Disclaimer: No soy dueño de ningún personaje, sólo escribo esto para entretener. Los personajes aparecidos aquí no son de mi propiedad. Su creación y derechos van exclusivamente a CAPCOM y su icónica saga de videojuegos Resident Evil.
Finalmente tenía bajo su poder a otro compañero de juegos. Era genuinamente agradable verlo correr de un lado a otro bajo la influencia de los estupefacientes y las esporas de cuyo conocimiento le fue dotado por la gloriosa Madre Miranda. La Señorita Beneviento tenía una gran habilidad en la fabricación de muñecas dignas de aparecer en algún museo de prestigio, sin embargo tenía un terrible costo.
Donna carecía de muchas características que hacen de un humano alguien funcional dentro de una sociedad, además de que poseía una terrible inestabilidad mental que, a través de un hecho tan traumático como el suicidio de sus padres y la pérdida de todo lo que alguna vez amó, "frenaron" su desarrollo. Si a esto le agregamos que su rostro estaba siendo deformado por un "hongo" que brotaba de sus poros, emanando un hedor pestilente, pus amarillenta y restos de carne que se desprendían por el estado de putrefacción. las probabilidades de Donna de ir a otro lugar más allá de su hogar eran... nulas.
La gran fabricante de muñecas tenía el cuerpo de una mujer, por no decir que de hecho desarrolló sus características sexuales como el crecimiento de las mamas y unas caderas anchas que se ajustaron de tal modo que ella en cualquier momento estaba lista para parir un bebé, pero la mentalidad de una niña ignorante a muchas cosas la frenaba, alguien que nunca sabría distinguir las cosas buenas de las malas, que con inocencia no sabría qué responder cuando alguien le hablara en doble sentido y quizás... sólo quizás, no tendría las habilidades para relacionarse con los demás porque tenía un profundo miedo a la gente.
Contrario a lo que pueda creerse, Donna no era la clase de mujer que disfrutaba de la tortura a los demás, de infligir daño por gusto propio o experimentar de maneras dolorosas con la gente... ella... ella prefería jugar a las escondidillas, ella adoraba hablarle a sus muñecas y hacer sesiones de té con ellas, incluso las diseñó de tal modo que las mismas podrían moverse solas para que le sirvieran de compañía.
Era una vida complicada.
El único recuerdo que la ataba a su otra vida era la preciosa Angie, con la que solía entablar conversaciones... aunque en realidad estuviera hablando consigo misma y, la persona que respondiera fuera la misma Donna, no Angie. Su amor por crear muñecas de materiales que iban desde porcelanas finas con vestimentas de tela fina importada de países sabrá Dios cuáles y dónde, hasta figuras a tamaño real de una persona y claro, otra pequeña fascinación subliminal era la creación de armas, tal vez era algo que también su padre le heredó.
Pero Donna no le hacía daño a nadie, ella solo quería compañía y afecto verdadero, además de que alguien real, alguien que fuera carne y huesos jugara con ella a la fiesta del té, jugaran con las muñecas y movieran con sus manos las extremidades para crear escenarios fantásticos... ella quería un compañero de juegos, ni siquiera quería algo sexual o retorcido como relaciones de amo y esclavo que leyó en aquellos libros viejos donde el incesto y las escenas gráficas estaban en auge, porque para empezar, Donna ni siquiera sabía qué significaba eso y tampoco quería verse influenciada por Heisenberg ya que muchas veces él le hablaba con groserías y como no le gustaba escuchar su voz, Karl le decía que cerrara la puta boca y que a nadie le importaba lo que tuviera que decir.
Beneviento empezaba a sentir el duro golpe de la soledad. Estar tanto tiempo viva era un calvario, pues no podía reunirse con aquellos a los que perdió... o al menos eso le contó Karl y algunas personas que hablaban de algo que ella no entendía muy bien... como la religión. Cuando ella escuchaba sobre la vida después de la muerte, sobre la existencia de dos polos opuestos que dividen a la gente mala de la buena una vez muere... era casi como si le contaran un cuento de hadas, sólo que sin dragones, duendes o criaturas extravagantes... a excepción de la mula que habló en algún pasaje.
Como una cría se preguntaba si sus padres la estarían esperando, en algún lado... ¿Pero dónde?
Otra de las desventajas era lo lento que pasaba el tiempo. Habían noches enteras en las que pasaba en vela, pensando, a veces estaba estática sin saber qué hacer. Algunas veces creaba muñecas con porcelanas de diversos colores, porque una parte importante de las muñecas era el color, así podrían relucir cada vez que las colgaba en las ramas de los árboles y los rayos de luz impactaban contra ellas.
Donna no puede desperdiciar la oportunidad ahora que tiene un invitado en su casa, por lo que hará de su estadía lo más acogedora posible.
Sin mediar consecuencias, Donna atacó a Ethan por la espalda, con uno de los sartenes de su cocina antes de que él pudiera cruzar la puerta principal. Finalmente alguien humano, alguien real con quien hablar para deshacerse de la soledad maldita.
Disfrutaría cada momento.
