Para la Tobidei Week 2021. Día 7: Dale amor a un trabajo en progreso.


Este prompt fue la excusa perfecta para terminar este fic que empecé y nunca terminé. Es un AU de Hogwarts. Pensé que Deidara sería un gran jugador de Quidditch ya que siempre está volando sobre sus creaciones en el manga y, por supuesto, tenía que conocer a Obito. También, sé que ya hablé de pájaros en el fic de los cuervos, pero a Deidara de verdad le gustan los pájaros, eso es canon ya que muchas de sus esculturas son aves. No he escrito algo tan puro en mucho tiempo lol.


—Clase doble de herbología los viernes después del almuerzo —dijo Kurotsuchi, su voz con un deje molesto.

Deidara bostezó ante la idea y desdobló su propio horario.

—Menos mal que no estoy en Slytherin —dijo, leyendo el pergamino—. Hmm, esa clase de Historia de la magia del lunes por la mañana hará que me duerma otra vez.

—El profesor Kakuzu es más viejo que mi abuelo. A veces nos cuenta cosas interesantes, pero recuerda cuando me quedé dormida durante su lección el año pasado y me dejó colgada boca abajo con ese hechizo de hilos negros asquerosos.

—Qué asco da el viejo.

Lla nariz de Deidara se arrugó.

—Nos dijo que cuando era estudiante, los maestros hacían cosas peores con los niños perezosos.

—¡Pero no estamos en su época! Espero que nunca me toque con esos... ¿Tentáculos?

Kurotsuchi hizo una mueca.

—Da bastante asco, sí. ¿Puedes pasarme otro lagarto de pan de jengibre?

Kurotsuchi le tendió la mano. Deidara rebuscó en su bolsa de cuero y sacó un frasco de vidrio. Un pequeño lagarto de ojos saltones salió cuando desenroscó la tapa. Agarrándolo, lo dejó en la mano de su amiga. El vuelo de un ave de presa que nunca había visto antes lo distrajo, y antes de que pudiera cerrar el frasco nuevamente, los lagartos de jengibre escaparon y comenzaron a corretear por su túnica. Deidara observó al ave planear por el patio hasta sentarse en un banco junto a un chico de Slytherin que leía un libro. Junto a él había un gran baúl y lo que parecía ser una escoba Kamui Blackhole descansando sobre él. Después de fallar varios intentos por captar la atención de su dueño, el pájaro saltó y tomó el libro entre sus garras. Deidara se rió entre dientes, mirando como el chico se apresuraba a recuperar su libro.

—Nunca lo había visto antes en la escuela.

Kurotsuchi miró en la misma dirección que él.

—Es Obito Uchiha, tercer año. ¿De verdad no lo conoces?

—No, no me refiero a él. Estaba hablando de ese... Deidara entrecerró los ojos. Halcón de harris. Estaba seguro de que era un halcón de harris. No tenía ningún interés en el chico, pero el ave... Esa ave era hermosa. Majestuosa.

—¿Por qué no lo vi venir?

Si Deidara la hubiera estado mirando, la habría visto poner los ojos en blanco, pero estaba demasiado ocupado en ese momento para no perderse ni un solo detalle de la vista frente a él. Se levantó, todavía sonriendo.

—Voy a saludarlo, hm.

—¿En serio? ¿Me vas a dejar plantada por un águila? Deidara ya estaba demasiado lejos para responder que no era un águila.

—Hola, belleza.

Tan pronto como lo vio, el halcón dejó el libro y voló hacia él, descansando en su brazo y atrapando una de las lagartijas de jengibre.

—¿Hola...? ¿Nos conocemos? —Preguntó el chico.

—No estaba hablando contigo. Estaba hablando con... ¿Cómo se llama?

Deidara lo miró por primera vez. El chico no parecía feliz con su contestación, aunque en realidad no era problema suyo. Deidara se preguntó vagamente qué le había pasado a la cara.

—Tobi —dijo el chico de Slytherin, revisando las marcas de garras en la portada de la copia de 'Quidditch a través de los tiempos' que acababa de recuperar.

En ese momento Tobi atrapó al último lagarto y lo engulló mientras Deidara le acariciaba la cabeza. El tono marrón de sus plumas se volvía rojizo bajo la luz del sol.

—Tobi es un buen pájaro, hm.

—No deberías darle galletas cuando no ha hecho nada para merecerlas. ¡Mira como ha dejado mi libro nuevo!

Deidara sacó su varita y apuntó al libro.

—Reparo —dijo con indiferencia—. Creo que le gusto a Tobi.

—No le gustas tú, le gusta tu comida.

—Espero verte de nuevo por Hogwarts, hm —le dijo a Tobi antes de darse la vuelta y marcharse, feliz de haber hecho un nuevo amigo.


Tomó una grajea de Bertie Botts de tres colores. Deidara la puso a contraluz y miró a través de ella. Blanco, verde y rosa era obviamente una combinación sospechosa, podía saber a carne podrida.

—¿Te acuerdas del chico del águila de ayer? ¿El que te dije estaba en tercer año? —Dijo Kurotsuchi, sentada en una silla vacía en la mesa de Gryffindor, después del desayuno.

—No es un águila, hm.

Deidara estaba completamente seguro de que sabría asquerosa. La dejó dentro de su bolsillo junto con las demás y sacó otra del paquete, una de color blanco perla.

—¿A quién le importa? De todos modos... ¡Ahora está en mi clase! ¡Repitió curso! ¿¡Puedes creerlo!? ¡Nadie ha repetido segundo año en Hogwarts en más de un siglo! Eso es lo que todo el mundo está diciendo.

—Ojalá hubiera un hechizo para revelar su sabor.

—Deja de quejarte y métetela ya en la boca como el Gryffindor que no pareces ser. ¿Quién hubiera pensado que te asustaría una maldita grajea de Bertie Botts?

—¡Prefiero comer cosas sabrosas, gracias! —Deidara se frotó la barbilla, pensando en una idea—. Puede que tenga que inventar ese hechizo, si no existe.

—¡Son a prueba de hechizos! Déjame mostrarte cómo hacerlo, cerebro de rana.

Kurotsuchi metió la mano en la caja, sacó una grajea rojiza con motas amarillas y se la metió en la boca.

—¿Qué es?

—Lasaña —dijo masticando—. Me gusta la lasaña. Vamos. ¡Cómete esa!

Para dejar de darle razones para llamarlo cobarde, Deidara lo hizo. Tenía un fuerte sabor químico y un regusto a limón.

—Pegamento muggle, creo. Está rica.

—Asco —respondió ella, torciendo el labio.

—Te juro que no está mala, hm —Deidara se distrajo de la conversación cuando vio al ave que acababa de entrar por una de las ventanas abiertas. Era Tobi—. Vuelvo enseguida.

Sonriendo, tomó dos tiras de tocino frito y se puso de pie. Tobi acababa de aterrizar en el brazo de su dueño para entregar una carta. Deidara se acercó a la mesa de Slytherin.

—¡Hola Tobi! ¡Mira lo que tengo, hm!

Extendió la mano, moviendo el tocino frente a él hasta que lo agarró con el pico y lo engulló.

—Estoy bien, gracias por preguntar —dijo el chico con actitud molesta.

—Oh, hola, dueño de Tobi.

Levantó los ojos por menos de un segundo, luego siguió mirando al pájaro mientras comía, hipnotizado.

—No puedo creer que incluso mi mascota sea más popular que yo.

Muy ocupado observando a Tobi, Deidara se tomó unos segundos para darse cuenta de que el chico esperaba que le respondiera a eso.

—¿Qué te pasa? No te ves feliz, hm.

Si Tobi fuera suyo, Deidara nunca estaría de mal humor. Allí recordó vagamente que Kurotsuchi le acababa de decir que el chico estaba repitiendo segundo año, y que esa podría ser la razón por la que estaba molesto.

—Bueno, tal vez porque lo único que encuentras interesante de mí es Tobi. ¿Se te pasó por la cabeza que podría ser de buena educación traerme algo a mí también? —El chico de Slytherin no parecía amigable, pero tenía razón. Un poco. Deidara se encogió de hombros—. Si quieres que te deje seguir jugando con Tobi, tienes que traerme algo también. Y saludarme apropiadamente. ¡Y aprender mi nombre al menos! ¡Mi nombre es Uchiha Obito, no 'dueño de Tobi'!

Deidara rebuscó en el bolsillo de su túnica hasta que encontró las grajeas desechadas potencialmente asquerosas. Tomó un puñado y se las ofreció al chico que tenía enfrente.

—¿Feliz ahora? —Deidara acarició el cuello de Tobi con un dedo, jugando con sus plumas—. Merlín, eres tan hermoso.

Dándose la vuelta, fue a preparar los libros para la primera lección del año.


Obito miró fijamente el puñado de gominolas que le había dado el chico de Gryffindor. No esperaba que se tomara en serio su queja, pero al menos tendría algo para comer en clase, si pasaba hambre en defensa contra las artes oscuras. Siendo honesto consigo mismo, las interacciones con el fan de Tobi eran lo mejor que le había pasado después de todos esos lastimosos susurros y comentarios crueles de todos los demás. Sin mencionar el acoso que recibía de Tobirama Senju, el propio fantasma de la casa Slytherin.

Al menos el chico de Gryffindor no estaba allí para burlarse de él, aunque a Obito le molestaba ser eclipsado por su propia mascota. ¿Tan poco interesante era que hasta su mascota le robaba protagonismo? Tobi tomó en su pico una grajea marrón rosada. Tenía pinta de ser la que sabe a lombrices. Obito agradeció a Tobi por tener el don de encontrar sabores asquerosos, pero estaba comiendo demasiadas gominolas. O tal vez también estaba comiéndose las buenas esta vez, cosa que el bicho raro que tenía de mascota nunca hacía. O tal vez su mala suerte habitual había hecho que ni siquiera en un puñado aleatorio de grajeas de Bertie Botts hubiera una buena. Podía imaginarlo totalmente en ese momento.

—Oye, ya es suficiente —protestó Obito, sin saber si era una razón u otra—. Ahora vuelve al aviario, tengo clases.

Extendió la mano y examinó las grajeas restantes. No habría más de diez ahora. Bueno, mejor que nada, se dijo. Eligió la que más le llamó la atención, una de tres colores. Obviamente, era mala, era una combinación de colores terrible. Pensó en carne enmohecida, pero su vida ya era lo suficientemente horrible como para que una grajea de sabor asqueroso la empeorase más, así que se la metió en la boca. Sabía a harina de arroz, pasta dulce de judías azuki y té verde. Obito sonrió por primera vez en toda la semana. Una grajea con sabor a dango.


—Por parejas —indicó el profesor Orochimaru, parado frente a su caldero.

Por parejas. La combinación de dos palabras que Obito detestaba más de entre todas las combinaciones de dos palabras que existían. Ya notaba la ansiedad comenzar a manifestarse. Tenía la esperanza de que los profesores esperasen un poco a que el curso estuviera más avanzado antes de empezar con esas tonterías. Él podía trabajar perfectamente solo y no lo pensaba porque posiblemente se fuera a quedar o bien el último o bien el cabo suelto como siempre, era que...

—El dueño de Tobi es mío, hm.

El chico de Gryffindor se le pegó al brazo al siguiente segundo, antes de que el resto de la clase hubiera empezado a moverse. Obito se quedó sin reacción mirando al chico. Le había salvado de la vergüenza, lo cual no significaba que entendiese su obsesión por Tobi pero le estaba agradecido. Por primera vez desde que llegó, lo habían elegido primero en algo.

—Llámame Obito —dijo, y para que no se le olvidase, lo repitió—. O-bi-to.

Tenía una sonrisa radiante, deseó que fuera por él mismo y no por su pájaro.

—Está bien. Yo soy Deidara.

—¡Pero Deidara! —Kurotsuchi, una de las chicas de su nueva clase se acercó a ellos—. ¿¡En serio me das plantón así!? ¡Pensé que te irías a poner conmigo!

—Y yo, pero la vida tiene esos giros inesperados, hm —el chico aún no le soltaba el brazo.

—¡No es justo, el año pasado fuimos juntos! ¡Ya deja de babear por ese pájaro, al principio me hacía gracia pero esto es demasiado!

La chica lo agarró del otro brazo y de un tirón pretendía llevárselo arrastrando. El miedo se apoderó de él una vez más. No podían quitarle a su pareja otra vez, a la única persona que lo había elegido voluntariamente y no porque "le había tocado" él. Se negaba a dejarlo ir. Apretando su agarre tiró hacia el lado contrario.

—Deidara me ha elegido a mí —dijo Obito.

—¡Me da igual, siempre hemos ido juntos en pociones! —la chica dio otro tirón.

—¡Pero él quiere ir conmigo!

Obito no iba a soltarlo por nada del mundo.

—Eso, peleen por mí, hm.

—Eso, peleen por él, me vendrá bien ponerlos a fregar calderos más tarde.

El cuello del profesor Orochimaru se había estirado hasta que su cara quedó frente a la de ellos. Los tres pararon y decidiendo que no valía la pena ganarse un castigo por aquello, decidieron resolver el conflicto de otra manera. Kurotsuchi soltó a Deidara sin decir nada y se sentó junto a Anko. Obito se había quitado un peso de encima.

—Gracias por no irte.

—De nada. ¿Cómo está Tobi por cierto?

—Está de viaje. Lo envié a entregar una carta —estaba tan feliz de tener compañero que ni le molestó el desmedido interés por Tobi—. Recuerdo cosas del año pasado, la primera poción del temario es un brebaje escupefuego.

Deidara quedó boquiabierto.

—¡Eso me interesa!

—Y recuerdo algunos trucos que ya nos explicaron.

—Vayan pasando esta caja y tomen de ella cinco hojas de menta —dijo Orochimaru, dando la caja a una alumna de primera fila que tomó lo indicado y la dio a la pareja de al lado.

—¿Qué hay que hacer?

Satisfecho, Obito respiró hondo, feliz por sentirse útil mientras tuviera esa ventaja.

—Para empezar, toma siete hojas de menta en lugar de cinco.


Deidara dejó el baúl vibrante en el suelo, tomó su Estrella Fugaz 7 y atrapó el palo entre sus piernas mientras se amarraba el cabello con un elástico, como siempre hacía en días ventosos. Metió la quaffle en el cañón de entrenamiento y se preparó para comenzar. Sacó su varita de la túnica y apuntó a la cerradura del baúl. Sólo tendría un par de segundos para poner distancia de por medio entre él y esas bludgers y no iba a dejar que lo pillasen si quería impresionar al capitán del equipo de quidditch de Gryffindor en las pruebas de acceso del año siguiente. Por desgracia ese año no había vacantes, pero el año siguiente habría dos y una iba a ser suya.

—¡Alohomora! —exclamó.

Acto seguido dio una patada en el suelo y se alejó volando. Si todo iba bien, en un año estaría entrenando con el equipo ahí en ese mismo lugar. Dejó las gradas abajo, hasta quedar a la altura de los aros. Vio dos bludgers escarlata yendo a por él. Se quitó del camino haciendo virar el palo de su escoba, una de ellas pasó silbando junto a su oído. Comenzó a pensar que dos iban a ser demasiado para él, pero una no era lo suficientemente espectacular como para destacar entre los candidatos al mismo puesto que él.

Deidara dejó de ascender para volar paralelo al suelo. Oyó el disparo del cañón de entrenamiento y vio la quaffle salir disparada en el aire. Viró la escoba para ir a atraparla y cayó unos metros para dejar pasar las bludgers por encima de su cabeza. Buena captura. Sería mejor si tuviera alguien con quien practicar, puede que tratase de convencer a Kurotsuchi otro día. Al verlo a él entrenar ella también se lo estaba pensando.

Una figura en movimiento lo distrajo y al girar la cabeza vio a Tobi volando hacia él.

—¡Hey! —Deidara sonrió—. No sé qué haces aquí, pero me alegro de verte. Ten cuidado.

Ambos volaron por un rato el uno junto al otro. Deidara dejó la vigilancia de las bludgers a un lado para verlo planear. A veces se apartaba de su trayectoria para esquivar una bola pero después volvía a su lado.

—Estás loco... Pero me gusta eso, hm.

¿Y dónde estaba Obito? Un rápido vistazo al suelo le bastó para ver que no estaba ahí.

—Tobi, ven aquí —el ave le obedeció posándose en el palo de su escoba, debía recordar darle un premio más tarde—. ¿Has venido a verme tú solo?

Como era de esperar, no le contestó.

—Bueno, podemos entrenar juntos. Así me haces compañía —viró bruscamente para apartarse de la bola—. No tengo nada para darte pero luego te guardaré algo de carne.

Un estudiante de Slytherin cruzaba el campo corriendo en ese instante. Tras colocar una mano sobre sus ojos para apartar el sol, vio que era Obito. Deidara fue descendiendo, le vendría bien alguien más para entrenar. Alguien con quien practicar pases. Sus pies tocaron de nuevo el suelo y Obito se detuvo frente a él, jadeando, doblado hacia adelante con las manos en las rodillas.

—Uff... Ahí... Estabas... ¡No vuelvas a irte por ahí así!

—Tobi vino a verme entrenar. Para algo somos amigos, hm.

—¡Pero necesitaba que enviase una carta!

Deidara sacudió la cabeza.

—Vamos, déjalo que se divierta un poco. Seguro no es tan urgente.

—¡Ese no es el...! ¡Cuidado!

Obito fijó la vista en un punto sobre su cabeza. Al voltearse, Deidara vio una de las bludgers ir directo hacia ellos. Se agachó con rapidez en el último segundo.

—¡De bludger a almohada! —gritó con unos apresurados movimientos de varita.

Y un blanco y redondeado cojín se estrelló contra la cara de Obito. Deidara comenzó a reír entre divertido e impresionado. Tomó el cojín y lo echó al baúl.

—¡Hey! Ese fue un buen hechizo, hm. Yo a penas conseguí transformar un conejo en un zapato ayer. Pensé que se te daría peor.

—Bueno... Nadie espera mucho de mí. Tampoco yo. Pero al menos pasarme todo el verano dando clases particulares de refuerzo se ha notado.

—Qué aburrido —se quejó.

Deidara se había pasado el verano sin hacer nada excepto pasar el día con Kurotsuchi y Akatsuchi, hacer carreras de vuelo, practicar con arcilla y comer helados. No volvía a su casa nada más que para dormir y comer. Sintió lástima por él al imaginarlo esclavizado por un profesor particular.

—Quiero pensar que mereció la pena.

—Oye, ¿y cómo fue que repetiste curso? —Preguntó Deidara mientras se ocupaba de regresar la otra bludger de nuevo a su caja.

—Bueno —ahora el chico se veía mucho más triste—... Admito que no me tomé las cosas muy en serio. Quería entrar en el equipo de quidditch de Slytherin el año pasado y no lo logré. Me pasé el año practicando, mi amiga dejó de ayudarme con los deberes cuando vio que no me lo tomaba en serio así que me di por vencido...

—¡Eso es bueno! Eso significa que este año has practicado tanto que te elegirán, hm.

Ambos se sentaron sobre el baúl de las bludgers que daba de vez en cuando pequeños espasmos.

—En realidad se me da fatal. He mejorado pero... No para estar en el equipo. Pensé que entrenando me haría bueno pero ya está visto que no es lo mío, debería dejarlo —dijo Obito.

Deidara se indignó. ¿Era bobo o algo? Frunciendo el ceño, lo tomó de los hombros y lo hizo girarse hacia él. Obito se echó un poco hacia atrás, pero no con la suficiente fuerza como para soltarse.

—¡Si lo dejas ahora repetir curso no te habrá servido de nada!

—¿Para qué perder más tiempo?

—¿¡Eres un Slytherin o no!?

—Sí lo soy pero...

—¡Vas a presentarte a la prueba de admisión y vas humillar tanto a los otros que se irán llorando a sus dormitorios!

—¿L-lo voy a hacer? —preguntó Obito, alzando las cejas.

—¡Sí, hm!

Algo pareció cambiar en su mirada, ahora menos insegura y más determinada.

—¡Eso es! —exclamó al fin.

—Y no sólo vas a entrar, vas a ser el capitán del equipo algún día también.

—¡Lo seré! —Obito lo agarró de los hombros también—. ¡Tienes toda la razón! ¡Seré el capitán!

—Bien —Deidara asintió satisfecho-. Ahora vamos a entrenar.

—Pero tengo que escribir cuarenta centímetros de pergamino sobre el legado mágico del pueblo picto para mañana.

—Mierda yo también —Deidara lo había olvidado por completo, ahora veía las consecuencias de tomarse el quidditch en serio. Se puso en pie, dispuesto a que nada lo detuviera, ni siquiera el pueblo picto—. Ve a buscar tu escoba, entrenamos y después vamos a la biblioteca y hacemos el trabajo. Primero lo importante.

—Y puedo meter la cena a escondidas, así tendremos más tiempo.

—Me caes bien, hm —dijo Deidara.

Obito empezó a correr hacia el castillo, pero tras unos metros se volteó de nuevo hacia Deidara.

—Por cierto... ¿Sigue tu amiga enfadada contigo por mí? —preguntó hombros encogidos por la culpa.

—Nah. Ya se le pasó.

Lo que no le dijo, era que luego tendría que prestarle el pergamino para que se lo copiara también. Slytherins.


Deidara quería haber ido a ver las pruebas de admisión del equipo de Slytherin para animar a Obito, pero él le había pedido que no fuera. Dijo que si sabía que estaba ahí mirando se iba a desconcentrar y lo iba a hacer mal. Cuidar de Tobi le estaba haciendo olvidarse de su impaciencia. Él y su lechuza se llevaban bien, excepto a la hora de la merienda cuando Katsu se puso territorial por las tiras de cecina que estaba repartiendo.

Ya no le quedaban cosas que hacer. Le había dado tiempo a practicar encantamientos e intentar leer el texto de defensa contra las artes oscuras del lunes pero no podía concentrarse. Tampoco tenía hambre y a esa hora el estómago normalmente ya estaba pidiendo el almuerzo. Obito debía estar a punto de llegar, o eso esperó.

—¡Dei!

Atento a cualquier ruido, Deidara se puso en pie de inmediato. Obito venía corriendo por el puente de madera. Sonriente, se levantó del banco en el que habían quedado y corrió hacia él en lugar de esperarlo a que llegase.

—¿Cómo te ha ido?

—¡Dei! ¡Estaba tan nervioso! ¡Me dijeron que tenía que parar y...! ¡Diez veces! ¡Me temblaban las manos! ¡No sé como...! ¡Anko sacó las bludgers, es una sádica! ¡El profesor Orochimaru fue a mirar y pensé "oh mierda", bueno es normal es el jefe de la casa y le interesaba pero luego...! ¡Luego pensé que si hubieras venido habría tenido más presión para hacerlo bien y me habrías protegido de su influjo maligno pero ya era tarde para avisarte!

Obito hablaba rápido, parando para tomar aire.

—No he entendido nada. ¿Te han aceptado o no?

—¡Sí! —Deidara no vio venir cuando Obito soltó su escoba, lo abrazó por la cintura y levantándolo en peso comenzó a dar vueltas, riendo—. ¡Sí me han aceptado! ¡Soy guardián! ¡Soy el guardián de Slytherin ahora!

El mundo giraba y giraba y Deidara comenzaba a sentirse mareado.

—¡Felicidades, hm! Pero bájame.

Obito lo dejó en el suelo otra vez, la sonrisa no se le iba de la cara.

—Todo es gracias a ti.

—Nah. Eres bueno.

—Pero necesitaba apoyo moral, y tú me lo diste —sus ojos se volvieron vidriosos—, no sabes cuanto tiempo llevaba buscando esto. Nunca me creí del todo que lo conseguiría, y ahora que ha pasado aún no lo hago. Había gente de cuarto y quinto año ahí, compitiendo conmigo.

Un sollozo.

—Los de quinto deberían estar estudiando para sus TIMOS y dejando el Quidditch a los que se lo toman en serio de todos modos, hm. Mereces estar ahí.

—Igual gracias —Obito volvió a abrazarlo, esta vez algo más calmado—. Ahora tendré que entrenar con ellos, pero me gustaría que siguiéramos entrenando juntos también. Me lo he pasado bien contigo.

—No pensaba dejarte escaquearte tampoco —replicó Deidara.

—Y tú aún no eres mi rival.

Separándose, recogieron las escobas y emprendieron el camino hacia el patio.

—La primera plaza que se quede libre será mía. Excepto la de guardián —comentó Deidara—. Si tuviera que quedarme quieto delante de los postes mientras los demás se divierten voy a pegarle fuego a algo.

—Es cierto, tú te ves más como un cazador. Pero ya te aviso que no dejaré que me metas goles.

—Y yo te aviso que te los voy a marcar todos, hm.

—Lo veremos —la media sonrisa de Obito desapareció cuando se sentó en el banco y sacaba una galletita para Tobi—. Sólo espero que papá Madara tarde en enterarse. Me hizo prometer que me olvidaría de juegos y estudiaría.

—No seas tonto —Deidara se sentó a su lado y acarició la cabeza de Tobi—. Acabas de entrar al equipo de Slytherin y andas preocupado por lo que él piense. Dile que te han admitido, que es lo que querías de verdad y que se aguante.

—Es cierto, es lo que quería —el chico volvió a sonreír, últimamente no se veía tan decaído comparado con el principio del curso—. Pero de momento, sólo de momento, lo mantendremos en secreto.


—Quizá no fue una buena idea —Obito suspiró con pesadez mientras se ajustaba las espinilleras—. Voy a hacer el ridículo.

Cruzado de brazos, Deidara lo observaba prepararse. Por miedo a llegar tarde Obito le había hecho prometer a Deidara que no lo dejaría perder el tiempo y entretenerse. Se lo había tomado demasiado al pie de la letra, pero una promesa era una promesa. Al final, habían llegado demasiado temprano juzgando por lo vacío que estaba el vestuario del equipo de Slytherin.

—Es sólo Hufflepuff —dijo para animarlo.

—¡No. Digas. Eso! Todos los años alguien dice esa frase y todos los años Hufflepuff les cierra la boca —Obito cubrió su rodilla derecha con la rodillera y abrochó el velcro por la parte de atrás—. No puedo comenzar a subestimar a los rivales. Esto es serio... ¿Por qué me dejaste intentarlo Dei? ¡Debiste haberme detenido...! Um... ¿Me ayudas a colocarme el protector de pecho?

Deidara tomó la prenda, acomodó las hombreras y abotonó el cuero por la espalda.

—Voy a ir a la enfermería y te voy a traer un poco de filtro de paz, porque así como vas esos tejones te las van a colar todas, hm.

—¡No! ¡No necesito filtro de paz! ¡Necesito estár en guardia y no dormirme en la escoba! ¡Tráeme café, mucho café!

Obito ya se veía como si alguien le hubiera lanzado la maldición de las piernas de gelatina, solo que a todo el cuerpo. No necesitaba café. Deidara lo tomó de los hombros y lo obligó a girarse. Una lágrima bajaba por su cara.

—Este es tu sueño, maldito bobo.

—Dei, me van a ver todos. Me van a ver todos haciendo el ridículo.

—¡Entonces no lo hagas! ¡Dales una patada en el culo!

—Eso es falta.

—Hazlo igual —dijo Deidara, haciéndolo reír. Usando la manga de su túnica, le secó con fuerza la cara—. Y límpiate eso antes de que vengan los demás y te vean así.

Le pasó los guantes y Obito se los puso.

—Igual, ser guardián es la posición menos interesante. No importa cuantas veces pare la quaffle, sólo basta que el otro equipo encuentre la snitch para que ganen. La mayoría de las veces.

—Pero —Deidara buscó en un manual de Quidditch que había en una estantería y pasó las páginas en busca de la sección de mejores paradas—. Puedes hacer esto.

En la foto se veía a un guardián en una escoba dando una patada a la quaffle mientras hacía una voltereta completa, mandando la bola bien lejos.

—La patada chilena —agregó Deidara.

—Bueno, aún no me sale. Tenemos que practicarla más para el partido contra Ravenclaw.

Obito ya no se veía tan nervioso. Deidara le sonrió y sacó del bolsillo interior de su túnica una banderita de Slytherin.

—Estaré animándote desde las gradas.

—Oh, gracias. No se ven a muchos de Gryffindor haciendo eso.

—Eso es porque yo no animo a Slytherin. Te animo a ti, hm.

—Dei...

Le dio un fuerte abrazo antes de que los primeros jugadores del equipo comenzasen a entrar al vestuario. Al separarse de él, agitó la banderita mientras le hacía un gesto alentador con el puño. Deidara no podía esperar a entrar al equipo él también, enfrentarse a Obito e intentar colarle algunos goles. Iba a ser divertido.

En lugar de irse con los de su casa, buscó a Kurotsuchi y se sentó a su lado, haciéndose un hueco a la fuerza entre ella y el chico que había sentado a su lado.

—¡Deidara! ¡Viniste a animarnos!

—Si nuestros rivales no lo hacen bien, no hay emoción —respondió.

Varios elfos domésticos se paseaban por las gradas repartiendo aperitivos pero Deidara no tenía hambre. La emoción por ver a Obito jugar se la había quitado.

—He pensado que yo también voy a entrar al equipo —dijo Kurotsuchi—. Se ve emocionante estar ahí arriba.

-Bien -dijo Deidara-. Espero que pronto nos veamos las caras.

Si Kurotsuchi acababa también en el equipo de Slytherin, se motivaría el doble para vencerlos. Un rato después ambos equipos salieron al campo y en la grada de Slytherin todos se pusieron en pie entre vítores y pancartas lanzadas al aire.

Mirando a Obito avanzar con su elegante Kamui Blackhole blanca y negra en la mano, Deidara vitoreó con ellos.


De una patada, Obito mandó la quaffle varios metros sobre sus cabezas. Deidara subió para atraparla y volvió a lanzarla desde ese ángulo. Esa vez sí consiguió colarla. Rió contento por su logro. Desde que Obito llegó a su casa entrenaban todas las tardes y cada vez le resultaba más duro meterle goles.

—Te toca ir a por ella, hm.

Obito bajó hasta el árbol donde la quaffle se había enganchado.

—¿Jugamos a los cien pases ahora? —dijo Obito—. Aún queda un rato para la cena.

El sol se había puesto hacía rato y el aire empezaba a venir frío. Así eran los veranos en Iwagakure. Deidara tenía los brazos helados y la piel de gallina pero aún no quería bajar a tierra firme.

—Vale.

Obito le arrojó la quaffle y él maniobró hacia atrás para atraparla. Una vez en su mano se la devolvió, poniéndoselo difícil con especial empeño. Lo vio echar a correr detrás de la pelota para que no se cayera.

—¡Hey! ¡Hazlo bien! —protestó, y se la tiró desviada hacia arriba.

—¡Tú también, hm!

Después de eso ambos se calmaron, y se conformaron con pases más fáciles.

—Anoche soñé que te admitían en el equipo de Gryffindor, pero eras buscador.

—Buscador —Deidara se imaginó recorriendo el campo en busca de la snitch dorada mientras el resto del equipo hacía todo el trabajo divertido—... Nah. No podría hacerlo. Quiero estar donde está la acción.

—Serías un buen buscador.

Deidara rió.

—No digo que no —entre pase y pase la conversación seguía—. Pero falta un año más para que esa posición se quede libre y no pienso esperar más. Cazador es lo que quiero ser. Golpeador no me importaría si de verdad pudieran marcar puntos.

—Todo el mundo quiere ser buscador. En verdad me gustaría ver como les quitas el puesto a todos los candidatos —dijo Obito.

—Sí, eso estaría bien, hm. Me gustaría probar si puedo lograrlo. Luego les diría que he cambiado de opinión y me iría.

Su madre salió a avisar que la cena estaría lista en veinte minutos y ellos aún no llevaban ni cincuenta pases.

—Vamos a tardar —la avisó Deidara—. Estamos jugando a los cien pases.

Si no lo lograban, la quaffle se volvería invisible. Deidara aún no había podido encontrar la que perdieron el día en que Obito llegó.

—¿A los cien pases a esta hora? Deidara, vas a hacer a Obito comerse fría la cena.

—Fue mi idea en realidad. Lo siento —se disculpó él.

Al menos siendo un invitado no iba a meterse en problemas, y a su madre le había caído bien Obito.

—Está bien, la dejaré en el fuego un poco más. No se olviden darse un baño antes de ir a la mesa.

Cuando se fue, Deidara voló hasta donde estaba Obito para chocarse las manos.

—Menos mal que estás aquí, sino me habría llevado un sermón.

—Igual vamos a darnos prisa, me está dando hambre.

Ambos se concentraron en terminar el juego con pases más rápidos y riesgosos. Si se les caía, no podrían volver a jugar a menos que alguien la encontrara para lanzarle un finite incantatem.

Por suerte todo salió bien y pudieron irse a bañarse y prepararse para cenar antes de lo que calcularon.

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Era fácil acostumbrarse a vivir en casa de Deidara. Obito vivía en una casa mucho más grande y demasiado vacía en el barrio de la noble casa Uchiha. Madara siempre estaba ocupado y él no quería causarle más molestias, Zetsu y Guruguru siempre le daban la razón, como todo elfo doméstico, por lo que tampoco era tan satisfactorio hablar con ellos. Los retratos de sus antepasados tampoco eran tan habladores. Su profesor particular era la persona con la que más hablaba, dejando a un lado las cartas que él y Deidara se escribían casi a diario.

Obito lo había extrañado, y aún lo hacía aunque lo tuviera al lado, sólo con pensar que en una semana Zetsu iba a volver para aparecerlo de nuevo en Konoha.

En casa de Deidara había muchos sonidos y movimiento. Figuras de arcilla blanca que saltaban por las estanterías o revoloteaban cerca del techo. Platos de cerámica con flores que cambiaban de color o estrellas sobre fondo oscuro que parecían brillar como si tuvieran luz propia, con suerte se podía ver pasar una estrella fugaz.

La madre de Deidara se interesaba por sus anécdotas en Hogwarts, les daba consejos de quidditch y había agrandado con magia un par de pijamas de Deidara para él, cuando Obito descubrió que se había olvidado los suyos en casa. Algunas noches después de cenar, jugaban a algún juego de mesa mágico, pero esa, la mamá de Deidara sólo los mandó a cepillarse los dientes e irse a la cama después del postre.

Había montado el futón justo al lado del de Deidara. Tras conjurar un hechizo anti calor, les dio las buenas noches y se fue.

—Tu madre es tan amable, espero no estar causando molestias —dijo Obito una vez se quedaron solos.

—Pfft —Deidara se acostó y se cubrió con las sábanas—. Era ella la que se puso nerviosa cuando le dije que eras un Uchiha. Me dijo que te imaginó diferente, pero le caes bien.

—¿Cómo diferente? —Obito tenía miedo de preguntar.

—Mmm, más serio.

—Te sorprendería saber cuanta gente piensa lo mismo.

—Si fueras el típico estirado de buena familia no me caerías bien, hm.

Ver a Deidara arrugar la nariz lo hizo sonreír.

—Entonces es bueno que no lo sea —los días pasaban volando, Obito colocó sus brazos como una almohada, deseó poder parar el tiempo—. Ojalá pudiera quedarme un día más al menos. No tengo a nadie con quien practicar en casa.

—Hazlo, dile a tu padre que un día más no va a cambiar nada.

—No va a entenderlo. Ya hizo un drama por las clases particulares que iba a perder —Obito imitó a Madara con voz grave y burlona—. "Puedes ir sólo si vas a seguir practicando a diario oclumancia y legeremancia, ñiñiñi-"

Obito se incorporó de golpe, recién recordando a lo que se comprometió. Mierda. Estaba perdido.

—¿Qué pasa?

—No he practicado mis ejercicios ni un día. ¡Lo olvidé por completo!

—Wow... ¿En serio estás practicando eso? Son hechizos muy avanzados —dijo Deidara.

—Es algo familiar, papá insistiópero se me da muy mal —respondió Obito.

—¿Y puedes leer mentes?

—Sólo puedo acceder a la memoria inmediata y por muy poco tiempo. Ya es un milagro que haya conseguido eso.

Sonriendo, Deidara se cruzó de piernas en el futón.

—A ver, adivina la palabra en la que estoy pensando, hm.

—No siempre me sale bien, aviso. Pero necesito mi varita. ¿Dónde la puse?

Obito miró debajo de su almohada, revolvió su equipaje entero y abrió el cajón donde Deidara solía dejar la suya. La encontró ahí y dio un suspiro de alivio.

—No te rías —dijo, Deidara no le hizo caso hasta que no lo vio apuntarlo con la varita. Obito se concentró, Deidara también—. Legeremens.

Era como tratar de atrapar un pájaro con los ojos vendados. Pasó más de un minuto hasta que logró sentir la conexión de ambas mentes, y un segundo después se había ido. Pero no sin dejar una palabra en su cabeza. A Obito se le escapó un suspiro cansado.

—¿Pene?

Deidara no pudo contenerse más la risa.

—¡Sí que te salió!

—Deidaraaa... —protestó Obito.

—Me gustaría aprender también pero debe ser un aburrimiento. Con razón te quieres quedar aquí.

Ambos volvieron a sus futones. Obito estaba cansado, pero prefería quedarse despierto y hablar en lugar de dormir. Quedaba mucho verano por delante, y no quería pasarlo estudiando como el anterior.

—Preguntaré si puedes venir tú de visita. ¿Vale?

—Mmm, no sé.

—Y podemos jugar al quidditch a escondidas en el bosque de la muerte —dijo Obito.

—¿Bosque de la muerte? Eso ya me gusta más —contestó Deidara con interés.


Este fic serán tres partes. Están ya las tres escritas y las iré subiendo a lo largo de hoy, tan pronto como las corrija. Hay dos fanarts que me inspiraron a este fic, están hechos por Monro Mojo. No sé como mostrarlos ya que ffnet no admite links, pero si buscan MonroMojo en twitter y le dan a sus imágenes, los verán. Es un fanart de Deidara montando en la escoba sin manos, vestido con el uniforme de Quidditch y amarrándose el pelo en una coleta. Pensé que volar en la escoba sin manos sería algo que él haría a menudo. Luego hay otro de Deidara con la túnica de Gryffindor y su lechuza en un hombro y Obito al lado con Tobi en el brazo.