Debo de admitir que tenía otra historia en mente mientras estaba escribiendo esto peeero, Shirou y Someoka terminaron comiéndosela y robando protagonismo. Me di cuenta de que me gusta mucho la química de este par en la nueva linea temporal de la Saga Ares, con esta malicia que Atsuya le imprime a su hermano mayor tan solo por ser como es y siendo que Someoka aquí es el intruso en Hakuren. Dejo vestigios de mi idea original aquí, la que espero poder publicar dentro de poco en cuanto termine de construirla (pista: es de Nae y Atsuya *guiño, guiño*).
Capítulos de referencia: 16, 17. Outer Code: ep. 1.
Disclaimer: Inazuma Eleven Ares no Tenbin no me pertenece.
Cepos para atrapar conejos y otras tantas cosas.
Por Blue-Salamon.
La princesa Nae de Shirousagi Honpo hace su aparición como un relámpago... No, probablemente, la palabra más adecuada para usar con ella sea conejo, a medida de la ocasión. Así que, como un conejo, saltarín y juguetón, cuyo único propósito parece ser divertirse, Nae decide que quiere jugar fútbol porque desde afuera es fácil darse cuenta de que en una cancha no se encuentra una sola persona haciendo todo el trabajo por su cuenta. El fútbol es un deporte de equipo donde 11 personas se unen para lograr el mismo objetivo: llegar a la meta contraria y anotar tantos goles como sea posible. Más o menos...
—Oye, ¡Atsuya! ¿Cuántas veces voy a tener que pedirte el balón para que al fin me lo pases?
—Ya te dije que tu ayuda no es necesaria, senpai. Solo deja que me haga cargo y así lograremos ganar.
—¡Capitán!
Hakuren es un equipo pequeño y novato, con aspiraciones tan grandes como su propio potencial. Han estado creciendo desde la integración del hermano menor del que ha sido el capitán desde su primer año (nada destacable teniendo en cuenta que el equipo se formó prácticamente con puros chicos de primero). Y Someoka debe de admitir que el trabajo conjunto de la dupla de los hermanos Fubuki fue desde un inicio impresionante. Pero.
—... Consientes demasiado a tu hermano.
—... ¿Será?
Cuando Someoka, el otro goleador del Raimon Eleven, miembro del Comité de Refuerzo que fue enviado a su escuela para ayudar a mejorar el nivel del equipo de Hakuren, habla con Shirou al respecto de su hermano, Atsuya, suele dispararse en automático hacia arriba una barrera. Ha hecho bastantes aproximaciones a esas alturas pero esa es la primera vez que Someoka parece tener un acierto. Consentir... es una palabra que Shirou está dispuesto a aceptar cuando se trata de su relación con Atsuya. Y es que es verdad que lo consiente, sí. Desde niños, tras comenzar a ser un poco más independientes, y con Atsuya siempre pisándole los talones, terco con seguirlo a todas partes para poder estar juntos y jamás perderle el ritmo ni quedarse muy por detrás de él, ha sido un poco así.
Someoka le da una larga mirada antes de soltarse los brazos y dejarlos caer con un suspiro.
—Lo sabes... —dice, un poco con fastidio—, sabes que lo consientes y no te da vergüenza admitirlo.
Shirou tan solo inclina un poco la cabeza antes de responder, descarado: —¿Por qué me daría vergüenza admitir que quiero a mi hermano?
Someoka no es un mal tipo; Shirou sabe que sus intenciones no son tan solo buenas, sino que, además, tiene un carácter duro y honesto, está acostumbrado a pulirse de manera estricta sin mirar ni dar cabida a atajos, y toda su fuerza la consiguió a base de esfuerzo, sudor y horas de entrenamiento en solitario invertidas aún a pesar de todos los costos.
Así mismo, le gusta plantar cara a todos los problemas, enfrentarlos de lleno y de frente sin recurrir a trucos sucios.
—Ese juego de dos podrá llevarlos lejos unos cuantos partidos, pero como sigan dejando al resto del equipo fuera del juego no solo los estarán dejando atrás, sino que tarde o temprano las situaciones les devolverán el peso de ser solo ustedes dos jugando. A nivel nacional, habrá más de un equipo que lo tomará como ventaja.
—Lo sé.
Shirou baja la mirada para juguetear por momentos con unos cuantos dulces de aquellos de los de la compañía que ha decidido patrocinarlos mientras Someoka lo mira con una ceja arqueada.
—¿Sabes también que esa forma de consentir a tu hermano es parte de lo que lo está provocando?
Shirou aprieta la boca intentando contener un suspiro que al final se le escapa.
—… Me hago una idea —responde, algo vago, un poco a regañadientes y Someoka no tarda en comprender que no es que Shirou no sepa del daño que le hace a todo el equipo la actitud de Atsuya apoyada por la suya, pero que todavía no haga algo al respecto resulta un tanto frustrante.
Sin embargo, Someoka sigue siendo más un huésped antes que un miembro del equipo; un extranjero en tierras lejanas, en el equipo de Hakuren en Hokkaido. Así que lo único que termina por hacer es suspirar y preguntar:
—¿Qué piensas hacer?
Shirou guarda silencio en estado meditabundo, sigue jugando con los dulces y Someoka decide sentarse a su lado para tomar uno y observarlo con fingido interés.
—… Por ahora solo se me ocurre hacer más estricto el entrenamiento del resto y menos pesado el de Atsuya. Es una idea que no puede durar mucho ya que Atsuya no tardará en darse cuenta y se enfadará mucho hasta que no le deje de dar un "trato especial". Funciona por temporadas y si lo hago discreto-
La risa de Someoka lo interrumpe y como hasta a él le suena ridículo, Shirou no puede hacer más que mirarlo con una sonrisa forzada.
—Con ese plan no llegarán muy lejos de las preliminares.
—A largo plazo… funcionará tarde o temprano…
—… A largo plazo.
Someoka repite, aquel intento de excusa, asintiendo con la cabeza. Luego se devuelve a él: —¿Tienes tanto tiempo para esperar estando en tu último año?
Shirou se encoge de hombros.
—¿Por qué los Raimon Eleven invirtieron su último año en preparar otros equipos antes de intentar hacerse más fuertes por su propia cuenta?
—Para mejorar a Japón.
Someoka ni siquiera lo duda y Shirou sonríe. —Pues es más o menos lo mismo. El año que viene puede que sea en otra liga pero igual tendré otros tres años para participar del soccer antes de tener que pensar en la universidad…
Se quedan en silencio unos momentos sin nada más por decir. Pelando al final de cuentas el dulce, Someoka se lo lleva a la boca y mastica. Luego traga.
—Siendo así, quizá el año que viene le sirva a tu hermano para terminar de madurar. Aunque…
Shirou se voltea a verlo con curiosidad.
—… puede que haya una forma de adelantar un poco el asunto de su maduración.
Intrigado, Shirou inclina la cabeza.
—¿Una forma…?
Someoka se regresa a verlo con seriedad, antes de irle a sonreír con algo de sorna. —Pero no tenemos prisa por aquello, ¿verdad? Tal vez sea mejor dejar que las cosas sigan su curso…
Shirou parpadea a consciencia unos pocos, tantos, segundos antes de que una risa se le escape de la boca. —Eso funciona para mí pero, ¿qué no los Raimon Eleven eran los que tenían prisa por conseguir resultados en un año?
—Nuestro mejor resultado es propagar el espíritu de Raimon y tu equipo es uno que no tardó en asimilarlo.
Shirou se lleva a la boca un dulce también y asintiendo, comiéndoselo, se da unos ligeros golpecitos con los dedos en la boca antes de terminarse el dulce para poder hablar: —... algo como, ¿no rendirse hasta el final? ¿darlo todo durante el juego? ¿divertirse es la parte más importante de jugar?
Someoka asiente, repasándose la boca con la lengua y mirando los dulces como con un poco de decoro. Shirou sonríe para sí mismo y pasa a ponerle uno en las manos, tomando otro más para él también.
—El trabajo en equipo también es una parte importante del espíritu de Raimon...
—... Y es en lo que te falla Atsuya.
Shirou lo mira con el rastro de una pequeña disculpa en los ojos, a lo que Someoka no hace otra cosa más que volver a suspirar, dejando caer los párpados en lo que parece un síntoma de resignación. Shirou guarda silencio por respeto, jugueteando una vez más con el dulce en su mano, y es quizá aquella distracción lo que hace que cuando Someoka vuelva a verlo con decisión en la mirada él se sobresalte un poco, echándose incluso hacia atrás en su asiento.
—Fubuki, si confías en mí...
Shirou parpadea, con el corazón que parece haberle saltado en la boca, y una sonrisa tiesa en los labios.
—¿Eh...? ¿Qué...?
Someoka carraspea, mientras siente que las orejas se le ponen calientes, antes de irse a repetir: —¿confías en mí? —y aprovecha para corregirse y arreglarlo, mientras a Shirou le toma un par de segundos más decidir su respuesta, que es.
—Sí.
El silencio se hace, los dos se miran por un largo momento en lo que intentan entender a dónde se supone que iba aquella conversación.
Someoka vuelve a carraspear de un momento a otro.
—Bueno, ya que confías en mí... puede que sepa como ayudar a tu hermano —Shirou vuelve el rostro hacia un lado por un momento, antes de regresarse abruptamente y tomar una postura llena de intriga tras el comentario del otro, que Someoka toma como un continúa de su parte, por lo que, lo hace—, así que, cuando llegue el momento, voy a necesitar que me sigas la corriente.
Shirou se lo queda mirando en silencio unos momentos más, sus dedos jugando con la envoltura del dulce, bajando a verlo, encuentra el que tiene Someoka en las manos; una sonrisa se le hace en la boca antes de extender el dulce en su dirección, indicándole a Someoka con la mirada al suyo, Someoka imita su gesto y él aprovecha para hacer una pequeña colisión, como en un especie de brindis, entre los dulces.
—Está bien, confiaré en ti.
Esas son las palabras que resuenan en su cabeza cuando la princesa Nae hace su aparición en el campo de entrenamiento y no es que solo solicite su entrada al equipo, sino que viene a informarlo, mostrando el trozo de plástico que la acredita y antes de pedir el permiso de nadie dice, también, que quiere ser la goleadora estrella del equipo. A lo que por supuesto que Atsuya reacciona.
—Entonces, ¿en qué posición quieres jugar?
—¡Aniki, ¿de verdad dejarás que ella se una al equipo?!
—Ella es una princesa muy especial para nosotros. No podemos ignorarla, ¿no crees?
—¿¡Ah?!
—¡Exactamente! Si gustan, pueden llamarme princesa.
Nae no se percata, demasiado metida en su mundo de fantasía color de rosa, pero el resto del equipo intercambian miradas incómodas y acribillan a su capitán con muecas disgustadas tras volverse la fuente inevitable de una propuesta que no pueden aceptar pero tampoco rechazar del todo. Para todos ellos es claro, que los únicos con el temple de acero como para llamar a Nae 'princesa' sin sufrir un extremado ataque de vergüenza de por medio por ello tendrían que ser el capitán y, si acaso, su hermano (quién probablemente solo lo haría con un tono sarcástico tan empalmado que por supuesto no le traería vergüenza, más bien, solo incrementaría su propio ego ya demasiado inflado).
—Sobre la posición, debería de ser una en la que resalte… ¡ya sé! ¡Delantera estrella, ¿era así, verdad? Suena bien para mí.
—¿¡Ah!? ¡Aniki, por favor haz algo!
—¡Está decidido! Cuento con ustedes, chicos. ¡Vamos a ganar las nacionales!
Y mientras Nae intenta arrastrar a fuerza de egolatría y narcisismo puro al resto del equipo dentro de su mundo perfecto donde ella tiene las mejores ideas de todas, el Fubuki mayor se devuelve a Someoka, a quien contempla por momentos, intriga y sospecha a la par.
La princesa Shiratoya Nae...
Intercambian miradas sin llegar a decirse nada propio con palabras, pero Shirou siente cosquillas en las mejillas cuando ve a Someoka asentirle (de forma casi imperceptible, un movimiento que por poco se queda atascado en una breve inclinación de cabeza). Y una sonrisa se ensimisma a aquella cortés que porta más que nada por costumbre (siendo esta parte también de lo que le atribuye esa especie de aura de príncipe que lo rodea); pareciendo querer tirar de una de las comisuras sus labios, Shirou, sin embargo, no termina de sonreír bien cuando su hermano vuelve a reclamar por la situación, rogándole, casi, que pensara mejor en el disparate de dejar que una completa novata se les uniera teniendo el Futbol Frontera en la mira y su objetivo de conquistar la cima del torneo nacional. Shirou promete pensarlo pero por lo mientras no reniega y junto con Someoka, que recibe su tanda de quejas también, consiguen involucrar en las prácticas a Shiratoya Nae, a quien pronto acogen con más resignación que otra cosa el resto del equipo.
Con eso, Hakuren lleva a cabo sus entrenamientos de una manera un poco más relajada, por más contraproducente que podría parecer y pese a la presión que el torneo llevándose a cabo y en el que se encontraban involucrados pudiera sugerir poner sobre ellos, resulta que Nae agrega una pizca de liviandad y algo como una atmósfera en definitiva juguetona en el momento más oportuno, lo que los lleva a todos a actuar con más naturalidad y responder ante los imprevistos con mayor espontaneidad y flexibilidad durante los partidos. Y el equipo juega. Y el equipo se divierte. E incluso Atsuya se involucra de forma que suma más que a que resta, en cuanto a trabajo en equipo se refiere, aún con todas sus quejas y los dolores de cabeza que dice que los errores de Nae le traen (a él y a nadie más que a él, dice).
Conforme Nae se involucra y se integra al trabajo del equipo, Atsuya se apresura a hacerlo igual. Quizá reclamando su puesto, un poco como marcando territorio. Y entonces llega el partido contra Raimon y entre esto y lo otro, resulta que Atsuya sí es que puede confiar en sus compañeros que en comparación con Nae no es que sean todos unos principiantes y aunque la mayoría de ellos no resalte demasiado por su cuenta, al menos como equipo dejan claro que no sería fácil superarlos.
—¿Lo tenías planeado?
—Sí. Lo que necesitábamos era una jugadora como Shiratoya Nae, que es tan fuerte que incluso opacaría a Atsuya.
Shirou recuerda a Someoka y su gesto reprobatorio cuando han hecho uso de tácticas menos honradas para resquebrajar algo del trabajo en equipo de los chicos del Inakuni Raimon. Lo recuerda hablando de lo problemáticos que eran ellos y no puede evitar sonreírse a sí mismo y reírse, que, vaya, es que Someoka Ryuugo podría ser alguien también bastante problemático si de verdad se lo propusiera…
—¿Qué dices?
Pero Shirou se da cuenta de algo gracioso. Cuando le dice a Someoka lo problemático que él también podía ser, a varios días después del partido y tras su derrota, el otro chico parece hasta ofenderse un poco por tal acusación. La participación del FF de ese año ha terminado para la secundaria Hakuren y aunque aún les queda el torneo de la temporada de otoño, (y eso sin mencionar la posibilidad que tendrían de participar del FFI; aunque eso lo harían solo unos pocos seleccionados de entre todas las escuelas del país, por lo que venía a ser tema muy aparte), Someoka ha terminado su participación ahí, dentro de Hakuren. Dejándoles suelta a la poderosa arma que ha resultado ser la princesa Nae.
—Después del Fútbol Frontera Internacional, los Raimon Eleven planean reintegrarse para ser partícipes del torneo de otoño, ¿verdad?
Someoka lo mira con el entrecejo fruncido junto a una ceja arqueada y a su boca hecha en una línea recta parecida a una mueca que quiere ser torcida pero que no termina por hacerse. Hace un escueto movimiento afirmativo con la cabeza, que a pesar de todo a Shirou se le figura lleno de duda. La confirmación de esto último es dada por un encogimiento de hombros puntual. —Supongo que sí, aunque el torneo de otoño suele ser menos competitivo que el de ahora, pero como nos hemos separado por todo un año, es probable que el capitán y los demás se entusiasmen por participar este año…
Shirou inclina la cabeza, una sonrisa bien medida: —¿y tú?
—Yo qué.
—¿No te vas a entusiasmar también, Someoka-kun?
Someoka se queda sin dar una respuesta por un largo rato, pero su gesto, un tanto incómodo, deja a Shirou entender sin dificultad incluso antes de que el moreno abra la boca: —Pero, no importa lo que queramos. Una cosa es la intención, otra la realidad. No sé cuántos ni cuáles o por cuánto tiempo podremos mantenernos, dependiendo de las aspiraciones que tengamos, por los exámenes de ingreso. Ya sabes, ya estamos en tercer año...
Shirou abre la boca para luego volver a cerrarla y, después, asiente con la cabeza, lento, pensativo. Se remueve en su asiento, cruza una pierna sobre la otra y se inclina en dirección a Someoka, su rodilla apuntando a el otro muchacho, sobre la que descansa sus manos con los dedos entrelazados.
—¿No te preocupa habernos dejado a Nae-san? Todavía es una novata, pero eso se corregirá conforme más juegue. Imagina si así lo hace sin estar en forma todavía, ¿cómo será una vez que termine de formarse como una verdadera delantera estrella? —una sonrisa de fingida inocencia le adorna la cara mientras espera y Someoka, nada ajeno a ello, se devuelve a Shiro para, entonces, sonreír también.
—Tú y tu hermano de verdad son difíciles de convencer, ¿eh? ¿No te he dicho ya los motivos por los que los Raimon Eleven nos dispersamos por el país? ¿Por qué te cuesta tanto creerlo?
Como Shirou no sabe bien qué responder, también es que se encoge de hombros. —Intento ponerme en tu lugar y sigue pareciéndome descabellado que no seas como un caballo de Troya. Aunque, pensándolo a fondo, Nae es un arma de doble filo e introducirla tan tarde también podría ser un acto malicioso...
—¿Tan tarde? Hablas como si ya hubiera sabido de ella desde antes del inicio del torneo…
—Y… ¿no sabías de ella?
Sin apartar la vista del otro se quedan en una pequeña pausa. Y quizá Someoka debería de estar más enfadado, o Shirou más avergonzado por sembrar cizaña a esas alturas del juego. Lo cierto es que ninguno se siente como podría hacerlo, uno está siendo muy descarado mientras que el otro no se siente para nada inquieto, tal vez debido a una certeza.
—Sabía lo mismo que tú antes de que ella se acercara por cuenta propia al campo de juego.
—Si sabías lo mismo que yo significa que tengo razón en desconfiar de ti.
—¿Sabías que estaba interesada en el fútbol pero que nunca había tocado un balón salvo para devolvérselo a alguien?
—Sabía que estaba interesada. No sabía cuán interesada estaba. A veces nos miraba practicar desde allá —Shirou señala una dirección fuera del campo de entrenamiento de la secundaria Hakuren—. ¿No la llegaste a ver?
Someoka observa en la dirección donde indica Shirou y se queda en silencio, la sonrisa de Shirou hablándole de esa burla de la que, por supuesto, no le cuesta creer que ha sido el blanco. Sabe que Shirou puede llegar a ser así de mordaz y belicoso, también sabe que ello no es una malicia que busque perjudicar de manera infundada, y mucho de ello tiene que ver con haber crecido con el Asesino de Osos pisándole los talones y presionándolo siempre a no bajar la guardia. Shirou está acostumbrado a poner a prueba a las personas, aunque Someoka se ha dado cuenta de que solo hace eso con dos tipos de personas: las personas a las que todavía no conoce bien y las personas a las que a pesar de conocer bien siguen despertando cierto interés en él.
En medio de una negación con la cabeza, Someoka no puede evitar preguntarse en cuál de las dos categorías habría de estar encasillado por Shirou. No tiene el mejor de los conceptos de sí mismo, por lo que no cree que sea porque por alguna razón él despierte el interés de Shirou, pero por lo mismo tampoco cree que sea que Shirou todavía no lo conoce bien, ya que tampoco es que él se sienta como una persona demasiado compleja como para que poco menos de un año no fuera suficiente para entender cómo es.
—Entonces no sabías lo mismo que yo…
Shirou sonríe, otra vez, una sonrisa de niño que no rompe ni un plato.
Someoka deja caer los párpados y suelta un resoplo de risa.
—No todo, claro que no.
Lo cierto es que Someoka no ha dejado de sentirse como un intruso en Hakuren a pesar de todo; de eso se han encargado un poco los hermanos Fubuki, de que él no se olvide de su lugar ahí; y si bien es cierto que en mayor medida es el hermano menor el que lo hace sentir así, Shirou tampoco es que le ayude cuando mientras Someoka intenta ayudar con propuestas para entrenamientos y estrategias a veces lo interrumpe, a veces lo deja que hable sin llevar sus ideas a la práctica y cuando trata de hablar sobre Atsuya lo manda por un tubo de inmediato. Sin embargo, Shirou no es alguien irracional ni intransigente, puesto que del mismo modo en que a veces no lleva sus ideas a cabo, otras veces sí lo hace y lo toma desprevenido. Y otras tantas, también, llega a pedirle su opinión. Así que, en todo ese tiempo conviviendo con el mayor de los Fubuki, el capitán de Hakuren, ha terminado por aprender cómo tratar con él.
—Someoka.
Un poco de mala gana, el chico termina por hacer un ruido en vez de responder en forma. Shirou, sin embargo, no continúa. No hasta que el chico vuelve la cabeza en su dirección y lo mira sin más.
¿Qué?
No, nada.
Shirou suelta unas cuantas risitas sin motivo aparente, sin explicación. Y Someoka, aunque desconcertado, termina lanzando una sonrisa en su dirección también.
—Si me permites decirlo, si los Raimon Eleven juegan en el torneo de otoño, no menos de un equipo hará su mejor esfuerzo para enfrentarse a sus miembros con todo. Entonces, el torneo de otoño sería indudablemente competitivo este año.
Someoka arquea una ceja, aunque no es que lo dude, pero tiene curiosidad. Shirou Fubiki nunca le pide permiso para hablar, y es poco probable que ese haya sido un pedido tal cual, porque Shirou no se ha detenido a esperar su permiso sino que lo ha dicho todo de corrido, pero de cualquier modo el uso de esas palabras es, en efecto, sorprendente, siendo la primera vez que le habla así en todo el tiempo que llevan de conocerse. Por lo que, decide darle cuerda: —¿qué te hace decir eso?
La sonrisa de Shirou se ensancha.
—Por los lazos que han creado. Si los otros miembros del Raimon han conseguido estrechar lazos tanto como tú lo has conseguido aquí, nadie va a escatimar en conseguir la oportunidad de tener un enfrentamiento con ustedes.
Tienen, todavía, unos cuantos meses por delante juntos, hasta que llegue y pase el FFI. Pero primero tendrían que mirar la final del Fútbol Frontera.
—Si te animas y participas del Fútbol Frontera de otoño —comienza, Shirou—, ten por seguro que yo también participaré.
Someoka se lo queda mirando unos momentos, comprobando su sonrisa y, de repente, en un ataque de nervios, suelta una risa que se le nota nerviosa, luego, bufa: —creí que tenías planes de retirarte para concentrarte en tus estudios una vez terminado el FFI...
Shirou se encoge hombros, al mismo tiempo, agarra impulso y echándose un poco hacia atrás estira los brazos sobre su cabeza y luego por detrás, hacia arriba.
—Me gustaría estar listo para los exámenes sin tener que presionarme tanto los últimos meses del año. Pero puedo retrasar mi salida del equipo hasta que pase la temporada de otoño o, por lo menos, hasta que Hakuren se enfrente con Raimon en el FF. Eso, si tú también vas a jugar.
Someoka hace su mejor esfuerzo por ignorar el calor que siente que le alcanza hasta las orejas. —Yo, uhm... te, te avisaré si, bueno, si decido participar, ¿va- er, vale?
Shirou termina de estirarse y dejando caer sus brazos a sus costados, de pronto sonríe enormemente, apoyando sus manos a cada lado del lugar donde había tomado asiento mientras hablaba con su entrañable amigo del Raimon, Someoka Ryuugo; afirma que vale y se detiene a contemplar a su hermano, que, por lo que parece, se ha metido en una nueva riña con la princesa de Shirousagi Honpo, Nae, a quién Atsuya grita que es una tonta por creer que el conejo que vive en la luna salta cuando es obvio que no puede hacerlo si está ocupado haciendo mochis y. ¿Qué?
La princesa Nae hace una mueca encogiéndose y protegiéndose a sí misma y a sus pobres oídos de los gritos de Atsuya, su hermano menor. Someoka, que los escucha también, a su lado, no puede hacer otra cosa más que suspirar, pero Shirou, lejos de ver aquello con la resignación de a quien no le sorprendería tal cosa, los mira y parpadea, un tono de perplejidad en su gesto. Y es que. —Atsuya. ¿Pero es que acaso tú no-
Shirou no termina de decir lo que iba diciendo cuando de repente ya tiene encima a su hermano tapándole la boca y casi toda la cara en realidad, el muy bestia. Y Atsuya le susurra con desesperación exagerada que se calle y no diga nada, aún a pesar de todos los ojos curiosos que ahora los miran muy atentos por saber lo que ha terminado de alterar al menor de los Fubuki así. Entonces Someoka escucha una risita tímida cerca y puede ver a Atsuya arrastrando a su hermano mayor del otro lado de la cancha para ir a discutir algo serio y en privado con él, así que cuando vuelve la cara y se encuentra con la pequeña Araya Konko, está muy intrigado por verla reír y esta, con su gesto de timidez casi perpetuo pero siempre dulce, tan solo le sonríe, antes de ir a decir: —desde que Nae-chan se ha unido me ha dado la impresión de que ella y Atsuya-kun se parecen casi demasiado.
Someoka arquea una ceja.
—¿Ah, sí?
La pequeña no saca hacer otra cosa más que asentir, a lo que Someoka se vuelve a ver en dirección a Nae y luego de nuevo a los hermanos Fubuki, sin entender bien ese tono de acaloramiento en que los dos hermanos parecen discutir pero con un gesto más vergonzoso que enojado.
—De todas maneras, ¿Someoka-san?
Araya vuelve a llamar su atención y Someoka tiene que apartar la mirada de los Fubuki. Como la chica no responde de inmediato, Someoka decide apremiarla para poder seguir mirando a Fubuki. Shirou.
—¿Sí?
Araya lo mira unos momentos antes de volver a sonreír.
—Me gustaría decirte que me da mucho gusto que te lleves bien con Fubuki-san. Aunque eso de la desconfianza solo parezca del hermano menor, creo que Shirou-san también tiene problemas para confiar en otros además de su hermano. Pero puedo darme cuenta de lo mucho que confía en ti, Someoka-san.
Tales palabras dichas con tanta inocencia dejan a Someoka mudo y aún a pesar de este ir a abrir la boca para intentar decir algo, Someoka no encuentra nada con lo que contestar. Araya, de cualquier modo, dejando que aquello sea todo su discurso, refuerza su sonrisa con un abrir y cerrar de ojos intencional, para luego saludarlo con la mano y marcharse donde Hakoda Tetsu, Sorano Renbun e Iya Mafuru estaban reunidos charlando. Se queda tan pasmado que no se da cuenta de cuando los Fubuki regresan a su encuentro con el resto del equipo, y mientras que Atsuya se devuelve a donde Nae charla emocionada con una Matoro Juka que apenas logra seguirle el ritmo y un Hyoujou Retsuto que intenta meterse a la charla pero Nae no parece dejarlo, Shirou toma asiento de nuevo a un lado de él.
—Creo que...
Solo cuando Shirou vuelve a hablar, Someoka acaba de enterarse de ello y se regresa a verlo con un gesto abrupto.
—Qué.
Pero ni así, Shirou no se devuelve a verlo, más concentrado en mirar a su hermano y a Nae volver a discutir de a-saber-qué-cosa-ahora.
—... Nae y Atsuya tienen más en común de lo que sería bueno para ambos. ¿No te parece?
Someoka parpadea. Que Shirou no lo mire mientras le habla lo tranquiliza por unos segundos y volviendo su atención también al par, suelta otro resoplo de risa. —Mientras eso les sirva de motivación para crecer...
Siente la mirada de Shirou sobre sí pero esta vez es él quien no se la devuelve. Sin embargo, Someoka no tarda en escuchar una risa nueva, que le hace cosquillas en alguna parte del estómago.
—Sí, mientras les sirva...
Shirou vuelve a mirarlos, a Nae y Atsuya. Deja de sonreír al hacerlo, e inclina la cabeza. Pero no llega a decir nada más. Sin pensarlo demasiado, busca apoyo en el hombro de Someoka, con una mano, para llamar su atención, quien se devuelve a verlo un poco alarmado, pero si Shirou lo nota o no, a Someoka no le habla de otra cosa más que de indicarle que se levante para acercarse de nuevo a los otros miembros del equipo y reunirlos, para poder continuar con la práctica.
