Setiembre del 2021, Perú

Disclaimer: El contenido de este documento es un fanfic, por tanto, fue y es escrito por un fan para fans.

One shot

Para la eternidad


Un silencio sepulcral.

Se daban la espalda el uno al otro. Ninguno estaba interesado en lo que debían hacer en esa habitación, a penas, se conocían; sin embargo, ya eran marido y mujer.

Él carraspeó luego, de varios segundos, como para hacer notar su presencia. El silencio ya empezaba a incomodarlo.

Y a ella, la ausencia del bullicio comenzó a jugarle en contra y sin darse cuenta, suspiró. Por miedo, quizás buscando valentía o por enojo. Continuaba, sentada en su tocador, a pesar de que cuando su madre se retiró había apagado la luz.

La tenue luz de la luna, era lo único que iluminaba el lugar, pero era suficiente para que puedan vislumbrarse el uno al otro. Ella veía su silueta a través del espejo y él viró a verla desde el gran ventanal, esté daba la impresión de tener diminutos diamantes por doquier pero no era más que la huella de una leve lluvia.

Vegeta sonrió.

No podía negarlo, su esposa era realmente hermosa, aunque ahora no podía verla, durante la ceremonia, lo había notado, y ahora, como su primera noche juntos, lo recordaba.

Bulma entrecerró los ojos al notar el movimiento del hombre. Estaba decidida, ella no lo haría. Hasta el último día de su vida, conservaría su dignidad. ¡Bulma Brief no se rebajaría ante nadie, ni se resignaría ante lo imposible! Miró con firmeza, a la silueta de su esposo, en el espejo.

Vegeta giró sobre sus talones y avanzó unos pasos, Bulma lo supo. Sus sentidos estaban bien alertas, a pesar, de que en el espejo no se noto muy bien la acción.

De pronto, sin embargo, escuchó unos movimientos y luego, un bulto caer.

Yano escuchó más.

Frunció el ceño, la oscuridad no la dejaba ver nada a través del espejo.

Y ella nunca fue de las personas que preferían no saber.

Por ello asintió a la Bulma del espejo, y se levanto lentamente para después girar a verlo.

Grande fue su sorpresa pues, Bulma, indignada separo los labios.

Esta vez, la oscuridad no fue impedimento para ver, el estar frente al ventanal iluminó al hombre.

Estaba con el torso desnudo… el bulto era su ropa.

Era la primera vez que veía a un hombre semidesnudo. Antes de voltear, ni si quiera se imaginó verlo así.

Fue una tonta, debió recordar con quien se casó.

- ¡¿PERO QUÉ CREES QUE ESTÁS HACIENDO ?! -gritó alterada, moviendo los brazos y olvidandose por completo de que si estuvo correcto o no.

Y, Vegeta, de pronto, se sintió un niño pequeño a quien su madre regañó por lo que él creía normal. Ese carácter era más que conocido por él pero totalmente inaudito en una mujer.

Ahora, que lo pensaba, intuía que este carácter no es propio de una.

Una mujer no tenía porque hablarle así. Ni suponiéndolo como un extraño ni como su esposo. Respiró hondo.

-Te recomiendo bajar la voz.

Bulma aún mirándolo con furia cerró los ojos.

El muy desgraciado estaba en lo correcto, si escuchaban o, al menos, se rumoreaba que no paso nada, o peor, que ella se opuso, sería su fin.

Debía estar firme, con una actitud contraria… pero calmada. Debía calmarse.

Suspiró. Como le encantaría ahora, tener la habilidad de relajarse y restarle importancia a todo. Pero no podía, y ya no lo intentaba.

Se arrepentia grandemente haberse casado con ese tipo. Así de simple.

- No te acerques -Se apresuró a decir antes de que esté diera un paso. Y, él, devolvió su pie al lugar ocupado anteriormente. Al mantener los ojos cerrados, pudo sentir ese mínimo movimiento.

Vegeta volvió a sonreír, le parecía verdaderamente impresionante su actual esposa.

Primero, lo enfrentó de forma enérgica y firme, hasta llego a doblegarlo, y ahora, ¿Tenía miedo? ¿Cómo alguien que tuvo la valentía de enfrentarlo ahora, le tenía miedo?

"Como sea. Eso no es importante", se dijo Vegeta.

Ella era su esposa pero no por eso tenían que comportarse como tal.

- Tranquila -dijo él, un tanto divertido, al verla así pero ocultandolo muy bien-. No te haré nada.

Hasta el mismo se sorprendió, en el fondo; por sus palabras.

Súbitamente, su semblante se relajó. ¿Acaso escuchó mal? ¿Era el mismo Vegeta del que escuchó hablar ?, ¿O quizá descontextualizo sus palabras? Abrió los ojos y cuando pretendía hablar, él cerró la puerta del cuarto de baño e inconscientemente volteó a mirar el lugar recientemente ocupado por el hombre.


Literalmente, eran unos desconocidos. Ni antes ni durante la boda conversaron. Tan solo lo hicieron con la mirada, esa fue su única herramienta de comunicación, que no ayudo mucho.

Si cumplían el mandato, Bulma gritaría y se opondría, hasta el último segundo. Ello lo dedujo con su reciente intercambio de palabras.

Estaba de tan buen humor que se sintió cansado como para obligarla o lidiar con alguien de ese carácter.

Lo mejor era darle en el gusto.

Después de todo, ya tenía lo único que queria. Ambos dirían que si y nadie debería porqué enterarse.

Vegeta encendió la luz del cuarto de baño y comenzó a desvestirse. Después de todo, no estaba tan ansioso. Él no se emocionaba con ese tipo de cosas.

Al salir del baño la encontraría sentada en la cama, con la mirada puesta en él. Esos orbes azules lo alertaron. Y de pronto, tuvo la sensación, de que se demoró demasiado. Avanzó uno, dos y al tercer paso, ella habló:

-Por favor, hablemos -pidió calmada. Casi como un ruego.

Él asintió y se detuvo, ella respiró esperando que estuviera tan loco como ella.

-Como tu esposa… te pido un favor. Si me amas como declaraste ante mi padre...

-Comprendo -interrumpió Vegeta-. Diremos que tuvimos intimidad y asunto arreglado.

La verdad, es que a él no le importaba hacerlo.


Y, Vegeta, cumplió.

Todas las veces que se lo preguntaron, en broma, dijo que sí.

El tema no se habló después, de esa noche. El trato ya estaba acordado y no era necesario decir más del tema.

A ella, ni se lo preguntaron. Con Vegeta no se veían durante el día, solo rara vez. En las que solo intercambiaban miradas serias, y ella saludaba a quien tenia que saludar. Su relación no mejoro. Ninguno se preocupo en llevarse bien con el otro, pero tampoco, discutían ni mucho menos, se odiaban.

Y como marido y mujer, durante la noche, se veían sin falta. Dormían juntos. Cada uno en la orilla del lado opuesto de la cama.

Las conversaciones que tenían, eran en un tono neutral, parecían forzosas.

Ellos seguían sintiéndose unos extraños. Hablaban como si estuvieran obligados a hacerlo. Tenían que informarse ciertas cosas.

-¿Qué tal tu día?

-Como siempre -contesto secamente, mientras le daba la espalda-. He pensado que en vez de comprar otra casa, seria mejor construir dos pisos más en la casa de mis padres. Viviríamos aquí con ellos pero tendríamos privacidad.

Espero, buscando quizá alguna aprobación, opinión o sugerencia pero nada de eso recibió.

-Me gustaría diseñar el interior y elegir los espacios para cada habitación.

-Bien. Buenas noches.

El silencio era tan incómodo que se sentían obligados a romper el hielo.

Ambos, desde su orilla de la cama, apagaron las luces.

Así, transcurrió una semana.


Ya se había dado cuenta de que preguntándoselo a sí misma y divagando en la duda no lograría resolverla. Acababa de hacerlo y por eso lo detuvo antes de que esté ingresará al cuarto de baño para ponerse su pijama. Naturalmente, la acción, a él, lo sorprendió.

-¿Por qué lo haces? -dijo en voz baja soltando el brazo del hombre.

Ninguno de los dos notó su cercanía, ni que Bulma lo había tocado. Esta era la primera vez. Pues, la inesperada acción no les dio tiempo de notarlo.

-¿Hacer qué?

-Ya tenemos más de una semana de casados y ni siquiera me has tocado la mano -Dijo en forma de reclamo, lo cierto, es que no lo entendía. ¿Acaso fingía ser el bueno?

-¿Quieres que lo haga?

-No…

-¿Entonces? -no comprendía el propósito de esto.

-¿Por qué lo haces? -pregunto, de nuevo, mirándolo en espera de una respuesta.

Vegeta la vio, vio su mirada, sus bellos ojos azules que transmitían convicción. Retrocedió un paso, y desvió la mirada.

Quería callarla, callarla de un grito; ignorar la pregunta o hasta inventar una excusa para no responder se presentó como una opción. Descartó de inmediato la primera. Ya había conocido el carácter de la mujer, lo que le gustó pues era totalmente anormal.

Pero de seguro, se armaría una muy fuerte discusión y aun no vivían en una casa propia como para fingir armonía matrimonial.

Además de que se veía incapaz de gritarle. Gritarle a esa mujer con esos orbes como ojos, era un reto imposible.

-¿Por qué? -volvió a repetir. Ella merecía la respuesta, era su esposa.

-¿Qué? ¿Qué quieres? ¿Qué te obligue? -gritó, levantando levemente la voz.

Con lo experto que era, evadió fácilmente la pregunta.

Ahora fue Bulma, quien desvió la mirada, bajando la cabeza.

Se sintió horrible por creer en los chismes de la gente. Desde el primer momento, no tuvo duda alguna de que la obligaría, pero se equivocó.

¿Por qué no pensó en eso antes? Si no la obligó, era porque no era como creía. Los rumores de la gente, decían que era frío, cruel, despiadado, mal humorado, incapaz de sentir empatía... Y, sin embargo, no le mostró nada de eso ni le hizo daño alguno.

-¿Creíste que te obligaría? -masculló enojado. Bulma no se movió ni dijo nada.

Vegeta comenzó a verla verdaderamente indefensa. Y, él era el culpable, resopló. No tenía caso molestarse con ella. Después de todo, no se equivocó, él lo hubiera hecho, o, mejor dicho, debió hacerlo.

-Relájate -dijo suavemente. - No te obligaré hasta que estés lista, ¿De acuerdo?

Ella asintió. Posteriormente, él ingresó al cuarto de baño a ponerse su pijama.

A partir de ahora, Bulma, lo miraría y lo trataría de otra manera. No era quien creía.


Nota de la autora: Hola, que tal si, este es un one shot. Queda como eso. Pero planeo hacer un longfic o otros one-shots ligados a este. A veces no se por donde empezar y que si me olvide de algo, etc.

En fin, gracias por leer y comunicarles que esta versión, creo yo, da la impresión de lo que es un one-shot y no se ve como un long-fic.

Se despide, Yulina.

Bye.