New me
Summary: #Faberry. One Shoot.
Descargo de responsabilidad: no poseo derecho alguno sobre el show y/o sus personajes, sólo la de esta historia que tiene perfecto sentido en mi cabeza y en todo aquel o aquella que decida compartirla conmigo.
One shoot
- ¿Para que escribes?
- Para olvidar
- ¿Qué escribes?
- Mis pesadillas.
- Eso no es verdad, he leído algunas de tus historias y son bonitas.
- Sólo la imposibilidad de la felicidad, la ilusión del anhelo de una vida, el deseo del engaño continuo.
Rachel le miró, sólo se le quedó mirando, Quinn tenía la mirada estoica, perdida, en la misma nada. Ahí ante ella una versión preocupante de su Quinn.
Rachel se quedó junto a ella, ambas sentadas en las gradas viendo el futbol, su novio agitándole la mano desde el centro del campo.
- ¿Cuántos golpes crees que una persona puede recibir en el cráneo antes de que todo se haga mierda?
- ¿Cuántos? – preguntó Rachel.
- No lo sé, no los he contado, pienso que más de 100 media, unos cuantos sumamente graves.
…
Al inicio de la semana:
Quinn estaba haciendo ejercicio con las porristas, ella siendo la voladora, Santana y Brittany le cogían en la base, hasta que Stacy decidió que no más, ella quería su puesto.
Cuatro chicas en la base le cogieron, dos de cada pierna y le impulsaron para que Quinn haga una figura propia de gimnasta profesional, al haberse elevado un poco más de tres metros de altura, y ya para cuando iba a aterrizar, Stacy le cogió mal el pie, desde otro ángulo, causando así que Quinn se azote la cabeza con mucha violencia en el suelo, su cabeza rebotando hasta tres veces seguidas.
- Quinn, Quinn ¡ - le gritó Sue – vamos, levanta ese culo perezoso, que no ha pasado nada ¡ - ordenó ella, mas Quinn demoró unos segundos en abrir los ojos, sin enfocar la mirada, muy mareada.
- Eh, ¿qué sientes Fabray? ¿Fabray? ¿qué ves?
- Todo está negro, las figuras son borrosas, como círculos negros flotando – susurró soltando lentamente una exhalación, antes de cerrar los ojos nuevamente.
- Ok perra, mucho dramatismo levántate de una puta vez ¡ - gritó esta vez Stacy.
Sue se le quedó mirando un buen rato hasta que dijo – Santana llama a la ambulancia.
- Hey, inteligencia artificial – a Brittany que asintió – toma su pulso y todas denle espacio.
Uno de los chicos de Glee que pasaban por ahí se quedó mirando toda la escena, Blaine bien sabía que las porristas y los jugadores, normalmente se golpean mucho, pero se levantan al rato quejándose de dolor, pocas veces habían llamado a la ambulancia, como en el caso de que, entrenando futbol, un chico se había roto el brazo, Blaine no recordaba otra situación.
Y con él enterándose de eso, todos los chicos del club Glee se enteraron de lo ocurrido a los diez minutos y en un par de horas, todo el colegio ya lo sabía, muchos se alegraban, otros reían, el resto le maldecía y para los pocos que le querían, ellos esperaban que se recuperara.
En la clase del coro, todo se dio normal., como si no ocurriera nada.
Rachel cantó su solo, impecable como siempre.
Ella se quedó mirando atenta el asiento vacío de Quinn, el resto de la clase.
Ya para la tarde, decidió ir a verle a su casa, pero al final no pudo, ya que su novio quería salir a ver una película.
…
Al día siguiente Quinn regresó a clases, con anteojos de sol negros, ya que le dolía la vista por alguna extraña razón debido al golpe, ese día los profesores le dejaron estar.
Quinn estuvo taciturna todo el día, apagada, diría Rachel.
- Se ha golpeado fuerte, debe dolerle todavía – pensó Rachel y no la abrumó con ningún debate suyo por más que tenía muchas ganas de hacerlo.
Quinn renunció a las porristas ese mismo día.
- No lo disfruto más.
- Te ves como la mierda, te concedo eso – le dijo Sue mirándola sentada en su oficina – mas nadie deja a Las Cheerios, yo las hago dejarlo.
- Como sea, estoy fuera – soltó Quinn seguido de gritos de Sue y aparentemente lo miserable que iba a ser su vida.
…
A partir del martes 15 de ese mes, todo se tornó raro ante los ojos de Rachel, "raro" definido como extraño y ajeno al comportamiento que había tenido Quinn desde siempre.
Quinn ahora pasaba más tiempo sola, con sus pensamientos, se había alejado mucho de las situaciones sociales o la participación misma en el coro, ya no cantaba ni hacía las cosas que antes había disfrutado mucho, al igual que manejar, ya no lo hacía, convirtiéndose así ella misma en uno más del montón de los estudiantes, quienes van a pasar el rato, estudiar, pasar desapercibidos y nada más.
…
Tiempo actual:
Rachel le miró, sólo se le quedó mirando, Quinn tenía la mirada estoica, perdida, en la misma nada. Ahí ante ella una versión preocupante de su Quinn.
Rachel se quedó junto a ella, ambas sentadas en las gradas viendo el futbol, su novio agitándole la mano desde el centro.
- ¿Cuántos golpes crees que una persona puede recibir en el cráneo antes de que todo se haga mierda?
- ¿Cuántos? – preguntó Rachel.
- No lo sé, no los he contado, pienso que más de 100 media, unos cuantos sumamente graves.
- ¿Estás bien? – preguntó cogiendo su mano.
- Sí.
- ¿Te sientes bien?
- Sí, sólo más reflexiva.
- Vale – susurró suavemente notando que algo se había roto en ella, que algo se había ido para siempre, ella sin saber si eso le gustaba o no - ¿has ido al doctor?
- Sí.
- ¿Qué dijo?
- Que talvez esté aturdida y así me sienta por un buen tiempo o…
- ¿O?
- U otras cosas – susurró Quinn anunciando así que había más de aquella charla con el doctor, más cosas que Quinn no quería contar.
- Ok – asintió Rachel viéndola talvez un poco más incómoda al estar rodeado de tanta gente, tanta como antes no había sentido jamás.
Rachel observando que Quinn veía el futbol mordiéndose los labios, un tanto incómoda y a su novio jugar, viendo que recién había iniciado el partido – vámonos – pidió y Quinn con una pequeñita sonrisa asintió.
Ambas caminaron cogidas del brazo – antes, Quinn, antes, ¿hubieras caminado por ahí, así, conmigo?
- Claro, sólo tenías que pedirlo – con una pequeñita sonrisa.
- ¿Sólo pedirlo? – curiosa preguntó con ambas cejas en alto.
- Sólo pedirlo – vaya, mucho tiempo había perdido, se dio cuenta Rachel.
- Lo voy a pedir más seguido entonces.
- Sí, sólo pedirlo – añadió Quinn con gran sonrisa, la misma sonrisa encantadora que le había ofrecido hace mucho tiempo atrás.
Por un segundo para Rachel, todo fue normal otra vez, tal como antes.
Ambas caminaron hacia la casa de Quinn, Rachel hablando o cantando la mayor parte de tiempo para provocarle una sonrisa muy bonita en ella.
…
El tiempo fue pasando, los días fueron pasando, las semanas se convirtieron en meses y el comportamiento de Quinn en mucho más reservado si cabe.
Nadie le hostigaba, ella había sido la HBIC, y seguía siendo una Fabray, pocos eran los que se atrevían a darle un mal tiempo, más en cuanto se enteraron de que ella no respondía a los ataques, pues sí lo hicieron.
Quinn ni les miraba, su mente perdida en otro lado.
…
Tres meses después, un estudiante le había tirado un slushie – hijo de puta, te vas a enterar ¡ - le gritó Rachel al jugador.
- ¿Así? y quién me va a decir algo ¿tú? – preguntó burlón.
Rachel se lo contó a Finn, pero no hizo nada, sólo se rió, por lo que después fue con Puck y Sam, ambos fueron mucho más brutales con él en el entrenamiento, eso fue su venganza.
Para la tarde, esa misma tarde, Quinn estaba en el segundo piso mirando el atardecer, uno anaranjado, tan bello, como escenario de postal.
- ¿Qué pasó ahí Quinn? – preguntó sobresaltándola – lo siento – después al ver que ella saltó, ambas asintieron. Rachel se sentó a su lado - ¿Quinn porque no te defiendes? Nadie debería tratarte así.
- Falta poco para graduarnos, un mes apenas, qué más da Rachel.
- ¿Qué es lo que miras? – preguntó Rachel varias veces, Quinn tenía la mirada enfocada cerca al gran roble en la entrada del instituto.
- Si te digo te asustarás.
- No lo haré, yo soy valiente, no hay nada que me digas que me pueda alejar de ti.
- Valiente en un metro y veinte – susurró divertida.
- Metro cincuenta, muchas gracias – con orgullo, sonrojándose cuando Quinn rió melodiosamente.
- Metro cincuenta y tres Rachel.
- Bueno eso.
- Sí.
- Sí – repitió Rachel.
Quinn se puso un poco seria antes de esbozar una sonrisa y contarle – hay dos criaturas parecidas a querubines danzando alrededor del árbol – dijo y Rachel se quedó callada sin saber si era cierto o no, o si Quinn le estaba jugando una broma, ella no veía nada, en cambio Quinn sonreía por la imagen.
…
La siguiente vez que ocurrió, fue al siguiente día, Rachel estaba saliendo tarde, porque se había quedado practicando en el auditorio su solo, por más que varios le habían asegurado que le había salido genial.
- Precioso – palabras de Quinn.
- Ya baja – observación de Kurt.
- Diva – la de Mercedes.
La mayoría ya se había ido, Rachel no conducía, por lo que fue al estacionamiento a esperar a su padre y ahí vio a Quinn caminando hacia la pista, con un camión a su encuentro.
- Maldita sea Quinn, Quinn ¡ - gritó corriendo a su encuentro, le cogió con una mano el cuello de su blusa y la arrojó al suelo junto a ella.
- Apártense joder ¡ - gritó el chofer sin detenerse.
- Carajo Quinn, ¿estás bien? – preguntó preocupada mirando su rodilla raspada y roja provocada al caer al piso de sopetón. Quinn se veía confundida e incluso asustada.
- Quinn, ¿te ibas a suicidar? – preguntó asustada.
- No, no, carajo no ¡ - gritó Quinn.
- ¿Entonces? – preguntó Rachel ayudándole a ponerse de pie, viendo su rodilla herida – vamos a mi casa, está más cerca y ahí te podré ayudar con lo de tu herida.
Y aquello no fue una petición, sino más bien, una imposición de su parte y para cuando Quinn le quiso contar lo que sea. El clauson de su carro sonó – niñas, ¿están bien? – preguntó asustado Leroy al ver aquello.
- Sí papá.
- Sí señor.
- Vamos, sube Quinn, te llevaré a nuestra casa para poder ayudarte con lo de tu herida, luego te llevaré a tu casa – dijo y ambas chicas asintieron de acuerdo.
Ni bien entrar Quinn se sentó junto a Rachel en el sofá. Leroy llamó a Hiram para que le ayude, siendo doctor y tener formamiento médico.
- Señor lo siento si le incomodo en su descanso.
- Nada de eso pequeña.
- Cuéntale Quinn, sólo dile – le pidió Rachel cogiendo su mano.
- Cariño, esta casa es un lugar seguro, tú puedes decirme lo que quieras y te ayudaré mi niña – le aseguró al ver la incomodidad en su mirada.
- Si quieres podemos irnos – propuso Leroy.
- Papá…
- Si mi niña, si te incomoda Rachel o yo, te podemos dejar a solas con Hiram – él siendo abogado y su marido doctor, psiquiatra.
- No, quiero que se quede Rachel – pidió y Rachel le dio un beso en su mejilla, sonrojando a Quinn, ambos hombres se miraron con complicidad, algo pasaba ahí entre ellas.
Quinn inició su relato sin saber si la iban a tomar como loca o no, o si acabaría llorando y sola, eso le preocupaba más que cualquier cosa, el desprecio o el miedo de Rachel, acabaría con ella, ¿el no decirle?, Quinn no sabía, por lo que se arriesgó con su verdad – vi a una mujer vestida de blanco pasando la calle, se le había caído las cosas de su bolso, ella era morocha, preciosa, joven y me pedía ayuda, yo iba a ayudarle, cuando Rachel me haló hacia atrás.
- Sí, porque no estaba pasando la calle, sino en medio de la calle Quinn.
- Quinn sigue por favor – pidió Hiram y Quinn siguió contándole otras cosas peculiares que le habían ocurrido.
- … el otro día, estaba tipeando en mi laptop un trabajo, una tarea y al girar la cabeza vi a una mujer vestida de blanco en la esquina de mi cuarto.
- ¿Y qué hacía ella?
- Sólo me miraba y reía. Creí ver alguien ahí, pero no había nadie, no sé si eso fue real, ¿cómo saber que es real?
El ambiente se puso tenso, unos segundos muy incómodos después - ¿me estoy volviendo loca?
- No cariño, no te asustes, juntos vamos entender toda la situación. Rachel, Leroy me podrían dejar a solas con Quinn.
- ¿Es necesario? – preguntaron ambas chicas.
- Quiero que se quede – pidió Quinn y Rachel miró a su padre pidiéndoselo con la mirada.
- Quinn te pido un momento a solas, Rachel podrá acompañarte después.
Y con ello Rachel se fue a la cocina, desde dónde miraba a Quinn, mientras cocinaba con su papá, en lo que su papi ayudaba a Quinn.
Hiram, haciendo uso de sus años de experiencia, habló con Quinn, preguntas específicas.
Media hora después con un poco de llanto o mucho de él. Rachel queriendo ir a por Quinn – déjalo mi vida, tu padre sabe lo que hace y sólo está haciendo nada más que ayudarle – dijo Leroy cogiéndole de la mano.
Rachel con un gran puchero y una pisada de por medio bufó al no poder ir al instante con Quinn.
Mas para cuando Quinn se puso de pie y su padre le abrazó conteniéndola, ella no se pudo contener y fue a por ella.
Ambas se abrazaron por un buen tiempo, Quinn sollozando y Rachel tan sólo tranquilizándole, ambas terminaron sentándose juntas y cogidas de la mano, a petición de Hiram.
- Quiero que le cuente – pidió Quinn – y si se va a ir.
- No me voy a ir.
- Peor Rach aún no he empezado.
- No me importa, no me voy a ir, aún si dices ser un alien encubierto.
- ¿Un alien? – preguntó divertida.
- Sí, si así fuera, te pediría, que me enseñes algún superpoder o algún conocimiento de las estrellas.
- Vale – igual de divertida asintió sollozante.
Rachel le limpió con ambas manos las lágrimas no derramadas de sus ojitos, cogiendo con mucha delicadeza sus mejillas, le dio un beso esquimal. Ambas se sonrojaron y con pequeñas sonrisas, todo siguió, desde ese punto juntas, para luego sólo asentarse más su unión.
Hiram empezó – Quinn, la mayoría de enfermedades mentales empiezan en la juventud temprana, en las mujeres usualmente demora un poco más, es un poco más tardío, nadie sabe muy bien de qué o cómo se activa, pienso que es en parte, parte de una vulnerabilidad genética latente existente y parte del ambiente, aunque golpes en la zona frontal también puede provocar los mismos, en tu caso me has dicho que no puedes contar los golpes contundentes que has sufrido en múltiples ocasiones en todos lados de tu cabeza.
Quinn te he diagnosticado con depresión severa y ansiedad social media a grave, a la par que pienso que podría haber un trastorno esquizoafectivo latente, según las cosas y escenarios que me has comentado. De ello estaré seguro, sólo al pasar el tiempo y las evaluaciones lo confirmarán – el habló referente a su lenguaje desorganizado, sus delirios, alucinaciones, apatía, sus cambios en cuanto a sus hábitos y su alimentación – Quinn no debes de tener miedo, ni hace falta que me pidas indicaciones para ser normal – Rachel le miró preocupada.
- Pienso que sí, supiera como actuar normal, el resto no preguntaría al verme actuar raro.
- Quinn, no hay nada escrito en piedra que delimite que es ser normal y que no, lo normal para uno, puede ser extravagante para otro.
- Si fuera común, todo sería tan fácil.
- No eres común Quinn, eres especial, no tienes que pedir ser normal, cuando eres única – acotó Rachel, Quinn conmovida asintió.
- Quinn, no puedo iniciar un tratamiento si tu madre no está de acuerdo, ya sabes, por ser menor de edad, así sea faltando un par de meses para tu cumpleaños, llamaré a Judy y veré que pasa. No creo que me lo niegue.
Quinn asintió, claro que su madre no se lo negaría, ella era cirujana en el hospital central dónde Hiram trabajaba.
- Quinn de ser positivo todo, de estar de acuerdo Judy, iniciaríamos un tratamiento cognitivo conductual a la par de un tratamiento con medicinas, medicinas que suplirían los niveles promedios de hormonas, que no está produciendo tu cerebro, más fácil dicho, química cerebral, la medicina te dará eso que no produce tu cerebro, lo equilibrará y ya está.
- Y seré ¿normal?
- Seguirás siendo tu misma Quinn, especial – le aseguró Rachel.
- Así como dijo mi niña, especial.
Quinn asintió y Rachel le abrazó fuerte, besando su cara un par de veces, haciéndole sonreír.
…
Su mamá estuvo de acuerdo, mostrándose muy comprensiva.
- Amor, una enfermedad mental no es de temer, a veces sólo pasan las cosas y es como es, no tienes que negarlo, ni asustarte, pienso que demorarás en aceptarlo, pero amor, esa es la situación y hay que trabajar en ello. La enfermedad no te hace ni más ni menos.
- Sí mamá.
…
Y tanta aprehensión que había tenido Quinn, a porque la medicina la cambiara, eso no ocurrió y ella se lo agradeció a Hiram. Las pastillas le hacían sentir mejor, lo necesario, así como ayudar con su insomnio.
- ¿Cuántos golpes en la cabeza se necesita para que haya un quiebre? – se preguntó Quinn, aquello había dejado hace mucho de ser un chiste interno y enfermo a una curiosidad pura y dura - ¿cuántos crees que son necesarios Rachel? – le preguntó por teléfono a ella, estando Rachel en New York y ella en Connecticut en Yale.
- ¿Por qué te sigues preguntando eso? Te hace daño.
- Porque pienso si hubo algún momento preciso en que todo cambio, pienso mucho en ello, pero no recuerdo cuál es. No sé si fue el golpe en el estadio, durante el entrenamiento o si fue antes de eso.
- Quinn tal como eres, yo te adoro y lo sabes.
- Sí, eso me hace sonreír mucho - replicó ella sonriente y Rachel al oír eso, también sonrió.
Su amistad había llegado a un momento muy cómodo, ambas hablaban todos los días y si no lo hacían, intercambiaban mensajes por WhatsApp, fotos, de lo que sea, así sea tomando un batido en la parada del bus.
Quinn le envió una foto de ella bailando junto a una morocha, ambas con top y un buzo que abrazaba todas sus curvas – mira, han escrito mal mi nombre encima de la foto.
- Te ves sexy en ello – Rachel viendo en la foto un segundo de Quinn como era, antes de tantos golpes, de la enfermedad misma. Eso le causó que su corazón se apretara con fervor, a la foto ser Quinn, la de antes, la que no tenía tantas preocupaciones, la que no le preguntaba cada tanto "como era ser normal" "cuantos golpes cambiaron su panorama" "sus introspecciones y reservas"
- Si bien, fue para un trabajo – refutó Quinn con emojis sonrientes.
- ¿Quinn?
- ¿Si Rach?
- Eres especial, que no se te olvide.
- Ok.
A veces las respuestas de Quinn eran cortas y cortantes, falta de tacto diría otro, propio de su estado actual y, aun así, Rachel no cambiaría un segundo de todo. Quinn lo valía todo, no cambiaría un segundo de su interacción, de todo, incluso en los malos día, cuando Quinn le llamaba y no decía nada, más los sollozos se escuchaban.
Quinn se frustraba rápidamente al ciertas cosas, ciertas interacciones complicársele.
- ¿Quinn?
- ¿Hmmm?
- Te quiero mucho, eres muy valiosa cariño.
- ¿Estás segura? – preguntaba dubitativa y eso le rompía el corazón a Rachel.
- Al 100%, eres especial y eres lo más bonito del mundo para mí y para muchos más.
- Ok.
- Ok – repetía Rachel - ¿Me regalas una linda sonrisa princesa?
- Todas.
- Todas – repetía Rachel sonriente, le mandaba un par de besos a distancia, un gran abrazo y ambas cortaban, entonces Rachel daba una gran exhalación, se pedía paciencia y recordaba la linda sonrisa de Quinn, así podía seguir su día.
O en los días preocupantes…
- Rachel no trataba de matarme, sólo quería sentir algo, algo que no sea tristeza o intenso, cuando sentía todo intenso, o el vacío – le dijo recostada en una camilla de hospital.
- Mierda Quinn, mierda – dijo preocupada y llorando, Quinn había tomado cinco pastillas en lugar de una para dormir, Quinn había mezclado medicinas de varios tipos.
- Sé que suena mal Rachel, pero lo hacen pasar como más de lo que es.
- Quinn te quieren internar por una semana, ¿cómo mierda te voy a dejar aquí a por una semana?
- Lo siento – triste y con gran puchero Quinn.
- Ohhh mi vida, lo siento, lo siento Quinn – se disculpó ella abrazando a su Quinn, para luego salir un momento y llamar a su papá, para pedirle ayuda e intervención. Su padre era un médico psiquiatra de mucho prestigio.
- Rachel, será difícil, hacerte cargo de una persona más, no te lo aconsejo.
- Papá, será por una semana, Quinn no puede quedar internada, lo sabes, se asustará o le hará más daño, papá por favor ayúdame, Quinn lo vale todo.
- Lo sé mi niña.
- Entonces ayúdame – insistió y su papá lo hizo a regañadientes.
Esa semana fue preocupante, pero ambas lo superaron antes de separarse e ir a estudiar cada una a lo suyo.
- Quinn, no omitas nada, ¿entiendes? Si te sientes mal, me llamas, me lo dices, no voy a pensar diferente de ti, no voy a pensar que eres menos. Tienes que decirme.
- Vale.
- Quinn, es en serio.
- Vale – repitió Quinn y suspirando Rachel lo aceptó.
- Tu novia sí que es insistente – le dijo su compañera del cuarto al Quinn cortar la llamada.
- No es mi novia.
Ella le miró un rato antes de decir – te estás tardando entonces, ¿a qué esperas? Hazla tu novia y tengan bebés lindos y particulares, extravagantes.
- ¿Cómo yo?
- Como tú, como el regalo del cielo que eres. Para que quieres ser normal si eres candente mujer, eres jodidamente única y especial a tu modo.
- Vale – replicó ella con gran sonrisa y su pelito en todas las direcciones, como una cabellera de un león.
- Vale, claro que vale mujer, ahora mueve tu culo y ve por tu chica – le dio una palmada en su cola, ambas riendo.
- Pero va a dar un capítulo de mi serie favorita y quiero verla.
- Ok, vamos a verla entonces, pero después de ello, vas por tu mujer.
- Ok – muy sonriente Quinn asintió y ambas se pusieron a ver dicha serie con snacks y bebidas de por medio.
…
Quinn no fue a por Rachel, ya que se enfermó del estómago por comer muchos dulces y sodas. Pero Rachel si fue a verle aún sin saber esto, ella fue a verle porque le extrañó demasiado.
Un fin de semana, domingo 30, Quinn estaba dormida en su cama, ya que se había quedado despierta toda la noche estudiando para su examen del lunes.
Así la encontró Rachel cuando Cassidy le abrió la puerta y la dejó pasar, con una sonrisa de come mierda.
- ¿Qué?
- O nada, Quinn está en el dormitorio a la derecha, el otro es mío, no entres.
- No lo haré.
- Ah y regreso a las 5pm, adiós.
- Hasta luego – se despidió Rachel dejando su abrigo colgado de un gancho en la puerta, para después caminar hacia la puerta del cuarto de Quinn, tocó un par de veces, pero no escuchó nada, por lo que entró – mierda – susurró impresionada.
Ahí ante ella, Quinn yacía dormida en su cama, con un short corto, una polera sin mangas, las mantas de la cama en su cintura, todas arremolinadas, su cabello rubio por doquier, como la melena de un león, su carita sonrojada por el sueño, su boquita linda y deliciosa esperándole entre abierta, su pie al descubierto.
Rachel tomó su pie y le acarició suavemente para ver si despertaba más Quinn no lo hizo, sólo sacudiendo su pie, Rachel sonrió, Quinn se veía como un ángel, la belleza encarnada.
Rachel se sentó en su cama y muy delicadamente le tocó con una mano su mejilla – hey leoncito, arriba – le susurró y Quinn murmuró aún sin levantarse.
- Arriba preciosura, arriba mi amor – le replicó y con ello Quinn sí se despertó.
- Hey – susurró con gran sonrisa, una tan linda que fue imposible para Rachel no arrullarle.
Quinn extendió ambos brazos en señal de querer ser abrazada y así lo hizo Rachel, para finalizar recorriendo los lados de su torso con sus uñas haciéndole cosquilla allí, justo en el punto que había encontrado y que más sonrisas y risas traía a Quinn.
- Hermosa, simplemente hermosa.
- Eso eres tú Rach – con gran sonrisa, una que hizo latir el corazón de Rachel como loco, tan sólo con una sonrisa de Quinn, con su alegría y felicidad pura, con todo su ser.
Rachel se mordió el labio pensativa.
- ¿Qué pasa?
- Pasa que quiero hacer algo, pero no sé sí, será bueno o te confundirá más.
- Sólo hazlo, nada que hagas me hará daño, de eso estoy segura – le susurró con brillo en su mirada, una expresión que hizo que su corazón diera tumbos a lo loco.
Rachel con la aprobación de Quinn se inclinó a por un beso, Quinn no se apartó, no se asustó, ya que aquello lo anhelaba desde siempre.
Ambas se dieron un tierno beso, apenas un roce de labios, una pequeña presión que hizo toda la diferencia, ambas se miraron y sonrieron felices – otro – pidió Quinn y Rachel desde ese punto, como ya era desde antes sólo que no se había dado cuenta, cayó a sus pies y no pudo negarle nada jamás.
Ella se inclinó a por otro beso, y otro y otro.
Aquella declaración que había hecho Finn años atrás, quedaba corta, besar a Quinn se sentía más intenso que ver los fuegos artificiales, mucho más.
- Joder – susurró Rachel apoyando la frente junto a la de Quinn – awww – le arrulló después al Quinn darle un beso esquimal muy tierno.
- Ven aquí conmigo, sube – pidió y Rachel lo hizo, ella se sacó los zapatos y se subió a la cama, para seguir besando a Quinn y luego ver una peli, comer comida chatarra y así pasar la tarde.
Rachel feliz de poder abrazar a Quinn de todas las maneras imaginables, para después acurrucarse con ella, oler su perfume, cautivarse con todos sus ruiditos y gemidos.
El paraíso mismo.
- Sé que estás tan preocupada de ser normal.
- La verdad ya no tanto.
- ¿No tanto?
- No, si bien ya no era como antes, ahora soy como ahora misma, más introspectiva, mas reservada, leo más, me gusta más el arte, se me complica las situaciones sociales, más, en fin, estoy trabajando en ello, hallaré mi nueva normalidad.
- Y todo estará bien.
- Todo estará bien – repitió Quinn con una pequeñita sonrisa, esa destinada solo a Rachel.
- Eres perfecta tal cuál estás, no tienes que cambiar nada de ti, sólo adaptarte, aceptar algunos cambios y definir tu camino tal como tú lo quieras hacer.
- Sólo así Rachel – una Quinn mucho más positiva, independientemente que la terapia y medicina le estaba ayudando, Quinn se mostraba positiva y dispuesta a trabajar en su camino por la vida, como ella lo decidiera.
Ese mismo día por la noche, ambas se convirtieron en novias.
…
Los siguientes meses fueron de pura felicidad, entre emoticones, fotos, palabras y poesías dónde los buenos días superaban a los malos, eh incluso dónde los malos no eran tan malos, si al final del día podía escuchar la voz de Rachel.
No estaba siendo un camino fácil, mas sin duda era entretenido y lleno de amor por su Rachel y a pesar de su mundo haber dado un cambio de 360 grados, Quinn era por primera vez en mucho tiempo feliz, completamente feliz.
…
