Rafael estaba hastiado, si no fuera porque el fiscal enfatizó que debía asistir a esta gala estaría disfrutando de su wiski en la comodidad de su apartamento y no de aquella asquerosa bebida que lo imitaba, con su agotador trabajo y con Olivia Benson y su escuadrón corriendo a su oficina para que llevará ante el juez a todo criminal que ellos quisieran no le quedaba tiempo libre ni para dormir, suspiro mientras dejaba la bebida en una mesa y se recargaba en una columna, ya había cumplido con hacer sociales para la oficina del fiscal, media hora más y podría irse.

Qué demonios– Barba tuvo que sostenerse cuando un torbellino de satén rojo lo paso casi atropellándolo para esconderse detrás de la columna donde él se encontraba.

Por favor ayúdame– una voz vino detrás de la columna con desesperación.

Barba no tuvo tiempo de averiguar lo que estaba pasando cuando un hombre de paro frente a él preguntando si había visto a una mujer pasar por ahí, estudio al hombre frente a él y lo reconoció y supo por que la mujer le pedía ayuda, aquel tipo no entendía las negativas aunque estas se escribieran en rojo y con mayúsculas.

Creo que fue en esa dirección– Barba señalo al otro lado del salón tratando de alejar de ese sitio al hombre, con un agradecimiento vio como seguía sus indicaciones alejándose de el– ya puedes salir–

Gracias por eso– dijo la mujer asomándose detrás de la columna– no debí a ver venido, solo dios sabe a cuantos empalagosos he tenido que quitarme de encima esta noche–

No te pierdes nada, todas estas galas son siempre lo mismo, comida mala, malas bebidas, compañía pesada– dijo Barba con fastidio.

Una risa salió de los labios jugosos de la mujer, mentiría si dijera que no entendía por que el hombre la perseguía, era una mujer hermosa, con unas buenas curvas, cualquier hombre de sangre caliente y dos dedos de frente no perdería su oportunidad.

Vaya boca, al parecer a ti no te importa decir lo que piensas– la mujer sonrió mientras lo detallaba.

Siempre soy sincero– Barba le dio una sonrisa al ver el interés en ella, no perdía nada con intentar algo, tal vez saldría algo bueno de ello.

Que te parece señor sincero si salimos de aquí y buscamos algo bueno para beber– dijo la mujer con una sonrisa coqueta y los ojos brillantes.

Me parece bien señorita misteriosa– Barba le devolvió la sonrisa al captar la intención de la mujer de permanecer en el anonimato, si ella no tenía problema por no conocer su nombre el tampoco, hace tiempo que no sentía la sensación de hacer algo arriesgado y caliente como aquello, si sacaba una noche de lujuria con aquella sexi y caliente mujer de aquella pesada gala bien por él.

Ambos estaban desesperados por sentirse, sus labios se buscaban desesperados mientras compartían un apasionado beso, a los dos les faltaba el aire y a Nicolette habían empezado a temblarle las piernas, todo parecía demasiado rápido demasiado intenso pero ninguno de los dos se había detenido a pensar mucho, solo una cosa era segura ambos estaban desesperados por sentir al otro.

La ropa había empezado a caer y las manos de ambos recorrían la piel del otro, queriendo reconocer cada rincón y marcar por la manera en que Barba la tocaba, como si fuera suya, el calor había comenzado a elevarse y la fricción entre los dos era más intensa mientras más pasaba el tiempo, chocaron un par de veces mientras se dirigían a su objetivo final, la espalda de Nicolette toco la suavidad de sus sábanas al caer en la cama y sintió el peso de aquel cuerpo sobre ella.

Sus ojos se encontraron, al principio los había creído marrones pero un verde lleno de lujuria la hizo perderse en ellos, los perdió de vista en cuanto su cabeza bajo para probar su piel, sus labios lamieron, saborearon, chuparon y la torturaron hasta que la hicieron gemir de placer, cuando sus labios alcanzaron la cúspide de sus pezones erguidos coronados por dos aureolas rosas, el juego de contraste de su piel con la de aquel hombre la éxito aún más y contuvo la respiración cuando vio su cabeza bajar por su vientre y desaparecer en sus muslos.

Barba estuvo saboreando su humedad y se deleitó tanto con su sabor como con las respuestas que obtenía de ella, esos dulces gemidos lo estaban llevando a la locura, a aquel borde del precipicio donde no había retorno, solo una recompensa para deleitarse juntos, sin aviso y sin espera inserto dos dedos en ella y fue recompensado con un grito de puro placer, mientras sus dedos y boca la acariciaban la llevo al quinto cielo sin problema, siendo recompensado con la imagen más erótica y sensual que hubiera visto en su vida, poco a poco fue subiendo por su cuerpo, repartiendo un beso aquí y haya mientras la ayudaba a bajar de su nueve, una vez estuvo frente a ella una sonrisa lánguida lo recibió mientras se acomodaba entre sus piernas.

Cuando su erección la rozo ambos gimieron de placer, ella estaba húmeda, caliente y lista para el mientras el parecía que crecía cada vez más, fuerte como el hierro, duro y grueso, se meció contra ella un par de veces, tentándola, volviéndola loca, mientras el deseo y la tensión se incrementaba a su alrededor.

Por favor– suplico mientras el continuaba con aquel juego de provocarla sin poder alcanzar aquello que tanto anhelaba, Barba embozo una sonrisa maliciosa mientras su lengua recorría el valle entre sus senos y sus manos su cuerpo, sintió como sus dedos marcaban sus caderas mientras la sujetaba y se perdían para tomar su trasero y elevarla, hasta que lo sintió entrar de golpe mientras un grito escapada de su boca, era todo placer.

No supo cuánto tiempo estuvo moviéndose dentro y fuera de ella, solo sabía que estaba perdida entre las sensaciones que le provocaba su cuerpo, sintió como llevo sus dedos hasta el capullo oculto entre sus piernas, cuando la toco fue como si estallara mil pedazos mientras se apretaba alrededor de él.

Te sientes tan bien, ven por mí– aquellas palabras en un idioma diferente no tuvieron sentido para ella pues estaba envuelta en una nube de placer, Barba sintiendo como comenzó a desmoronarse en sus brazos acelero su ritmo y tras un par de estocadas finales llego dentro de ella con un fuerte grito, mientras los últimos vestigios de placer los abandonaba ambos se miraron a los ojos, nunca en sus vidas habían sentido aquello tan intenso, las palabras sobraban en aquel momento, sus labios se buscaron como con vida propia, afuera la ciudad seguía su propio ritmo.