Fecha original de Publicación: 05/2020/
Basado en la novela Mo dao Zu Shi
Pareja: Wei Wuxian x Jiang Cheng (No leer si no gusta)
Etiquetas: Primer amor, confesión, post-canon, AU, reconciliación
Nota: La historia original contiene dibujos, pero el formato de FF net no permite imágenes por lo que fueron removidas para esta versión, pueden leer la versión original en AO3 ( archiveofourown org / works / 30788042 )
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—Nunca pensé que nuestra relación terminaría así —suspiró Wei Wuxian mientras jugaba con una de las botellas vacías.
Jiang Cheng no pudo evitar hacer un gesto de molestia ante el comentario. La noche no había sido mala, incluso se habían reído a más no poder de una tontería que ya no recordaba. Wei Wuxian había traído unas botellas de licor sin un nombre que lo respalde, desde una pequeña villa lejana que había visitado durante sus viajes, pero que resultó ser delicioso. A pesar de esto, Jiang Cheng apenas había bebido; quería estar sobrio para disfrutar la atención.
Estos eran unos encuentros pactados, sin gritos ni recriminaciones, una noche cada par de semanas o meses, según el tiempo se los permitiera, donde fingían que las cosas entre ellos no eran irreparables.
—¿Y crees que yo imaginaba algo así? —soltó Jiang Cheng sin poder evitarlo, pero no dijo nada más sobre el tema, dejándolo hablar.
Sabía que si permitía que la amargura controlara su temperamento, lo único que obtendría es una disculpa que no quería recibir. Wei Wuxian siempre le pedía perdón por algo nuevo, alguna culpa grande o pequeña cuando se encontraban y lograba aflojarle la boca con el vino.
Wei Wuxian sonrió divertido y con cierto dejo de nostalgia.
—¡Yo debí haberme dado cuenta! Tal vez si hubiera dejado de insistir con todo eso de ser tu mano derecha luego de que me declaré y me rechazaste…
Luego de esas palabras, Jiang Cheng giró a mirarlo con tal velocidad que se lastimó el cuello ¿que acababa de decir sobre declararse y ser rechazado?
Wei Wuxian, sin reparar en la expresión de absoluta confusión del otro, hizo un gesto de "ya sabes", como si no acabara de revelar algo inimaginable, y continuó con la charla.
—¡En ese entonces era tan altanero! No esperaba que mi primer amor me rechazara.
—Wei Wuxian —Jiang Cheng se había quedado en blanco. ¿Confesión? ¿Primer amor?—. ¿De qué estás hablando?
—Solo digo que tal vez no hubiera arruinado tanto las cosas si hubiera tomado distancia después de eso… ¡Y lo intente!, pero seguiste tratándome como siempre luego de ese día, y supuse que estaba bien si seguíamos juntos aunque no fuera de la forma en que yo quería…
Jiang Cheng sintió sus mejillas enrojecer. Era un adulto, no era propio reaccionar así, pero lo que Wei Wuxian le estaba diciendo parecía una locura.
¿Cuándo sucedió todo eso? Se preguntó si fue alguna de esas primeras veces que bebieron alcohol cuando era apenas un adolescente, donde probaron el licor a escondidas de los adultos, para luego despertarse a la mañana siguiente con recuerdos nublados y un terrible dolor de cabeza.
¿Wei Wuxian había estado enamorado de él? ¿Cuándo? ¿Cómo?
—¿Por cuánto tiempo? —preguntó en voz alta. Las mejillas aún rojas y mirando a cualquier otro lado que no fuera los ojos de Wei Wuxian.
—¿Por cuánto tiempo estuve enamorado de ti antes de tomar el valor de confesarme, o cuánto tiempo me tomó superar el rechazo? —Wei Wuxian lo estudió con su mirada un poco borrosa y se rió de las mejillas sonrojadas de su antiguo shidi—. ¡Jiang Cheng! El único que debería avergonzarse al recordar esto soy yo. Yo soy el que fue rechazado —dijo negando con la cabeza.
—Ambas. ¿Por cuánto tiempo? —insistió sacando al otro de su ensimismamiento.
El corazón de Jiang Cheng latía desesperadamente al esperar una respuesta.
Wei Wuxian lo analizó antes de contestar, y empezó a hablar con un claro gesto de sorpresa.
—¿Qué hizo que te interesaras en estos detalles tantos años después? Nunca intentaste preguntarme nada sobre esto en el pasado.
—¡Wei Wuxian, contesta la pregunta! —dijo Jiang Cheng con el tono de comando que ya venía naturalmente con él luego de tantos años liderando.
Wei Wuxian revoleó los ojos como respuesta al grito. Suficientemente distraído y concentrado en su nostalgia que no notaba la urgencia en la voz de Jiang Cheng y la manera en que lo que acababa de decir lo había afectado.
—Creo que… no estoy seguro desde cuándo —Wei Wuxian puso un dedo en su barbilla, pensativo—, diría que desde que éramos niños. En ese momento no era algo romántico… pero cada vez que me decías que ibas a protegerme de los perros sentía mariposas en el estómago —soltó una risotada—. Eras un pequeño tan dulce. ¿Quién hubiera dicho que perderías el encanto cuando crecieras? —Se burló.
Jiang Cheng abrió la boca para decir algo, pero no sabía que, antes de que pudiera pensar en algo inteligente que acotar, Wei Wuxian volvió a hablar.
—¡Ya se! ¡ya se! No estoy tratando de ser sentimental a propósito. Tú preguntaste —señaló defensivo—. Supongo que lo note unos meses antes de tomar el valor para declararme... ¡Mi primer intento salió tan mal! —Wei Wuxian se cubrió el rostro, como si el solo recuerdo lo avergonzara—. ¿Recuerdas cuando te compré ese adorno para tu espada? Pensé que se veía genial, pero se rompió poco después, el vendedor se aprovechó y me vendió algo de baja calidad. Estaba tan humillado cuando lo note qué…
Mientras Wei Wuxian siguió divagando sobre cómo intentó vengarse del vendedor, Jiang Cheng se había perdido en sus pensamientos. Él recordaba muy bien ese adorno y lo emocionado que Wei Wuxian estaba cuando se lo dio. Ahora que sabía lo que sabía, el recuerdo cobraba un significado diferente. Los ojos brillantes de Wei Wuxian cuando él aceptó su regalo, la extraña timidez con que le explicó el significado de las figuras talladas en el adorno, la manera en que abrió y cerró la boca antes de pedirle que fueran "amigos para siempre" antes de reírse y salir corriendo.
Por supuesto que Jiang Cheng nunca habló de ese recuerdo con Wei Wuxian. Agradeció a los cielos que Wei Wuxian lo hubiera dejado solo luego de esa frase, porque nunca se había sonrojado tanto. En ese entonces apenas tenía catorce años y recordaba la inexplicable sensación de nerviosismo cuando Wei Wuxian lo arrastró a un lugar alejado para darle ese regalo.
—Es verdad que la calidad de los materiales no era buena, pero el tallado era de buen gusto... Luego de que se rompió lo guardé… —confesó Jiang Cheng. Luego, en voz más baja, agregó—: pero se perdió luego de…
Luego de que los Wen atacaran Muelle de Loto. Pensó.
Wei Wuxian interrumpió su relato al escucharlo decir eso. Por fin asintió, sonriendo.
—Mi confesión falló en ese entonces, pero me alegró verte usarlo mientras duró, una vez vi como lo mirabas y sonreías y eso me dio valor para intentar de nuevo… Por eso me dolió tanto cuando unos meses después me rechazaste otra vez.
Wei Wuxian tomó un trago distraídamente.
—Realmente pensé que tenía oportunidad —murmuró con la mirada perdida.
Al parecer, inadvertidamente, Jiang Cheng había rechazado a Wei Wuxian no una, sino dos veces. Dos ocasiones diferentes donde había malinterpretado la situación.
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La primera parecía bastante inocente, una de sus típicas conversación con sus peleas en broma.
Wei Wuxian diciéndole que quería pasar el resto de su vida a su lado, y él contestando con sarcasmo: "¿Y quien dice que yo quiero aguantarte por tanto tiempo?"
Wei Wuxian podía ser muy caradura, pero incluso él no iba a intentar confesarse luego de semejante comentario.
Ver a Wei Wuxian contraerse de incomodidad mientras relataba el hecho, para luego reírse como si fuera hilarante, hicieron que Jiang Cheng quisiera golpear a su yo del pasado.
La segunda vez… Wei Wuxian necesitó una botella entera para contarla. Fue poco después de que Wei Wuxian regresará cargado de energía resentida luego de haber estado desaparecido esos tres meses.
En una ocasión en que ambos habían barrido con un grupo de soldados; ellos dos solos habían masacrado a más de cien perros Wen.
Jiang Cheng no necesito escuchar el resto, sabía exactamente lo que Wei Wuxian iba a contarle.
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Luego de sacar su espada del cráneo del último hombre, que se convulsionaba débilmente en el suelo, Jiang Cheng miró a su alrededor. Todo era un campo de muerte, el olor a sangre le provocaba una mezcla de náuseas y éxtasis. En medio de todo eso, el único otro ser vivo era Wei Wuxian, y por la quietud que presentaba, podría haber estado tan muerto como el resto.
Como poseído, Jiang Cheng se había acercado a paso firme y apoyado su rostro en el cuello de su hermano marcial, tranquilizándose al sentir el pulso palpitante contra su mejilla. Mientras él estuviera vivo y luchando a su lado no tenía nada que temer.
—No te atrevas a dejarme —dijo Jiang Cheng haciendo sonar su súplica como una amenaza.
Luego de esas palabras, Wei Wuxian lo alejó para ver bien su rostro.
—¿Es eso una confesión? —preguntó con un tono juguetón, pero la mirada más cargada de emoción de la que había mostrado en semanas—. No me molestaría si lo fuera...
—¿Te mataría hablar en serio por un momento? —espetó Jiang Cheng de mal modo empezando a enojarse de que no había recibido una confirmación de Wei Wuxian sobre que no lo abandonaría y, en cambio, recibió otra de sus bromas.
—Tú… —Wei Wuxian había acariciado su mejilla con reverencia dejando pasar los segundos sin saber qué respuesta dar—. Es mejor que no te preocupes por los pequeños detalles —dijo con frialdad, dándole la espalda y dejándolo solo en ese campo de muerte.
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En la habitación de la posada se hizo silencio, cada uno reviviendo esa memoria a su manera.
Extrañamente, Wei Wuxian no sonreía.
—Ey... Jiang Cheng, ¿puedo pedirte un favor?
—Depende de qué sea —contestó Jiang Cheng con cautela evitando mirarlo a la cara.
Una parte de él quería huir de allí, no sabiendo cómo reaccionar, la otra quería abalanzarse sobre Wei Wuxian y hacerle saber con su cuerpo que hubiera correspondido, hubiera correspondido cuando eran sólo Jiang Cheng y Wei Ying, hubiera correspondido cuando eran Jiang Wanyin y Wei Wuxian, hubiera correspondido correspondido cuando ambos eran líder de secta y discípulo principal.
Pero Wei Wuxian no era ya nada de eso, Jiang Cheng no sabía qué eran ahora el uno del otro.
—No es algo difícil —dijo por fin Wei Wuxian—. ¿Podrías rechazarme adecuadamente? Para poder dejar todo de una vez en el pasado...
—No —negó Jiang Cheng de inmediato. Casi antes de comprender del todo lo que le estaban pidiendo.
Wei Wuxian lo miró entre triste y calculador, había incertidumbre en sus gestos, pero también podía notar que estaba analizándolo.
—Esa persona que te rechazó ya ni siquiera existe —dijo Jiang Cheng gesticulando, señalándose a sí mismo—, y la persona que se declaró tampoco —aseguró con dureza mirando a su antiguo hermano marcial a los ojos.
Wei Wuxian no retrocedió ante el tono acusador, pero se relamió los labios y dijo en un tono más familiar.
—¿No es eso un poco dramático? Sé que estuve muerto un par de años, pero…
—¡Wei Wuxian! —gritó refugiándose en el conocido sentimiento de furia, ya no le importaba que habían prometido no pelear en sus encuentros—. El Muelle de Loto que conocíamos ya no está y nunca tuviste el valor de regresar al que yo reconstruí… —le recriminó—. ¿Estás hablando de mí o sólo de un recuerdo?
No soportaba más esta pantomima. ¿A qué estaba jugando Wei Wuxian? ¿Qué ganaba al decirle estas cosas ahora? Si había estado enamorado de él en el pasado, sólo iba a decepcionarse con lo que encontrara ahora.
—¡Perdón por seguir sintiendo lo mismo por ti...! Supongo —dijo Wei Wuxian empezando a levantar el tono.
Furioso, Jiang Cheng lo empujó, haciéndolo caer de espaldas, y sentándose sobre su cuerpo para evitar que se levantará. Algo en la posición le recordó por un momento a cuando intentó estrangularlo en ese tiempo en que estaba consumido por la pena, y eso lo obligó a calmarse un poco.
—No estoy de humor para tus juegos.
—Al menos eso es algo que nunca va a cambiar —contestó Wei Wuxian desde su posición debajo de él.
—¿Qué estás intentando lograr con todo esto?
—Quiero una respuesta.
Jiang Cheng resopló indignado.
—¿Qué te hace creer que tienes derecho a exigir una?
Todo el semblante de Wei Wuxian se volvió desafiante, incluso desde su desventajosa posición podía verse algo de su antigua arrogancia.
—No es una cuestión de derecho. Algunos no tenemos miedo de pedir lo que queremos.
Mentiras. Lo que Wei Wuxian decía era pura basura, había sido él quien siempre había huido y lo había abandonado sin explicación alguna. ¿Cómo se atrevía a hablar de no tener miedo?
Como sospechando lo que Jiang Cheng estaba pensando, Wei Wuxian habló nuevamente.
—Estoy intentando mejorar. ¿Realmente quieres escuchar lo que tengo que decir? —preguntó con intención. Luego se removió y le envió una sonrisa divertida—. Otra cosa, ¿vamos a hablar desde esta posición?
Jiang Cheng no se levantó de inmediato. Estaba reacio a hacerlo porque temía que Wei Wuxian encontrara la forma de huir o que él mismo se acobardara. Llegando a una solución intermedia, se levantó de encima de Wei Wuxian, pero sostuvo la tela de una de sus mangas mientras se sentaba a su lado.
Wei Wuxian considero por largo tiempo sus palabras antes de hablar.
—Solo… es algo que formó parte de mí por tanto tiempo. Habló de nosotros dos… Ya sé que fui yo quien dijo que dejemos el pasado atrás, pero no todo, sólo… A veces es muy doloroso recordar…
—¿Eso no es sólo nostalgia? —insistió Jiang Cheng. ¿Cómo podía hablar de amor cuando solo quería las partes buenas?—. Estás dejándote llevar por recuerdos de cosas que ya no existen y estás equivocado si crees que será fácil o menos doloroso ahora.
—Jiang Cheng. Realmente creo que aún te amo. ¿Sino porque insistiría en verte aunque al principio actuabas como que ibas a matarme?
Wei Wuxian levantó su mano y la apoyó tentativamente en su mejilla. El foco de su mirada pasó de sus ojos a sus labios y empezó a acercar su rostro lentamente.
Jiang Cheng hizo un sonido ahogado ante esa confesión tan directa, quedó paralizado sin saber cómo reaccionar; su orgullo, su deseo y sus sentimientos apuntaban a reacciones contradictorias y no sabía a cual de esos impulsos seguir. Para su suerte, Wei Wuxian no tenía ninguna duda sobre lo que quería hacer.
En cuanto los labios de Wei Wuxian se encontraron con los suyos, las manos de Jiang Cheng sostuvieron ambos brazos con fuerza para mantenerlo allí.
Jiang Cheng no podía decir exactamente que estaba respondiendo al beso, solo cerró sus ojos y abrió la boca ligeramente para recibirlo mejor. Los labios de Wei Wuxian presionaban suavemente sobre los suyos, la yema de sus dedos repartiendo su atención en el resto de su rostro.
Jiang Cheng soltó un jadeo y Wei Wuxian se alejó para depositar dos besos más sobre sus párpados murmurando su nombre sobre cada uno. Luego de esto intentó alejarse, pero las manos de Jiang Cheng se lo impedían.
Apoyando su frente contra la de Jiang Cheng, Wei Wuxian tomó aire y pidió en voz baja.
—La próxima vez que nos veamos. Dame una respuesta…
Con esta súplica, desenredo los dedos de entre su ropa y se levantó para irse.
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Mientras Wei Wuxian cruzaba fuera del umbral de la habitación, alejándose para perderse en la calle ya anochecida, Jiang Cheng tomó otro trago del licor sin nombre dejando que el gentil sabor y el picor en su garganta lavaran los confusos sentimientos que la charla y el beso había dejado.
Se sorprendió nuevamente al comprobar que el sabor era exactamente de su gusto. Wei Wuxian, al menos en el pasado, prefería sabores más intensos. Barrió el lugar con la mirada, en el suelo, aún quedaban al menos tres botellas llenas que Wei Wuxian no hizo ademán de llevarse consigo.
No pudo evitar imaginar a Wei Wuxian en uno de sus viajes degustando el líquido en alguna villa pérdida y comparándolo con la sonrisa del emperador como solía hacer con cada nueva bebida que probaba. Wei Wuxian, jugando con la copa vacía y diciéndose a sí mismo "Jiang Cheng amaría el sabor de este vino" antes de comprar la decena de botellas que habían compartido esa tarde.
Con ese pensamiento grabado en su mente, dejó la botella en el suelo y se levantó apresuradamente para alcanzarlo antes de que se alejara.
—¡Wei Wuxian! —exclamó Jiang Cheng con más vigor del que pretendía—. La próxima vez... Consigue más de este licor. Es bueno.
Mientras decía esto se preguntó si era presuntuoso asumir que Wei Wuxian recordaba sus gustos luego de tantos años. Que lo había elegido sólo para él, pensando en él.
Wei Wuxian pareció sorprendido, los grandes ojos de Mo Xuanyu siempre le daban una apariencia teatral a sus expresiones, y el tiempo había hecho más transparentes sus emociones. La sonrisa que le dedicó luego fue radiante y cargada de esperanza.
Jiang Cheng se permitió adivinar las implicaciones y los anhelos detrás de esa expresión. Lo vio recomponerse un poco, adquirir el aire despreocupado que le gustaba mostrar.
—Por supuesto. Sabía que te gustaría. Puedo traer más la próxima vez —dijo Wei Wuxian mientras rebuscaba entre sus mangas de donde sacó un pequeño paquete, y luego de unos momentos de duda, se lo lanzó antes de alejarse—. Nos vemos, Jiang Cheng… Piensa en tu respuesta.
Una vez que su visitante hubiera perdido entre la gente, Jiang Cheng desenvolvió la tela con cuidado. Dentro había un pequeño adorno para su espada, sospechosamente similar a aquel que había recibido y perdido hace tanto años atrás.
La próxima vez, podría dar una contestación adecuada, pensó llevando el pequeño adorno a su pecho.
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