fue una tortura. Mientras tanto, tú te besuqueabas con la chica Weasley y salías de paseo con Dumbledore a chuparse la polla mutuamente.

—Eso no es cierto.

—Bueno, no del todo. Capaz exageré con los últimos detalles, pero sabes a lo que me refiero. Tenías a ese jodido viejo besando el piso por el que caminabas.

—Cállate. No hables como si supieses algo de mi relación con Dumbledore.

—Por lo menos eres el títere de alguien que no te extorsionó con matar a tu familia.

—Pero te aseguro que era un manipulador al igual que Voldemort.

—Lo que digas —se estaba hartando de esta conversación.

—No entiendes Malfoy. No confío en nadie gracias a él. Si crees que me dejó herramientas para lo que se venía, te equivocas —su voz comenzó a temblar.

Draco tenía ganas de llorar, estaba enojado. Sentía impotencia.

—Por eso necesito que lo jures. Eres mi única esperanza.

—No quieres hacer un Juramento Inquebrante conmigo, créeme.

—Sí que quiero. Ahora que Snape nos traicionó, contigo adentro sería otra cosa.

Malfoy suspiró pesadamente.

—Mierda. Al final los tres resultaron ser unos viejos hijos de puta —Draco bufó, aligerando el ambiente. Harry sonrió de oreja a oreja. El rubio le dedicó una mirada significativa mientras se arremangaba la camisa —. Saca tu varita.

Harry le hizo caso enseguida. Agarro su varita con su mano izquierda, se acercó hacia Draco y le extendió la derecha. Se tomaron por el antebrazo. La mano de Harry era cálida, pero aun así Draco se estremeció.

—¿Te duele?

—Si

—Lo siento.

Se miraron mutuamente sin saber bien que hacer. Harry tragó saliva, estaba muy expectante.

—Yo, Draco Lucius Malfoy, juro ayudar a Harry James Potter a destruir un horrocrux.

Harry acercó la varita hacia sus manos e iluminó un resplandor rojizo entre ellos. Comenzó a revelarse una lengua de fuego en cada brazo. Draco sintió como quemaba su marca tenebrosa, era como si alguien estuviese lastimándolo con un cuchillo sobre ella. Gimió de dolor. Las lenguas se encontraron y se cerraron firmemente entre sus manos.