Gris. Si Adrien tuviera que definir sus días en una sola palabra, elegiría esa sin lugar a dudas.

-Adiós cariño, ya me voy a trabajar- Decía el joven de veintidós años, quién se había casado hace poco.

-No vuelvas muy tarde, detesto cenar tarde. Mi madre, en casa (...)- Bla, bla bla. Quejas, reclamos. Adrien se había casado hace apenas unos meses... y se arrepentía de aquella decisión con toda su alma.

El joven conducía su auto dirigiéndose a la empresa de la marca Gabriel Agreste, perdido en sus pensamientos. Al principio Kagami, su esposa, era puro amor y dulzura. Una chica más bien reservada y callada que, aunque no se reía de sus bromas, cuidaba de él y lo hacía sentir, bueno, lo hacía sentir como si estuviera con Ladybug con su actitud decidida y sus rasgos parecidos a la enmascarada de sus sueños. Adrien cruzó un semáforo. Ay, Ladybug. Hace mucho que los héroes de París, junto con el villano anónimo a quien combatían, se habían retirado de la escena. Habían pasado unos cuantos años, Adrien no había vuelto a ser Chat Noir, no había vuelto a ver a la heroína, sin embargo, no podía ni quería sacarla de su corazón. El joven echó una ojeada a su reloj, no llegaba tarde. Dando un suspiro de alivio, Adrien estacionó el flamante auto gris y descendió del mismo. Una larga y aburrida jornada laboral aguardaba. O eso pensó él... Hasta que la mismísima Ladybug, en su forma civil y vestida con elegancia entró por la puerta principal. Pero claro, él no sabía que se trataba de ella.

-¿Marinette?- La chica, que estaba comprobando unos papeles en sus manos, levantó la vista. Aquella voz le aceleró el corazón, imposible...

-¿Adrien? ¿Qué, eh, qué haces aquí?-

-Yo trabajo aquí, en la empresa de mi padre- Aunque fuera algo estúpido de explicar por lo obvio que resultaba, Adrien le sonrió a su vieja amiga de la escuela. Estaba feliz de verla.

Ambos comenzaron a caminar... En la misma dirección.

-Claro, por su, por supuesto. Pues resulta que yo también. He querido trabajar para mi, mi diseñador favorito durante años. Lo recuerdas?- Preguntó Marinette, insegura.

-Claro que me acuerdo, linda- Abriendo mucho los ojos, Marinette se ruborizó. (No, no, Marinette. Tú estás casada. Qué importa que, que Adrien haya vuelto a aparecer en tu vida después de tanto tiempo. Dios, está incluso más guapo que antes. ¿Cómo puede ser posible? Que estás casada, Marinette, ¡Maldita sea! ¿Y Adrien? ¿Lo estará? Seguramente, siendo como es... Agh, ¡Qué pesadilla!) La pobre joven estaba hecha un lío. Ambos entraron al ascensor.

-Lo siento, Marinette, la costumbre. Ya sabes, le digo así a mi esposa todo el tiempo. ¿A qué piso necesitas ir?- Sí, era cierto. Adrien se la pasaba halagando a Kagami. Sin embargo, la japonesa nunca le decía ningún cumplido. Solo que era perfecto... y sus ojos marrones estaban fijos en él cuando lo decía, como amedrentándolo. Parecían decir "Más te vale mantenerte así"

-A-al piso tres. ¿Tu-tu esposa?- Los grandes ojos azules de su amiga parecieron perder todo su brillo de repente. Adrien presionó el tercer botón en el tablero.

-Sí, Kagami. ¿Te acuerdas de ella?-

Marinette asintió, cabizbaja. (Adrien se casó con la reina del hielo, la chica decidida y segura de sí misma, grácil y no torpe... Todo lo que yo no soy. ¡Mi vida está arruinada! Un segundo, yo me casé con Luka)

-Claro, la recuerdo. Me-me alegro mucho por ti, Adrien- Musitó la azabache, pero su voz no reflejó ninguna alegría.

-Gracias, Marinette. ¿Qué hay de ti? ¿Algún afortunado logró conquistar tu maravilloso corazón?- Marinette evitó gritar, pero no pudo evitar la emoción ni las mariposas que resurgieron en su estómago igual que el ave fénix vuelve a la vida. Los dos jóvenes llegaron al piso tres. Al ver que no separaban caminos en ningún momento, Marinette se mordió las uñas con nerviosismo.

-Qué coincidencia, ahora somos compañeros de trabajo... y de oficina. Como en los viejos tiempos, ¿eh?- Adrien le sonrió a su amiga con dulzura. (¡No, no, no esto no puede estar pasándome a mí! Tranquila, Marinette. Respira. Amas a Luka, él es el hombre de tu vida) Marinette intentó serenarse y le devolvió una sonrisa muy falsa a su antiguo, al parecer no del todo olvidado amor platónico.

La tarde fue muy caótica y tensa para la pobre chica, se equivocaba a cada rato porque Adrien estaba justo a su lado, trabajando en su propia computadora y ofreciéndole ayuda con cariño y paciencia. Qué suerte tiene la perra de Kagami. Pensó, y se asustó de sí misma. Ella no era así. (Por Dios, Marinette. Luka también es dulce, cariñoso y muy muy paciente) Intentó pensar en su esposo, y en eso estaba cuando su sonido favorito en el mundo entero la interrumpió. Adrien le estaba hablando.

-Te noto muy cansada, incluso algo preocupada. ¿Estás bien, Marinette? Ten- Ante la mirada torturada de la chica, su compañero de trabajo, ajeno a todo, le tendió una taza de café recién batido.

-Un buen café calentito es lo que necesitamos para soportar este trabajo. No me mires así, no está envenenado. Lo batí yo mismo- Por si todo eso fuera poco, Adrien le guiñó el ojo. El corazón de Marinette se volvió loco en su pecho.

-Gra-gracias ángel, digo, ¡Adrien!- El rubio se puso un poquito rojo, después curvó sus labios en una sonrisa, mirando a la chica con ternura. (No ha cambiado nada) pensó, con un leve suspiro.

-De nada, Marinette-

Cuando la jornada terminó, Marinette estaba exhausta. Llegó a casa y casi agradeció que su esposo aún no hubiera llegado. Cuando apareció, la chica estaba preparando la cena.

-Hola, Mama-marimanette. Mmm, eso huele delicioso- Luka le sonrió a su esposa.

-Hola, Luka, bebé ¿Cómo estás?-

-Agotado, pero feliz de estar en casa por fin- Marinette se sintió culpable por todo el lío con Adrien en su mente, aunque en ese momento, mirando al joven con quien se había casado, todo pareció desvanecerse. Sosteniendo el cucharón de madera en una mano, Marinette se acercó a Luka y le dio un beso en los labios. Fue dulce, como siempre. Marinette suspiró aliviada. Tenía miedo de no sentir nada por él. Qué estupidez, pensó.

-También estoy feliz de que estés en casa, lindo- Dijo Marinette pensando en lo que Adrien le había dicho esa misma tarde. (Maldita sea, ya olvídate de eso) se reprochó mentalmente. Marinette y Luka cenaron juntos sin mayores percances y después se fueron a dormir. Los problemas surgieron cuando la joven se quedó dormida.

Marinette se puso cómoda en la cama, acomodándose sobre el pecho de su esposo. A veces lo observaba dormir, suponía que eso era algo que una esposa debía hacer ¿No? Aunque no fuera una idea que naciera de ella. Su respiración acompasada, su rostro relajado, sus cabellos dorados... ¡¿Dorados?! Marinette soltó un grito ahogado. Adrien se removió.

-¿Marinette?- Abriendo de golpe sus ojos verdes, que brillaban en la oscuridad como si fueran los de Chat Noir, Adrien curvó sus labios en una sonrisa antinatural.

-Yo trabajo aquí- Dijo Adrien, aquella sonrisa tan creepy no abandonó su rostro. La chica, muy asustada, no podía articular palabra alguna. ¿Trabajo? Estaban en su habitación. Eso no tenía ningún sentido.

-¡Qué coincidencia! Ahora somos compañeros de cuarto ¡Y de cama! Como en los viejos tiempos...-

-¿Q-qué?!- Logró gritar Marinette.

-Vamos, solo una amiga, deja de hacerte la inocente- (Adrien jamás me hablaría así ¿Y qué está haciendo en mi habitación?! Tiene que ser una pesadilla. Despierta, Marinette, ¡vamos! ¡Mierda!)

Adrien se puso encima de Marinette, ella intentó escapar pero él la aprisionaba con su cuerpo.

-¡Déjame! ¡Suéltame!- Gritó lanzándole patadas.

-Oh, vamos, linda. Deja de mentirte a ti misma. Sé lo mucho que me deseas, te mueres por acostarte conmigo y engañar a tu esposo, ese pobre músico que te ama con toda su alma y siempre te da paz- Adrien chasqueó la lengua, reprobatoriamente. (¡Marinette, despierta!) Qué retorcida podía ser su mente. Pensó la joven.

-Eres una niña muy mala, Marinette. Pero te confesaré algo- Pudo sentir los labios del joven rozar su oreja. -Estás de suerte. Me encantan las niñas malas. Yo también estoy loco por ti y quiero engañar a Kagami contigo. Ella no me valora, no me cuida como solo tú podrías hacerlo... No me mal entiendas, tu obsesión conmigo es aterradora, pero muy... estimulante-

-No, no... ¡Ya cállate!- Los ojos de Marinette se llenaron de lágrimas.

-Adrien jamás, él es inocente y tierno. Jamás diría algo así, ¡Jamás haría algo así!- Estalló, furiosa y llorando.

-Hmm, tal vez tienes razón. Adrien no lo haría pero ¿Y tú?- Y con esas últimas palabras, Marinette finalmente abrió los ojos.