Capitulo. 21. Después de la Tormenta.
La noche fue larga para todos. Kelly tomaba su café observando por la ventana la humedad que aun permanecía en los jardines ahora reverdeciendo, la tormenta se llevó todo resto de invierno y la cálida primavera despertaba regalándole una vista maravillosa desde el balcón de su dormitorio, Will no había vuelto durante la noche, pero a pesar de la desesperación y la ansiedad que la dominaran la mayor parte del tiempo, fue durante la madrugada que su corazón se calmó y el frio desapareció de su interior, la culpa se dispersó como la tormenta que se convertía en una suave llovizna, arrullándola y regalándole el dulce descanso que su corazón y su cuerpo necesitaban. Ahora sonreía al nuevo día sintiéndose revitalizada, algo sucedió las horas pasadas que le daba la esperanza de un nuevo comienzo… las memorias de su pasado seguían ahí, pero ya no dolían… observo a lo lejos como una dulce Candy despertaba a la vida bañada con el roció de un nuevo amanecer… una lagrima de dicha recorrió su mejilla.
Lakewood despertaba con un nuevo brillo, la sombra de infelicidad que cubriera aquel lugar a pesar de su belleza, desapareció como la bruma matutina, las rosas, comenzaban a mostrar su hermosos capullos y alguna que otra planta atrevida mostraba orgullosa su primera rosa completamente abierta.
El silencio en el interior de la mansión era interrumpido por los llamados de Louis que buscaba a su pequeño.
-Tony…Tony…- lo llamaba con desesperación caminando sigiloso por los pasillos solitarios, su atrevimiento de entrar a la mansión era mayúsculo, pero su hijo valía cualquier castigo por parte del lord, no podía seguir su día sin saber en dónde estaba su pequeño niño y el último lugar que le faltaba por buscar era en la mansión.
El llanto del pequeño agilizo sus pasos que se convirtieron en una carrera no pensó solo deseaba saber que le ocurría a su hijo para llorar de esa manera.
Candice se levantó al escuchar el llanto en la habitación contigua, la noche anterior su cuerpo y mente habían quedado por completo agotados que al entrar a la mansión sintió que no podía mas y se desvaneció, por supuesto uno de los dos hombres que la acompañaban la había llevado a aquella habitación… su vieja habitación por la cual pareciera el tiempo no corría. Se desperezo al instante al escuchar el angustioso llanto de Anthony.
Al salir de la habitación se encontró con Louis que ya estaba casi al llegar a la habitación contigua, la saludo tímido y sin poder ocultar su angustia, ella comprendió y solo le sonrió como respuesta a su saludo presuroso.
-Creo que despertó un poco molesto…- comento la rubia mientras abría la puerta de la habitación que Louis no se atrevía a hacerlo en su presencia.
Apenas la elegante madera dejo a la vista el espacio suficiente, Louis se introdujo para buscar a su hijo que seguía llorando angustiado. El pequeño estaba sentado en medio de la cama observando a todos lados con temor…, debido al ruido causado por el temeroso llanto Albert y Terrece ya se unían a Candy que permanecía de pie cerca de la cama donde Louis ya tomaba en brazos a su pequeño, quien al ver el rostro conocido de su padre extendió sus bracitos para ser "rescatado" de aquel lugar que al parecer le era completamente desconocido.
-Es extraño, desde que llegue aquí es la primera vez que llora al despertar en su habitación…- comento Terrece al ver la expresión desconsolada del pequeño rostro húmedo de lágrimas que no dejaban de correr por las blancas y pequeñas mejillas.
-Tiene razón senior, nunca lo he visto llorar de esa forma, por ello me asuste cuando lo escuche, y usted disculpara que haya entrado sin su autorización, pero era el único lugar que me faltaba por recorrer, anoche mientras dormíamos, salió de la casa y pues esta mañana al ver su cama vacía nos asustamos pensando lo peor… la propiedad es segura… pero hay áreas muy peligrosas cuando llueve… tenía miedo de que hubiera caído al rio…- Louis se explicaba presuroso ante su atrevimiento.
-No te preocupes, yo entiendo, para nosotros también fue muy raro que apareciera de la nada, pero como era tarde no quise ir a molestarlos, pensaba llevarlo a primera hora del día, pero….
-No se preocupe senior, no ha sido su responsabilidad, más bien fue nuestra por haberlo descuidado… creo que tendrá que dormir con alguno de sus hermanos…- sonrió limpiando las mejillas del pequeño que se aferraba a él y observaba a los demás con temor.
-Bueno pequeño amigo… quieres desayunar?- Terrece le extendía los brazos, pero la reacción del pequeño fue completamente de rechazo, abrazo a su padre con fuerza por el cuello y oculto su pequeño rostro en el hueco de este.
-Que pasa Tony?, no seas grosero con el senior…- le reclamaba su padre tratando de que el niño correspondiera como siempre pero el pequeño se negó a hacerlo y se aferró más a él.
Candy se acercó intentando ella tomarlo, pero la respuesta fue la misma… Albert supo lo que sucedía… sonrió con tristeza, nuevamente su sobrino solo estuvo con él por un muy corto periodo de tiempo.
-Creo que será mejor que lo dejemos ir a casa, tal vez extraña a su madre…- comento el rubio sin atreverse a acercarse, un rechazo por parte del pequeño sería demasiado para el que estaba muy sensible en ese instante, la noche anterior no fue nada fácil a pesar de aparentarlo, el escuchar la confesión de Candice fue una daga en su corazón, sabía que no debía sentirse de esa manera, sin embargo le había dolido escuchar de aquellos labios la verdad que el ya conocía.
-Pero…- Terrece estaba extrañado por la actitud del pequeño, quería seguir intentando, pero Albert con un leve movimiento de su cabeza negó para que no continuara, y la expresión del rostro del rubio le indico que sería inútil insistir.
-sí, será mejor que lo lleve a casa…- Louis se sentía apenado, además de que por alguna razón se sentía incomodo, no quería que alguien notara su insistencia en ver a la señorita ahí presente, Candice, por alguna razón al verla su rostro le parecía conocido, pero sería una grosería si se lo decía en ese momento. Así que prefirió irse despidiéndose con apuro.
Los tres lo vieron alejándose, Albert en silencio se despedía una vez más de su querido sobrino que lo abandonaba nuevamente y demasiado pronto, Terrece lucia confundido, pues Anthony siempre mostro sentirse cómodo a su lado, y Candice por alguna razón sentía que su corazón dolía como la primera vez que lo vio morir al caer del caballo. Ella aun ignoraba que él y Terrece se conocieron y vivieron una de las amistades más fuertes y verdaderas.
-Se ha ido…- comento Albert refiriéndose más al hecho que Tony ya no era Anthony.
-Cómo?- pregunto Terrece pues el rubio hablo en un tono no demasiado audible.
-Es lo que pasa con la mayoría de las personas, olvidamos nuestro propósito y nuestras vidas pasadas a cierta edad… algunos al nacer, otros a unos cuantos meses y Anthony al parecer esperaba por nosotros para ver que todo terminara bien…- respondió.
-Pero porque nosotros no hemos olvidado?- pregunto Candice cofundada.
-Lo haremos, así como tuvimos la oportunidad de recordar para arreglar nuestros errores pasados, olvidaremos de un día para otro… quizá poco a poco, quizá todo en un momento… o quizá quede en nuestra memoria como un recuerdo lejano que nos recordara que la vida da oportunidades para que lleguemos a nuestro destino. Quien puede saberlo?.
-Vaya suenas como un monje budista lleno de sabiduría…- se mofo Terrece.
-Y tú como el mocoso malcriado y rebelde que siempre has sido…- lo reto Candice, poniéndose frente a su hermano.
-Vaya pareja…- Albert sonrió provocando con sus palabras que la "pareja" se volviera a verlo serios por unos instantes para después dejar escapar una carcajada.
-Como en los viejos tiempos…- comento observando a aquellos que jamás debieron separarse- Bien, pues yo debo regresar, Kelly debe estar preocupada porque ninguno volvió a dormir la noche pasada.- Albert se despedía y noto algo de molestia en candice.- pasa algo Candice..
-Me has llamado Candice?- pregunto sorprendida como una niña caprichosa que ha sido ofendida a gran manera.
-Por favor Candice… no caigamos en los mismos errores del pasado, eres mi hermana y te amo, pero debemos aprender a controlar nuestro sentir para no caer en confusiones peligrosas, nuestra falta de límites en cuanto a nuestro trato fue lo que nos provocó errar en nuestro camino. El cariño es y siempre será el mismo sin importar la forma en que te llame o te trate, además los celos entre hermanos no son muy bien vistos… Kelly es y siempre fue la mujer con la que debí estar, y tu también lo sabes… siempre lo supiste pero ambos nos negamos a la realidad de nuestros sentimientos y por ello causamos el caos que cambio nuestras vidas y nos llevó a morir con la insatisfacción de no vivir el amor verdadero. Ahora tenemos la oportunidad de vivir con la persona indicada, y creo que tú y Terrece aún tiene mucho de qué hablar… yo ya no debo interferir, ya he corregido lo que hice mal… - le aclaro acariciando su mejilla.
Terrece, creo que entre nosotros ya no hay más que decir, aun si no lo hemos dicho con palabras, creo que el perdón entre ambos ha sido dado sinceramente, pero si necesitas escucharlo para…
-No, siempre nos entendimos con pocas palabras, fueron más la acciones las que hablaron en nuestra amistad, yo ya te he perdonado así como tú lo hiciste conmigo, el dolor se ha ido y mi alma está tranquila, todos cometimos errores, pero nuestro orgullo nos obligaba a negarlo, yo fui el primero en errar por miedo al amor, era demasiado joven y lo que sentía demasiado fuerte que me abrumo, por eso hui de aquel sentimiento creyendo que lo olvidaría, sin embargo solo se volvió más profundo y fuerte y aun así… seguí temiendo y ese temor me llevo a cometer error tras error. Solo espero que esta nueva oportunidad… sea mejor.
-Así será. Tienes que hacerla feliz por el resto de esta vida… y en las otras…- con una despedida de manos y un abrazo el rubio se alejó para ir con su prometida que aun ignoraba que muy pronto se convertiría en la señora Andrey. Sonrió con aquel pensamiento mientras caminaba por el hermoso jardín de las rosas…. Anthony se había ido, mas su esencia seguiría eternamente en aquel jardín. Tomo una rosa recién nacida… seria la perfecta compañía para lo que tenía planeado hacer apenas llegara a casa.
Con sus manos en los bolsillos de su pantalón, Terrece no se atrevía a pronunciar palabra, era extraño estar frente a la mujer que lo atormentara tanto en su vida pasada, la causa de una vida llena de dolor y amargura, y que lo único que el deseara era tomarla entre sus brazos y depositar en sus labios aquel beso que sonio en darle desde la primera vez que le robo uno frente al lago de escocia… de verdad su vida era de locos, solo esperaba que pronto pudieran vivir normalmente como cualquier otra persona. Por supuesto algo de lo que menciono Albert llamo su atención… esa pecosa…
-Así que hermanos? Ha- la miro fingiendo enfado, pero la sonrisa de la joven lo desarmo a cualquier reclamo.
-Desayuno?- pregunto tímida y sin atreverse a verlo a los ojos, sabía quién era y lo que significaba en su vida, pero… se sentía extraña, deseaba besarlo y abrazarlo como nunca pudo hacerlo, y a la vez, creía que aún faltaba algo para que sus barreras terminaran de desaparecer.
-No tengo servidumbre… pero puedo preparto algo sencillo, nunca he sido un buen cocinero como…
-Sera magnifico, yo también se prepara unos pancakes deliciosos.- lo interrumpía, no quería escuchar comparaciones.
Ambos caminaron dirigiéndose a la cocina no había necesidad de que alguno guiara, ambos conocían a la perfección aquel lugar, el desayuno fue en casi absoluto silencio, ambos se sentían extraños, era un querer y no poder decirse tantas cosas guardadas, preguntas, detalles, pero, eran completamente ajenos uno a otro y a la vez unidos desde siempre, una sensación de estarse volviendo locos, dos personas en un cuerpo, dos vidas en una sola mente…
Albert estaba a punto de salir de la propiedad por la misma dirección por la que había entrado, pero el llamado de alguien lo hiso detenerse, Louis corría para darle alcance y llevaba algo en su mano con la que le hacia señales de que lo esperara.
-Pasa algo con Tony?- pregunto sobresaltado, quizá la mente del niño ya no era la de su sobrino pero el pequeño seguía siendo su reencarnación.
-No, apenas estuvo en brazos de su madre se durmió y ahora está tomando una larga siesta.- respondió el hombre tomando aliento.
-Entiendo, entonces que sucede?- le pregunto nuevamente al hombre que ahora sabia era parte de su familia.
-Es esto…- le mostraba un retrato en blanco y negro, una vieja, muy vieja fotografía.
Albert tomo el grueso papel con la imagen impresa y sus ojos no pudieron abrirse más por la sorpresa. Terrece estaba sentado en una silla muy elegante, podría reconocerla como una de las que se encontraban en el saloncillo privado de la anciana Eloy en Lakewood… su vieja tía del pasado. La apariencia del duque era de un hombre mayor, casi un anciano, vestía elegantemente al estilo inglés, con su cabello ya dominado por mechones grisáceos, su cara marcada por los años, pero seguía mostrando toda la gallardía que lo distinguía, mas no era esa la causa de su sorpresa, la causa de que su corazón se sobresaltara era la mujer que lo acompañaba… aun lado de la silla, posando sus manos en los hombros del duque… estaba ella… Candice, sus risos sueltos y cayendo en cascada en su espalda con algún mechón descansando al frente desde sus hombros, vestida como toda una dama inglesa con un atuendo que hacia juego con el de Terrece... su cara también marcada ya por la edad y el trascurso del tiempo, sus esmeraldas no tenían la misma alegría que el recordara, estaban opacas, tristes y llenas de dolor y culpa… más sus delicadas manos se aferraban a los hombros de Terrece como si deseara mantenerlo entre ellas. Observo con más detalle al hombre ahí sentando… su mirada estaba perdida, fija en la nada, era fácil de adivinar que en el momento en que se tomó la foto, la mente de Terrece estaba ausente,… era eso la causa del dolor en la mirada de Candice?, sintió pena y la culpa apenas liberada volvió a pesar en su corazón, no de la misma forma, pero si dejando una sensación incomoda, se conformó a si mismo repitiéndose que ahora estaban juntos, y serian felices…
-Disculpe… cuando fue tomada esta fotografía?...- pregunto curioso.
-Bueno, según mi abuelo, su madre se la entrego… ella era hermana del antiguo duque…- menciono en un murmullo, como si eso fuera causa de algún pecado,- no se la fecha exacta, pero tengo entendido que fue tomada poco tiempo antes de que el duque partiera de este mundo, al parecer él ya estaba "enfermo"…- mención no deseando utilizar la palabra "Loco", que era la que usaban en el pueblo para referirse a ese hombre que murió en su mente antes que su cuerpo físico se diera por vencido.- pero… no es eso lo que me ha hecho venir hasta usted… mi tatarabuela… aun si no rebelo el nombre de esa persona.- señaló a la mujer en la fotografía, - dijo que ella era la dueña de esta mansión… y que algún día volvería… pero jamás volvió… cuando he visto a la señorita que estaba con usted en la mansión… me ha sorprendido el parecido que tiene a la señora de la fotografía, no quise molestarla… ni al duque porque sé que el tatarabuelo de este… era… no es como decirlo sin ofenderlo, no quiero faltarle al respeto a nadie pero…
-Ella fue el amor verdadero del Duque de Granchester, aun si nunca se casaron, - respondió Albert con firmeza.
-Discúlpeme, no quería ofenderlo… es que, por las historias que contaba mi abuelo supimos que el duque estaba casado con otra mujer, la madre de su único hijo, el que llevo los restos del duque de regreso a su tierra,… pero eso no es lo que nos interesa verdad?- pregunto apenado y Albert sonrió en respuesta- es solo que necesitaba saber si la joven es descendiente de esta señora… de ser así, Lakewood le pertenece a ella en su totalidad… ya que la dueña a la que esperábamos era esa mujer del retrato, mas nunca vivió. Esta foto fue puesta en resguardo de mi abuela y después a mi madre, la tatarabuela creí que solo una mujer podría comprender a otra, y ellas han mantenido el secreto de esta señora… hasta que mi esposa sintió la necesidad de rebelarme esta foto bajo la insistencia de Tony, que hace unos días la saco de su cajón privado y no quería soltarla, por las noches dormía con ella y fue como yo la note…
-Podría hablar con su esposa?- pregunto intrigado. Louis acepto y ambos se encaminaron a la casa del
bosque.
-Quieres recorrer la propiedad?- pregunto Terrece algo cohibido, la tenía tan cerca y a la vez se sentía tan lejano.
-Sería muy interesante… si me cuentas sobre como obtuviste esta casa… creo que fue vendida durante la crisis económica del país… hace algunas décadas…- sintió pena, era algo intimidante tener la necesidad de una mujer del pasado y a la vez la de un presente deseando saber todo del hombre al que amaba, lo único que no la confundía era la certeza del amor intenso que sentía en el pecho por aquel hombre, no importaba si era un antiguo duque o un joven actor del presente… o quizá ambos… lo único que sabía a ciencia cierta era que ahora ambos estaban libres para realizar ese amor que llevaban arrastrando y que no dejo a sus almas descansar en paz obligándolas a volver al mundo de los vivos para poder realizar su más profundo deseo de amarse.
- Sera un placer… ponernos al día… no lo crees?...- la miro a los ojos fijando sus pupilas en sus profundas esmeraldas que lo llevaron a lo más profundo de su corazón, sin poder evitarlo dejo escapar la pregunta que más atormento a su alma…- Porque?...
No fue un tono agresivo, sino uno lleno de dolor y lleno de un deseo por la verdad. Acaricio con ternura la blanca y delicada mejilla de Candy… su Candy .
-Terry… yo… no podía, todo fue mi culpa… - bajo la mirada apenada y sin atreverse a reconocer lo que su cuerpo sintió con aquella caricia.
-Ven…- la tomo de la mano y comenzó a guiarla por la mansión, ella lo siguió sin hacer preguntas, su mente viajaba entre sus memorias de lo vivido dentro de aquel lugar que tanto amaba… se preguntaba como fue la vida del dentro de aquellas paredes.
Llegaron al tercer piso, aun había muchas de las pertenencias de la familia Andrew, lo podía ver en la marca inigualable del escudo familiar, sonrió recordando aquel pasillo que de niña le había causado un pánico terrible por la broma de sus "primos".
Terrece abrió la puerta de una habitación a la que ella recordaba. Al ver el interior nada había cambiado,… el balcón, el balcón era…, se encamino hacia el ventanal soltándose de la mano de Terrece, y abrió las puertas francesas, la tumbona estaba ahí, se apoyó en el mármol del barandal y …
-Desde aquí podía observarte cuando visitabas Lakewood creyendo que no eras vista, jugabas en la fuente disfrutando el aroma de las rosas… "corazón", una nueva estirpe que expresa todo el amor que siempre sentí por ti… una creación de Anthony… la última.- le confeso al fin. Evitando que ella lo interrumpiera continuo- pero desaparecías cuando escuchabas algún ruido… y entonces yo creía que solo eras una alucinación de primavera. La primavera de nuestras vidas… mi pecosa.
-Tenía miedo…- respondió ella cuando el guardo silencio por unos segundos- miedo de correr a ti si te veía… no podía, la culpa me gobernaba, Albert estaba convaleciente… esperando por nuestra partida hacia Europa… y yo me escapaba para… verte de lejos y escondida entre ese hermoso jardín de rosas. Jamás paso por mi mente que Anthony las creara… el murió muy joven.
-No, el no murió, los Legan aprovecharon su caída para hacerlo pasar por muerto con la esperanza que la tía abuela heredara a Neil, y en un futuro Eliza pudiera desposarse con Anthony en algún país lejano… después volverían y ella pediría el perdón. El escapo y viajo por varias partes del mundo trabajando para su sustento, y con la memoria perdida, cuando la recupero habían pasado varios años, era feliz en su vida y prefirió seguir así, volvió y se ocultó en Lakewood, aparentando ser un humilde jardinero… usaba una careta en un lado de su cara fingiendo una deformidad inexistente… para no ser reconocido, nadie sabía su nombre real… solo yo lo reconocí por su parecido con… Albert.
-Anthony…- sonrió melancólica.
-Sí, "El jardinerito", solía llamarlo así sabias?, y él me apodaba "duque"… como si fuera su mascota, vivimos el mismo infierno, pero el sabia como ver el lado bueno de todo… yo no, fuimos muy similares y a la vez muy diferentes, ambos odiábamos la vida de la alta sociedad y su hipocresía… pero amábamos la vida al aire libre y todo lo que en ella había, me enseñó a cuidar las rosas… realmente era un genio en ello. Fue mi bálsamo después de que… te casaste.
-Tenía un corazón de Oro…-respondió ella no queriendo profundizar en las últimas palabras de Terrece.
-Porque?- volvió a preguntar el a sus espaldas, la tomo del brazo y la hiso verlo a los ojos, ella sabía que no se refería a Anthony… si no a su decisión de Casarse.
-Estaba demasiado sola, mi corazón dolía… tu… tu nunca me buscaste, espere varios años después de la muerte de Susana… jamás hubo una noticia tuya, nada que me diera una esperanza, Albert… mi buen Berth… noto mi tristeza y se tomó un año sabático… para mí. Viajamos por muchos países, siempre tratando de que mi sonrisa no desapareciera, poco a poco tu recuerdo se fue durmiendo en mi interior y en mi memoria, y entonces… quedo en lo más profundo de mi corazón, y mi mundo se convirtió en Albert… y solo Berth. Vivimos un hermoso romance- estaba de espaldas a él pero sentía la mirada llena de furia en su espalda, por lo que se volvió a verlo y lo tomo de la mano.- mi corazón deseaba amar y el de el también, ambos creímos que era verdadero amor, no voy a negar que fue el primer amor de mi tierna infancia… así que… fue fácil para mi mente y corazón aceptar. Aun si en mi subconsciente aún seguía esperando por ti cada noche mientras observaba a la nada desde mi ventana en cualquier lugar del mundo. Pero nunca apareció mi estrella de Broadway…
No te culpo… me culpe siempre a mí misma, por abandonarte aquella noche en New York, me arrepentí de mi decisión apenas aborde el tren pero ya era demasiado tarde, tenía miedo de que tu firme sentido del deber te llevara tarde o temprano a decidirte por Susana… el solo pensar en escuchar tu voz decirme que te quedarías con ella me hacia desear morir, era una agonía cada segundo en aquel hospital esperando por una decisión tuya, por eso preferí ser yo quien tomara la decisión, sufriría por ti, pero no te obligaría a estar conmigo yendo en contra de ti mismo y tus principios… aun así, sentí que debí luchar más por ti… hasta el último esfuerzo… sin importarme que Susana fuera una rival demasiado fuerte por su belleza, por compartir tú mismo sueño en la actuación, por el enorme amor que te demostró cuando arriesgo la vida por salvar la tuya… cuando intentó suicidarse para que tu fueras feliz…, no, yo no hubiera podido soportar que después de todo eso terminaras eligiéndola a ella.
-Jamás la hubiera elegido a ella si te hubieses quedado a mi lado, era lo que más deseaba… pero – Terrece la abrazo por la cintura como en aquella ocasión, apoyo su frente en su cabeza y ella sintió nuevamente la humedad de sus lágrimas sobre su espalda.- temía lastimarte, la obsesión de ella era tal que no razonaba, y yo no quería exponerte a algún ataque de su parte… a que lastimara tu corazón, cuando partiste, desee correr tras de ti, pero el miedo a obligarte a soportar la presencia de Susana como una carga en mi vida…me detuvo, ella era mi obligación aun si yo no le pedí que me salvara, si hubiese sabido que con ello te perdería hubiese sido mejor morir en ese accidente… porque después de que te fuiste quede muerto en vida… una vida sin ti.
Las lágrimas rodaban por las mejillas de la rubia que poso sus manos sobre las varoniles que la rodeaban con fuerza, ambos cometieron errores, ambos llevaron culpas y todo por no seguir lo que sus corazones les gritaban… y con ello llenaron de sufrimiento y dolor a las personas que más les importaban.
-Yo siempre le agradecí que te salvara, aun si no estabas a mi lado, rogaba porque fueras feliz con ella…-confeso.
-Nunca lo fui…- respondió sin soltarla y escondiendo aun su rostro en sus dorados risos. – cuando ella murió después de una vida llena de sin sabores y discusiones por un matrimonio nunca realizado, no supe cómo llegar a ti, envié una carta que nunca tuvo respuesta… espere por años por una esperanza, pero al igual que tú me obligue a guardar tu recuerdo en lo profundo de mi corazón… hasta que aquella nota en el periódico me llevo al infierno… la noticia de tu boda.
-Terry… quien fue la madre de tu hijo?- pregunto girándose para mirarlo a los ojos y sin poder contener aquella pregunta que llevo en el corazón desde el día que después de interminables años de soledad tras la muerte de su amado Berth y de una larga batalla interna por la culpa, decidió ir a buscarlo… pero durante el viaje se encontró con un joven muy parecido a Terrece que viajaba a América en busca de su padre, el duque "Terrece Granchester"… eso le rompió el corazón, pues por la edad del joven Terry llevaba tiempo casado.
-Karen Kleiss, - respondió firme, jamás negaría a la mujer que dio la vida por su único hijo, el ignoro que ella estuviese embarazada, pues al igual que con Susana jamás pudo corresponder a sus sentimientos y ella desapareció un día sin más y él no la busco.
-Karen?- pregunto y había desilusión en su mirada, se soltó suavemente del abrazo que el mantenía sobre ella.
-Estaba muy solo, nunca obtuve la respuesta que deseaba de aquella carta, éramos compañeros no solo de trabajo y parranda… también de la soledad que cubría nuestras vidas, comenzamos una relación en silencio, jamás hubo nada que pudiera rebelar lo que pasaba entre nosotros, un día ella se empeñó en que deseaba que fuéramos más allá de lo que teníamos, pero yo no deseaba lo mismo, seguía esperando por… ti, después de que ambos vimos el anuncio en el periódico, ella pensó que nos casaríamos, pero yo enloquecí de rabia, entonces desapareció sin decirme nada… nunca volví a saber de ella, hasta el día en que recibí el aviso de la muerte de mis padres… viajaban con mi hijo, nadie sabía dónde me encontraba, así que Karen busco a Robert, y el a su vez a mis padres… les entrego a su nieto con una carta escrita por la madre antes de morir en un hospital…, Eleonor, guardo esa carta y me la entregaron junto con un bebe y dos cadáveres….
-Eleonor…
-Encontré el diario de mi madre… bueno, esto es raro, hablar de lo que paso hace tantos años como si apenas hubiese pasado… - sus mentes estaban abiertas como si el tiempo no hubiese pasado y ellos aun vivieran después de haber tomado un pequeño descanso.
-Sí, yo tampoco lo entiendo, pero…- lo miro sonriendo.
-Lo sé, es una oportunidad del destino, quizá mis padres volvieron a renacer en algún lugar y esta vez viven felices, sería raro encontrármelos y verlos como un par de extraños, pero me sentiría feliz de verlos cumplir su amor como no pudieron hacerlo en el pasado, mi madre en su diario escribió lo enorme de su amor por mi padre y lo difícil que fue desaparecer de la sociedad y vivir como su amante… a causa de las reglas de la corona… que jamás les permitió un matrimonio, siempre quisieron lo mejor para mí y su amor fue el precio a pagar por mi título.- comento no queriendo ahondar más en la historia de sus padres. Candice comprendió aquello y cambio un poco el rumbo de la conversación.
-Tu hijo… fue un gran apoyo para mi William… después de que… "te fuiste"… ellos se hicieron amigos… yo, estuve agradecida de poder cuidar de ambos hasta el día en que también partí… muchos años después… - no quería recordar aquellos momentos tan dolorosos, aquello era una cruel comedia, el hablar de sus vidas y muertes y a la ves estar vivos, el destino era algo cruel con aquellos que comentan errores y debían pagar por sus pecados, aquello era una broma muy pesada.
-Algún día me mostraras?- pregunto refiriéndose al lugar donde termino su camino en el pasado.
Ella asintió, entro de nuevo a la recamara donde el la había llevado, era la antigua recamara de Candice White en aquella vieja mansión, pero parecía estar intacta, y también fue la recamara de Terrece Granchester Baker… donde finalizo los últimos años de su vida…
-Quiero que veas algo…- le comento ofreciéndole la mano para que caminaran juntos, ella la tomo.
El ático era el piso más alto de la mansión, cosas muy viejas estaban ahí gritando el paso del tiempo, mismo que para ellos parecía no haber existido… en un rincón cerca de una ventana en dirección norte estaba una vieja silla frente a un retrato….
La mujer llevaba en la mirada un dolor infinito vestía la ropa de una dama inglesa de la época, su pelo suelto y rizado caía en cascada sobre uno de sus hombros y en el centro de su pecho un hermoso broche de una esmeralda rodeada de diamantes sobresalía, de pie, mantenía sus manos sobre los hombros de aquel que sentado gallardamente observaba a la nada con una mirada vacía, perdida, sus ojos de mar… no tenían expresión alguna.
Candice observaba la pintura… sus memorias le llevaban a ese momento, Terrece se había calmado desde que ella se quedó a su lado después de aquella discusión, cuando después de años de un interminable "juego" al fin el la atrapo y ella se dejó atrapar, más su mente ya no coordinaba, ese fue el motivo de su decisión de quedarse… una culpa más en su pecho, era claro que los últimos días de vida de aquel hombre estaban acortándose, el vacío y el dolor que llevaba a cuestas la obligo a permanecer hasta su último aliento, Richard, el joven hijo de Terrece, le agradeció aquellos días de calma para su padre que sufría de interminables noches de agonía al esperar a una mujer que amo en su juventud y que nunca volvió. Eran horas de silencio para el duque… que permanecía observando a la nada, y también noches infernales en las que la maldecía y gritaba su dolor por la frustración de nunca volver a verla aun si la tenía frente al… más en su mente ella era solo una alucinación que lo atormentaba por haber sido un cobarde y huir del san pablo por miedo al amor.
Aquella pintura, fue un deseo del hijo de Terrece, quería cumplir el sueño de su padre… permanecer eternamente al lado de su verdadero amor…
-Yo no recuerdo esto…- confeso Terrece.
Candice sonrió, y lo miro fijamente, era mejor así, el no recordaba los últimos años pues su mente estaba perdida por el odio y el resentimiento… por el dolor.
-Fue un regalo de tu hijo…, el deseaba cumplir tu última petición… antes de… que partieras.
-Entonces, las alucinaciones fueron reales?- pregunto aun dudando. Ella lo miro a los ojos sorprendida.
-Nunca fueron alucinaciones… yo estuve contigo hasta el día en que partiste.- Sus verdes pupilas se cristalizaron con aquella agua salada que siempre aparecía en momentos de tristeza, dolor y en algunas ocasiones por la intensa alegría.
Terrece se acercó a ella y la tomo de las manos… beso su frente tiernamente, sus miradas se cruzaron con intensidad mientras sus labios se acercaban con lentitud, un rose muy leve y sus ojos entrecerrados disfrutando de cada instante…
-Terreceeeeeee!-
El llamado de una voz ya conocida interrumpió la caricia no nacida.
-Terreceeeeeee!- se repetía el llamado proveniente de alguna de los pisos más abajo.
Mataría a Robert… fue el pensamiento de Terry ante el insistente llamado que interrumpía aquel momento tan esperado.
-Sera mejor que veamos que sucede…- con una suave sonrisa Candice se alejaba sin soltar la mano que se aferró a ella, ambos decidieron ir a conocer el motivo de tan "urgente" llamado.
Robert se encontraba en la escalera principal con rumbo al tercer piso cuando fue interceptado por la pareja, la mirada de Terrece decía más de lo que él pudiera expresar con palabras, llego en un mal momento pero lo que tenía que rebelarle le daría la razón.
-Que pasa Robert?- pregunto con las mejillas tensas sin poder disimular su disgusto pero conteniéndose por la sonrisa amable de Candice que aun permanecía de su mano, un gesto que no pasó desapercibido para Robert pero prefirió no preguntar, Terrece lo mataría sin dejarlo expresar lo que lo había llevado a Lakewood.- y es mejor que sea realmente importante…- advirtió.
-Lo es… pero…- miro a Candice dudando en hablar sobre el tema delante de ella.
-Dilo…- fue una orden irrefutable, Terrece no estaba de humor para precauciones.
-Es Susana… ha dado una rueda de prensa acusándote de provocar el accidente para obtener nuevamente la atención de los medios… y no es todo…
-Sigue…- la mirada de Terrece gritaba su ira.
-Está en un hospital… de Chicago… ha dicho que sufrió un accidente al tratar de salvarte la vida… por amor.
-Que has dicho?- las palabras salieron de aquellos labios tensos y que contenían todo lo que deseaban maldecir.
-Terry… cálmate, hay muchos testigos de que no fue así…-Candice acariciaba su brazo al sentir la tensión que lo llenaba de furia.
-Es que… la rueda de prensa fue en el hospital… tiene una pierna lastimada y ha dicho que tú la enviaste a ese hospital después del accidente porque no deseabas cumplir con tu promesa de matrimonio, te acusa de infidelidad y que le has ofreciste una gran fortuna a cambio de su silencio, por supuesto que ha dicho que ella se negó pues su amor no tiene precio.
-Esta fingiendo, será fácil de comprobar…- Sugirió Candice.
-No, realmente está muy lastimada de una pierna, de hecho ha tenido un par de operaciones con el fin de evitar la amputación… hay una fuerte infección en la herida que no le permite sanar.- complemento Robert.
-Seguro compro a los médicos…- menciono Terrece lleno de ira.
-Se quién puede ayudarnos…- Candice los miro esperanzada. Su corazón estaba casi aliviado aun si había resquicios de sus penas pasadas, pero ahora el futuro se veía mejor y no dejaría que nada lo empañaría, no está ves, nada la separaría de Terrece, no cometería los errores del pasado, no ahora que el Destino ponía las mejores cartas en sus manos para ganar el juego. Jugaría arriesgando todo para ganar.
Albert llegaba a casa con una sonrisa melancólica, estaba alegre se saber que Candice había buscado a Terrece al final y que fue su compañera en sus últimos días, su charla con la madre de Tony y con Pauna la tía del mismo, alivio su pesar de creer que ella nunca se permitió volver a ver a Terrece después de que el partiera en el pasado, así que sentía un gran alivio de saberse equivocado, además pudo ver fotos de su hijo al que nunca conoció, del hijo de Terrece al que supo fue el mejor amigo del suyo, y saber que ambos estuvieron con su pequeña hasta que ella misma partió. Y que fueron ellos quienes la llevaron a su morada final siguiendo las indicaciones de una carta escrita por ella.
-Parece que las nubes se han despejado…- Lo recibió Kelly con una gran sonrisa dibujada en sus labios y rodeándolo con sus brazos tiernamente- te extrañe… - confeso.
-Yo también hermosa…- le tomo la barbilla elevando su rostro para besarla suavemente, el beso se volvió hambriento y sus manos comenzaron a ajustarla a su cuerpo.
-Berth?!, Berth?!- la voz de Candice interrumpía sus más profundos deseos de gozar a su mujer.
-Por aquí!- respondió Kelly soltándose rápidamente y reacomodando sus ropas.
Candice entro con rapidez tomándola de la mano y llevándola a la salida, pero el agarre de Albert no le permitió su objetivo.
-Pasa algo pequeña?- pregunto dirigiendo su mirada a los dos acompañantes que estaban justo en el marco de la entrada al salón privado de la familia.
-Una disculpa, - menciono Terrece- pero creo que conoces mejor lo voluntariosa que puede ser… tu hermana.-
Robert no tenía un espejo frente a él, si no, hubiese podido ver lo cómico de su expresión cuando su boca sea abrió por aquella revelación.
-Qué pasa?- pregunto Kelly ante la actitud de Candice, era la primera vez que la tomaba de las manos con tal confianza. Estaba feliz por ello.
-Susana está dando problemas y Candice asegura que tú puedes ayudarnos…- rebelo Terrece.
Robert estaba algo confundido pero prefirió no ahondar en aquellos asuntos que ya bastante tenía con lo que vivía en su propio teatro. Sin embargo llevaba algo que tenía que confesarle a Terrece, mas no sabía si era el momento correcto.
-Susana está en un hospital fingiendo un lastimadura en la pierna y culpa a Terry, asegura que el elaboro el accidente en New York para ganar popularidad, que ella lo salvo pero que en la envió a chicago para evitar que se supiera, y asegurar que fue otra la mujer que lo salvo con el fin de lograr la aceptación familiar… para su… amante…- Candice pronuncio la última palabra con vergüenza.
-Candy cree que puede ayudarnos a rebelar la verdad de su enfermedad…- Terrece se acercó a la pequeña rubia abrazándola por la espalda como apoyo por lo revelado, y dirigiéndose a Kelly con sus palabras.
Albert observo el gesto de Terrece, sintió el ardid de los celos… pero esta vez como hermano, su corazón no sufría mas confusiones… las provocaciones inconscientes de Terrece eran inútiles. Sonrió.
-Creo que es algo que deben enfrentar solos…- Albert sonrió firme.
-Pero…- Candice lo miraba confundida.
-Confió en ti…-Albert apoyaba sus manos en los delicados hombros de Candice transmitiéndole su incondicional cariño, miro a Terrece que entendió aquel silencio como si fuera un libro abierto.
-Él tiene razón… debemos irnos.- Terrece tomo la mano de Candice y ella solo asintió aceptando aquel reto que el destino volvía a ponerles en el camino.
Bendiciones, gracias mil y nos seguimos leyendo. Akirem.
