Miranda Priestly no era una mujer de muchas palabras, por lo tanto tampoco era repetitiva.

Todos quién la conocían sabían que en el mejor de los casos, una mirada de sus frío pero expresivos ojos grises significaba un trabajo asegurado en el mundo de la moda, pero...en el peor, solo había dos opciones y ninguna era favorable para la pobre víctima de "el dragón": O terminaban en la lista negra sin posibilidades de prosperar, o lo más bajo, encerrado en el sótano de tortura de la mansión Priestly, a merced de los crueles tratos de los secuaces de Miranda, bajo su sádica mirada.

esa noches era una de esas. Miranda con una copa de su vino favorito en la mano derecha, descansando su brazo contrario en el reposabrazos de un cómodo y caro sillón Luis Vuitton, observaba con disimulada fascinación como James y Stephen, dos de sus mejores sicarios se encargaban de un pobre remedo de ser humano que había dejado de ser reconocible gracias a la partida doble de golpes que había recibido luego de ser secuestrado, amordazado, llevado a la mansión y atado a una dura silla en su sótano.

-¿Miranda?-Se escuchó una suave voz femenina amortiguada por la distancia entre la entrada del lugar hasta y las escaleras de bajada-Amor, las niñas están inquietas-Emily, la asistente de Miranda, quien se encontraba a su derecha , le pregubto con la mirada a su jefa si debía ayudar a bajar a su esposa, a lo que recibió un silencioso asentimiento como respuesta.

La joven pelirroja subió presurosa las escaleras, para luego de unos momentos descender lentamente, agarrando de la cintura a una morena de cabello largo y lacio, de ojos cafés de cierva, y una abultada barriga y pechos cargados, producto de un embarazo gemelar en su quinto mes de gestación.

Andrea Sacks (Andy para los amigos) periodista junior de "The Mirror", vestia un tibio y comodo pijama de seda y algodón con una bata a juego, bajaba las escaleras con la ayuda de su amiga mientras recibia un maternal regaño por su habito de andar descalza.

-Podia bajar sola, Emily-Refunfuñaba la futura madre.

-¿Y arriesgarnos a una caida que pudiese afectar a mis ahijadas? Sigue soñando Andrea-Una vez en la fria habitación, la embarazada no perdió el tiempo y se sentó en el regazo de Miranda, quien la recibió con los brazos abiertos y una sonrisa.

-¿Que les está pasando a mis amores?-Preguntó el dragón acariciando con ternura el vientre que albergaba a sus hijas, donde podia sentir que las criaturas pateaban minimamente. Ignorando por completo a la victima a medio morir frente a ellas.

-No se que les sucede-Dijo Andrea con la cara metida en el cuello de su amada-Han estado pateando desde hace horas y no se calman, no importa lo que haga.

De pronto el momento familiar se vio interrumpido por un lastimero gemido de la víctima torturada, que llamó poderosamente la atención de Andrea. Conocía perfectamente esa voz, pero no quería creer que ese malnacido estuviese frente a ella en ese preciso momento.

-A...Andy- Intentó llamarla, para ser interrumpido por un fuerte puñetazo en su pómulo derecho, propinado por James.

-Infeliz-Le escupió a su cara ensangrentada, agarrando la maltrecha camisa manchada de de rojo carmesí-Es la señora Andrea para ti, escoria- La pobre embarazada tenía la piel de gallina, temblaba copiosamente y su respiración era entrecortada.

Miranda sabía perfectamente el por qué de la reacción asustada de su esposa: Nate Cooper, el amasijo de carne y sangre que aun respiraba (a duras penas y por poco tiempo), no era más que una horrible parte de su pasado.

-No le puede hacer ningún daño, mi señora-La medio tranquilizó Stephen, limpiándose las magulladas manos con un trapo que sacó del bolsillo trasero de su pantalón.

-Tiene razón, Andrea, ni James, ni Stephen ni nadie de los que estamos a tu lado dejaremos que alguien te vuelva a lastimar-La terminó consolando Emily con una mano en el hombro.

Miranda le lanzó una mirada de agradecimiento a su asistente y con la cab za señaló las escaleras y luego a Andrea, quien seguía con la cabeza metida en su cuello.

-¿Que te parece si subimos y vemos una de esas peliculas que tanto te gustan?-Le preguntó la pelirroja, sabiendo que se acercaba el final de Nate y Miranda no queria que su dulce Andrea lo viera y quedara teaumatizada de por vida, o peor, que afectara su embarazo y perdiera a sus bebes-Podemos ver lo que tu quieras-Intentaba convencerla-Comer palomitas de maiz, beber chocolate caliente...y tal vez...¿Abrir una barra de choco chip?-Emily sabia que botones apretar con Andrea en momento como esos, y los habia presionado todos a la vez, logrando el efecto deseado; solo les tomó veinte segundos subir a la primera planta. Riempo suficiente para que el cuello de Nate se abriera de izquierda a derecha como una obsena segunda boca de la cual brotaba un torrente de sangre que llegaba goteando el piso.

Miranda, satisfecha con otro trabajo bien hecho, se levantó de su asiento, terminó su copa de vino y subió a hacerle compañia a su esposa, dejando a los dos hombres para que "sacaran la basura".

-¿Estas pensando lo mismo que yo?-Le preguntó Stephen a su compañero mientras desataban el cadaver de la silla.

-Que buenonque nos pidió el divorcio-Respondieron al unísono.

Ambos ex maridos de Miranda Priestly (siendo James el primero y Stephen el ultimo) habian sido sensatos y llevado el proceso de forma pacífica, sabiendo el caracter irascible y vengativo de quien los tabloides llamaban "La dama dragón", no querian encontrarse en el lado equivocado de la cuerda y terminar como el "fiambre" que tenían frente a ellos. De solo pensarlo, ambos hombres de metro ochenta, cuerpos gruesos, musculados y duros, se convertían donde los mirasen, en niños pequeños al borde del llanto.

Una vez terminada la ardua tarea de descuartizar y embolsar los restos para el día siguiente deshacerse estos en una astilladora, Stephen se encontrada con una bolsa de hielo en su mano derecha y recibiendo puntos de sutura de Nigel Kiplin, amigo de décadas de Miranda y médico personal de sus sicarios, aunque esa noche uno de sus pacientes se comportaba como un niño, y su compañero se reía a sus espaldas.

-Sigo sin entender tu manía de cerrar el puño con el pulgar adentro-Le reprendía Nigel vendando la mano tratada-A estas alturas creí que habías aprendido que eso te trae consecuencias-Despachó al hombre con un gesto de su mano y siguió con James que al parecer le faltaba un buen pedazo de su palma izquierda-¿Debo preguntar?-Interrogó señalando la fea herida.

-El imbécil me mordió cuando lo emboscamos-Le contestó James-Dio buena pelea, debo admitirlo. Deberías haber visto la patada que le dió a Stephen en los huevos-Prosiguió riéndose.

La próxima vez, tú lo agarras de las piernas, a ver su te sigue pareciendo gracioso-Lo atacó su compañero sonriendo por la mueca que el atendido puso, sin saber si era por el ardor del desinfectante que le estuviera aplicando Nigel o por la idea de recibir un golpe en sus partes nobles.