Disclaimer: Black Clover y sus personajes pertenecen a Yūki Tabata.
-La oportunidad-
Yami miró a Julius desde el otro lado del despacho. Se llevó la mano a la boca y le dio una intensa calada a su cigarro.
—¿Eso es todo?
—Sí.
—¿Me has llamado a mí para algo tan sencillo como esto?
—Eres de los pocos que están libres. No es demasiado urgente ni complejo, pero pensé en que tal vez querrías distraerte.
El Capitán de los Toros Negros se echó de nuevo la mano a la boca para continuar fumando. Julius lo había llamado esa mañana para encargarle una misión y realmente pensaba que sería algo de más dificultad. No todos los días se convoca a un capitán de orden en el despacho del mismísimo Rey Mago, desde luego.
—Uhmm, está bien. Iré ahora. De todos modos, no tengo nada que hacer.
—Puedes llevar contigo a alguien de tu escuadrón si quieres.
Se quedó pensando unos instantes. No le apetecía demasiado soportar a ninguno de sus ruidosos chicos, pero sí era cierto que podría llevar a alguien y que hiciera la misión por él. Después de darle vueltas unos segundos, se le ocurrió algo mejor.
—¿Puede ser alguien de otro escuadrón?
—Mientras esté disponible, sí.
—¿Sabes si Charlotte está ocupada hoy?
Julius sonrió. El día se le estaba presentando mucho más divertido y entretenido de lo que esperaba. Tal vez esa misión les daría el empujón que les hacía falta a los dos para dejarse de rodeos y admitir lo que sentían de una vez por todas.
—Desde luego, yo no le he pedido que haga nada.
—Genial, entonces iré a buscarla.
Yami se dio la vuelta y comenzó a caminar hacia la puerta con el objetivo de marcharse, pero el sonido de la voz de su antiguo capitán lo detuvo.
—¿Por qué Charlotte?
—¿Cómo? —preguntó.
—Te he preguntado que por qué quieres que vaya Charlotte contigo.
—Ah, eso —dijo mientras mantenía la cabeza y el torso girados y se rascaba la nuca con indecisión—. Supongo que… quiero que nos llevemos mejor. No me soporta y puedo incluso entenderlo un poco, pero no me parece bien que dos capitanes tengan este tipo de relación.
—Es un buen punto. Bien, ¡suerte! Esperaré vuestro reporte.
Finalmente, Yami se fue. Julius suspiró y después sonrió. Ojalá y el reporte trajese algo más que una simple descripción de una misión rutinaria.
Sin detenerse a pensarlo mucho, Yami tocó a la puerta de la base de las Rosas Azules. Fue atendido por una chica que, sorprendentemente, lo trató muy bien y lo dejó entrar amablemente, indicándole después que su capitana se encontraba en el jardín trasero. Se sintió algo extraño por el trato, porque realmente pensaba que la hostilidad inundaría las interacciones que tuviera con esas chicas, pero no le dio demasiada importancia. Tal vez tenían un buen día y ya.
—Justo ahí está la Capitana Charlotte. Seguro que le alegrará mucho tu visita.
Yami arqueó una ceja. ¿Había escuchado bien? Negó con la cabeza, sin darle demasiada importancia, y después se acercó a la mujer, que estaba sentada en una silla blanca, dándole la espalda.
—¿Puedo acompañarte?
Charlotte, al escuchar esa voz y ser consciente de quién estaba allí, respingó un poco y giró su rostro para observar al Capitán de los Toros Negros, que estaba a su lado, mirándola mientras se fumaba un cigarro.
—¿Y-yami? ¿Qué pasa?
Sin esperar confirmación por su parte, se sentó en la silla de al lado de Charlotte.
—Nada, es solo que Julius nos ha encargado una misión.
—¿A nosotros dos?
—Sí.
—Pero… a mí no me ha informado.
—No, pero a mí sí. Y me ha dicho que viniera yo a comentártelo. Ya sabes, él es un hombre ocupado.
Charlotte se quedó mirándolo intensamente. Julius no era alguien que hiciera las cosas así, pero era más que obvio que Yami no se iba a inventar una misión ni a organizar a sus integrantes. Aunque lo que no sabía era que él mismo la había elegido como su acompañante; eso sí que podía hacerlo.
—Bueno, está bien.
La mujer de mirada clara entró unos minutos a la base, se preparó y después Yami y ella se fueron juntos.
En el trayecto, el Capitán de los Toros Negros estuvo informándola sobre los detalles de la misión. Era algo sencillo: un monstruo de dimensiones más que considerables se había apropiado de una cueva cercana a una aldea y estaba aterrorizando a los vecinos, que no tenían suficiente poder mágico para combatirlo. Según Julius, con la fuerza de un capitán se podría eliminar como a unos cuatro monstruos de ese tipo, pero ese detalle, por supuesto, Charlotte no lo sabría jamás.
Tras llegar y sin mucho esfuerzo, como Yami supuso, acabaron con el monstruo rápidamente. Eran una gran combinación juntos, eso no se podía negar y, aunque le gustaba mucho luchar solo, Charlotte era la persona que mejor se adaptaba a su estilo de combate.
Cuando salieron de la cueva, se quedó mirándola. Estaba toda cubierta de sangre y él no se quedaba atrás. Se sentó en el pasto y la mujer lo imitó. Había visto un lago antes de llegar y parecía una buena idea que se bañaran y lavaran un poco la ropa, pero estaba completamente seguro de que Charlotte se negaría.
—Hay un lago cerca. Deberíamos ir a bañarnos.
Charlotte abrió los ojos con desmesura y después se sonrojó, aunque volteó el rostro con velocidad para que Yami no la viera. ¿Ese hombre estaba loco o qué? ¿Cómo iban a bañarse juntos a plena luz del día?
Carraspeó un poco para calmarse y después, con su usual mirada gélida, le contestó.
—No pienso bañarme contigo alrededor.
—Pero realmente apestas.
—¡Mira quién fue a hablar!
Las carcajadas estridentes de Yami fueron lo único que escuchó después. ¿Cómo era posible que ese hombre la sacara de sus casillas de esa manera? No se tomaba nada en serio, todo en la vida parecía carecer de importancia para él y, aun así, ella lo amaba. Lo amaba profundamente y jamás se había atrevido a contárselo, a pesar de la evidente preocupación que mostró por él cuando el asunto de la Tríada Oscura finalizó.
Si ni siquiera así se había dado cuenta de que le interesaba, no sabía bien si alguna vez lo haría. Aunque claro, si ella fuera capaz de expresar con palabras o gestos más directos lo que sentía, se acabaría por fin la agonía de no saber si era correspondida. Pero siempre lo posponía por miedo al rechazo.
—Venga, vamos al lago. Me mantendré muy lejos de ti, te lo prometo.
Yami se levantó y, sonriéndole, le ofreció la mano para que pudiera levantarse con más facilidad. Ella, algo abochornada aún, se sujetó de la mano del hombre para levantarse también.
Caminaron durante un trayecto muy corto, y al llegar, Charlotte pudo observar un lago de aguas muy claras y limpias y bastante amplio. No tenía por qué quitarse toda la ropa siquiera y se bañaría lo más alejada posible de Yami. Suspiró y se intentó tranquilizar, repitiéndose esas palabras de alivio una y otra vez en su mente.
Sin embargo, cuando se dio la vuelta para informar al Capitán de los Toros Negros que deberían parcelar el lago para que cada uno tuviese su espacio, lo vio prácticamente desnudo. Solo llevaba la ropa interior y Charlotte, primero enrojeció como nunca en su vida, y después, salió corriendo a esconderse donde pudiera.
Yami la miró con el gesto un poco incrédulo. ¿Ahora qué le pasaba? Realmente esa mujer era totalmente impredecible.
Un arbusto frondoso parecía un buen sitio para esconderse. Se encontraba casi al lado del lago, pero estaba segura de que Yami no iría a buscarla y respetaría su decisión de no bañarse finalmente. Oh, qué equivocada estaba.
El corazón le latía a un ritmo absurdo y todavía podía notar el rostro caliente cuando sintió que alguien la alzaba del suelo con una sorprendente facilidad. Y sí, por supuesto que era Yami.
—Reina de las Espinas, te me has escapado —profirió mientras se la colgaba del hombro y ella le daba patadas en el abdomen.
—¡Suéltame, degenerado! —gritó Charlotte desesperada.
—La higiene es algo importante, ¿sabes? No puedo permitir que llegues así a tu base o tus chicas se enfadarán conmigo por no saber cuidarte bien.
—¡Como si necesitara que un hombre tan maleducado como tú me cuidara! ¡Suéltame de una vez!
Charlotte siguió pataleando y Yami no lo podía negar, pegaba fuerte, pero no la soltaría. Se estaba divirtiendo demasiado ese día. Al ver a la mujer corriendo cuando se quedó en ropa interior, la primera reacción que tuvo fue reír. Después, esperó unos minutos a que se escondiera y, sintiendo su ki, fue a buscarla para llevarla al lago. Si no quería meterse por su propia voluntad, sería a la fuerza.
Así que, cuando él mismo se metió en el agua y observando que ya le cubría las piernas, la lanzó para que ella también se sumergiera.
Tras sacar la cabeza e incorporarse, Charlotte le dedicó una mirada de pura furia, a la que Yami solo pudo contestar sonriendo antes de verla saliendo del lago. La siguió sin dudarlo mientras se empezaba a reír.
—¡Eres el peor idiota que he conocido!
—Oh, entonces gano. Qué honor estar en el primer puesto de una lista de la Reina de las Espinas.
Charlotte frunció el ceño aún más y después comenzó a estrujarse la ropa empapada. Daría igual lo que hiciera, sabía que ahora se la tendría que quitar si quería que se secara en algún momento del día.
—Vamos, no te enfades tanto —pidió Yami con un tono ya más conciliador—. Era una broma.
—Tus bromas son horribles.
—Muchas veces lo son. Hagamos algo: vete a esa parte del lago, esa que hay detrás de los árboles, y te bañas. Yo te esperaré aquí.
—Vestido.
Yami volvió a reírse. Incluso en situaciones así era completamente implacable.
—Sí, vestido.
—Volveré en unas horas cuando mi ropa se seque completamente. Si quieres irte antes, puedes hacerlo.
—No dejaría sola a mi compañera de misión por nada del mundo —razonó mientras se encaminaba de nuevo hacia el lago para continuar su baño—. Además, no tengo nada mejor que hacer.
Charlotte lo vio sumergiéndose en el agua de nuevo y se fue la parte del lago que Yami le había indicado para quitarse la ropa mojada y bañarse también.
Tocó la ropa que estaba a su lado. Ya estaba seca, así que decidió vestirse. Se dirigió hacia donde Yami estaba y lo encontró tumbado bajo la sombra de un árbol con los ojos cerrados. Parecía dormitar.
—Yami —lo llamó mientras se agachaba para zarandearlo un poco. Él abrió los ojos y se quedó mirándola—, ¿nos vamos?
—Espera un momento. Siéntate.
Sin mediar palabra, le hizo caso. Se sentó a su lado y Yami se incorporó. Después, pasó las yemas de sus dedos por su brazo derecho, el cual había resultado ligeramente magullado. Charlotte sintió un escalofrío recorriéndole todo el cuerpo. Jamás se imaginó que se preocuparía de unos rasguños tan leves.
—¿Tienes más heridas?
—No, no creo. Estoy bien, no te preocupes.
—Sí me preocupo, Charlotte.
Ella se sorprendió ante esas palabras. La dualidad de Yami la desconcertaba mucho. Hacía tan solo un par de horas estaba riéndose, mofándose de ella, haciédole bromas sin parar. Y ahora parecía el hombre más preocupado y atento del mundo por unos arañazos nada graves que se había hecho en la batalla. No podía entenderlo, porque realmente no sabía cuándo hablaba en serio ni si algo le importaba de verdad, aunque fuera lo más mínimo posible.
—Yo…
—También tienes una aquí —susurró acercándose y quedándose a escasos centímetros de su rostro mientras deslizaba la mano por su mejilla y acariciaba una pequeña herida.
Se quedaron mirándose a los ojos en silencio. La atmósfera que los cubría en ese momento era extremadamente extraña; tanto, que impulsó una especie de valentía inusual en las acciones de Charlotte.
Se acercó despacio y, cuando estaba a punto de rozar sus labios con los de Yami, cerró los ojos y lo besó. Él la imitó y no solo eso, sino que también la correspondió. Llevó además su otra mano hasta el cuello de la mujer para acariciarlo e intensificar así el beso.
Después de besarse algunos minutos, se separaron, y Charlotte apoyó su frente en la clavícula de Yami sin saber bien qué decir o cómo debería actuar.
Se levantó de repente y el Capitán de los Toros Negros, algo confundido, la imitó.
—Deberíamos irnos ya de aquí.
Así lo hicieron. El trayecto no era demasiado largo y fue más bien silencioso. Yami le dijo a Charlotte que la acompañaría hasta su base y, aunque ella insistió en que no hacía falta, finalmente accedió ante su empeño.
—Bien, yo me voy ya.
—Sí… —susurró Charlotte—. Si… si quieres, podemos ser compañeros de misión en otra ocasión. No ha estado mal.
Yami sonrió e inmediatamente recortó la distancia entre ambos y la abrazó para después besarla mientras la sujetaba de la cintura.
—Lo tendré en cuenta.
Sin decir nada más, se marchó, y Charlotte sonrió con calma y felicidad antes de entrar a su base, porque sabía bien que eso solo era el comienzo de todo lo que vendría.
FIN
Nota de la autora:
Quieeeeeeeeeero una escena en el manga en la que Yami se preocupe por las heridas de Charlotte después de la batalla de la Tríada Oscura, por favor T . T pero de momento, a seguir soñando xd.
Bueno, aquí os dejo otro one-shot más, ¡espero que os haya gustado!
Nos leemos en la próxima. :D
