One-Shot


La historia comienza con dos jóvenes viviendo en el mismo mundo, el mismo círculo social, los mismos valores morales. Aquello que los hace diferenciar el uno del otro no es su color de cabello, o su genero, es la forma en que los papeles se invierten de forma irónica. Bien dicen que "Caras vemos, corazones no sabemos", y lo siguiente...es un claro ejemplo de ello.

Ella, llamada Erza Scarlet; alumna notable de buenas calificaciones, disciplinada chica proveniente de una familia de clase alta, Coach del equipo femenil de la escuela. Una mujer ruda, fuerte, respetada y temida; capaz de hacer temblar incluso a un león salvaje. Aquella mirada que adornaba su rostro lograba hacerte vulnerable, sin necesidad de pronunciar palabra alguna. Llevaba el liderazgo en la sangre, y lo demostraba en el campo. Erza Scarlet, una mujer fuerte.

Él, de nombre Natsu Dragneel; destacado estudiante con excelentes calificaciones, despreocupado y alegre joven con talento para meterse en problemas. Una rara combinación Integrante del mejor equipo varonil de natación de la escuela. Natsu, por sus más allegados, lo conocían por tener el corazón más noble de todo el alumnado, voluntario en casi todos los grupos de ayuda y caridad, en su casa le dio un espacio a más de siete perros callejeros, e increíblemente todos están entrenados. Compartía lo poco que tenía, y trataba a todos por igual y con respeto. "Buen hijo" diría su madre. Natsu Dragneel, un hombre generoso.

Ambos compartían varios aspectos de su vida diaria, ¿Qué estudiantes de universidad no lo hacen? Tarde o temprano tenían que encontrarse en algún momento, aunque fuera por unos segundos. Y efectivamente lo hicieron; hablaron, se juntaron, y hubo una chispa que encendió el fuego en sus interiores e intercambió los roles. El fuego los hizo cambiar.

Eran las doce con veinticuatro minutos del día miércoles cuando se expresaban por primera vez. Erza llegó al edificio adornado con luces de neón y pintado de colores oscuros: gris, marrón, y púrpura. Usando unas botas con tacón, mallas de tipo red, una minifalda negra, y una camisa blanca con líneas horizontales negras.

Pidió al portero la llave de su habitación y subió en el elevador hasta el quinto piso. Entró a la habitación, y descubrió que estaba vacía; iluminada por una tenue luz amarilla y con las cortinas cerradas. Se relajó un poco.

Sintió unas manos colocarse sobre sus hombros; brincó ligeramente. Aquellas manos la guiaron hasta el pie de la cama y la hicieron inclinarse; apoyando sus manos sobre el colchón, se dejó hacer por aquellas manos, las cuales viajaron de los hombros hacia la espalda, despúes a la parte baja, luego su trasero, y finalmente hasta sus muslos. Dejó salir un suspiro. Las manos frotaban hábilmente sus muslos, dándoles un masaje lento y delicado; luego subieron, su trasero fue masajeado de la misma manera. De sus labios comenzaron a salir pequeños, pero audibles, gemidos. Aquellas manos sabían lo que hacían. De pronto las manos rompieron las mallas en la zona genital de Erza, lo que la hizo dar otro brinco. Ahora, una mano jugueteaba con su sexo de arriba hacia abajo, y viceversa, y en círculos. Erza gemía fuerte. Su braga ya estaba húmeda y caliente. Estaba lista.

Su ropa interior fue deslizada hacia abajo, dejando descubierta su entrada vaginal, contrayéndose. Las manos de Erza fueron tomadas por sus muñecas y posteriormente atadas a su espalda con una larga tira de seda negra; la inclinaron aún más, hasta que su barbilla tocó el colchón. Acto seguido, la hebilla de un cinturón se escuchó golpear el suelo, y algo rígido tocó su entrada vaginal, para luego ser penetrada bruscamente. Soltó un sonoro gemido. El movimiento de caderas comenzó, lentamente, pero igual de intenso. Sentía las penetraciones muy fuertes, como si no tuviera piedad, pero eso le fascinaba: Sentirse dominada. Por primera vez era ella quien obedecía, quien acataba las órdenes... aunque fuera a la fuerza.

Las penetraciones aumentaron de ritmo, y su cuerpo sentía muchos espasmos en varias ocasiones, y sus paredes vaginales no dejaban de contraerse. Fue obligada a levantarse siendo jalada del amarre en sus muñecas; una mano rompió los botones de la camisa que usaba y apretó fuertemente su seno derecho, para después pellizcar el pezón. Erza gemía más y más fuerte, disfrutando siendo sometida. El ritmo aumentó una vez más, y la mano que pellizcaba su seno se colocó sobre su cuello, no ahorcándola sino sólo sintiendo la presión. Los senos de Erza rebotaban incontrolablemente; su boca abierta y la lengua de fuera, sus manos apretadas, y sintiendo un escalofrío en su espalda. Estaba a punto de llegar al clímax, al igual que su amante. Y con un sonoro grito de placer tuvo su primer orgasmo, que se transformó en dos, después en tres. Finalmente tuvo varios al mismo tiempo. Sintió cómo sus interiores eran llenados completamente.

Su amante retiró su palpitante miembro del interior de ella, y la dejó caer rendida sobre la cama, contemplando esa magnífica vista. Erza aún sentía espasmos por todo su cuerpo, pero eso no la detuvo de levantar su trasero, y menearlo en lo alto. Ella pedía más.

Así como la noche sigue al día, las ocasiones en las que Erza y Natsu tenían intimidad eran más frecuentes, y en todos lugares disponibles.

La segunda ocasión fue en un restaurante. Natsu invitó a comer a Erza; la hizo sentarse frente a él, y mientras disfrutaba de su "Ribeye" perfectamente asado, ella hacía todo lo posible por uno atragantarse con su comida teniendo un vibrador en el interior de su vagina; la potencia había llegado a siete, y Erza se mordía el labio inferior en un triste intento de contener sus gemidos. Natsu aumentó de golpe el nivel de siete a diez y Erza, quien tenía en la mano un vaso con zumo de limón, lo apretó tan fuerte que lo agrietó. Natsu estaba fascinado.

Tercera ocasión: Dentro de un cine. Sentados en la penúltima fila, Natsu introdujo dos de sus dedos en Erza, la cual estaba apretando el brazo del asiento tan fuerte que parecía querer arrancarlo. Natsu aumentó el ritmo, mientras Erza trataba de no volverse loca en frente de las demás personas. A su izquierda había una chica, de cabello rizado, que Natsu sabía perfectamente que los estaba mirado, aunque pobremente trataba de disimular lo contrario. Eso excitó aún más a Erza; pidiéndole más a Natsu, levantó su blusa con todo y brasier, y frotó ella misma sus senos. La chica volteó a verlos nuevamente, y amplió los ojos al notar qué estaba pasando; disimuladamente llevó su mano derecha a su entrepierna y comenzó a masturbarse. Erza y la chica se miraban fijamente mientras el placer las envolvía como una manta, y como si estuvieran sincronizadas, ambas llegaron al orgasmo.

Aprovechando la situación, en la cuarta ocasión Natsu habló con la chica del cine, y ambos organizaron un encuentro, lo que en cierto modo, fue muy benéfico para Erza. La chica, de nombre Azalea, compró el objeto que le había pedido Natsu y lo usó aquella noche: una especie de ropa interior de cuero que tenía un dildo color azul brillante. Esa noche ocurrió un trío, y Erza fue la víctima; siendo penetrada por la chica mientras le hacía una felación a Natsu. Intercambiaron lugares y ahora Erza cabalgaba sobre el miembro de Natsu mientras la chica, aún con el dildo, la penetraba analmente. La pelirroja fue usada en diferentes maneras aquella noche, eso sí, Natsu jamás tocó a la otra chica, ya que le era cien por ciento fiel a Erza.

Los encuentros ocurrieron a diario, por medio año. En diferentes lugares y diferentes formas, pero en todas, Erza siempre era tratada de la misma manera por Natsu. Ella era la sumisa, la que era dominada, la que obedecía. Y a la pelirroja le encantaba ser dominada por aquel chico de cabello rosa.

Erza y Natsu en un principio no se conocían, pero la vida terminó por reunirlos. A Natsu le gustaba dominar, y Erza anhelaba ser sumisa; el verse por primera vez despertó una chispa, que se convirtió en un fuego abrazador, un fuego que cubrió de pies a cabeza sus cuerpos, y sus cuerpos estaban en perfecta sincronía.

Finale.