El chico del apartamento 512
Muchos sabemos que después de salir de la escuela, del trabajo, de una reunión o de cualquier cosa importante que nos haya metido una inyección de estrés y ansiedad en todos los sentidos, lo mejor de todo es poder llegar a casa.
O al menos la mayoría de las veces.
— Adiós hermosura — se escuchó en las escaleras.
Un silbido coqueto se escuchó después de aquel comentario. Y así era todos los días de su vida.
Izuku volteo los ojos de puro fastidio, sabiendo que aquella cantidad de peroratas coquetas que le lanzaban eran demasiado asquerosas o indeseadas. Sin embargo, no podía detener a la cantidad de hombres zalameros y asquerosos que le lanzaban esos piropos.
En muchas ocasiones aquellos silbidos y piropos eran solo para molestarlo, pero sabía que algunos eran completamente en serio. Y eso tenía sin cuidado al jóven chico de hebras verdosas.
¿Cómo pudo parar ahí? ¿En un conjunto residencial lleno de puros retrógrados y neandertales que no pasaban la veintena? La respuesta era la falta de dinero que Izuku poseía para poder costear un piso más grande o un lugar más céntrico.
Sin embargo, estaba agradecido por haber encontrado una manera de salir de las habitaciones del campus de su Universidad. Ya de por sí compartir habitación con alguien era complicado, vivir en un espacio lleno de puros hombres con la testosterona a mil, con los sesos chamuscados y sin ningún tipo de pudor era aún peor.
Por eso, cuando pudo conseguir un puesto de pasante bien remunerado el verano pasado, aprovechó la oportunidad de salir de aquel nido de psicóticos y consiguió aquel piso de 56 metros a unos 15 minutos en bus de su Universidad y a 25 minutos de su trabajo.
No obstante, el pecoso no contaba con ser la diana de todos los hombres que residían en aquel conjunto residencial. En su mayoría eran universitarios como él, pero eran tan idiotas y burlones que Izuku tuvo que aprender a lidiar con toda aquella sarta de estupideces, a pesar de que en más de una ocasión se enfrentó a muchos y trató de detener todo eso.
Fue peor.
— Hola preciosura — le dijo Yo Shindo cuando llegó al pasillo.
— Hola, Shindo — respondió frío el pecoso, sacando sus llaves de su morral.
— Te veo muy cansado, ¿Por qué no pasas por mi apartamento y te relajas? — interrogó el azabache con una sonrisa coqueta y siguiéndole de cerca.
— ¿A ese cuchitril que llamas apartamento? — Izuku siguió caminando tranquilamente, buscando sus llaves — No gracias, yo respeto mucho a mi nariz como para meterme en ese pozo séptico.
— Auch, estás de mal humor — contestó socarrón Shindo —, no seas odioso, te esperaré en mi apartamento por si gustas que te quite esa cara larga.
— Lo que deberías es ir y darte un baño, apestas peor que un zorrillo.
— Me puedo echar perfume por ti, preciosura.
Izuku rodó los ojos de nuevo mientras tomaba sus llaves y se acercaba a la puerta de su habitación, sintiendo la presencia de Shindo detrás de él. No sabía cómo quitárselo de encima, hasta que llegó su pequeño salvador.
— Tiene razón Shindo, apestas y si pretendes llegar hasta aquí te bañare con ambientador.
La voz de Hitoshi Shinsou sonó como una campana de salvamento para esos momentos, ya que siempre lo resguardaba de los acosadores e insistentes que no entendían sus indirectas tan directas.
Shindoo miró con desdén al de ojos violeta, rechinando los dientes y yéndose por donde había venido. Sabía que si retaba a Shinsou él cumpliría su advertencia y no había peor cosa que oler a ambientador de hogar.
Izuku suspiró aliviado de que el patán de Shindoo desapareciera detrás de la puerta de su apartamento.
—Gracias como siempre, Shinsou — contestó agradecido Izuku.
— A veces los idiotas no entienden que significa un rechazo, ¿No? — bromeó el chico de cabellos violetas, parándose en el marco de la puerta de Izuku.
Izuku trató de sonreír normalmente, pero en esos momentos no tenía muchas ganas de hablar con Hitoshi. Estaba muy cansado y lo único que deseaba era un baño, cenar y echarse en su cama a ver una serie de Netflix en su laptop.
— Oye, Midoriya, en estos días pase por el cine y vi que estrenaron esta película de héroes… No sé, me pareció buena idea por si quieres distraerte.
— Oh qué dulce, Shinsou — contestó Izuku sin querer ser maleducado.
Shinsou sonrió genuinamente.
— Te puedo llevar el sábado por la tarde, ¿Te parece?
Y aunque Izuku no tenía intenciones de aceptar la propuesta, tenía una buena evasiva para decirle a Shinsou.
— Este sábado cae…
— ¡Veinticinco! Es verdad — respondió exaltado el de cabellos violeta, como si fuera obvio — bueno, en ese caso mandale saludos a tu madre de mi parte y dile que su yerno no puede ir para allá.
Shinsou guiño un ojo, Izuku sonrió tratando de disimular el disgusto que significaba tener a Shinsou encima. Si bien el joven de cabellos violetas no era para nada desagradable, ni mucho menos irrespetuoso, el pecoso no estaba interesado en la coquetería barata del chico, ni sus obvias intenciones por querer salir con él.
Aunque sus pensamientos fueron disipados por el sonido del ascensor abriendo sus puertas en su piso, lo cual extrañó a ambos chicos, ya que se suponía que el ascensor estaba fuera de servicio.
— ¿El ascensor servía? — soltó anonadado el pecoso y molesto porque pudo haber evitado subir los cinco pisos hasta su departamento.
— Estoy igual de sorprendido que tú.
Del ascensor surgió una imagen que tal vez para todos en el piso hubiera sido lo más normal, pero para Izuku fue una apoteosis. La imagen de su sueños. Tal vez exageraba, pero era una imagen que en el mismo momento en que lo vio, perdió el aliento.
Estaba acompañado por el vivaz Mic, el casero del conjunto residencial y entablaba una animada conversación con aquella silueta. Izuku observó con detenimiento y con poca discreción al chico de un metro ochenta, de cabellos y ojos escarlata, de una musculatura maciza que se notaba gracias a su camiseta y aquella sonrisa de dientes puntiagudos.
Izuku sintió de nuevo que el aliento se le iba cuando esa mirada rojiza impacto con la suya.
"Santo niño de la caridad del cobre"
— Ah muchachos — saludó Mic con su animosa presencia — que bueno que están aquí…
— ¿Cómo está, Mr Mic? — preguntó jocoso Izuku.
Shinsou alzó una ceja confundido por el cambio de actitud del chico de hebras verdosas, normalmente Izuku era muy formal con el casero.
— Bien bien, espero no les esté molestando.
— En lo absoluto — contestó Izuku con su mejor sonrisa, sabiendo que estaba siendo observado.
— ¡Qué bien! Porque necesito que hagan sentir cómodo a este muchacho de aquí — Dijo Mic dejando a la vista al chico de cabellos escarlata.
El chico sonrió de manera genuina e Izuku sintió que el vientre le temblaba con una llamarada abrasiva.
— ¿Qué tal? Soy Eijiro Kirishima, mucho gusto — saludó el chico.
Izuku repitió en su fuero interno el nombre de aquel muchacho y le sonó como un dulce néctar que debía probar.
— Izuku Midoriya — saludó de ese modo el pecoso y le dedicó una sonrisa coqueta.
Y sabía que estaba perdido. En muchos sentidos.
Sin saberlo realmente, Kirishima se había vuelto el enemigo número uno de muchos en el conjunto residencial, por la única y exclusiva razón de que se estaba robando la atención de un joven pecoso que se había vuelto muy cercano a él.
Decir que Izuku no se sentía atraído por lo carismático, juguetón y afable que era Kirishima, era decir una falacia rotunda. Ya que el chico de ojos escarlata era la persona más interesante del mundo.
Desde que había llegado ahí hace poco menos de unos meses, Izuku trató de todas las maneras posibles de salir amistosamente con él, para así no levantar sospechas de lo interesado que estaba el pecoso por el chico de cabellos escarlatas.
Había descubierto en esas salidas "amistosas" que Kirishima provenía de una larga dinastía de jugadores de fútbol americano, que hoy en día eran empresarios bastante exitosos, y él deseaba seguir con aquella tradición de poder convertirse en un jugador de élite de UA; también pudo sonsacar de que estaba cursando los primeros semestres de Comercio exterior y de qué poseía una beca del 95% no solo por ser deportista, sino por sus buenas calificaciones.
Kirishima era un buen conversador, tenía muchos temas para hablar mucho más allá de las fiestas, el sexo y las boberías; estaba enfocado en lo que quería; tenía un sentido del humor bastante contagioso. Pero lo que más le encantaba de Kirishima a Izuku era la amabilidad y la ternura con la que lo trataba a veces.
En ocasiones Izuku no sabía si el chico estaba jugando con él o si le estaba coqueteando de verdad, ya que también había tomado la confianza de saber de Kirishima había tenido bastantes escarceos y novias como para asumir que era gay. Por lo cual no podía afirmar tal pensamiento.
Decir que parloteaba mucho sobre el chico, era decir poco y su mejor amiga lo sabía.
—Dios mío, Izuku — expresó Uraraka, sintiendo una sensación de cansancio exacerbado por el tema del pelirrojo — llevamos media hora hablando de él y siento que no puedo más.
— Pero Ochako…
— Bendito sea el día en que me volví amiga tuya, Izuku Midoriya…
— ¡Me amas!
—En estos momentos lo único que quiero es un buen café y otro tema de conversación que no sea tu príncipe soñado.
Uraraka era la mejor amiga de Izuku desde que se conocieron el día de la inauguración de su primer semestre, habían congeniado en el mismo momento en el que se conocieron y, hoy en día, eran compañeros de carrera y de trabajo. Sin embargo, desde que el chico pelirrojo había entrado a la vida de Izuku, era muy difícil sacarle otro tema de la cabeza.
Izuku rodó los ojos.
— Está bien — dijo siguiendo de cerca a su amiga hasta un café.
Se sentaron en una de las mesas que daban hasta la parte abierta del local y pidieron sus órdenes con tranquilidad.
— Has estado usando más seguido los pendientes que te regale.
— ¿Tu crees que dejaría a estas pobres criaturas en mi cajita durante mucho tiempo?
— Ochako… las odiabas porque tenían formas de piña.
— Bueno, pero… uno puede cambiar ¿no?
Izuku alzó una de sus cejas y le dedicó una mirada de desconfianza a su amiga, quien se había puesto nerviosa y sonrojada en menos de cinco segundos. Si había algo en lo que Ochako e Izuku tenían mucho en común, era que no podían mentirse entre ellos.
— ¿Segura?
— Sí… — trató de sonar segura la castaña.
Izuku siguió dedicándole aquella mirada implacable y fija que solo puso más nerviosa a la castaña, y que terminó con un sonido de cansancio y chasquido de fastidio. Izuku supo que había ganado.
— Es por el jefe nuevo en el departamento.
— ¿Iida Tenya?
Ochako asintió, sin poder evitar ser sincera con el pecoso. Izuku sin poder evitarlo, soltó una carcajada que trató de no echarla frente a su amiga. Ella le golpeó el brazo, molesta.
— No te burles, arbusto.
— Lo sé, lo sé, perdón — dijo Izuku tratando de calmarse de la gracia del asunto —, pero es que Ochako, por favor, es el hombre más rígido que he conocido en mi vida.
— Le gusta seguir las órdenes y es muy organizado.
— Es demasiado TOC* — aseveró el de hebras verdosas.
— ¡Eso no es malo!
— Ochako, ese hombre tiene horarios hasta para ir al baño — señaló Izuku un poco anonadado — ¿Segura que no te parece extraño eso?
— Pues extraño es que me estés juzgando porque me guste el jefe, mientras que yo no lo he hecho con tu estúpido principito salido de un ascensor.
— Ok, eso fue muy bajo. Pero tienes un punto.
Rápidamente les trajeron sus cafés y en lo que el chico se retiró, el pecoso y la castaña retomaron su conversación.
— No quiero juzgarte por nada, Ochako. Pero, ¿Iida?
— Es bastante conversador y amable si te acercas a él — arremetió la chica tomando un sorbo de su frapuccino — y tiene un humor sano.
— Ochako… Es un hombre de treinta y cinco años, con un hijo, y lo peor de todo ¡Lanza chistes de papá!
— ¿Y?
— Está bien, te haré una pregunta más difícil…
Izuku sorbió de su expresso con azúcar y miró fijamente a los ojos almibarados de su amiga.
— ¿Le has dicho para salir en una cita?
— ¡Por supuesto que no!
— ¿Y qué estás esperando? Si tanto te gusta deberías ir por él.
— ¿Por qué no haces lo mismo con Kirishima, eh? Llevas meses hablando de él y no veo que haya muchos avances.
Izuku suspiró.
— No lo he hecho, porque no estoy seguro de que le gusten los chicos.
— ¿Y eso qué importa?
— ¿Cómo que qué importa, Ochako? Kirishima es un chico extraordinario y hasta ahora ha sido un buen amigo, no quiero arruinar la amistad que tenemos solo porque quiero meterle la lengua hasta la garganta.
— Ugh, eres incorregible — dijo Ochako tomando de su café — ¿No recuerdas cuando besaste a Todoroki en aquella fiesta de la Fraternidad hace un par de años?
Izuku se encogió en su asiento.
— Bueno, hicimos más que besarnos.
— Por favor, no hables, no quiero una imagen mental de eso — dijo la castaña cubriéndose los ojos —, ya fue mucho esa vez en que te encontré con Sero detrás de un árbol.
— Hey, después del cuarto semestre cambie. Me haces sentir como un cualquiera.
— En actitud lo eres.
Izuku hizo un ademán exagerado de ofensa que divirtió mucho a su amiga castaña y que los contagió de una suave risa.
— Sigo insistiendo en que si Tenya te gusta, es mejor invitarle a salir. Dudo mucho que rechace la oferta.
— No lo sé, Izu…
— Ay, por favor Ochako ¿Acaso no tienes espejo? ¿O se te olvida que en ese reflejo hay una diosa curvilínea que devora hombres?
Ochako soltó una carcajada divertida.
— Sí eres estúpido, Izuku.
— Estúpido o no, deberías ir por ese hombre.
Ochako se lo pensó por un momento, viendo cómo la mirada de Izuku la alentaba a tomar el riesgo de pedirle una cita a su jefe. Ochako tomó otro sorbo de su frapuccino y después respondió decidida:
— Está bien, le pediré salir conmigo.
— ¡Esa es mi amiga! — se expresó el pecoso haciendo que los vasos del café chocaran como un brindis.
— Aunque tu te me adelantaste — respondió divertida la castaña — con esas salidas amistosas con ese príncipe tuyo, la pensaste bien Izuku.
Izuku se sonrojó levemente y sonrió de medio lado. Sabiendo que muy dentro de él, lo que estaba empezando a sentir por el pelirrojo era mucho más que una simple atracción.
— Oye, hermosura, deberías ir a verme.
— Señor, yo no salgo con bolsas de hueso andante como usted — respondió de manera taciturna y fiera Izuku — y mucho menos con viejos rabos verdes como usted.
Aquel señor mayor le frunció el ceño, pero a Izuku no podía importarle menos lo que ese vejestorio pensara de él. Simplemente era cansón que siempre hubiera un idiota diciéndole tales asquerosidades y estupideces. Era simplemente agotador.
Con suerte estaba llegando a su residencia, la cual atravesó con bastante parsimonia. Demasiada dirían muchos.
¿Pero quién podía culpar al chico cuando estaba esperando poder encontrarse de "casualidad" con el chico que le estaba robando el aliento? Era imposible decir que Izuku no estaba enamorado de Kirishima, pues en ocasiones se le notaba nervioso y tartamudeaba, se sonrojaba cuando Kirishima le decía un elogio y, para colmo, le escribía en la privacidad de su piso cartas que no podía entregar.
Izuku estaba consciente de hasta qué punto sentía sentimientos encontrados con el atleta pelirrojo. No obstante, la conversación con Ochako le puso en perspectiva lo que tanto deseaba hacer, pero que tenía miedo de lograrlo: confesarse.
Izuku si bien sabía que era atractivo para algunos, era imposible decir que había logrado mantener una relación estable en toda su adolescencia y su joven vida adulta. No porque Izuku no lo intentara, sino que en muchas ocasiones terminó siendo el blanco de muchas infidelidades y discusiones que lo habían llevado a estar soltero hasta el sol de hoy.
Aunque con Kirishima había sentido algo bastante inusual. Kirishima estaba bastante enfocado en lo que quería, era respetuoso y amable con él en muchos sentidos, nunca le había insinuado nada de querer acostarse con él o lo elogió abruptamente, no obstante había aprendido que el pelirrojo le gustaba avergonzarlo con palabras dichas al oído o con palabras más simples como: te ves lindo, estás muy tierno. Nunca traspasando lo vulgar.
— Ay, eres como un sueño hecho realidad — susurró para sí mismo el chico pecoso.
— ¿Quién es un sueño, Midoriya?
El chico de hebras verdosas echó un chillido de sobresaltó cuando aquella voz reconocida lo sorprendió a sus espaldas. Volteó abruptamente y observó a Kirishima con el uniforme de futbol americano encima y una de esas sonrisas encantadoras que siempre tenía en el rostro.
Decir que Izuku no sintió otro de esos tirones en el vientre llenos de llamas, era mentir. Pues Kirishima llevaba aquellas camisetas de licra que los atletas llevaban bajo el uniforme, marcando la recia musculatura del chico y con esa sonrisa de lado que quitaba el aliento. Decir que Izuku no quiso morir en ese momento, también sería mentir.
— Ki-Kirishima-Kun…
— ¿Te comió la lengua el gato, Midoirya?
— No, no, no, en lo absoluto — se excusó el chico avergonzado — solo me sorprendiste un poco.
— Bueno si dejaras de pensar en "ese sueño hecho realidad", seguro no te habría sorprendido.
— A ti no te debieron enseñar que las conversaciones ajenas no se escuchan — respondió divertido el pecoso, tratando de mostrar un semblante molesto el cual no logró.
Kirishima soltó una risa suave y gutural que hizo que la piel de Izuku se enchinara por lo varonil de la misma. Todo lo que ese hombre esfumaba de su cuerpo era una virilidad extenuante, y eso era lo que tenía a Izuku internamente babeando por él.
— Entonces soy un maleducado — soltó el pelirrojo, apoyándose en la pared del pasillo.
— Sí — respondió como si fuera obvio Izuku, con ese deje divertido impregnado en el tono.
— Bien — dijo el chico de cabellos pelirrojos dando pasos parsimoniosos para irse — entonces por ser un maleducado, no te invitaré al estreno de All Might's: One for All Movie.
Izuku abrió los ojos de sorpresa.
— Imposible… — susurró el chico.
Kirishima, con su mirada entre divertida y ofendida, sacó dos boletos de cine en donde resaltaba la palabra estreno y el título de la película.
— Te iba a invitar, pero como crees que soy un maleducado...
— ¡Kirishima, no!
— Debería ir con alguien más.
Izuku, como alma que llevaba el diablo, rápidamente se acercó y tomó con ambas manos el brazo musculoso de Kirishima e hizo un puchero.
— Me retracto.
— Joder, pareces el corre caminos cuando se trata de All Might.
— No me culpes, soy el chico nerd — contestó el chico fijando sus ojos en los orbes escarlatas de su amigo —, debo mantener mi puesto de geek.
Kirishima volvió a reír suavemente por lo intrépido del chico pecoso.
— Está bien, te recogeré el viernes a las 7.
— Uhhh, una cita — contestó juguetón Izuku medio en broma, medio en serio.
Izuku no esperaba que Kirishima notará sus intenciones.
— Si lo ves así, puede serlo, así como no puede serlo — contestó del mismo modo Kirishima, dedicándole un guiño divertido al chico de cabellos verdosos.
Izuku no supo si el chico de cabellos pelirrojos estaba hablando en serio o simplemente le estaba siguiendo el juego, pero si de algo estaba seguro era que Kirishima le estaba revolviendo la cabeza. Y en un muy buen sentido.
Aquella salida, si bien fue espectacular en muchos sentidos para Izuku, le dio plena consciencia de que se estaba acercando cada vez un poco más a Kirishima. Y eso lo tenía increíblemente fascinado y colado por el atleta pelirrojo.
Cada vez se acercaban uno más al otro, se tenían plena confianza y estaban llegando al punto en el que, a pesar de vivir completamente cerca, se la pasaban dentro del departamento del otro.
Izuku pudo darse cuenta de que, a pesar de que Kirishima era un atleta de primera, también era un geek y un nerd igual que él. Tenía una colección de comics, figuras de acción y películas que el pecoso mataría por tener, siempre estaban reuniéndose para ver películas de acción, jugar videojuegos o hacer una maratón de la serie de All Might y Red Riot que les gustaba ambos.
Era simplemente apoteósico. Y eso hacía que Izuku se diera cuenta cada vez más que Kirishima le gustaba en exceso, tal vez demasiado. Obligándolo a reconsiderar aquello que había hablado con Ochako sobre confesarse.
Llevaba días con el recalcitrante pensamiento de poder confesarse al chico de cabellos rojos. Deseaba ser sincero completamente con él, además de por fin sincerarse consigo mismo y dejar salir aquella bandada de sentimientos que hace mucho tiempo llevaba acumulando con el chico pelirrojo.
Pero siempre le asaltaban las mismas inseguridades: no quería arruinar la amistad con Kirishima, ni mucho menos hacer que toda la relación que habían construido se fuera al desagüe. Porque si había algo que Izuku no deseaba era perder la presencia constante de Kirishima.
— Pareces como si te hubiera atropellado un camión.
— Eso es lo que siento, Ochako.
Ambos amigos se encontraban en el mismo café que habían empezado a frecuentar hace unos meses desde aquella conversación en la que Izuku instó a Ochako a salir con el jefe.
Y quién diría que ahora Ochako oficialmente salía con Iida Tenya y las cosas entre ellos estaban viento en popa.
Izuku se alegraba por su amiga, aunque en verdad era difícil hablar de manera personal a su jefe cuando estaban fuera de las oficinas. Pero el chico pecoso estaba seguro de que en algún momento se acostumbraría.
— ¿Qué sucede Izu? — interrogó con un deje de preocupación la castaña.
Izuku miró los almibarados ojos de su amiga y echó un suspiro desilusionado. Ochako se puso alerta, ya que ese suspiro significaba que Izuku o estaba confundido, abrumado o triste, esperaba que no fuera algo grave.
— Oh no… — susurró para sí misma.
— He estado pensando Ochako, sobre lo que hablamos sobre confesarnos.
— ¿Deseas confesarte a Kirishima?
— Siento que es tiempo. No puedo seguir escondiendo estos sentimientos de él y engañarme a mí mismo de esta manera.
— Pues, estoy orgullosa de ti.
— Pero tengo miedo Ochako. No quiero perderlo, mucho más allá de que sienta cosas por él, se ha convertido en un buen amigo y confidente, y…
— Izuku, mírame — le dijo la chica dejando su frapuccino al lado y haciendo que el chico de ojos esmeraldas se fijará en ella — no quiero que sientas miedo de esa manera, sí, está bien sentir todo eso, pero creo que el miedo no es excusa para no exteriorizarle a Kirishima todo lo que sientes por él…
Izuku estaba mirándole, así que la castaña prosiguió:
— ¿Tu crees que después de nuestra charla para conseguir una cita con Iida no tuve miedo? Obvio que lo tuve. Pero no era justo para mi quedarme en un qué pasaría y por eso te aconsejo que te arriesgues Izuku.
Ochako decía todo eso segura e Izuku caviló por un momento que su amiga tenía mucha razón.
— Sí Kirishima acepta tus sentimientos, pues me alegraría demasiado. Pero sí Kirishima te rechaza, dudaría mucho que tratará de alejarte. Te tiene mucho aprecio, además ¿Quién le aguantaría esas conversaciones sobre Red Rayo?
— Es Red Riot, Ochako — rio suavemente el chico pecoso.
— Eso, pero espero que entiendas mi punto, Izuku. No es justo que te niegues a arriesgarte solo porque el miedo te detiene.
— Eso sonó bastante coaching de vida — se burló el pecoso.
— ¿Cómo seré coaching de vida si a penas puedo arreglar la mía?
Izuku se carcajeó y contagió de su risa a la castaña. Por un segundo Midoriya agradeció tener una amiga como Ochako y de que el consejo que le daba le haya ayudado a decidir finalmente qué hacer.
Decir que Midoriya era un manojo de nervios aquel día, era decir poco. Llevaba temblando desde hace un rato dentro de la privacidad de su departamento, sentado encima del sofá de cuero que había en la sala-comedor-cocina y con un fuerte nudo en el estómago.
Se había decidido por fin que debía ser sincero con Kirishima y confesarle todos esos sentimientos que dentro de él anidaban como un vendaval. Y debía hacerlo ya que quedaba poco para que el semestre acabará, y no estaba seguro de si el pelirrojo se quedaría adelantando curso o se iría de vacaciones.
Pero de algún modo Izuku había conseguido reunir la valentía para poder pararse e ir directamente a la puerta del pelirrojo, la puerta que tenía como número 512 de relieve en uno de sus bordes y que tanto intimidaba en esos momentos al pobre pecoso.
Sintió que sus piernas vacilaban al estar tan cerca de la puerta y un nudo bastante incómodo se alojó en su garganta haciendo que tragará duro. Tocó el timbre del apartamento y sintió que la piel de su cuerpo se enchinaba.
Era ahora o nunca. Debía enfrentar a todo lo que sentía y confesarse al chico pelirrojo. Estaba preparado y ya había pensado su discurso de confesión bastantes veces como para no enfrentarse al chico de ojos escarlatas.
Aún así, no se esperaba que quien le atendiera en la puerta fuera una chica. Una chica preciosa de ojos amarillos, cabello teñido de color rosa y corto, alta y, para el colmo de sus males, llevaba encima una de las camisetas de Kirishima que le quedaba hasta por encima de los muslos.
Izuku apenas podía procesar lo que estaba sucediendo, pero sentía como el pecho se le oprimía. Debió darse cuenta.
— Eh… Hola — dijo la chica sin saber qué más decir.
— Hola, yo eh… — Izuku se quedó trabado sin saber realmente qué decir.
Como recordaba, Kirishima muy pocas veces había traído gente a su casa, y esas pocas veces que él le había contado eran por cuestiones académicas. Sin embargo, ver a esa chica estando con tanta familiaridad en la puerta de la casa del pelirrojo y vistiendo las ropas del chico le hizo sentir un acervo sabor en la boca.
¿En verdad creía que Kirishima no estuviera saliendo con alguien? ¿De verdad había sido tan iluso como para creer que Kirishima estaría soltero? ¿Cómo podía no sentirse culpable por tener la expectativa de convertirse en la pareja del atleta?
— ¿Pasa algo? Estás super pálido.
La pregunta lo tomó desprevenido, y del mismo modo cuando la chica lo introdujo al apartamento del pelirrojo y lo sentó en el sofá de dos plazas que Kirishima tenía en la sala-comedor-cocina.
— No puedes salir así, ¿Estás mareado? ¿Sientes ganas de vomitar? ¿Te has desmayado anteriormente?
Izuku ante el bombardeo de preguntas solo atinó a negar, siendo observado por la chica de cabellos rosados muy de cerca.
— De todos modos te daré un té, así que espera aquí tranquilo.
La chica fue a la cocina y con una soltura bastante inesperada se movió por la pequeña cocina del departamento de Kirishima.
Izuku estaba fuera de sí, sin saber realmente cómo afrontar esa posibilidad que le estaba oprimiendo el pecho y estaba dándole ganas de vomitar. La posibilidad de que esa fuera la novia de Kirishima.
Sintió unas ganas irreparables de llorar y de salir huyendo. Si bien había estado preparado para la posibilidad de que el pelirrojo lo rechazará, jamás se asomó la idea de que este tuviera pareja.
El pecoso estaba seguro de que con el tiempo que Kirishima y él habían pasado, así como la confianza que se tenían, sabría si el atleta estuviera interesado en alguien. Sin embargo, no quería enfrentar el pensamiento de que tal vez Kirishima no le tuviera la suficiente confianza como para hablar de sus conquistas o de sus escarceos.
Su inseguridad subió como las burbujas de una olla hirviendo. Hasta que fue interrumpido por la imagen de una taza de Red Riot humeante a té que la chica le estaba tendiendo.
— Gracias, eh… — trató de decir el pecoso.
— Mina, Mina Ashido — dijo la chica con una sonrisa simpática.
— Gracias, Mina — respondió en un hilo de voz.
Tomó la taza y bebió un poco del brebaje, buscando la manera de que todo aquel torrente de sentimientos enajenados y pensamientos negativos se fueran con el sorbo de ese té. Aunque claramente, sentía que en cualquier momento se desmonoraría y no deseaba que una extraña viera su lado más vulnerable.
— Aunque ¿Qué te trae por aquí?
— Yo… vine a hablar con Kirishima.
— Ah, claramente Eiji no me avisó nada.
¿Eiji? Izuku apretó entre sus dedos la taza de Red Riot con el fin de no sentir que en esos momentos el corazón le estaba resquebrajando.
Sabía que el nombre de Kirishima era Eijirou, pero nunca se había tomado la confianza de llamarlo por su nombre y mucho menos ponerle un mote cariñoso. La sensación de la bilis subiendo por el esófago le estaba quemando.
— Pero no debe tardar mucho en llegar.
— No está bien, creo que es mejor…
— ¡Ya estoy en casa!
La voz de Kirishima vibró en el cuerpo del pecoso y miró cómo la figura alta del pelirrojo se imponía en la sala con bolsas de compras. Los ojos escarlatas se sorprendieron al ver al chico ahí.
— Midoriya…
— Eiji, este chico te estaba esperando para…
— Bueno, creo que eso puede esperar. Te ves ocupado y… lamento si vine a incomodar.
— ¡No, Midoriya! Nunca incómodas — contestó rápidamente el pelirrojo.
— No, está bien Kirishima, podemos hablar después — trató de zafarse el chico pecoso.
— Ya estás aquí, es preferible que mejor hablen ahora, porque seguro mi tonto hermano se le olvidará.
Izuku se quedó estático ¿Mina acababa de decir hermano? ¿Había escuchado bien? ¿Hermano? Se imaginó que Mina se había reído de su cara de confusión mientras Kirishima se rascaba la parte trasera de su nuca con una de sus manos, avergonzado.
— Perdón que lo diga así, pero ¿Hermanos?
— Políticos — dijeron ambos.
— Su padre salió con mi madre, se casaron y nos criamos juntos — contó Mina con soltura — para darte un resumen bastante corto.
— Mina vino de visita de manera sorpresiva, así que hice unas compras, porque podrás verla así delgada y esbelta, pero come peor que un camionero.
Mina golpeó el brazo derecho de Kirishima y este rio.
— Más respeto a la visita idiota.
Izuku por otro lado sentía que un alivio recalcitrante le devolvía el aire a su cuerpo y que toda aquella vorágine de sentimientos se esfumaba como el vaho en invierno. Hermanos. No pareja. No quiso soltar un suspiro de alivio porque hubiera sido demasiado indiscreto.
— Pero ¿Necesitas algo Midoriya?
La pregunta lo tomó desprevenido y eso hizo que observará como los ojos escarlatas del atleta le miraban fijamente. Los nervios de antes lo golpearon vertiginosamente y sintió que el estómago se le volvía a anudar de los nervios.
— Yo… necesitaba hablar algo contigo. Pero si es mucha molestía, puede ser en otro momento.
— Nha, no te molestes Midoriya — contestó Mina con tranquilidad, dándole unas palmadas en el hombro — estaba esperando a Eiji para poder darme un baño, así que no te preocupes. Habla con él todo lo que necesitas hablar.
Y así mismo, Mina desapareció en el cuarto de baño, dejando a Kirishima y a él solos en medio de la sala. El chico de hebras verdosas miró a Kirishima y sintió aquel peso de plomo caerle en el estómago. Era hora.
—Yo… necesito hablar de algo muy serio Kirishima — decir que era un manojo de nervio era decir poco.
— Está bien, sentémonos.
Izuku volvió a sentarse en el sofá de dos plazas, esta vez sintiendo la presencia de Kirishima a su lado. Sus ojos de esmeralda vieron a los ojos de escarlata y supo que el momento de decir la verdad había llegado.
— Yo… quiero hablar primero…
Kirishima asintió tranquilamente, uniendo sus largos y gruesos dedos y dedicando su mirada escarlata al chico de pecas en frente suyo. Izuku inhaló profundamente para poder envalentonarse y soltar todo el discurso que llevaba preparando desde hace más de una semana.
— Para iniciar, Kirishima, quiero agradecer por todo lo que has hecho por mi y de poder brindarme tu amistad — inició el joven de ojos esmeraldas — pero tengo miedo de lo que vaya a suceder después de lo que vaya a decirte. Por eso deseo que me escuches atentamente.
»Desde hace un tiempo para acá, he estado sintiendo muchas sensaciones las cuales no he podido detener. Si bien cuando te conocí me pareciste una persona super atractiva, cuando te empecé a conocer mucho más y a saber que eras amable, permisivo, chistoso y… bueno, todas esas cosas buenas que tienes, me di cuenta que a veces te pensaba demasiado.
Kirishima tenía el rostro imperturbable, escuchando atentamente lo que Izuku le estaba diciendo.
— Y con el tiempo, conocer tus lados buenos, tus lados malos y apoyarte en tu sueño, me hizo darme cuenta de que… me gustas mucho Kirishima y deseo mucho salir contigo — dijo finalmente para después bajar la vista a su regazo — Pero si tu deseo después de esto es dejar de hablarme lo aceptaré y…
Kirishima impuso una de sus grandes manos sobre la boca de Izuku y el de ojos de esmeraldas se sorprendió, observando la gran seriedad con la ue el atleta de ojos escarlata lo miraba.
— Ya te he escuchado, ahora es tiempo de que me escuches a mí.
Izuku se cohibió en su asiento, teniendo miedo de lo que el chico pelirrojo le respondiera.
— Cuando te conocí, estaba completamente consciente de que todas tus salidas eran mucho más que "amistosas" Izuku, de eso estaba completamente consciente — respondió el atleta hablando seriamente — e incluso pensé en la posibilidad de rechazarte rotundamente…
Izuku sintió que el pecho se le rompería de un momento a otro y sus ojos se humedecieron.
— Pero, cuando empecé a conocerte un poco más, me pude dar cuenta de que era mucho más que un chico que buscaba meterse en mis pantalones — el pelirrojo soltó la boca de Izuku y tomó con sus dedos el mentón del pecoso para que lo mirara directamente a los ojos — eras super atento, amable, fuiste un apoyo incondicional en mis malos ratos, estuviste ahí cuando lo necesite y… eres uno de los pocos que conoce mi fanatismo con Red Riot. Y no puedo decirte que me gustes tanto como yo te gusto a ti, pero si he tenido el pensamiento de darte una oportunidad Izuku…
Izuku miraba fijamente los ojos escarlatas de Kirishima y por un momento sintió un alivio muy grande de que al menos Kirishima aceptaba sus sentimientos y no lo hubiera alejado totalmente.
— Pero… yo sé que tú no…
— Sí, lo sé. Pero hey, quiero intentarlo contigo. No he salido con ningún chico, pero la posibilidad de salir contigo si ha pasado por mi mente varias veces, no te lo puedo negar.
Izuku sintió los nervios atenazarle como una lengua de fuego desde el fondo de su estómago hasta cubrirle los mofletes con un sonrojo bermellón que hizo sonreír coquetamente al pelirrojo.
— Eres una lindura cuando te sonrojas — comentó Kirishima viendo a Izuku.
Y bien, el comentario solo hizo que su sonrojo aumentara hasta colorarle las orejas de carmesí. Kirishima soltó un suave, pero gutural risa, que solo hizo que Izuku temblará por escuchar aquella risa coqueta.
— Entonces… — dijo finalmente el de hebras verdosas, nervioso — ¿No te alejaras de mí?
— ¡Claro que no! — respondió seguro el pelirrojo — si las cosas no salen como alguno de los desea si lo intentamos, espero que podamos también seguir siendo amigos Midoriya.
Kirishima con tranquilidad tomó las manos de Izuku, notando cómo, a pesar de que el chico de hebras verdosas era un par de años mayor que él, tenía unas manos muy pequeñas.
— Me gustaría intentarlo, Midoriya. No digo que todo será como las películas, ni mucho menos sabré que hacer, pero quiero intentarlo.
Izuku sintió la calidez que las grandes manos de Kirishima le daban a sus pequeñas manos.
— ¿Estás seguro de que quieres intentarlo? — interrogó inseguro el chico de hebras verdosas — porque no quiero que me veas como un juego o una manera de...
— Izuku — susurró el pelirrojo, enfrentando la inseguridad que brillaba en las esmeraldas de su interlocutor — estoy completamente seguro de lo que estoy haciendo. Y, por favor, no quiero que asumas que te vea como un juego de experimentación, porque tus sentimientos no son un juego para mí ¿Estamos claros?
Los ojos de Kirishima penetraron profundamente a Izuku, sintiendo que en cualquier momento el pelirrojo vería su alma y sus más profundos deseos. Izuku exhaló el aire que inconscientemente estaba aguantando y sonrió melosamente.
— Está bien, Kirishima. Confiaré en ti como lo he hecho hasta ahora.
Eso hizo que la sonrisa del pelirrojo se ensanchará de buen gusto.
Era difícil realmente establecer qué tanto lo intentaron ambos. Izuku en muchas ocasiones se equivocó, Kirishima le hizo mucho daño a Izuku en algunos momentos importantes. Pero a fin de cuentas, ambos lo intentaron y, hasta el sol de hoy, frente a un altar y un montón de personas lo siguen intentando. Saben que son humanos y no son perfectos, pero estaban conscientes que intentándolo, podían superar todo.
Notas del autor:
Hola a todos, aquí su "desquiciado" autor: MARK.
Un placer para los que no me conocen, y para los que me han leído, de verdad lo lamento.
Aquí les dejé un nuevo proyecto que tenía amasando desde hace unos días después de casi rallar el disco completo de Selena Quintanilla, pero bueno algo bueno salió de tanto escucharla xD.
Espero que la disfrutaran, al igual que yo haciéndola.
Si quieren saber más solo denle click a mi nombre y verán todo lo que he escrito hasta ahora (aunque no creo que sea mucho), estoy también en Wattpadd ( Mark_172) y en AO3 (Markusloving). Espero no haberles molestado con tanto spam.
Bien ahora sí, cuídense mucho, les mando un abrazo psicológico y espero verlos próximamente.
MARK, fuera.
*TOC: Trastorno Obsesivo Compulsivo.
