¡Gracias por su espera y seguir leyendo! Siempre escribo con mucho cariño…

XXII. Las cartitas.

Desde que el profesor Slughorn anunció su fiesta navideña, Gawain decidió que encontraría su oportunidad.

Hermione y Ron se pelearon, cómo no, unos días antes y ella intentó o insinuó que podrían ir juntos. Gawain por poco le dice que sí, y es que, Ron se equivocaba tanto que a veces le ponía difícil lo de renunciar. Más cuando Hermione se había vuelto tan cordial hacía él.

Gawain sabía bien que siempre la querría de alguna forma y jamás olvidaría que había sido por ella que había tenido la voluntad de cambiar y hablar con las personas. Mucho del chico genial que ahora decían que tenía, se lo debía.

Había querido a Michelle sinceramente también, a pesar de la forma en que lo terminó por un berrinche, había sido buena y dulce con él durante su noviazgo.

Sin embargo, el muchacho podía separar sus sentimientos por Dziban Malfoy del resto. Siempre tenía una cita nueva para Hogsmade, regalos y cartitas con el correo del desayuno y le habían dado unos cuantos besos por los pasillos. Pero ninguna era ella.

No es que no supiera que aquello no tenía sentido: había hablado tan poco con ella en la vida, no habían bailado ni una canción completa ya un par de años atrás y sus encuentros eran extraños y difíciles de interpretar. Gawain era consciente también, de que inicialmente había sido su aspecto de hada inalcanzable lo que le había llamado la atención y aun así no podía engañarse, con la mirada apagada con la que ahora existía, seguía capturando toda su atención cuando llegaban a coincidir.

Si tan solo pudiera acortar un poco la distancia para volver a hablarle…

Pero Dziban había dejado de acudir a su mesa habitual en la biblioteca, ya no trepaba a los árboles ni hostigaba a los demás en los pasillos, tampoco se le veía mucho en el comedor, quizá por eso había perdido tanto peso y se le veía así la piel.

Gawain abrió un paquete de chocolates que alguien le había enviado en el desayuno y por fin, la idea lo golpeó tan fuerte como la culpa por no haberse puesto en marcha antes. ¡Él debía enviarle algo a Dziban!

-¡Luna, necesito tu ayuda!

-D&G-

No tenía la certeza de que su mensaje la hubiera alcanzado y si lo había hecho, era difícil que ella quisiera acudir… aun así, Gawain pasó la tarde esperándola.

Dziban Malfoy, quien ahora vivía solo para su misión, pensó que la carta que había recibido era algún tipo de broma.

La lechuza había ido a buscarla hasta el mismísimo pasillo del cuarto de menesteres, se le había ido el tiempo trabajando ahí y ni siquiera se había percatado del amanecer. Y de pronto al salir, una lechuza había aparecido frente a ella pegándole un susto ¿sería un mensaje de los mortífagos?

Y en cambio era una tonta cartita donde Gawain Weasley, que había tenido la osadía de firmarla encima, le pedía acudir a su encuentro en los terrenos… en el árbol donde le había dado el conejito.

En medio de la angustia de los últimos meses, de pronto Dziban se había reído. Tenía que ser una broma.

Por supuesto que se sorprendió al recibir otra carta más o menos igual al día siguiente. Y tras ignorarla otra vez, al día siguiente.

¿Cuándo habría hablado con Weasley la última vez? ¿En qué términos se supone que estaban? ¿Eran enemigos? ¿Sabría Gawain que ella le había roto la nariz a Harry Potter en el tren ese año? ¿Querría llenarla de moco como al final del año anterior cuando huyó con sus amigos de la patrulla inquisidora? ¿Quería espiarla para contarle de sus planes a Harry Potter? Mejor seguir ignorándolo…

-D&G-

Maldita su mala suerte de haberlo vuelto a ver con una chica. No era ajena a la noticia de que Gawain era ahora considerado popular, pero Dziban tenía tanto sobre sus hombros y en sus manos ahora, que no disponía de la energía o el tiempo para los chismes del colegio.

Aun así, le había molestado verlo besando a alguien en Hogsmade, pero se había dicho que era porque la escena era desagradable en sí.

Ahora no había beso ni contacto entre Gawain y esa chica, pero por lo que Dziban había alcanzado a captar al pasar junto a ellos, hablaban de ir a una fiesta.

La fiesta de Navidad Slughorn, eso tampoco le era ajeno.

De hecho, quería ir y quería ser tomada en cuenta en su tonto club, retomar las riendas de su vida, ir a clases, jugar quidditch… no tener esa tonta misión.

Y entonces se dio cuenta que Gawain Weasley la estaba siguiendo. Pero no de la forma estúpida en que Harry Potter la seguía, envuelto en su capa de invisibilidad o tratando de que no lo notara.

-Dzi… Malfoy, oye…

La aludida se detuvo en seco, se aseguró de utilizar oclumancia y por fin, se giró hacía donde el pelirrojo la miraba: con toda la intensidad de sus tontos ojillos de chocolate.

-¿Qué quieres?

De pronto, Dziban se hizo consciente de si misma, se miró las manos que lucían un poco azules de lo delgada que tenía la piel y lo mucho que sobresalían las venas por esa razón y con las uñas desarregladas y aunque no pudiera mirarse al espejo, perdió toda esperanza de lucir mejor que la chica con la que antes hablaba el pelirrojo.

Escondió las manos en sus bolsillos y le devolvió la mirada a Gawain, pero no pudo, ni de lejos, sostenerla.

-Yo…

-No tengo tiempo, Weasley –le urgió sin mucho ánimo.

-Es que…

-Además tienes que volver con tu nov…

-¡No es mi novia!

Dziban miró en todas direcciones y se alzó de hombros.

-He estado enviándote unas car…

-Creí que eran una broma. O una trampa—le cortó.

-Ya. Pero no lo son.

-Ya puedes decirme qué quieres—volvió a urgirlo nerviosa.

-PorfavoracompáñamealafiestadenavidaddelprofesorSlughorn.

-D&G-

¡Hasta aquí! ¡Miles de gracias por seguir leyendo!

Sé que hubo drama en muchos capítulos, pero ya va siendo tiempo de regresar al romancito entre mis Draco-Ginny al revés. Espero que les entusiasme.

Sigan cuidándose, usen bien sus cubrebocas, cuiden a los suyos, ayuden al personal de salud (a mi). Un abrazo!