Nota introductoria. ¡Hola!... Yo pensando que no iba a volver y aquí estoy otra vez. Esto va a ser algo parecido a lo que hice con "El largo camino a casa", sólo que será un recorrido por la temporada 2 (Mi zona de confort está claro que está en las temporadas 6 y 7). No puedo prometer ahora que seguiré con las siguientes temporadas (Conociéndome, creo que hay más posibilidades de que lo haga si no prometo nada) pero por ahora lo he enfocado así... Es por eso por lo que "de momento", sólo habrá amistad entre mis dos personajes favoritos. Al principio de cada capítulo transcribiré algún diálogo del episodio al que hago referencia (sí, he tenido que hacer una revisión rápida de cada capítulo para poder situar cada escena correctamente, de ahí que no sé si tendré tiempo para seguir temporada tras temporada). Sé que tal vez la traducción no será siempre fiel a la versión original en inglés, porque me ha dado cuenta de que en la versión en castellano, se han ido cambiando algunos diálogos aunque conserven la esencia. Asi que disculpas de antemano. Con los títulos pasa algo parecido... Pero bueno, como digo supongo que la esencia es la misma. Para evitar quedarme a medias (mi temor últimamente), he esperado a completar la temporada 2, y por eso publico todos los capítulos a la vez. Comenzaré con el 10 porque coincide con la primera interacción entre Morgan y Emily. También adelanto que casi en todos los capítulos sólo habrá conversaciones entre ellos dos, y sólo ocasionalmente introduciré a alguien más (como en éste); y que además habrá muchas referencias a su etapa encubierta para poder enlazarla con su entrada en la UAC. He tenido que tirar de imaginación para intentar que algunas cosas tuvieran sentido...
Espero no defraudar y que lo disfrutéis. Y gracias de antemano.
2x10 LECCIONES APRENDIDAS
"Estaba ganando…" (Reid)
"Él te habría ganado en tres movimientos…" (Emily)
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Emily se dejó caer en el sofá de su apartamento. Después de tres días de trabajo intenso para impedir un ataque terrorista, estaba agotada. Al regresar a Quántico, sólo para recoger sus cosas antes de dirigirse a casa, ya no quedaba nadie en las oficinas. Se despidió brevemente de Gideon y de Reid, y luego condujo por las calles casi desiertas hasta su edificio de apartamentos.
Después de una cena ligera, se distrajo comprobando su teléfono y descubrió varias llamadas de Clyde. Sonriendo, fue a la cocina, se sirvió una copa de bourbon y regresó al sofá. Deslizó su dedo por la pantalla hasta encontrar el contacto de su ex jefe y esperó durante varios tonos de llamada hasta que éste contestó al otro lado.
— No puedes vivir sin mí, ¿verdad?— Saludó éste desde el otro lado del Atlántico.
Emily rió. Siempre era agradable disfrutar del sarcasmo de Clyde. Normalmente la gente no solía apreciarlo pero era una de esas cosas que ambos compartían y que de alguna manera funcionaba a la hora de trabajar juntos.
— Es mi teléfono el que tiene tres llamadas perdidas – Le recordó ella mientras tomaba un sorbo de bourbon. Se recostó en el sofá y colocó los pies en alto sobre uno de los reposabrazos.
— ¿Qué tal te ha ido? ¿Solucionaste lo de tu supervisor? ¿Ya ha aprendido a apreciar tus encantos?
Ella entornó los ojos sin perder la sonrisa de sus labios. El día anterior le había relatado que no había tenido un buen recibimiento por parte de Hotchner. Clyde la había animado a no rendirse tan fácilmente.
— Tuvimos un caso – Explicó sin darle demasiados datos— Y por fin ha aceptado que puedo trabajar en la Unidad.
— Has seguido mi consejo ¿no? – Preguntó entonces Clyde a modo de advertencia— Intenta no llamar demasiado la atención.
Lo habían hablado previamente. El expediente de Emily estaba parcialmente sellado, al menos en todo lo relativo al tiempo en que había estado encubierta. Era cierto que había trabajado en las oficinas de Saint Louis y Chicago, pero había sido brevemente, sólo para realizar el tránsito hasta la UAC. Clyde había previsto hasta el más mínimo detalle para que encajara en la Unidad de Análisis de Conducta y había movido todos los hilos a su alcance para lograr su traslado. Cierto era que Emily estaba más que cualificada para realizar aquel trabajo, pero en ningún caso podía desvelar dónde había adquirido su experiencia. Tendría que demostrarles que valía para el puesto sin poner en riesgo los secretos que estaba obligada a guardar.
Eso incluía mantener un perfil bajo durante un tiempo, para evitar sospechas.
— Sí, en general… Aunque se sorprendieron cuando me escucharon hablar en árabe…— Confesó un poco avergonzada de su error— Les dije que había vivido en varios países árabe de niña, y parecieron creerlo.
— Bueno, porque es cierto— Expuso Clyde— Supongo que omitiste que lo perfeccionaste durante tus misiones encubiertas— Añadió sabiendo de antemano la respuesta. Continuó cuando ella no contestó – Pero cuéntame, ¿qué tal el nuevo equipo? ¿Son tan agradables como yo?
Su tono presuntuoso arrancó una nueva carcajada de Emily.
— Siento herir tu ego, pero en realidad sí— Escuchó un pequeño bufido afectado al otro lado de la línea y sonrió para sí misma – El agente Jason Gideon es el más difícil, pero creo que me estoy ganando su confianza. Mi supervisor, Aaron Hotchner, es muy serio… pero tengo la impresión de que sólo es una apariencia.
— ¿Y el resto?— La instó Clyde, muy interesado en los pequeños cotilleos del día a día.
— Bueno…— Comenzó Emily. Lo cierto es que apenas los conocía y aún no podía ofrecerle una opinión detallada, a excepción de Reid— Tienen una especie de superdotado en el equipo, se llama Reid… Lo presentan como Doctor Reid en lugar de agente Reid… creo que tiene edad de estar aún en la Universidad…— Divagó un poco, recordando que por muy inteligente que fuera no había conseguido vencer a Gideon al ajedrez. Sospechaba que tampoco podría ganarle a ella, pero aún tenía tiempo de comprobarlo— Luego está la Agente Jareau, la llaman J.J., me puso al día de todo el protocolo. Parece muy competente y es muy dulce y amable… A ver… Está también Penélope García, la analista técnica, y créeme que tendrías miedo si supieras lo que es capaz de descubrir— Bromeó entre risas— Es todo un personaje y eso que casi no la conozco… Y por último está el Agente Derek Morgan. Apenas sé nada de él, pero asumo que si trabaja en este equipo será porque está más que capacitado… A simple vista parece el típico agente macizo al que le gusta patear puertas…
Recordó la única conversación que había mantenido con él. Había sido al salir de la sala de conferencias, Morgan la había detenido un momento justo en el umbral de la puerta, después de que todos ya habían salido.
— Bienvenida al equipo… Reconozco que me has dejado impresionado — Le había dicho él, y Emily sólo había encontrado sinceridad en sus palabras — ¿Cuántos idiomas hablas?
Emily había vacilado un poco. No estaba muy segura si era adecuado alardear de sus habilidades lingüísticas, pero finalmente pensó que una vez que habían descubierto que hablaba árabe, el resto de idiomas no les causaría tanta sorpresa.
— Francés, italiano, español… Algo de ruso…— había confesado ella un poco avergonzada. No le gustaba alardear de ello, y menos aun cuando la persona que tenía delante la miraba boquiabierto— Una vez aprendes un par de ellos, no es tan complicado aprender el resto…
Morgan había sonreído, con evidente diversión.
— Inteligente y además humilde…— Había expuesto con sencillez – Interesante…
Emily no sabía muy bien cómo encajar aquel comentario. En cualquier caso, la charla había terminado allí y apenas había tenido ocasión de hablar con él durante el resto del caso.
— ¿Has dicho macizo?— Se burló Clyde, regresándola al presente – Es bueno saber que vuelves a tener interés por los hombres.
Ella dejó los ojos en blanco, resignada a que Clyde reincidiera una y otra vez en el mismo tema. Desde todo el asunto de Ian Doyle, Emily no había sido capaz de disfrutar de una cita normal con nadie. Sus escasos intentos de retomar su vida sentimental, siempre acababan en fracaso. Sabía que Clyde estaba aún preocupado por las consecuencias de su etapa encubierta. Estaba claro para él y para todo su antiguo equipo que no había vuelto a ser la misma de siempre, y ese había sido el motivo principal para acelerar su traslado a la UAC.
— Sólo ojos, nada más— Replicó ella— No estoy ciega, Clyde… Además, ¿no fuiste tú quien me advirtió que nunca me involucrara con ningún compañero de trabajo?
— Bueno, me alegro que sigas mis consejos— Aplaudió Clyde con cierto orgullo— Aunque sospecho que si no lo hiciste sólo fue porque nadie te interesaba… Muy a mi pesar…— Añadió fingiéndose dolido.
— Bueno, creo que ambos tenemos claro que tú y la palabra compromiso no podrían ir en la misma frase.
— No hablaba de compromiso… Sólo de sexo sin complicaciones…— Le rebatió él con aquel tono descarado que lo caracterizaba— Deberías probarlo de vez en cuando…
Ella suspiró en parte por resignación y en parte por el cansancio acumulado.
— Supongo que es lo que me queda… No es como si me sintiera cómoda poniendo en peligro a nadie más.
Emily no podía verlo, pero lo conocía lo suficiente como para interpretar su silencio. Su preocupación se hizo evidente cuando volvió a hablar.
— No va a encontrarte, Em… Sean y yo nos ocupamos de eso, ya lo sabes. Y además, está en una prisión de máxima seguridad. Para él estás muerta.
— Sí… Lauren Reynolds murió en un accidente de coche…— Recitó ella como si fuera un mantra. En realidad, casi lo era. Tsia la había obligado a repetir aquellas palabras más de una veintena de veces.
Por supuesto, Clyde desconocía que ella le había arrebatado a Doyle algo más que su libertad. Su hijo estaba a buen recaudo en Reston, Virginia. Esa era una de las razones principales por las que había aceptado trabajar en Quántico. Aún se sentía culpable por haber incluido su existencia en el perfil de Doyle y esperaba que las fotos hubieran sido lo suficientemente veraces como para que él no tratara nunca de ir en su busca.
En honor a la verdad, lo que esperaba era que él no saliera jamás de la prisión rusa dónde lo habían trasladado. Su terror hacia su antiguo objetivo y amante, era mayor que el abanico de sentimientos que una vez había tenido por él.
— Sólo relájate y rehace tu vida, ¿quieres? Llámame si necesitas cualquier cosa.
Ella asintió en silencio, susurrando un apenas audible "de acuerdo".
— Buenas noches, Clyde.
Con aquella breve despedida, terminó la llamada, y permaneció recostada en el sofá con el teléfono reposando sobre su pecho hasta que se quedó dormida perdida en el pensamiento de que el deseo de Clyde no sería fácil de cumplir.
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