¿Algo más que decir que lo que está en el título?
Sí, que esta idea vino a mí la madrugada de hoy, y que no me hago respobsable de lo que salga de todo esto.
¿Tiene sentido? Creo. ¿Lo seguirá teniendo? Quién sabe.
Ni los personajes ni la canción en la que este capítulo se inspiró son míos, pero la historia sí.
¡Disfruten!
Dedicado a Midnighttreasure, por si algún día lee esto.
Delito
No era difícil que todos los ex-alumnos de U.A se encontraran de tanto en tanto en distintas misiones. Y no era difícil que, gracias a eso, terminaran tomando cervezas en algún bar con algo de música. Y no era difícil que, ya borrachos, quisieran ponerse a bailar.
Excepto a Bakugou Katsuki.
Él se cruzaba solo con las personas con quienes quería (y eso normalmente no superaba las cinco personas). De tanto en tanto, sí, se veía arrastrado a fiestas y reuniones, pero siempre se mantenía dentro de su pequeño grupo. A lo sumo, si se sentía de buen humor, podía intercambiar palabras con más de sus ex-compañeros de secundaria. Pero casi siempre se reducía a los mismos. Y, siempre, agua. Otro problema de Bakugou es que jamás, jamás, jamás, tomaba alcohol en algún bar o algún lugar "hecho para hacer el ridículo", acorde a sus propias palabras.
Es por eso que, cuando Kirishima entró a la agencia donde ambos trabajaban con una sonrisa algo demasiado inocente y complaciente, Bakugou sabía que algo andaba mal.
—No —dijo antes que su amigo pudiera tan solo atreverse a dar media razón para algo que no quería escuchar.
—¡Vamos Bakugou! —exclamó el pelirrojo, llegando hasta donde el rubio se encontraba— ¡Será divertido!
—¿Divertido cómo? ¿Acaso iremos a algún lugar con juegos donde Deku pueda mostrarnos sus supuestas habilidades en el billar mientras ese idiota de cargador portátil toma shots y vomita el baño hasta que nos echen por su culpa?
—Eh... ¿sí?
—NO.
—¡Bakugou!
Sin querer continuar con la conversación, el rubio dio media vuelta, adentrándose más en el edificio. Porque no, no había manera de ir a ese estúpido bar, con esa estúpida compañía, a tomar esa estúpida cerveza.
Preferiría antes estar cómodo en su departamento, viendo alguna película o durmiendo para poder empezar con mejores energías. ¿Un bar? ¿Un miércoles? ¡Con Deku como compañero de juegos y bebidas! Kirishima realmente estaba loco. Se había golpeado demasiado duro y había, por fin, perdido la cordura. Una lástima.
Si Bakugou Katsuki estaba seguro de algo era que, así como su nombre era Bakugou Katsuki, no iría a ese bar.
—Me alegra que hayas podido venir —le dijo Kirishima en voz baja y una sonrisa.
Estúpido.
—¿Traigo las bebidas? —preguntó Kaminari a sus amigos. Sero, Mina y Jirou dijeron que sí, con más o menos entusiasmo.
—Te daré una mano —dijo Kirishima entonces, y con una mirada dio a entender a Bakugou que se encargaría de la suya también.
De momento, eran los únicos del grupo, y por eso el rubio estaba agradecido. Esta gente era, cuando menos, tolerable, y era mil... no, millones de veces mejor que compartir noche con Deku.
Pasados unos minutos de conversación calma, Kirishima y Kaminari llegaron con seis vasos, todos cubiertos casi hasta el borde de una blanca espuma y un líquido dorado.
Y así, empezó la primera ronda.
Y pasó la segunda.
Y la tercera.
La cuarta.
Después de unas pocas horas y varios vasos, los seis estaban más que perdidos dentro del bar. Con el tiempo, y sin que ninguno se diera cuenta, algunos otros fueron llegando. Y así el grupo fue disolviéndose en conversaciones con otras personas. Deku y Uraraka charlaban animadamente con Mina y Kaminari. Sero junto a Todoroki y Shinsou hacían una competencia de tragos claramente impulsada por el primero.
Bakugou y Kirishima eran los únicos todavía sentados en la mesa, mostrándose videos y memes en sus celulares mientras los tragos seguían llegando.
Bakugou se sentía mareado, demasiado mareado. Esto no era bueno. Había roto demasiadas de sus reglas en tan solo una noche. Le echaba la culpa a Kirishima por invitarlo, por conseguirle cerveza, por hacerlo sentir tan cómodo. Estúpido Kirishima, le enseñaría que no debía meterse con él. Oh no.
Y tenía la forma ideal de vengarse.
—Quiero bailar.
El pelirrojo se quedó observándolo con el celular en la mano, la pantalla brillando, probablemente con alguna imagen que creía divertido.
—Jamás bailas en público —Fue lo único que atinó a decir Kirishima, anonadado.
—Lo sé —soltó Bakugou, y le sorprendió cuán largas eran las palabras más cortas—. Pero tú tampoco.
Y ante eso y riendo de forma algo sádica, se levantó de la mesa, tomando a su amigo del brazo.
Bakugou odiaba bailar, sí, pero sabía que se le daba bien. Y sabía que Kirishima, a pesar de ser un bailarín bastante bueno (y esto siempre que se lo comparara con Kaminari y sus dos pies izquierdos o Sero y su imposibilidad de sentir algún tipo de ritmo) siempre se inhibía al tener que hacerlo.
La canción era desconocida para él y, suponía, para el pelirrojo también. Su ritmo no era demasiado usual, y se le sentía una soltura que no había escuchado jamás. Dejó que la ebriedad tomara control de su cuerpo y empezó a moverse. Sin saber por qué, dejaba a su cuerpo contonearse hacia un lado y hacia otro. Sabía que se arrepentiría de eso en algún momento, claro. Al día siguiente se golpearía tan fuerte la cabeza que se la rompería. Pero qué le importaba.
Kirishima intentaba seguirle el ritmo, fallando por algunos pasos. Bakugou tenía que reconocer, de cualquier forma, que lo hacía bien. Muy bien. Era casi atrayente, casi hipnótico. Antes de darse cuenta, estaba acercándose a su amigo, y, por lo que podía notar, el otro no se alejaba.
En algún momento, no supo bien en cual, alguien tomó su cintura y se dejó llevar, bajando hacia el suelo con cada paso, doblando las rodillas y arqueando tan solo ligeramente la espalda. Las manos lo guiaron de nuevo hacia arriba, y él subió. Con los ojos cerrados, se dio vuelta, poniendo las manos en los hombros de la persona que, suponía, lo había tocado recién. Al abrir los ojos, vio a Kirishima sonriendo con los ojos entornados.
—Estás muy ebrio —dijo el rubio, riendo.
—¿Qué?
—¡Que estás ebrio!
—¡¿Qué?!
Bakugou tan solo le sonrió a su mejor amigo, negando con la cabeza. No importaba que no le escuchara. No importaba nada en ese momento. Importaba esa música, ese baile, ese instante.
Nadie parecía estar prestando atención, y por eso Bakugou se sentía agradecido.
Tras varios movimientos hacia un lado y hacia el otro, unos contoneos algo seductores y algunas sonrisas, la canción terminó. Ambos se separaron, y Bakugou, de pronto, se sintió mareado. Dio algunos pasos hacia atrás, ante la preocupada mirada de Kirishima.
Antes de poder darse cuenta, Bakugou estaba saliendo del bar, corriendo a su casa. Por suerte no vivía lejos. Tan solo unas cuantas cuadras. El frío exterior le despertó la consciencia. ¿Qué había sido eso? Siempre había sido cercano a Kirishima, siempre se había sentido atraído hacia él como cualquiera de sus ex-compañeros. Kirishima tenía esa fuerza en él.
Antes de poder darse cuenta, Bakugou entró a su departamento. Y antes de poder darse cuenta, escuchó el timbre sonar. Una, dos, tres veces.
Bufó. No podía abrir.
Quizá se me salteó algún error, perdón por eso.
Cualquier cosa, me avisan.
¡Saludos!
