Caminaba sin rumbo por las calles de tokyo; su reloj de mano marcaba las 23:35 pm.--miró hacia el cielo. Sus ojos antes brillantes, ahora se encontraban completamente opacos--.

Ya no podía seguir así, no aguantaría un día más. Sentía que todo caí sobre él; era su culpa, todo lo que había ocurrido...

Se preguntaba, ¿Por qué a él? ¿Qué había hecho mal?. Odiaba todo, odiaba su miserable vida; todo era malditamente cruel e injusto. ¿De qué servía ser bueno, si nunca sería recompensado? ¿Qué acaso no existe el karma? ¿Sí quiera hay un Dios al cual rezarle? ¿Cómo seguir viviendo en dicha miseria?.

Inconscientemente, había llegado al puente "Senju". (el tránsito era muy vago. Uno que otro vehículo circulaba ese puente.) Se acercó a la orilla de este y miró hacia abajo; las aguas se movían en olas un poco salvajes. El viento comenzó a mover lentamente sus cabellos, acariciandole el rostro con tranquilidad.--suspiró y colocó sus manos en el barandal del puente--.

A su mente llegaron muchos recuerdos del pasado, vio a sus padres caminando hacia él, en sus rostros vio una enorme sonrisa, esa que representa todo el amor que le tenían a él, su único hijo. Recordó a su abuelo, ese viejo que solía decirle que consiguiera un novia con curvas, que tuviera una madre soltera y hermosa; siendo esto un "premio doble" según él--rió levemente, ignorante de las lagrimas que se deslizaban en sus mejillas--. Sin embargo, no todo era bueno...a su mente llegaron esos pésimos momentos. Vio como era rechazado por la chica que había amado con todo su corazón, pero que sus sentimientos nunca pudieron alcanzar. El maltrato recibido en su antiguo empleo, siendo siempre el centro de chistes de todos...la muerte de su abuelo por culpa del cáncer--apretó el agarre de sus manos--. La muerte de sus padres hace tan sólo cinco meses, esa muerte que él mismo ocasionó por sus estúpidas palabras.

Levantó el rostro, su ceño estaba fuertemente fruncido, y las lágrimas se seguían bajando. Hizo algo de fuerza para subir a el barandal del puente; era la única forma, ya no tenía nada qué hacer en ese mundo, había perdido lo poco que tenía...para un joven de tan sólo 23 años, era como vivir en el infierno. Toda su vida vivió humildemente, no tenía dinero, no tenía amigos, su familia sólo se basaba en sus padres y abuelo, siempre recibió burlas...incluso cuando todo lo que había hecho era ser bueno; siempre pensando en los demás antes que en él, ayudando cada que podía...¿Y con esto se le pagaba? No, prefería morirse que seguir en ese infierno...de todas formas a nadie le importaría que dejara de existir.

«—Naruto, hijo, no importa qué pase, tienes que ser un buen niño—dijo una pelirroja con una dulce sonrisa en sus labios.

—Tu madre tiene razón, en la vida, todo pasa por algo. No importa que tan malo sea, no todo termina como empieza—aconsejó un rubio de ojos azules. Colocó una mano en la cabeza de su pequeño hijo; este tenía una gran sonrisa en su rostro, mostrando con ella sus dientes de leche.

—Lo prometo. ¡Mami y papi son bueno, y yo también quiero serlo!—exclamó eufórico el pequeño Namikaze. Sus padres sonrieron felices.»

Sentía como si las lágrimas le quemaran el rostro. Sentía una punzada en el pecho...su corazón se oprimió. ¿Por qué se ponía a dudar ahora?

-Se los prometí, pe-pero...ya no puedo_declaró en un hilo de voz el joven rubio.-Fui un bu-buen chico, lo fui...tanto que me olvidé de mí mismo_soltó, seguido de un sollozo. Las palabras se le trababan en la garganta, podía sentir el ardor de las lágrimas que querían salir.

-Estoy solo...¡Odio que no estén!_gritó con ira.-¡Odio está maldita vida!_vio el cielo.-Sólo quiero que regresen...¿Es malo querer morir? Sí me voy con ustedes...¿Dejaré de ser un chico bueno...?_nuevamente las lágrimas surcaron sus ojos.

El viento comenzó a soplar más fuerte, trayendo consigo hojas, arena y papeles...¿Papeles?.

Dirigió su vista a su pie, justo ahí había una página. Se inclinó y la tomó en sus manos, dicha página contenía información acerca de una organización denominada Akatsuki.

—¿Amanecer?—se preguntó extrañado el rubio. Comenzó a leer el volante.

Se trataba de una organización que ayudaba a personas con depresión, ansiedad, economía e incluso a huérfanos. Le pareció curioso haber encontrado ese papel justo en el momento en que había decidido terminar con todo su sufrimiento. Siguió leyendo y se topó con un número telefónico el cual tenía la descripción: No te rindas, sigue adelante. ¿Necesitas a alguien con quien hablar? Por favor, llama...no tomes una decisión incorrecta. . No sabía que decir, ¿debería llamar? Creía haber tomado una buena decisión, pero...¿Y sí no lo era...?, No perdía nada en intentarlo.

Gracias

Sacó su celular de su bolsillo trasero y escribió el número. Al terminar, aún con algo de duda, marcó.

Luego de unos segundos su llamada fue atendida; se quedó callado, hasta que escuchó una voz del otro lado de la línea.

—Hola, me alegra que decidieras llamar, me presento, soy Hyuga Hinata y pertenezco a este grupo llamado Akatsuki. Nuestra misión es ayudar a todos aquellos que creen que todo se encuentra perdido, será un placer para mí ayudarte—habló una voz melodiosa y suave. El ojiazul parpadeó un par de veces, aún preguntándose sí hizo lo correcto.—Me gustaría saber cuál es tu nombre—dijo después de un segundo la joven.

—So-soy Namikaze Naruto—contestó el rubio con algo de nervios. Hubo un corto silencio del otro lado

—Dime, ¿qué ocurrió para qué quisieras llamarnos?—preguntó amablemente la fémina. Naruto tragó saliva, ¿realmente esta persona lo ayudaría?.

—Yo...—su voz se quebró y el nudo creció otra vez en su garganta.—Ya no lo soporto...sólo quiero morir. Toda mi vida está mal, mi abuelo falleció hace tres años y mis...mis padres murieron en un accidente hace cinco meses y sé que es mi culpa...dime ¿qué hago?—preguntó roto el Namikaze. Del otro lado de la línea había un silencio, por un momento creyó que ya no le responderían, con eso en mente decidió colgar la llamada. Sin embargo, antes de pudiera hacer algo, escuchó nuevamente aquella dulce voz.

—¿En dónde te encuentras justo ahora?—interrogó la mujer. Naruto, confundido por aquella pregunta, respondió.

—Estoy en el puente Senju—dijo con duda en su voz. Oyó un suspiro del otro lado de la línea.

—Sé que parecerá extraño, pero...¿Te parece bien si nos encontramos en el parque Hokage?—preguntó con nervios la joven. El susodicho se extrañó, pero sin más aceptó. Iba a colgar la llamada para dirigirse hacia el parque, pero nuevamente su acción se vio interrumpida.

—No cuelgues la llamada, hablemos mientras caminamos hasta nuestro encuentro—"ordenó" la Hyuga.

Ambos comenzaron a caminar hasta el lugar indicado. La conversación era algo vacilante, venía de preguntas por parte de la mujer y respuestas del hombre.

¿Por qué me agradeces?


Era su primer día de trabajo, sería una vil mentira si dijera que no estaba nerviosa, sin embargo, no se iría; estaba allí por una razón. Quería ayudar a los demás...evitar que otra persona se suicidara.

Llegó al edificio donde ejercería su labor, y entró. En la recepción la recibieron cortésmente y le indicaron el piso al que debería ir. Subió al asensor y oprimió el botón "A05" y las puertas se cerraron, llevándola hacia su destino.

Al llegar, vio a unas personas sentada en sus respectivos escritorios, atendiendo llamadas, enviando correos o simplemente hablando con sus compañeros. Observó a una mujer de cabello azul y ojos miel, esta al verla sonrió y caminó hasta ella.

—Mucho gusto, mi nombre es Konan. Tu debes ser Hinata ¿cierto?—dijo mientras extendía su mano hacia la joven de cabellos azabaches.

—Sí, so-soy Hyuga Hinata, el placer es mío—respondió el saludo con una tímida sonrisa. Los nervios la estaban carcomiendo.

—Me alegra que quieras unirte a esta familia. Akatsuki fue fundada a base de un sueño, ahora nuestra misión es ayudar a las personas con problemas. Que puedan salir adelante y puedan ver un nuevo amanecer—contó mientras guiaba a Hinata por el lugar.—Dime, ¿qué es lo que te impulsó a querer unirte a nosotros?—preguntó curiosa la mujer de ojos miel. La ojiperla vio hacia el suelo un momento y luego regresó su mirada con determinación, hacia la mujer frente a ella.

—Quiero ayudar a los demás...mi hermana menor fue mi mayor motivación, ella se suicidó hace dos años y no pude evitar pensar que sí yo hubiera hablado con ella, probablemente seguiría conmigo...por eso, al saber de esta organización, inmediatamente quise entrar, no quiero que otras familias pasen el pesar de una muerte—relató mientras se secaba las lágrimas que habían salido a mitad de su historia. Konan la vio con pena, pero sonrió. Esa chica sería de gran ayuda para alguien.

—Bien, tu trabajo será esperar a que llamen a esta línea. Cada uno de tus nuevos compañeros, tiene una línea telefónica diferente. Y por lo que me acabas de contar, es lo mejor para ti.—sonrió al ver la cara de asombro en la joven novata.-Bienvenida a llamada de suicidios-.


Ya eran las 12:01am, comenzaba a quedarse dormida--había estado todo el día allí y nadie había llamado--. Se sentía frustrada y aliviada, la frustración era porque no había podido hacer nada y el alivio, era porqué sabía que al menos nadie quería suicidarse ese día.

"¡A no ser que lo hicieran en lugar de llamar!" pensó alterada la Hyuga.

Antes de perderse en sus pensamientos el teléfono sonó, con algo de nervios contestó. Al no oír nada del otro lado--calmando su nerviosísmo--habló.

—Hola, me alegra que decidieras llamar, me presento, soy Hyuga Hinata y pertenezco a este grupo llamado Akatsuki. Nuestra misión es ayudar a todos aquellos que creen que todo se encuentra perdido, será un placer para mí ayudarte—dijo amablemente, sin embargo, todavía no respondían.—Me gustaría saber cuál es tu nombre—habló la ojiperla, ya dándose por vencida en que le respondieran.

—So-soy Namikaze Naruto—respondió una voz grave del otro lado. Obviamente se trataba de un hombre. Titubeó un poco y le respondió.

—Dime, ¿qué ocurrió para qué quisieras llamarnos?—preguntó. ¿Estaba bien eso que le había dicho? Se encontraba preocupada, realmente quería ayudarlo...no se daría por vencida, lo haría.

—Yo...—escuchó como su voz se quebró. Se sintió muy mal.—Ya no lo soporto...sólo quiero morir. Toda mi vida está mal, mi abuelo falleció hace tres años y mis... Mis padres murieron en un accidente hace cinco meses y sé que es mi culpa...dime ¿qué hago?—Le preguntó el joven al otro lado de la línea. Una punzada le llegó al pecho, ¿era así como se había sentido su hermana? ¿Qué tanto había pasado este chico para querer acabar con su vida?. Inconscientemente una lágrima salió de su ojo derecho. No sabía si eso estaba permitido, pero ella había jurado delante de la tumba de su hermana que haría de todo para evitar otra muerte innecesaria, por lo cual, arriesgó todo y respondió.

—¿En dónde te encuentras justo ahora?—Le preguntó Hinata al Namikaze. Esperaba de alguna forma poder ayudarlo.

—Estoy en el puente Senju—dijo el joven con su voz denotando duda. La azabache soltó un suspiro y continuó hablando.

-Sé que parecerá extraño, pero...¿Te parece bien si nos encontramos en el parque Hokage?—preguntó con nervios. El chico llamado Naruto, aceptó su propuesta. Pensó en colgarle, pero el miedo a que se suicidara pudo más, por lo tanto, habló nuevamente.

—No cuelgues la llamada, hablemos mientras caminamos hasta nuestro encuentro—"ordenó" la Hyuga. Así podría escuchar todo y con su plática, podría lograr que pensara en otras cosas.

Tomó sus pertenencias y comenzó a caminar al asensor. (sabía que no sería regañada por irse, después de todo, su día de trabajo había terminado hace cuatro horas, sin embargo, ella aún no quería irse; tenía la fe de que alguien por fin llamara.) sin más, se dirigió al lugar indicado, aún sin saber qué iba a hacer o decir.


Mientras caminaban, comenzaron a charlar.

—Naruto, ¿Puedo llamarte así?—preguntó la pelinegra. El rubio se sorprendió un poco.

—Por supuesto, eso significa que yo también te llamaré por tu nombre, Hinata—habló el ojiazul con una leve sonrisa en sus labios--aunque la fémina no estaba al tanto de dicha acción--.

—De acuerdo...yo, lamento lo de tus familiares, sé cuánto duele perder a alguien especial—soltó con melancolía la ojiperla. Del otro lado de la línea hubo un silencio corto.

—¿Te...te a pasado a ti también?—La curiosidad invadió al rubio. Hinata soltó un suspiro.

—Sí. Hace dos años, mi hermana menor, Hanabi. Ella...yo pasaba ocupada en la universidad y mis padres se divorciaron cuando Hanabi era pequeña. Comenzó a tener problemas en el colegio, pero no le di mucho tiempo para hablar con ella y tratar de ayudarle...—su voz se quebró mientras contaba aquello. El ojiazul se sintió triste por la joven.—Si yo...si hubiera estado allí para ella, tal vez, no se hubiera...—comenzó a sollozar. Hubo un silencio por parte de ambos.

—Lo siento, se supone que soy la que te tiene que ayudar, pero eres tu quién está escuchando mis problemas—soltó una risa sin gracia Hinata.

—Descuida, está bien. A veces...tenemos que pensar en nosotros mismos también...créeme, lo sé por experiencia—"aconsejó" el varón.

—Sí, tal vez tengas razón. ¿Tienes amigos?—interrogó. Otra pregunta que tenía que hacer; los amigos eran una buena manera de sobrellevar los problemas. Oyó una risa (pero era sin ánimos).

—No...mis "mejores amigos" me traicionaron...realmente nunca tuve un amigo verdadero, todo siempre era interés. Sólo querían ayuda, después simplemente me desechaban—contó amargamente el Namikaze.

—Creo que te entiendo, tal vez no pueda decir que nunca he tenido un amigo honesto, porque tengo una, pero comprendo lo que es no encontrar más, y que sólo abusen de tu bondad...hasta mi propia familia lo hizo alguna vez—dijo la ojiperla. Se sentía extraño, no conocía a la persona del otro lado de la línea, pero por algún motivo...podía hablar con él libremente.

—¿Es por eso y tu...hermana, que trabajas en Akatsuki?—preguntó curioso el rubio. Una leve sonrisa apareció en el rostro de la azabache al oírlo.

—Sí, quiero poder ayudar a los demás...a personas como mi hermana. Como tú—confesó con un ligero sonrojo, Hinata. Agradecía estar hablando por llamada y así evitar que él viera su rostro.

Lo que ella no sabía era que no había sido la única con un sonrojo en sus mejillas. Sin mencionar la sonrisa que se formó en su rostro y el brillo en sus ojos azules.

—Gracias—dijo Naruto. La ojiperla sonrió; siguieron con la plática acerca de sus vidas, formuladas en preguntas y respuestas.


Ambos jóvenes llegaron al parque--al ser de madrugada no había nadie en él--Naruto estaba en la entrada sur y Hinata en la entrada norte. Ambos seguían manteniendo la llamada, mientras caminaban a su encuentro (el parque era bastante amplio).

—Dime, Naruto, ¿Tienes trabajo?—preguntó la azabache. Si resultaba que no tenía, ella estaba en el deber de tratar de conseguirle uno. La economía también podía causar depresión y ansiedad, llevando a la gente al extremo de querer morir.

—Pues, anteriormente tenía un empleo en una empresa de aparatos electrónicos para el hogar...pero me vi obligado a renunciar por problemas con mis compañeros. Ahora estoy trabajando en un local que vende Ramen, soy el mesero allí—dijo con un poco de alegría en su voz. A pesar de no conocer a la joven con quién hablaba, por alguna extraña razón, se sentía cómodo, sentía que podía confiar en esa persona...y era la primera vez (después de su familia) que alguien lo escuchaba sin rechistar o insultarlo. No importaba si lo hacía por trabajo, realmente apreciaba ser escuchado.

—Me alegra que tengas un empleo. Por como lo mencionaste, creo que realmente te gusta trabrajar allí, ¿Puedo saber por qué?—preguntó, pero no hubo respuesta. Esto la preocupó de sobremanera, sintió su corazón latir muy veloz.—¿Na-Naruto? ¿Estás ahí?—preguntó nerviosa. Nada, ni un solo sonido. Cuando iba a correr a buscarlo, vio que alguien estaba parado a unos cuantos metros de ella.

Se asustó por un segundo, pero inmediatamente vio que este tenía su celular en la mano. Ambos se miraron se miraron a los ojos, lila contra Azul.

Hinata detalló al rubio lentamente, se veía algo desalineado; bajo sus ojos había unas pequeñas ojeras--sin mencionar el hecho de que estos estaban rojos e hinchados a causa del llanto--. Debía admitir que le parecía muy lindo, y esas extrañas marcas en sus mejillas lo hacían ver adorable. Vio un deje de tristeza en su rostro, mentalmente se prometió ayudarlo y evitar que su vida se acabara.

Naruto por su parte observó el rostro de la azabache; había algo en ella que le traía paz, tenía un aura tan cálida...se preguntaba si algún día el llegaría a ser así--sin darse cuenta, la idea de suicidarse comenzaba a cesar dentro suyo--. Tal vez, sólo tal vez...llamar, no había sido mala idea...

La Hyuga caminó a paso lento hacia él, sentía nervios y alivio--había evitado que que su vida peligrara esa noche--. El Namikaze al ver la acción de ella, la imitó, a pasos torpes comenzó a acercarse a ella; a sus fosas nasales llegó el leve aroma a vainilla, supo que provenía de ella.

Cuando ya se encontraban frente a frente, con tan sólo unos pasos separandolos, Hinata habló.

—Tú e-eres...¿Naruto?—preguntó ella dudosa. El rubio abrió los ojos sorprendido y una pequeña sonrisa se formó en sus labios.

—Sí, soy Namikaze Naruto. Un gusto conocerte en persona, Hinata—mencionó, mientras estiraba su brazo con su mano extendida hasta la azabache. Esta se encontraba inmersa en los ojos azul cielo del rubio, le parecía estar viendo el mar en ellos.

—El placer es todo mío, Na-naruto—dijo con el pulso acelerado la ojiperla. Respondió el saludo del joven frente a ella.

Por salvarme

Al momento de tocar la mano del otro sintieron una corriente en sus espaldas. Se sonrieron mutuamente. Desde ese instante, una fuerte conexión nació en ellos...convirtiéndose en una amistad, que con el paso de los años, se convertiría en amor.

El destino suele ser algo caprichoso, algunas veces.