Nota: I know, debo continuar con "2 n´2" but tenía el antojito de escribir this. Sorry por no actualizar de seguido.

Y me rindo con la correcta puntuación en los diálogos. ¡Ugh!

Match

La alarma sonaba insistentemente mientras Gajeel se quitaba de encima la gruesa manta que lo cubría. Los rayos de luz diurnos se filtraban por la ventana de su habitación por lo que, aún somnoliento, se levantó para bajar la persiana. Al pararse, observo la gran mancha de sudor estampada en la colcha. Había llegado el verano, la época de calor, y también de celo.

Su cuerpo estaba caliente y se encontraba más hiperactivo. Era evidente que su organismo estaba demandando lo que él, para su dolor, había dejado en casa. Fastidiado, miró el reloj. Era casi el mediodía y no tenía clases, pero con aquella molestosa condición, prefería quedarse en su habitación. Si no fuera por el hecho de que estaba destinado a ser el futuro macho alfa del grupo, detestaría ser hombre lobo.

Y, obviamente, no estaría ahí, en la universidad, cumpliendo el requisito para ser jefe. De lo contrario, se encontraría con ella, en casa, atrapado en sus brazos. Abrió el armario, removiendo entre los abrigos viejos, para sacar de la mochila su arma secreta: La instantánea de una Levy sonriente, con mejillas arreboladas y mirada seductora. Esa fotografía la tomó un día antes de que ella apareciera en su pieza, poco antes de partir a Crocus, con el fin de que él le dejara su marca y la hiciera suya. Se trataba de su regalo de despedida.

Gajeel llevaba preservando su enamoramiento hacia Levy desde que eran cachorros, prescindiendo de la rivalidad entre ambos bandos. Y no es que resultara raro la unión entre diferentes especies, pero la manada de Gajeel era fieles a la tradición y guardaban las expectativas de que eligiera a una miembro de la misma como compañera. No obstante, su lobo interior clamaba por Levy, una puma cambiante.

El creciente bulto en su jogger comenzaba a molestar y, con foto en mano, se sentó al borde de la cama. La extrañaba demasiado y sabía que una paja no iba a saciarlo. Requería, de nuevo, aquel dulce espacio que Levy escondía entre sus muslos. Recordar la primera vez que hicieron el amor se convirtió en su ejercicio mental favorito. Era lo único que le notificaba constantemente su afán por obtener el título profesional para así volver, pues eran muchos los casos en que jóvenes cambiantes olvidaban su procedencia para someterse, por completo, al estilo de vida del hombre común, lo que implica, desde luego, irse de lleno a la humanidad. Y ese era, precisamente, el miedo del veterano alfa, Metalicana.

Un sentimiento amargo lo golpeó: Faltaban tres años para volver a verla.

Antes de ponerse en acción, el teléfono, tirado en el piso, vibró. Lo recogió, miró la pantalla del aparato y contesto:

-Dígame.

-Eh, Redfox- saludó el vigilante de la residencia. - Te llamo para avisarte que una amiga tuya está buscando tu dirección, creo que, con mis indicaciones, ya debe estar por llegar.

- ¡¿Qué demonios?!

Abruptamente, colgó el celular y, a la vez que se colocaba la camiseta a toda prisa, escuchó que alguien golpeaba la puerta suavemente.

No podía ser Juvia, ella ya estaba felizmente emparejada con Gray en Magnolia, no tenia nada que hacer en Crocus. ¿Sería quien él creía? Si fuera así, tendría sentido que no hubiera correspondido sus últimas cartas. Con mano firme, giró el picaporte y la vio.

-Sorpresa, grandulón. – sonrió Levy.

Gajeel estaba mudo. Hace unos minutos se encontraba añorándola y ahora la tenía frente a él: toda menuda, con maleta en mano, y más preciosa que nunca.

- ¿Qué haces aquí, Lev?

- ¿Es que no puedo visitar a mi novio? Te extrañaba y quería verte. - contestó adentrándose en el dormitorio con la maleta.

-Entonces por eso no contestabas mis cartas. Por un momento pensé que te habían obligado acoplarte con otro.

Levy dejó la maleta a un lado y se giró, frente a él, con frente altiva y desafiante.

-No pueden hacerlo. Tengo tu marca. – caminó hasta arrimarse a él sin dejar de mirarlo. - En todo caso, si hubiera sido como tú dices, ¿Qué harías?

Las entrañas de Gajeel se revolvieron ante tal horrible posibilidad.

-Lo mataría. –respondió ahuecando su mano alrededor de la cintura femenina, pegando su frente contra la de ella y fijando la mirada en sus ojos caramelos. –Eres mía.

-Entonces dame la bienvenida como corresponde. Soy tuya, bésame.

Pudo apenas terminar esa frase, puesto que Gajeel se adueñó, al segundo, de su boca con un beso hambriento. Ella no se quedó atrás y le correspondió con el mismo entusiasmo. Él gruñó y la ola de vibraciones hizo que se le endurecieran los pezones, ahora resaltados en la tela floral de su vestido. Retrocedieron juntos, en medio de la salvaje sesión de besos, hasta llegar a la cama. Sin dejar de besarla, Gajeel tumbó a Levy, sobre el colchón, bocarriba y de un jalón le arrebató las prendas, dejándola en semidesnuda.

Y con otro jalón, se deshizo, completamente, de las suyas. Quería saborearla apropiadamente. Colocándose encima, volvió a besarla con más ímpetu y Levy maulló al percibir el tacto del glande golpeando la tela que cubría su hinchado centro, como si estuviera pidiendo permiso para entrar. Él, por su parte, había abandonado su boca para regar una serie de besos por su cuerpo, pasando por el cuello, el ombligo, hasta llegar a la vulva. Gajeel acercó la punta de la nariz a ese cándido lugar, aspiró hondamente y babeó. Era un olor exquisito. A continuación, rompió la tanga y, antes de dejar que ella hablara para protestar, pasó su lengua por aquellos abultados labios, lamiendo toda su raja, hasta llegar al clítoris. Levy sollozaba; pudo, a duras penas, balbucear cuanto lo amaba y para otorgarle más acceso, colocó sus piernas en los hombros masculinos.

Gajeel siguió: chupando el clítoris, dibujó la entrada con un dedo y penetró, una y otra vez, la cueva del eros. Levy gritó cuando el clímax la golpeó, pero aún sentía dolor. Desde que inició su vida sexual con Gajeel, la temporada le era, no fastidiosa, sino insoportable.

La gatita quería al lobo.

- ¡Dios, Gajeel!- exclamó agitada.- Te necesito, hazme ya tuya por completo.

Él se separó de ella para luego incorporarse, otra vez, encima. Levy rodeó su cadera con sus piernas y pudo darse cuenta que las pupilas de su novio habían adquirido, momentáneamente, tal dimensión que sus orbes se tornaron negros en su plenitud . Miró su pene. Se veía un poco más grande de lo normal, su piel estaba enrojecida y parecía doloroso. Él agarró la base de su miembro y la dirigió hacia su goteante hendidura.

- ¿Sabes lo que me estas pidiendo? - replicó, con voz áspera, apretando la punta del pene contra su vagina. –Una vez acoplados, no podré vivir sin ti. Serás mi compañera por siempre.

Y con una última embestida, terminó de penetrarla. Ella gimió con fuerza al ser empalada, otra vez, por algo tan grueso. Su primera vez había sido dolorosa, pero ahora la sensación de estiramiento no le causaba malestar alguno; al contrario, lo gozaba. De nuevo, Gajeel retrocedió para volver a llenarla; estaba apretada, caliente y empapada. La montó con fiereza, rápido y duro, y ella, gustosa, se entregó a aquel placer.

Entre el bendito vaivén y los excitantes gemidos, el tiempo, para ellos, dejó de existir. A Levy le ardía la garganta de tanto gritar, pero deseaba más, quería eclipsar su necesidad. Lo único que tenía en la mente era el hermoso cuerpo de Gajeel y el éxtasis que le estaba provocando. Él la agarro por las caderas para inmovilizarla cuando ella se empujó hacia atrás para instarlo a seguir.

-Más, dame más. – susurró.

Él respondió empujando con lentitud, como si deseara torturarla. Le fascinaba verla agonizar en esas circunstancias. Acto seguido, con un movimiento brusco, volvió a introducirse con dureza y, a consecuencias del éxtasis, Levy tocó el cielo. Unos extraños puntos de luz pasaron por sus ojos, pero Gajeel seguía meciéndose dentro de ella, de modo que ignoró el pequeño vértigo.

Con un aullido, Gajeel llegó, rellenándola con su simiente. Luego, abatido por el cansancio, se dejó caer a un lado de la cama y, finalmente, el dolor y la necesidad se desvanecieron. Levy, por su lado, aprovechó para arregostarse encima de su pecho.

-A partir de ahora, cuidaré de ti. –dijo pasando su mano por la cascada de rizos azules. - es probable que deje los estudios y vuelva contigo por lo que te hice ahora.

Levy río.

-No será necesario, Gajeel. Como ya sabes, mi familia pensaba enviar, únicamente, a Lu, pero gané una beca y me inscribí en lingüística. Ahora, estaremos juntos. – se inclinó, ronroneante, para besarlo y prosiguió: - y no te preocupes, adquirí píldoras anti-bebés.

A él se le ensanchó una enorme sonrisa en su rostro. Era la mejor noticia que pudo recibir. Inmediatamente, agarró con sus manos las caderas de Levy para dejarla a horcajadas de él.

-Entonces, permíteme darte una perfecta bienvenida, gatarón.

- ¿Qué es "gatarón"? –preguntó Levy.

-Una mezcla de "camarón" y "gato".

- ¡Oh, cielos!