Cuando se está acostumbrado a tragedias y vivencias agridulces, aprendes a aceptar-creer que debe haber una enseñanza detrás de todo.
(A veces).
Que no todo debe ser teñido de azabache dolor y azulada tristeza, aunque tampoco está mal admirar un pequeño lapso el negro y el azul en soledad.
(Está bien).
Y aunque puedas cavilar en un millón de hubieras, al final, sabes que el pasado es irreversible y que sólo debes seguir adelante. Permitiéndote suspirar, sonreír lánguido y llorar si así lo deseas.
Porque es válido sentirse triste, dolido y afectado por una situación. Sobre todo, ante la pérdida de un ser amado que nunca, podrá ser reemplazado; que esos lugares en tu corazón, no pueden ser tocados ni llenados porque no es ni será igual.
Gosha lo aprendió, dos veces, en su vida acerca de la pérdida de un ser querido.
Perdió a su amada Toki cuando ella lo besó (con una sonrisa victoriosa luego del beso de la muerte) y perdió a su querida hija Leano cuando ella se confinó en su habitación debido a la metamorfosis que estaba sufriendo.
Perdiéndolas a ambas en la noche.
Con Toki pereciendo tras besarlo y no desinfectar inmediatamente sus labios, justamente en su cumpleaños (de ella, su esposa). Y con Leano, quien salió de su auto confinamiento para luego tomar una soga y colgarse (tras despedirse de su hijo).
Y lejos de amargarse y retraerse tras dos grandes pérdidas, Gosha aprendió muchas cosas.
Aprendió que, no debía solamente preocuparse y preocuparse por su condición como Dragón de Komodo y llenar toda la casa de desinfectante de veneno. Sino que también debía aprender a disfrutar de los momentos con sus seres queridos y no aislarse o privarse (del todo).
Toki se lo mostró, quitando las botellas de alcohol y desinfectante para reemplazarlas con portarretratos donde estaban ellos tres –Gosha, Toki y la pequeña Leano– como familia o de ellos dos como pareja.
Con su hija aprendió que, no debía quedarse como un espectador o hacerse a un lado. No es que quiera sumergirse en el pasado pero a veces cree que, debió haber hablado más con Leano; sobre cómo se sentía, sobre lo que podían hacer y sobre todo, brindarle apoyo y consuelo.
Pues los hijos de relaciones interespecie, no podían ser totalmente felices como uno de una pareja de la misma especie.
Porque hallar un lugar en el mundo, un lugar al cual pertenecer, no era sencillo.
Pues ni él, siendo un Dragón de Komodo "puro", podía hallar un sitio donde permanecer del todo.
(La vida era llanamente agridulce).
Y aunque Gosha las extrañe y las recuerde con añoranza, sonríe, en la soledad de su apartamento. (Con gratitud). Mostrando sus respetos y cambiando las ofrendas a sus queridas lobas, agradeciendo el haberlas tenido en su vida.
(Aunque en sueños, algunas veces, Gosha confiese: Toki, Leano. La verdad es, que hubiera querido que se quedaran por más tiempo aquí).
