REENCUENTRO
Llego a casa y la veo sentada en el sofá, mirando la televisión, sus manos ocupadas en esa vieja camisola que remienda constantemente, sus dedos pinchados por la aguja le han hecho sangrar al punto de mancharla, por estar mirando la tv no se concentra en su trabajo.
—Mamá…
Me acerco a ella para ver sus manos, no es grave y sé que no necesita de mis atenciones, pero siempre me preocupo por ella, siempre lo haré.
—Sarada chan… —me mira de forma dulce y al ver mi rostro alarmado mira sus manos— ah! Que torpe soy… pero es que el programa de hoy ha estado muy divertido, le hicieron una entrevista a Naruto…
Mamá me cuenta todo acerca del programa mientras cura sus manos, ella es la mejor ninja médica del mundo y esa insignificancia no es nada para una Kunoichi de renombre como ella.
—… debes venir con hambre mi amor… lávate las manos y ve al comedor, la comida ya esta lista, ahora vuelvo.
La veo irse por el pasillo hasta el cuarto de lavado, en sus manos lleva la camisola que se ha manchado de sangre, hago lo que me pidió y espero a que me acompañe, mamá sonríe y cenamos juntas.
Son casi pasada la medianoche y escucho murmullos fuera de mi habitación, miro el techo de mi cuarto y medito en silencio que hacer al respecto… no lo pienso más y me levanto. La veo sentada en el sillón mirando la tv y en sus manos está la camisola, sigue remendando los desgarres que tiene, está un poco húmeda, pero ya no hay rastro de las manchas de sangre.
—Mamá… ya es tarde…
—Oh… te desperté? Lamento haber hecho ruido Sarada chan —apaga la tv un poco avergonzada—
—No te preocupes mamá… porque no vas a dormir?
—Tu papá anda cerca, yo creo que no tarda en pasarse por la casa. —levanta la camisola— ya casi queda lista…
Me duele escucharla decir eso, todas las noches le espera, veo a través de sus ojos ese sentimiento que yo siento al hablar de papá. Veo la camisola y está aun muy maltrecha, pero omito mi comentario.
—…— suspiro algo cansada— vamos a dormir mamá…
Camino por la aldea y veo que todos se preparan para los festivales, puedo ver los puestos de flores y frutas. Chocho corre hasta mí para preguntarme por milésima vez de que me disfrazaré para la fiesta que darán los Uzumaki.
—No lo sé…
—Sarada… es en 3 días y aún no sabes?
—Ni siquiera sé si iré…
Continuo mi camino y Chocho no deja de revolotear a mi alrededor diciéndome las razones por las cuales debo asistir si o sí, pero realmente poco me importa tengo cosas más importantes en que pensar.
—Pero Sarada… es el festival de Halloween…
—…— me detengo y la miro tranquila— divierte Chocho, pero no iré lo más probable es que en esos días este por llegar mi papá… quiero estar con mi mamá para esperarlo…
—Sarada…
Mamá adorna la casa y la veo muy entusiasmada, ha ido con la tía Ino y ha llenado todo el lugar con muchas flores, siempre ha sido lo mismo, pero este año exageró. Siempre comportándose como una eterna enamorada de mi papá. En la aldea todos andaban celebrando y mamá andaba apresurada por terminar, su trabajo en el hospital la tuvo en una guardia de 48 horas y ahora estaba como loca haciendo todo, quiere que quede impecable como a papa le gusta… dice que debe poner la comida para todos.
—Sarada chan, ayúdame con esto… —me extiende unas velas— debemos tener todo listo para la llegada de tu padre…
—Mamá… —miro a mamá muy metida en su trabajo y solo atino en ayudarle— yo pongo la fruta…
Terminamos de colocar el altar, mamá se ve algo triste, pero motivada, la abrazo y la estrecho con fuerza, han sido días complicados, pero juntas siempre hemos salido adelante.
Despierto y escucho otra vez murmullos, de nuevo mi mente se inunda de pensamientos, pero los ignoro me levanto y voy a la sala, ahí esta mi madre de nueva cuenta sentada en el sofá escuchando la tv y con la camisola en sus manos… ya esta casi reparada y no puedo evitar recordarla cuando la vi aquella tarde hecha jirones en el cuerpo ensangrentado de mi padre.
—Sarada cha?… otra vez te desperté cariño?
—No… —despabilo de mis pensamientos para borrar esa horrible imagen de mi mente— me levanté por un vaso de agua… no puedes dormir?
—… —note que seguía zurciendo la camisola— ya casi la termino… y él… —miro por la ventana— sé que pronto llegara…
Las fotos de mis antepasados en el altar con la comida que tanto les gusta esta ahí puesta y mamá espera a papá con fe en su mirada y el corazón, el rostro de mi madre es cansado y agotado, no ha dormido prácticamente nada y está ahí esperando.
—Te puedo acompañar?
—No, ve a tu habitación, sabes lo mucho que le disgusta que te desveles.
La luz de las velas del altar dan un cálido ambiente y el corazón se me estruja.
—Déjame acompañarte… —un nudo seme hace en la garganta, pero alcanzo a terminar mi pregunta— por favor.
Me sonríe de forma suave y se recorre en el sofá, me siento con ella y hacemos guardia juntas a la llegada de papa. Veo las velas alumbrando la habitación con una llama danzante, la bebida y la comida en el altar como ofrenda a nuestros ancestros espera a ser disfrutada, los colores de las flores vibrantes adornan nuestro altar de día de muertos. La foto de cada uno de nuestros familiares fallecidos están en él, cada platillo es puesto con mucho amor, con todo nuestro respeto y deseo de que sea de su agrado. La tradición manda que esta noche ellos vendrán del mundo de los muertos para estar con nosotros y nosotros los vivos les recibimos con amor y cariño pero sobre todo con gusto. Respiro e inhalo profundamente el fragante olor a incienso y lentamente me quedo dormida.
—… espero te guste… puse lo que tanto les gusta, a tu hermano sus dangos, a tu padre unos omusubis y a tu mami los dumplings de anko…—despierto un tanto adormilada por un ligero susurro en el aire— te he echado de menos Sasuke kun…
Noto su mirada seria sobre mí al notarme despierta y enseguida me cohíbo.
—Yo… lo lamento… es solo que…
Papá se acerca y me abraza, siento su fuerte abrazo y su aroma inundar mis pulmones, el olor de papá es cálido tal como lo recordaba, me abrazo a él con fuerza y sé que es real, no es un sueño. Papá está aquí.
—Es hora de dormir Sarada.—una ligera sonrisa se dibuja en sus labios y me alegra tanto haberlo esperado con mamá—
Regreso a mi habitación y escucho a mamá reír con papá aun en la sala y después un silencio profundo en la casa.
Papá llegó por fin luego de otro largo viaje y con ello la paz, miro el techo y presiento que esta será una noche en la que tanto mamá como yo podremos dormir tranquilas y no pensar que un día pondremos la foto de papá en el altar. Mamá y yo estamos preparadas para lo peor, sabemos que sus misiones son de alto riesgo y que papá puede morir en alguna de ellas, pero aun así es difícil de llevar, sabemos que es un Shinobi muy fuerte, pero la incertidumbre está ahí constante.
Me levanto y voy al altar, miro las fotos de mis abuelos, de mi tío y mis ancestros, sé que no los conocí, pero sé cuan importante fueron para mis padres y lo importante que siguen siendo, porque siguen estando presentes en su vida, mamá dice que ellos siguen con nosotros mientras les recordemos, si un día papá faltará sé que será difícil para las dos, pero sé que papá seguirá con nosotras, él siempre formaría parte de mamá y de mí… pero me alegra que eso no sea así por ahora, papá está en casa y eso es lo único que importa.
Esta historia está hecha con base en una tradición muy importante en mi país y una que en lo personal es de mis favoritas, que es el Día de Muertos, celebrada el 1° y 2° de noviembre. Es el día en el que celebramos el regreso de nuestros seres queridos que han fallecido, el día en el que nos reencontramos con aquellos que han partido. Festejamos con una ofrenda con comida, bebida y flores para que disfruten con aquello que en vida tanto les gustaba, todo esto con mucho amor, cariño y gusto de tenerlos de vuelta.
Una persona no muere a menos que se le olvide, si recordamos a nuestros difuntos ellos siempre vivirán.
