Jamás me imagine que existiera un futuro para mí, es decir, un futuro lleno de esperanza y amor. Hay veces en que me pregunto si en serio merezco esto…
Me quedo sopesando la idea un par de minutos hasta que percibo una risita angelical proveniente del marco de la puerta. Giro mi cabeza lentamente con una pequeña sonrisa en mi rostro ya que, por obvias razones, reconozco perfectamente esa risa, ¿cómo no reconocerla? ¿cómo no reconocer uno de los sonidos más esplendidos del planeta?, un sonido que me ha dado esperanza y felicidad en partes iguales.
-Edward me dijo lo que estás pensando- dijo Alice, con una carita apenada a la que no me pude resistir
Maldito entrometido-pensé para mis adentros y, casi al instante, escuché una carcajada proveniente del piso de abajo.
- ¿Qué tengo que hacer para que me creas? - dijo Alice, volviendo a captar mi atención.
No respondí.
-Debes dejar de atormentarte con el pasado, nada fue tu culpa. No eres una mala persona Jazz, eres una buena persona a la que le han pasado cosas malas.
-No estoy seguro Ali, todas esas vidas que arrebaté…
-Pero estás arrepentido-me interrumpió Alice- eso es lo importante, ya no estás en ese infierno de sangre…ahora estás conmigo
-Eso es lo que más me cuestiono, ¿cómo es que un ser tan miserable como yo, tiene a su lado a un ángel como tú?
- ¡No eres un ser miserable Jasper Whitlock ¡. ¿Cuántas veces te lo tengo que repetir? - respondió con un deje de exasperación en la voz.
Decidí dejar que siguiera hablando.
-Te amo- esas palabras me desarmaron fácilmente- y no me importa lo que pienses de ti mismo o de tu pasado- finalizó con una cara llena de súplica
Nos miramos a los ojos, como solo nosotros sabíamos hacerlo. Me deje perder en el dorado de sus pupilas, explorando cada pequeño brillo que irradiaban y degustando la magnífica paz que me invadía con solo mirarla a los ojos. Podía sentir el amor y la admiración que me estaba profesando.
Sin poder aguantarlo más, me acerque a ella y tome su delicado rostro entre mis manos, dejándolo a centímetros del mío.
Le acaricie la mejilla con el dorso de mi mano y me incline hacia un costado de su cuello, aspirando su aroma. Oí un pequeño jadeo de su parte y, enganchado por el precioso sonido de su respiración ligeramente acelerada (aunque eso fuera técnicamente imposible), marqué un camino de besos que inicio en su cuello y terminó en su oído, con pequeños estremecimientos de su parte.
-También te amo Ali- le dije con toda la dulzura y el amor que tenía para darle- Tú marcas la diferencia, si algo te pasará…no me quedaría nada en este mundo. Tú lo eres todo para mí.
Se quedo callada, pero casi podía intuir la sonrisa en su rostro.
-Cuando te conocí en aquella pequeña cafetería de Philadelphia-continué-, por primera vez en varios siglos sentí esperanza y me aferré a ella como un imán. No tienes idea de todo lo que siento por ti.
Levanté la cabeza y volví a mirarla a los ojos, había amor puro en ellos y algo más que no paso desapercibido para mí.
-Jazz… - la inste a que continuara- ámame- dijo con un pequeño puchero que, en mi opinión, se le veía adorable.
Sus deseos eran ordenes para mí, y estaba dispuesto a cumplir cada una de sus peticiones, aunque sería una vil mentira decir que no deseaba con todas mis fuerzas lo que estaba a punto de pasar. Cerré la puerta con pestillo y lentamente bajé el cierre de su vestido.
De algo estaba seguro, ya no me iba a detener a pensar si lo merecía o no, Alice y yo nos amábamos y eso era lo único que importaba. Porque mi presente y mi futuro es ella, y estaba en mis planes disfrutar de cada momento por toda la eternidad.
Y con ese último pensamiento la recosté en nuestra cama con suma delicadeza para, por fin, dar rienda suelta a todo ese amor contenido.
