Capítulo 19.
Al entrar a la vieja "cabaña del bosque", la ola de bellas memorias lleno el pecho de William, observaba cada detalle de aquel lugar, por supuesto había algunos cambios que eran entendibles, pero la esencia de aquel sitio seguía siendo la misma, la paz que se podía respirar en ese lugar era única, a su mente llegaron como flashes los recuerdos de su alma, quizá en esta vida el jamás puso un pie en la propiedad al no pertenecerles más, pero su alma guardaba todos los bellos momentos que vivió junto a sus animales y junto a Candice, aquella chiquilla a la que amo desde el primer instante… como a una hermana y que por piedad del destino ahora era realmente su sangre.
-Buenos días,- Saludaba una mujer de mediana edad, castaños cabellos y cara redonda, era bonita, y tenía una mirada muy semejante a la de…, Terrece?… quizá los hilos de sus vidas estaban más enredados de lo que nunca imagino.
-Buen día, mi nombre es….
-William, usted es el senior William verdad?- pregunto emocionada y dejado caer el plato a medio secar que llevaba en sus manos que comenzaron a temblar mientras sus ojos se abrían sorprendidos mostrando alegría.-Louis!, Louis!- comenzó a llamar a viva vow.
-Que sucede Pauna!,- salía el hombre apurado secándose las manos y limpiando su cara a medio rasurar.
La mujer señaló frente a ella al rubio que al escuchar el nombre de la mujer se quedó sorprendido. Porque llevaba el nombre de su "hermana" una mujer tan diferente a ella?.
-Senior… William!,- Louis abría sus ojos enormemente, el hombre era castaño y sus ojos azules un tono o dos más obscuros que los del mismo rubio, pero en sus facciones había algo que lo hacía recordar a una persona muy querida.
-Nos conocemos de algún lado?- preguntaba el rubio tratando de relajar un poco el sorpresivo momento.
-Quizá usted no nos conozca a pesar de los años que llevamos a su servicio…, pero para nosotros usted es una persona muy conocida gracias a nuestros abuelos y al tatarabuelo…- el hombre sonrió y le invito a seguirlo.
William confundido por toda aquella familiaridad, continuo por el camino que le era indicado hacia el recibidor de la casa, Louis sonrió observándolo y después giro un poco su cabeza indicándole con la mirada el retrato que estaba sobre la chimenea. Ese recibidor era muy privado, ya que solo la familia entraba en él, así lo había pedido el tatarabuelo.
-Ese…- William tenía la boca prácticamente abierta, ver la pintura sobre la chimenea era como verse en una época pasada, pero eso era imposible, él nunca se había retratado con… Terrece?.
-Ese es mi tatarabuelo… Anthony Brower…- rebelo Louis y William sintió que el equilibrio de toda su vida se perdía, fue el primer jardinero que trabajo para su familia desde muy joven, de hecho él fue quien creo a la rosa que pertenece a su familia los Andrey, mi tatarabuelo estaba orgulloso de ello y que su trabajo fuera tan bien valorado por una familia tan importante.
-Eso no puede ser… debe haber un error…, mi… sob…, esa persona murió siendo muy joven, quizá lo están confundiendo con mi tatarabuelo… William Albert…- trato de controlarse pero su corazón no se dejaba guiar por la razón y seguía latiendo apresurado.
-No, es una historia muy larga senior, pero yo le puedo asegurar que él es mi tatarabuelo… Anthony Brower…- repetía Louis.- el mismo decía que en algunas ocasiones lo confundían con el Senior William Andrey, su patrón.
-Su apellido es Brown?...- pregunto sintiendo que debía haber algún equivoco aun si esa pintura existía debía haber otra explicación.
-No, mi tatarabuelo lo cambio y después mi abuelo lo legalizó, mas mi padre pensó que no había porque esconder quienes somos, el apellido real de nuestra familia es Brower. Brown solo lo usamos para desconocidos.
-No estoy entendiendo,… la persona que está con él es…
-El senior Terrece Granchester, el dueño de esta propiedad, bueno ahora su tataranieto es el dueño legal, pero según contaba mi abuelo, el Duque le confeso que esta propiedad pertenecía a una mujer… y que algún día esta propiedad volvería a ella, cuando ella regresara, pero nunca volvió..., en sus últimos años el Duque enloqueció en su espera por ella… y murió ignorando el paradero de esa mujer.
-Alguna vez el menciono el nombre de esa… mujer?- pregunto conociendo de antemano el nombre, pero no sabía si los demás lo concian.
-No, nunca lo menciono, solo decía que ella era tan hermosa como la Dulce Candy. Que sus ojos era más hermosos que las mismas esmeraldas, Mi tatarabuelo también la conocía, ambos platicaban anécdotas sobre esa joven a la que conocieron en diferentes etapas de su vida pero que siempre mostro el mismo espíritu libre y cálido… con un corazón lleno de pureza y una sonrisa que hechizaba, pasaban largas horas compartiendo sus momentos vividos con ella, pero el Duque siempre terminaba enfadado asegurando que alguien se la había robado, mi tatarabuelo le aseguraba que no fue así, fue en lo único que nunca coincidieron, que ella no estaba en el destino de ninguno de ellos, que ella perteneció desde siempre a su príncipe. De hecho en la familia se ha guardado por años un sobre que el duque entrego a mi tatarabuela que era su hermana, después de la muerte de mi tatarabuelo y aun es resguardado por la familia pero como le he dicho la mujer nunca apareció… no sabemos si tiene descendencia solo estamos en espera de que algún día alguien aparezca a reclamar lo que le pertenece, por el momento el dueño es el tataranieto del Duque, el senior Terrece… Granchester.
-Entiendo… usted podría decirme a que edad murió su tatarabuelo?...- William sentía el corazón dolorido, su único sobrino estuvo vivo, tuvo una familia y estableció su propio medio de vivir trabajando en lo que más le apasionaba… y estuvo muy cerca de Terrece… se convirtió en su mejor amigo, aquella pintura hablaba por si sola de la amistad que existió entre ambos… Terry también le robo a alguien tan preciado… su sobrino.
-Murió a la edad de 60 años, poco después de que se terminara esa pintura aun si aparenta menos edad, mi abuelo decía que los años se detuvieron para el duque y mi tatarabuelo pues jamás envejecieron después de los 40 años.- el hombre sonreía por aquello, pero por las fotos y los retratos parecía ser cierto.
-Es algo… increíble. Usted sabe porque su tatarabuelo no busco a su familia?- pregunto desolado de pensar que su sobrino no lo quiso en su vida, quizá para el también era una maldición pertenecer a los Andrew.
La hermana del hombre volvió después de haber salido por un momento y detrás de ella el pequeño Tony entro corriendo para echarse a los brazos de William que lo recibió con el corazón palpitando fuertemente al verlo, era como estar viendo al mismo Anthony, el chico lo abrazo por el cuello y su mente se comunicó de inmediato pidiéndole perdón, los ojos de William se llenaron de lágrimas.
-Yo no tengo nada que perdonarte, te comprendo…- le respondió en un murmullo solo para ellos dos.
-Perdón… esto es para usted…- La mujer que llevaba el nombre de su antigua hermana le entregaba un grueso folder de piel con un sello que era por demás familiar.
-Que… es esto?- pregunto extrañado.
-Es algo de los muchos pedidos que dejo mi tatarabuelo… han sido tesoros para la familia pues los hemos cuidado por décadas con la esperanza de que algún descendiente de la familia Andrey apareciera alguna vez. Y respondiendo su pregunta… hasta hoy no tenemos ninguna certeza de que mi tatarabuelo haya tenido familia alguna, jamás hablo de algún pariente o algo semejante.
William observaba el folder y Tony lo tomo con su pequeña mano después lo miro a los ojos comunicándose con su bella voz de un pasado muy lejano.
-Perdóname…- volvió a pedir y William solo beso su cabecilla rubia.
Los ojos de cielo se llenaron de agua salada, y un par de esas gotas rodaron sobre las masculinas mejillas mientras apegaba a su pecho al chiquillo sentado en sus piernas y este le rodeaba el cuello con sus manillas, fue un momento no muy largo pero demasiado íntimo y significativo para ambos. Anthony crecía y olvidaba su pasada vida así que el tiempo corría contra ellos, pues cada día era muy importante antes de que el chico olvidara para siempre lo vivido décadas atrás.
William se puso de pie, y se despidió sin tanta ceremonia, pero pidiendo se le permitiera volver y compartir un poco más con Anthony, por supuesto los Brown aceptaron sintiéndose honrados de que una persona tan "importante" quisiera compartir con ellos.
Caminando por las veredas del bosque Andrey, esos que tantas veces recorrió, recordaba a la perfección lugares que antes había recorrido y en los que viviera junto al ejercito de animales que adoptara, se preguntaba cuántos de los animalillos de ese lugar eran descendientes de aquellos que lo acompañaron en tantas aventuras, sin esperarlo, una pequeña marmota cruzo frente a él, deteniéndose de improviso a mitad del camino, entonces el recuerdo de "pupe" regreso a su memoria, sonrió y se puso de cuclillas esperando que el pequeño animal no se asustara con su presencia, le ofreció una avellana que estaba cerca tomándola con su mano para que la marmota la observara, por supuesto no esperaba que el pequeño animal se acercara y la tomara para después comenzar a degustarla justo frente a el… cuantas veces compartió momentos como aquel con su amada "pupe"?..., el animalillo lo observo fijamente por unos segundos agradeciendo por el bocadillo, después comenzó a correr para finalmente trepar a un árbol cercano.
Al observar el camino por el que se fue la marmota, pudo darse cuenta que estaba justo frente a uno de sus árboles favoritos cuantos años habían transcurrido para aquella planta, cuantas historias le contaría si pudiese hablar, era uno de los más altos, donde la brisa golpeaba la cara de una manera distinta a los demás, o por lo menos así era para él, sin pensarlo dos veces y colocando el sobre entre su camisa, comenzó a trepar.
Si, el aire se respiraba diferente en ese lugar, observo un poco a su alrededor, las copas de los arboles habían comenzado a recubrirse de un nuevo follaje, la vista le permitía obtener una imagen de lo que lo rodeaba, aquel lugar parecía una capsula de tiempo, nada había cambiado, a la distancia podía observar el portal de piedra… en otro punto el portal de agua, y por supuesto, el hermoso portal de las rosas que su hermana creara, el mismo que cuidara después su sobrino… con todos aquellos recuerdos de esos hermosos lugares, se sentó en la rama que podía soportar su peso y convertirse en un lugar cómodo para descansar… entonces saco aquel paquete y lo abrió, iniciaba con una carta… de Anthony Brower.
"No sé quien recibirá esta carta, lo que si se es yo no estaré mas aquí…
Esta carta es solo un alivio a mi conciencia, sé que mucha gente sufrió por mi causa, y si alguno de ellos aun esta con vida desearía disculparme… aun si no fue mi intención aquella supuesta muerte, si fue mi decisión continuar mi vida como alguien diferente y permitir que continuaran pensando que ya no existía mas… ame a mis familiares, pero no su forma de vida, esa falsa muerte me dio no solo la libertad, también me brindó la oportunidad de ser feliz y formar mi propia familia con la que espero no haber cometido los mismo errores que se cometieron conmigo, mis primos, mi tío, todos sufrimos el peso de un apellido, las reglas de una sociedad llena de hipocresía y sed de poder… no, esa no era la vida que yo deseaba, por eso permanecí viviendo como alguien ajeno, pero sin dejar de estar cerca… no acusare a quien me causo aquel accidente… pues aun sino era su intención mi felicidad, esa fue la única oportunidad que encontré para después escapar y vivir a mi manera… solo espero que comprendan mi elección y respeten a mi familia, esa que forme a la lado de mi amada esposa… no pido nada para ellos, solo respeto por su labor y el permiso para que continúen en estas tierras que han sido las que más he amado y en las que forje mi vida…
Solo me resta pedir "Perdón", perdón por decidir ser feliz lejos de todo ese mundo al que jamás pertenecí, perdón por ser egoísta y pensar primero en mí y no en los demás, perdón por no haber dejado que siguieran controlando mi vida y el futuro que eligieron para mi… pero no era lo que yo deseaba, así que solo me resta pedir perdón".
Anthony Brower.
William observo aquella carta una y otra vez, la leía y le parecía ver a su sobrino escribiendo aquellas palabras en la soledad del bosque, o quizá en su sitio favorito, el jardín de las rosas.
Hubo un momento de incertidumbre, Terrece fue el dueño de aquellas tierras?, fue el quien las compro cuando fueron puestas en venta durante la crisis económica?, si la fecha de aquella carta era correcta…. Anthony vivía en aquel lugar… se conocerían en aquel entonces?, porque Terrece jamás menciono nada a Candice?... o, no, no quería agregar más a Terrece… en aquellos tiempos, se comportó como un ser despreciable… no quería creer que conociendo el sufrimiento de Candice por la muerte de Anthony… decidiera no contarle que aún estaba vivo…
Junto a la carta estaba un diario… bendita costumbre del pasado de escribir sobre sus vidas… solo así podían conocer parte de lo vivido… y todo indicaba que en su familia más que una tradición era una obligación escribir aquellos libros íntimos. Sonrió, quizá el debiera escribir uno con anécdotas de su nueva vida y como el destino le estaba dando una oportunidad de corregir sus más grandes errores de una vida pasada… no, lo juzgarían loco. En los tiempos actuales esas cosas eran consideradas antinaturales y por supuesto las personas debían acudir al psiquiátrico… como la pobre Lizzy. Si supieran la realidad de todo…. Tal vez en algunos años mas el mismo olvidaría lo vivido para ser solo Berth, el tataranieto de William Albert Andrew… sonrió y abrió el pequeño cuaderno de pastas de gruesa piel, otro detalle común de aquellos tiempos.
Pasaron varias horas, ni siquiera sintió el tiempo correr si no fue por la luz del día que moría y le era difícil continuar la lectura, fue entonces que sintió las mejillas húmedas y frías… el llanto no había dejado de correr por su blanca piel ahora sonrosada por el frio de la brisa en aquella altura.
"Comprendí el dolor de su alma, porque era el mismo que yo sentí durante mi encierro, fue mucho el tiempo que la añore como a nada más en el mundo, pero ella no era para mí, ella pertenecía a su príncipe, y fue algo que "el" jamás comprendió, su dolor le estaba robando la razón y él no lo veía, solo pensaba en vengarse el día que diera con su paradero nuevamente, trate de aliviar su corazón lo más que pude, igual que el alivio el corazón de mi "pequeña pecosa" consolándola por mi supuesta muerte, pero creo que falle, aun si volvió a sonreír y a disfrutar la maravillosa vida en estas mágicas tierras, sé que en el fondo la agonía de perderla aun lo atormentaba, fueron días maravillosos los que convivimos, el trajo a mi vida a la mujer que amo verdaderamente, quien es mi felicidad, es el mejor amigo que nadie pueda tener, solo deseo que pueda comprender que "ella" no estaba en nuestro destino."
Elevo la vista dejando un poco la lectura de aquellas palabras que ya casi no se distinguían por la falta de luz, cerró los ojos cerrando su mente a la realidad e imaginando todo lo que Anthony escribió sobre su vida, sintió coraje e impotencia al imaginar a su sobrino encerrado en el subterráneo de la vieja casa del bosque, jamás hubiera creído capaces a los Legan de cometer tal crueldad con tal de separarlo de Candice… Eliza realmente tenía una mente enferma de Envidia y poder. Agradecía a la vida que pusiera a Terrece en su camino… tal como Anthony lo describía… "era el mejor amigo que se pudiera tener".
Su amistad con Terrece…, quien iba a imaginar jamás que aquel par de rebeldes enamorados de la misma chica fueran a terminar como grandes amigos?, y compartir penas y alegrías, apoyándose uno a otro y aconsejándose para sobrevivir a un amor que Anthony consideraba no les pertenecía a ellos, sino a William… lo que Anthony nunca supo… fue que aquel corazón alegre y puro no le pertenecía a ninguno de los Andrey… le pertenecía a Terrece.
Los años que Anthony permaneció alejado viviendo fuera del país después de escapar fueron clave para el chico, pues aprendió a sobrevivir por su propio talento y esfuerzo, y fueron el motivo del silencio de los Legan que mantuvieron su mentira sobre la muerte del joven, sentía orgullo en su corazón, pero también tristeza y rabia de imaginar las carencias que el chico vivió y la vida de placeres que los Legan mantuvieron sin remordimiento ante lo que hicieron. Cada vez sentía menos el peso por haberlos desterrado en el pasado.
Su sobrino fue feliz, tuvo una vida satisfactoria, y conoció el amor verdadero… con la media hermana de Terrece… otra sorpresa. Sentía algo de resentimiento hacia Terry, él pudo obtener lo que el jamás tuvo… a su sobrino, su único pariente consanguíneo, el único hijo de su adorada hermana Pauna… mientras que el vivió solo sin el cariño verdadero de nadie… solo Candy, estaban a mano.
Abrió los ojos más la obscuridad de la noche ya no le permitía ver con claridad, se dispuso a bajar de aquel árbol, su estómago le reclamaba por la falta de atención durante el día así que decidió regresar a casa… donde quizá terminaría la lectura de aquel cuaderno.
El viento nocturno enfriaba su cuerpo, pero ella no lo sentía, el ahogamiento que sentía en aquella mansión la llevo a salir en busca de alivio, Bert estuvo ausente todo el día y ella se sentía sola, abandonada, pero aliviada de su presencia, era un sentimiento que antes nunca había sentido y se preguntaba, porque?, porque de pronto deseaba que Bert no estuviera?, sentía una ansiedad de ir a algún lugar donde pudiese estar sola… y entonces algo en la obscuridad de la noche brillo con intensidad y una fragancia dulce domino en el ambiente… se acercó un poco temerosa y entonces la descubrió…
-Julieta?...- la gata la miraba fijamente mientras sus ojos brillaban en la obscuridad con el resplandor de la luna que comenzaba a cubrirse débilmente por unas delgadas nubes viajando a la voluntad del viento.
Se acercó al animalillo tratando de tomarla en sus manos pero esta salto escabulléndose entre unos arbustos y esperando porque ella la siguiera… se sintió extraña y las risas de un niño hicieron eco en el vacío…
-Tony?- pregunto a la nada observando como un chiquillo cubierto por las sombras corría a esconderse de ella.
-No!, no vayas por ahí!- le grito al verlo adentrarse en el bosque. La noche ya había caído y nadie sabía qué clase de animales podría haber en aquel lugar, ella jamás se atrevió a salir de la mansión cuando era niña, las historias que relataban los sirvientes eran escalofriantes.
Se detuvo un poco, dudando en seguir al niño o regresar por ayuda, pero Julieta ronroneo como si estuviera retándola a seguirlo y la miraba esperando por su reacción , la gata dio un par de pasos en dirección a donde el Chiquillo siguiera.
-Total que puede pasar?- se dijo a sí misma en busca de valor.
Continuo caminando precavida, tratando que el miedo no la dominara, realmente siempre fue una cobarde a quien Bert sobreprotegía en todo momento, las risas del pequeño seguían escuchándose a unos pasos, pero en cuanto ella se acercaba el corría sin dejarse ver del todo y Julieta seguía avanzando frente a ella retándola a seguir… el brillo de aquel par de ojos le causaba una sensación extraña, era como si estuviera tratando de decirle algo que le cambiaría la vida.
Llegaron al portal de las rosas… estaba abierto y ella con miedo entro al ver como la sombra de Tony se perdía entre el jardín que parecía brillar de una manera especial bajo la luz de la luna, nunca había visto tantas rosas en esa época del año, aquel lugar si debía estar embrujado… su cuerpo tembló.
La luna se ocultaba cada vez más entre las nubes que parecían obscurecerse a cada segundo. Los pocos rayos de luz provenientes de la bóveda celeste eran escasos y pareciera que también le estaban guiando el camino, cruzo por entre el jardín no había más que obscuridad y una neblina cada vez más espesa, su corazón tembló recordando la historia del duque "maldito", aquel que cazaba de noche a sus víctimas cuando cruzaban los límites de su propiedad y las mataba sin compasión entre gritos de dolor de las personas que caían en sus manos llenas de maldad y odio… sus pasos eran cada vez más lentos, miro hacia atrás buscando el camino para regresar pero no podía ver nada más allá de un metro de distancia, la bruma nocturna era realmente espesa contrario al camino frente a ella que le daba una visión más amplia, pero todo lo que lograba ver era un camino de piedra blanca y plantas de rosas de fragante aroma…
La dulce fragancia cambio repentinamente por otra más fuerte, un poco más…intenso, picaba un poco en su nariz pero lejos de ser desagradable le daba la sensación de algo apasionado… las risas de Tony se desvanecieron y ella ya no supo por dónde se fue, pero Julieta estaba como una esfinge sobre el descanso de una bella fuente… el agua brotaba, brillando, dando la apariencia de llevar polvo de estrellas, entonces distinguió el porqué del cambio en el aroma… las rosas que rodeaban aquella fuente eran de un color rojo intenso, los capullos semejaban corazones por su forma y color tan obscuro… purpura.
Se acercó lentamente a la fuente y vio una figura de mármol sentada en el descanso, Julieta se acomodó en las piernas de aquella fría mujer de piedra que sumergía sus pies en el agua salpicada de pétalos purpura que flotaban como pequeñas embarcaciones, busco el rostro de la mujer y observo la expresión de tristeza en aquellos ojos tan parecidos a los suyos, había un par de esmeraldas incrustadas semejando las pupilas, el pelo largo y rizado cayendo en sus espaldas, su nariz respingada y….
La neblina se esparció y la imagen de la estatua se desapareció con un flash que dejo una visión muy diferente, una ventana abierta en el tercer piso de aquella mansión, las cortinas delgadas y trasparentes flotando con el viento y ahí… la silueta de un hombre que la veía fijamente sosteniéndose del barandal que rodeaba el balcón… un rayo destello inoportunamente en el cielo dándole un brillo macabro a los ojos de aquel hombre… e iluminado su rostro por un par de segundos…
-Terrece!- murmuro y su corazón dio un sobre salto.
Bajo la mirada al sentir frio en sus pies… estaban desnudos dentro del agua y ella sentada en el borde de la fuente, miro a su alrededor en busca de la estatua… pero no estaba… ella era la estatua….miro su ropa sorprendida… sus jeans habían desaparecido y su holgado suéter ya no estaba, solo un vestido de delgado algodón… negro?. Toco sus mejillas sintiéndolas frías… estaba llorando?, porque?. Su corazón dolía con un pesar enorme y un hueco en su pecho que le causaba agonía. Sentía la necesidad de huir.
Sus pies estaban helados y dolían en su carrera sin dirección alguna, había salido huyendo en cuanto noto que Terrece la observaba, lloraba, sus lágrimas no dejaban de caer mientras a lo lejos escuchaba los gritos de Terrece llamándola, cada grito parecía un lamento doloroso, ella se ocultaba en lo profundo del bosque huyendo de el… Porque?, porque no lo enfrentaba?
Volvió la mirada hacia atrás al dejar de escuchar los gritos, y entonces su pie tropezó haciéndola caer.
-Aquí estas…- aquella voz provoco que su corazón palpitara muy rápido… pero sus ojos ya no distinguieron la imagen del hombre que la tomo en brazos… la obscuridad domino.
"-señora?- la llamaba el más fiel amigo y el único hombre de confianza de su esposo.
-Que sucede George?- preguntaba poniéndose de pie con dificultad debido a su abultado vientre.
-El senior… está agonizando…- le revelo sin rodeos.
-Entiendo…- respondió y su pecho se sacudió con la fuerza de un huracán.
Ambos caminaron con rumbo al jardín, era el lugar más bello de aquella sencilla casa que él le regalara cerca del rio, el pueblo era un encanto, y la casa parecía sacada de un cuento, siempre sonio con conocer el lugar donde naciera su autor favorito, aquel cuyas obras siempre fueron las favoritas de su esposo y con el tiempo, las de ella. Por supuesto en sus manos llevaba la obra más leída por ambos, "Romeo y Julieta", aquella que tanto significado tenía en su vida.
-Hermoso día para partir?...- le pregunto dándole un beso en los labios con gran ternura.
-Es perfecto no te parece?...- le sonrió y se esforzó por respirar tranquilamente aun si el aire ya no lograba entrar del todo en sus pulmones.
-Llamaremos al médico…- le informo.
-No, - la detuvo tomándola débilmente de la mano- no es necesario, sabíamos que este día llegaría…, además no hay nada que el medico pueda hacer… y yo no quiero que me lleven a un hospital para llenarme de agujas, no quiero irme así, déjame aquí en casa…- le pidió con una voz casi inexistente y a base de mucho esfuerzo para escucharse con la mayor normalidad.- quédate a mi lado… si lo deseas..
-Tontito… donde más podría desear estar?- le serio acariciando su mejilla.
George le acerco una de las sillas de patio para que estuvieran lo más cerca posible.
-Candice…- la llamo y aquella palabra le estrujo el corazón, el jamás la llamaba por su nombre a menos que fuese realmente importante. Guardo silencio esperando que el continuara.- perdóname… por dejarte en este momento tan importante…me hubiese gustado tanto estar contigo cuando el momento llegue, ver sus pequeñas manos, tomarlo en mis brazos y besar su frente… decirle cuanto amor hay en mi para entregárselo, pero al parecer la felicidad no se hiso para mí, mi pequeña… te agradezco todo lo que me has dado, fuiste la luz que me hacía falta para continuar con mi existencia desde el primer día en que te conocí, pero… yo no pensé que este amor fuera a lastimarte tanto….
-Bert, eso no…
-Déjame continuar, el tiempo se me agota, perdóname por amarte de esta forma y no poder hacerte feliz, Candice… búscalo… sé que él te está esperando… tu también lo sabes… no sigas ocultando tu amor… ya no habrá motivo para ello… yo… quiero que seas feliz… mi hermosa Julieta… yo jamás fui tu Romeo…, pero mi amor fue verdadero. Te amé demasiado… mi pequeña…
La mano cayo soltando la suya, y aquellos cielos se cerraron para nunca más abrirse, su corazón se llenó de dolor y culpabilidad, el la amaba y ella le había fallado de la manera más cruel, fue su culpa aquel accidente en donde el cayo por ir en su búsqueda, ese accidente del que jamás se recuperó por completo, y egoísta lo separo de la mujer que lo amaba verdaderamente… fue cruel con aquel a quien le debía todo lo que era.
Se arrodillo a su lado aun si el abultado vientre no le ayudaba mucho, apoyo la cabeza en sus piernas como tantas veces lo hiciera en el pasado lejano cuando ambos gustaban de recorrer las colinas y descansar en la verde hierba, aquellos momentos que le dedicaba por entero. Dejo que su llanto corriera tratando de encontrar alivio a aquella pena que la estaba dominando.
-Avisare a la familia…- George con la voz quebrada como nunca lo escuchara le informo.
-Espera…- le pidió, - deja que esta noche sea solo mío… después ellos se lo llevaran lejos de mí.
-No, el senior dejo una carta junto a su testamento, en ella estipulo órdenes estrictas, nadie de ellos asistirá o podrá hacer nada en su contra, solo usted tiene derecho a decidir que desea hacer con su cuerpo, ellos no pueden acercarse a usted… nadie sabe dónde han estado por estos últimos meses, y así seguirá si es lo que usted desea… fue una orden del "Patriarca". Solo debo llamar y enviar los documentos necesarios probando su deceso. – las lágrimas corrían por las mejillas del moreno y su voz no dejaba duda de su sufrimiento.
-Entonces…
-Solo usted puede decidir lo que cree el deseaba para su morada final.
-Lo llevaremos a chicago…- no termino de hablar cuando un dolor en su vientre le hiso quejarse.- no ahora por favor…- pidió con sus mejillas humedecidas sabiendo que era lo que sucedería…
-Señora está bien?- pregunto George recomponiéndose rápidamente y acercándose a Candice para ayudarle.
-No hoy… porque?- se preguntaba mientras se abrazaba su propio vientre.- quiere despedir a su padre…
George supo lo que sucedía entonces y sin esperar más corrió a llamar al médico por ambos sucesos. Mientras ella se abrazaba al cuerpo sin vida de su esposo buscando el calor y apoyo que de estar vivo él le daría sin duda alguna.
Sus pasos eran lentos, su cuerpo aún no se recuperaba del todo pero ella tenía que cumplir con su promesa de llevarlo a aquel lugar donde sus vidas se unieron, aquel sitio donde sus caminos se cruzaron por primera vez, se detuvo un poco y acaricio los brazos de una de las cruces al pie de su árbol querido, sus madres siempre fueron unas guardianas perfectas y llenas de amor, estaba segura que ellas cuidarían de su príncipe mientras llegaba su tiempo de unirse a él. Continuo colina arriba.
George se detuvo a espaldas de "su señora", esperando, se sentía dichoso por ser el único con quien ella compartiera aquel momento tan único para ambos, pues su amor por aquel hombre era igual de inmensos pero de diferente manera, su amor fue como el de un padre a un hijo… aun si fue su hermano pequeño… un secreto que él se llevaría a la tumba.
El hombre sencillo y silencioso termino de hacer lo que le pidieron, recibió su pago y se alejó, ella sosteniendo el pequeño bulto envuelto en un tartán trataba de tranquilizarlo para que siguiera durmiendo pero sus pequeños ojitos de cielo idénticos a los de su padre ya se habían abierto y no deseaban cerrarse, George se acercó con la urna blanca en sus manos, ella la tomo con uno de sus brazos y se arrodillo frente aquel agujero cavado en la tierra, una cruz de blanco y frio mármol esperaba muda, en su centro fue incrustado una réplica de aquel broche que dejara olvidado en aquel mismo lugar el dueño de tal objeto, ella sonrió y una lagrima recorrió su mejilla al recordar aquel memorable instante.
George tomo al bebe para que ella pudiera despedirse, Candice abrazo con gran dolor en su pecho aquella urna de blanco mármol, con una rosa blanca en uno de sus lados, y el distintivo escudo de los Andrey junto a esta. Se permitió llorar abiertamente como no lo hacía desde hacía tiempo, desahogo su alma pero aquel vacío en su pecho no desapareció, sintió el peso de la soledad más fuerte que nunca.
Era tarde cuando al fin ella decidió dejarlo ir, el llanto de su hijo rompió el silencio de aquella colina en cuanto la urna se depositó en aquel pequeño y obscuro agujero, con lágrimas regando la tierra suelta y sus manos blancas empujándola lentamente, el hueco quedo cubierto después de minutos incontables, no hubo gaitas, solo el llanto de un bebe que despedía a su padre, las silenciosas lágrimas de un hermano, y los sonoros sollozos de una mujer que supo amar y entregarse aun si no fue de la manera debida.
El tartán que cubriera a su hijo se depositó en los brazos de la cruz sin nombre ni fecha, envolviéndola como un eterno abrazo de aquellos que lo amaron y lo amarían eternamente. Como último detalle un ramo de rosas dulce Candy fue colocado sobre la tierra suelta. El príncipe de la colina estaba en su tierra, libre y rodeado de lo que siempre amo, la naturaleza."
Bendiciones, Gracias mil y nos seguimos leyendo. Akirem.
