Capítulo 20: Amor y Destino.

-Es muy tarde…- comentaba mientras su mirada ansiosa observaba por la ventana, las gruesas gotas de lluvia ya comenzaban a estrellarse contra los cristales empujadas por el viento que arreciaba cada vez más.

-Lo sé, discúlpame por haberme distraído, no note cuando salió de casa, estaba tratando de encontrar una explicación a todo esto, hay algunos libros muy interesantes en la biblioteca y me concentre demasiado en ello…- Kelly se sentía angustiada y culpable a la vez por la ausencia de Candice, un sentimiento que pareciera haber quedado en su ser pues la angustia y culpabilidad eran muy profundas, al punto de provocar que las lágrimas corrieran por sus mejillas.

-Kelly, por favor no lo tomes así, ella es una adulta y tú no tienes por qué estar al pendiente de ella 24 horas, en todo caso ese es mi deber.

-No, no me entiendes, siento una angustia profunda en mi pecho, como si esto ya hubiese sucedido antes, como si se fuera a desatar una desgracia por mi culpa… por… amarte - sus palabras se cortaron, y busco la mirada de Albert con sus ojos llenos de temor, algo en su pecho le gritaba.

-El pasado se repite de alguna forma, aun si todo es diferente, es como si nuestras almas quisieran sanar algo que quedó inconcluso, quizá escuchar una palabra no dicha, o un abrazo no dado, un perdón no recibido o… un amor no realizado…- la abrazo suavemente tratando de tranquilizarla, por supuesto que ella estaba sintiendo angustia, el mismo la sentía, sentía en su corazón la desesperación de salir corriendo en busca de candice, de la misma forma en que sucedió décadas anteriores… la lluvia ya caía, y eso era otra señal… su corazón temblaba recordando lo que sucedió en aquella ocasión, su caída, su agonía, el regreso de Candice después de un interminables días secuestrada por Terrece, su oculta partida a Inglaterra y por ultimo su muerte… lejos de todo y de todos… lejos de Kelly por lealtad a Candice, lealtad que le debía por un juramento que sus labios no debieron pronunciar nunca, pues solo les destruyo la vida a ambos, alejándolos de su verdadero amor y su felicidad.


Las gruesas gotas se estrellaban en los cristales de las hermosas ventanas francesas, el balcón brillaba bajo la luz de los rayos y vibraban con el estruendo que provocaban las pesadas nubes al chocar entre sí, sus ojos se abrieron lentamente reaccionando a los sonidos, sintió sus mejillas húmedas, había llorado?, no lo recordaba, pero su pecho tenía una enorme sensación de pérdida y como si un hueco enorme la estuviera absorbiendo lentamente por dentro con demasiado dolor, era un dolor de ausencia.

Observo poco a poco a su alrededor, sonrió tristemente pensando que aún seguía dentro de su sueño, todo parecía tan anticuado, como si fuera sacado de una vieja novela de Jane Austen, siguió observando a su alrededor, aquella habitación le parecía tan familiar…, los cojines con hermosos y delicados encajes, la suave cubrecama, los muebles de madera labrada, escucho el crispar de la madera quemándose en la chimenea… sus ojos se fijaron en las llamas y de pronto sus pupilas fueron atraídas como imanes a otras que la veían fijamente… unos mares embravecidos la observaban en absoluto silencio, su corazón tembló… era Terrece.

Su cuerpo vibro, aquella mirada le quemaba la piel, porque la veía de esa manera?, pareciera que estaba enfurecido, acaso se molestó porque entro sin permiso?, por un segundo recordó que ella no entro por su propio pie, un estruendoso rayo cruzo lo cielos y el sobresalto de su corazón afecto su vista, quedo cegada por unos instantes y luego todo se fue aclarando poco a poco, pero se sentía como si estuviera encapsulada dentro de su propio cuerpo…

Terrece se acercó a ella, pero se veía diferente, sin embargo era el… su pelo, su mirada, su porte de un orgulloso Duque…, pero su ropa…

-así que al fin te atrape…

Se sintió intimidada cuando se acercó un par de pasos, se incorporó de inmediato y su corazón latía con fuerza y rapidez, pero sus labios no se movían a pesar de las palabras que se formaban en su mente y deseaba trasmitir. Él se acercó más y ella salió de la cama sin poder evitar el temor que sentía por estar frente a él, esa era la reacción de su cuerpo, pero su mente no se sentía igual, era como si su corazón y su cerebro no estuvieran conectados, su cuerpo reaccionaba a otras ordenes, como si estuviera posesionado, camino hacia atrás huyendo del hombre que ya estaba frente a ella, su espalda topo con la enorme pared recubierta de brillante madera, trato de evitar la mirada de Terrece y su rostro se giró, su sorpresa fue enorme…. A unos pasos estaba un enorme espejo que le dejaba ver la imagen completa de su cuerpo… pero no era ella…, era su cuerpo, su cara, su pelo, sus ojos, el reflejo se movía al mismo tiempo que sí misma, pero … esa mujer era mayor… y su ropa muy distinta, que le estaba sucediendo, quiso gritar pero su voz quedo encapsulada en su garganta, entonces ella hablo… con su mismo timbre de voz.

-Terrece… Terry…, yo debo irme, no puedo estar aquí… no debo.

-No, tú has venido a mí por tu propio pie… ahora eres mía.- le respondió caminado frente a ella como una fiera reconociendo a su presa.

-Yo, no puedo, entiéndelo… lo nuestro ya no puede ser… yo…-

-No lo digas… no mientas!, si eso es verdad porque alimentaste mis esperanzas recibiendo los mensajes que te enviaba con "Julieta", quizá nunca respondiste, pero los tomabas, además cada noche esperabas en tu balcón a obscuras, por el momento en que yo saliera a depositar la rosa que te dedicaba, creíste que la obscuridad te ocultaría a mis ojos?... yo sé que me esperabas cada noche.

-No, yo solo…

-Mientes, mientes!, si lo que sentías por mi estaba muerto, porque estás aquí?... porque no fuiste en otra dirección?, porque llegaste a mi propiedad?.

-Terrece, yo…. No puedo, entiéndelo, no puedo traicionar su amor…- le declaraba mientras las lágrimas ya humedecían sus mejillas y el nudo en la garganta cada vez era más enorme que su respiración se dificultaba.

Candice se veía a sí misma, se sentía con el corazón roto y un agujero en el pecho que no le permitía respirar con normalidad, pero se daba cuenta que en realidad esos sentimientos no eran actuales, sino de un pasado muy lejano, sentimientos que quedaron encapsulados en su pecho y en su mente por un sufrimiento que no supero a pesar de las décadas recorridas, entonces su mente se abrió y supo que era lo que le sucedía, aun si ella no podía gritarlo por estar encerrada en sí misma, en su propio cuerpo pero con una personalidad anterior. Pero en su mente, tal como una película, paso toda su vida anterior, y los hilo se fueron atando, deseaba tanto gritarle a Terrece que era una nueva oportunidad para ambos, pero al parecer su personalidad pasada… deseaba algo que no quedo terminado, para poder desaparecer y descansar, así que se sintió frustrada al ser solo una observadora desde el interior sin poder dirigir su propio cuerpo.

-El no vale nada!, te traiciono con esa mujer y tú lo sabes!- le grito a la cara con burla y asco.

-Cállate!, no es verdad, el jamás me haría algo así no! Él es mío solo mío,- le gritaba histérica y perdiendo el control de sí misma.

-No, jamás fue tuyo, él no te pertenece tú te aferraste a él por mi abandono, por ese error que cometí al dejarte ir, un error que pague muy caro cuando supe que te casaste con el… mi mejor amigo.. – menciono con desprecio y sarcasmo.

-Yo lo amo, siempre lo ame… siempre fue el…- le repetía tratando más de convencerse a sí misma.

-Mentira!, tú me amas a mí, fui yo quien despertó a la mujer no a la niña, conmigo sentiste el amor de una mujer no el encantamiento de una infante… porque eso eras cuando lo conociste, y él te veía como una huérfana desvalida que necesitaba ayuda y además le recordabas a su hermana muerta…- la crueldad en el tono de voz de Terrece gritaba su odio y dolor… su amor.

-Mentira!, mentira!, el me ama, el me ama, yo tengo un hijo suyo, el me amo hasta el día de su muerte por eso permaneció a mi lado, porque yo fui su único y verdadero amor…- le gritaba ella sintiéndose una hipócrita.

-El rostro del inglés mostro su sorpresa ante aquellas palabras… desde cuando su "enemigo estaba muerto?..., sin embargo su furia continuo desbocándose en aquella a quien amaba y a la vez debía el infierno que fue su vida.

-NO, él no te amaba, tú te lo llevaste, te aprovechaste de su invalidez, lo ocultaste de ella la que si era su verdadero amor, así como tú te ocultaste de mi por miedo a reconocer lo que yo te provoco... huiste como la cobarde que eres, te ocultaste, acabando conmigo, después de darme esperanzas y corresponderme te ocultaste por miedo.

-No, no, nuestro amor se terminó aquella noche en New York, en cambio el amor entre mi Bert y yo jamás murió, el siempre espero por mi así como yo lo hice por él, éramos felices, muy felices… hasta que tu destruiste todo…- su histeria comenzaba a rebelarse- todo fue tu culpa, si no hubieses vuelto, si no hubieras comprado esa casa… si hubieras continuado alejado todo hubiese sido perfecto!, fue tu culpa, fue tu culpa que yo lo traicionara, que yo cayera en algo tan ruin!, yo lo lastime, lo lastime demasiado, por tu culpa el cayo de ese caballo, jamás se recuperó…. Por tu culpa el murió sin conocer a su hijo…, por tu culpa le falle, no puedo ser feliz cuando yo lo hice infeliz a él por tu culpa y solo por tu culpa, - su voz se apagaba y los ojos de Terrece se abrieron incrédulos a las últimas palabras que escucho.

-Que has dicho?, que has dicho?, - la sacudía por los hombros tratando de hacerla hablar. Su mente recorrió los años que habían pasado desde aquel suceso… porque ella nunca lo busco?, porque se ocultó?... acaso se sentía culpable de la muerte de su esposo?..., o acaso fue su venganza?.

El estruendo de un rayo por la fuerte tormenta desatada fuera de la casa, ahogo el sonido de la puerta chocando con la pared, su discusión los mantenía tan concentrados que no escucharon el llamado ni los golpes a la gruesa madera.

Albert entro trasformado por la ira, su puño se estrelló fuertemente en la mandíbula del Ingles haciéndolo soltar a su víctima y caer sobre uno de los muebles dentro de la recamara, los ojos azul profundo se fijaron en el rubio que trataba de consolar a la joven que se aferró de inmediato a él, ambos se giraban para salir de aquel lugar pero el inglés se recobró de su aturdimiento y con un par de zancadas alcanzo a la pareja, tomo al rubio por el cuello de la camisa jalándolo y haciéndolo perder el equilibrio, en el trastabillo, el castaño aprovecho para devolver el golpe recibido, la furia se desataba tan fuerte como la tormenta, los rayos solo hacían más dramático el momento, la ira en ambos pares de pupilas era más que clara, la amistad que algún día los unió se convirtió en un odio profundo y demasiado fuerte, la pelea entre ambos hombres se asemejaba a la de un par de leones peleando por su territorio, Candice solo podía llorar entre recuerdos que la atacaban de su vida anterior, y gritarle a ambos que se detuvieran, pero ninguno la escuchaba, entre ellos se reclamaban mientras los punidos se estrellaban entre uno y otro, no miraban a su alrededor ni las cosas que se rompían o caían de los estantes a orillas de los elegantes pasillos, Lakewood estaba prácticamente siendo destruida por el odio y el rencor de aquellos que siempre amaron a la misma mujer, de una manera distinta pero la amaron con la misma fuerza.

La caída por las escaleras no aminoro la rabia, seguían entrelazados entre golpes y reclamos, pero ninguno se escuchaba a sí mismo, ni respondía los reclamos del otro, lo único que deseaban era causarse el mismo daño, lastimar al otro en la misma magnitud de su dolor y odio…

-Lárgate!- grito Terrece tirando a Albert por la puerta principal y haciéndolo rodar por las escalinata. Porque esta vez te matare yo con mis propias manos… si intentas interponerte…- la furia seguía en su pecho como si aún viviera décadas atrás, aun si su mente le gritaba que aquello fue un pasado lejano.

-Jamás me iré sin ella!- Le respondía.- no permitiré que vuelvas a lastimarla, a llenar su corazón con dolor, eso es lo único que siempre hiciste, porque eres un cobarde que le teme al amor!- le gritaba poniéndose de pie y esperando un nuevo ataque del inglés que ya bajaba la escalera para estrellar su puño en el ya lastimado rostro del rubio.

-Eso es mentira, por eso el destino me dio esta oportunidad para cobrar venganza por todo el daño que me hiciste, - le gritaba, su mente estaba clara ahora, y sabia el porqué de todo lo sucedido como si apenas hubiese ocurrido un instante antes. Como si la energía de la tormenta que los cubría afuera de la casa, les abriera la mente a la verdad de su existencia.

-Solo le hiciste daño, por eso la vida no te permitió estar a su lado!

-No fue la vida, fuiste tú!, tu que me la robaste, aprovechándote de su soledad… a causa de mi error. Pero ella me amaba a mí, te fue infiel conmigo, por eso nunca volvió a entrar a tu cuarto… por ello te viste obligado a buscar refugio en una perdida como la doctora esa!- la furia le hacía sacar a la luz la información conseguida por sus empleados y que mantenía en sus recuerdos.

-Ella no me fue infiel jamás…, su amor por mi jamás cambio, ella siempre me amo, hasta el último día…- le gritaba al rostro observando como aquellas palabras le marcaban el rostro con dolor.

-No ella me ama, ella me ama por eso vino a mí, por eso huyo de ti y vino a buscarme. Ella me ama!, ella me amaaa!- le gritaba una y otra vez mientras ambos se golpeaban.

Candice gritaba en medio de su llanto tratando de detenerlos, su angustia por ver el maltrato de ambos la tenía llena de culpabilidad. Terrece volteo a verla, su mente confundida le gritaba que sus lágrimas eran por Albert, su angustia y sufrimiento eran solo para ese hombre que se la robo, la ira lo lleno por completo y dirigiéndose a ella la tomo por el brazo y la encaro al rubio…

-Díselo!, Dile que soy yo a quien amas!, dile que le fuiste infiel conmigo!, que respondías a mis mensajes esperándome en tu balcón cada noche para recibir los besos que te enviaba depositándolos en esas rosas que tu observabas desde la distancia, dile que nunca dejaste de amarme, que me amaste hasta la muerte… que fui yo el único hombre en tu corazón y que el solo fue tu consuelo… díselo!, dile que a sus espaldas venias a verme a esta misma casa hasta enloquecerme, que la causa de mi delirio fue tu maldito juego de aparecer y desaparecer sin dejar rastro, no tuviste piedad de mí, pero aun así en tus ojos tu amor se desbordaba, tu ansiedad por estar entre mis brazos era palpable aun si estabas a metros de distancia y en medio de la obscuridad, niega que todo eso fue por amor, niega que me amaste y te juro que te dejare en paz eternamente!

La tormenta continuaba y los rayos alumbraban en medio del estruendoso sonido de los truenos, sus ojos de mar embravecido brillaban con dolor, celos, odio, rencor, un alma atormentada por el pasado ya lejano. Los recuerdos en la mente de Candice le revelaron que lo que él decía era verdad: los últimos momentos de Terrece aun si él no estaba lucido por la locura que lo envolvió los años finales de su vida, estuvieron atados a sus manos, sus últimas palabras rogándole que volviera quedaron en sus oídos, su mirada perdida buscando su imagen quedo grabada para siempre en su memoria cuando ella al final había cedido a la culpa y se acercara a su lecho aquella última noche del actor, si, era verdad, él era el amor de su vida, y ahora tenía la oportunidad de apaciguar su alma y calmar su dolor… un extraño suceso que Vivian las tres personas… una oportunidad que el destino les brindaba… en otra vida que ya no les pertenecía pero que estaban recibiendo para terminar sus pendientes, o quizá una nueva oportunidad para cambiar lo que fue erróneo, no podía continuar negándolo, ella lo había amado hasta el último día de su vida… lo amaba a pesar del tiempo y la muerte.

-Si…- su voz sonaba débil pero firme- es verdad… yo te amé hasta el último día de mi vida y aun mas allá… mi amor por ti cruzo el tiempo y sus barreras… aun te amo… Terrece Granchester.

Su verde mirada llena de dolor y culpa por sus sentimientos se dirigió rogando perdón al Rubio que se había incorporado quedando aun sentado sobre la tierra mojada, las gotas de lluvia limpiaban su rostro ensangrentado y sucio por la ardua pelea, pero su mirada, trasparente y limpia como fue siempre que la dirigía a ella, le gritaba que la amaba y no le guardaba ningún rencor, era como si una lápida enorme se hubiese elevado de los hombros de aquel hombre, su culpa desaparecía como una pluma al aire.

La ira se esfumo de la mirada de Terrece al escuchar aquella confesión, aun si ella no lo miraba en aquel momento el sentía la sinceridad de sus palabras, su mente se aclaró esparciendo aquella neblina de dolor y odio que la cubría, su pecho se volvió cálido llenando aquel hueco frio que lo dominara. Suspiro profundo llenando sus pulmones de aire y sintiendo como todo se limpiaba en su interior. La tormenta amainaba… convirtiéndose en pequeñas gotas que caían suavemente…

Aun si sus deseos le gritaban lo contrario, Candice corrió a refugiarse a los brazos de ese que siempre le regalo calma a su vida… Albert la recibió como si nunca hubiese dejado de ser aquella niña que el viera por primera vez en la colina, el lugar que significara el principio y el fin de su historia.

-Perdóname… perdóname…- le pedía repitiendo una y otra vez aquella palabra como si no bastara.

-No, no tengo nada que perdonarte, el corazón es libre de amar a quien elija, nadie puede cambiar o forzar esos sentimientos, lo nuestro no debió ser… aun si nuestro amor fue verdadero… no era el correcto, nuestros corazones pertenecían a otras personas, pero no lo quisimos ver y causamos mucho daño, nos causamos mucho daño…- afirmo esto último besando la frente mojada de la chica.

Terrece veía la escena y aun si su corazón adolorido por el pasado se encelaba, su mente le gritaba que no tenía motivo para hacerlo, ella al fin había reconocido lo que el tanto añoro escuchar, lo que lo mantuvo tanto tiempo encerrado en aquella prisión de odio y dolor. Los observo reconociendo que para ellos aquello era una despedida por lo que no podía ser, por lo que no fue correcto, y por lo que no sería jamás.

Candice se puso de pie tomando la mano de Albert para que el hiciese lo mismo, ambos caminaron hasta reunirse con Terrece, Ella tomo la mano del actor, el duque, de la nada como siempre que aparecía ante ellos, el pequeño Tony, tomo la mano libre de Terrece y con su otra manita tomo la de aquel que fuese su tío, cerrando el círculo que los unió y a la vez los distancio.

Candice sonreía, y veía ante sí a los hombres que marcaron su vida en diferentes tiempos y con un amor igual de grande pero de diferente sentido, Albert… su primer amor, la ilusión, la fuerza, la calma. Anthony… la inocencia, el romanticismo, la ternura, lleno su corazón con calidez. Y por supuesto Terrece… el amor embravecido, el deseo, el dolor, los celos, la desesperación, un amor profundo y rebelde, el que lucha contra todo y contra todos sin importar tiempo ni distancia, el que no se olvida así pasen cien vidas… su destino.

La niebla que cubría su pasado se dispersó en el momento en que sus manos se unieron con el perdón que sus almas necesitaban, tres hombres que lucharon por un amor que solo pertenecía a uno de ellos, sus ojos se aclararon y sus imágenes volvieron a ser las que eran, las vestimentas del pasado se desvanecieron junto con el dolor y el rencor y la culpa que se había acumulado en sus corazones por los errores cometidos décadas atrás, la sonrisa inocente y pura de Anthony, la mirada de un cielo tranquilo de Albert y los ojos de un mar pacifico de Terrece, todos grabados en sus pupilas de esmeralda su alma suspiro tranquila llena de aquella paz que tanto añoro, libre al fin de todo remordimiento por no haber hablado con la verdad de su corazón y permitir que el dolor los dominara a todos, dejando ir el pasado para vivir en un presente limpio y seguir a un futuro lleno de esperanza.

Tony se soltó y corrió en su dirección con su inocente rostro dulce y amable, ella lo tomo en brazos, Terrece rodeo sus hombros acercándola a su costado protector, y Berth… el solo sonrió como siempre lo hacía, dándoles esa paz que el irradiaba con su sola presencia, todos juntos volvieron al interior de aquella vieja mansión que hilo y cruzo sus vidas hasta llevarlos a su destino.


Bendiciones, gracias mil y nos seguimos leyendo. Akirem.