東方四葉のクローバー~ White Clover.

(Final Alternativo de "Touhou Kirisome no Amnesia: la verdadera historia de Sakuya Izayoi/ 20 capítulos inéditos) [Capítulos 3 BETA].

Nota de la autora:

Antes de comenzar con esto, quiero aclarar este final alternativo con tres mínimos detalles acerca de este nuevo final alternativo y posible línea temporal para KnA:

1-. Originalmente, Kirisome no Amnesia iba a contener ochenta capítulos con el fin de poder responder a las dudas relacionadas con el pasado de Sakuya Izayoi desde mi punto de vista, ochenta capítulos de los cuales, por cuestiones de tiempo, mega-saturación de compromisos personales relacionados con mis estudios, asuntos familiares y otros problemas que, por obvias razones, no pueden ser reveladas, nunca se realizaron y por ello di un final demasiado rápido, insatisfactorio y muy forzado de sesenta capítulos el cual no me convenció del todo. O al menos es lo que yo pienso.

2-. Por la misma razón, si hubiera hecho un remake, sería mil y un cambios que requieren mucho tiempo, tales como los argumentos de la trama, la eliminación de personajes innecesarios para la historia o la ausencia de éstos, desarrollar lo que está pasando realmente entre la posible desaparición de Aliza (siendo un personaje exclusivo para KnA desde su aparición en BC para ese entonces), agregar nuevos personajes, investigar, etcétera; lo cual tampoco me favorece del todo, ya que mínimo empezaría a escribir la historia de nuevo y por eso termino cansada, así como dejar la trama como está.

3-. Esta versión sería una pequeña prueba que será compartida sólo en este lugar, pues escribirlo en Wattpad me impediría continuar con mis otras historias y sería un problema no sólo en mi organización sino también en asuntos relacionados con las clases en línea. Por ende, sólo se mostrarán escenas que posiblemente puedan estar en una futura historia relacionada a Seibutsudokei o un epílogo, ya que por el momento sólo es una edición de prueba que será compartida y vista.

Por su atención y comprensión, muchas gracias; disfruten de esta pequeña parte de los primeros tres capítulos de prueba.

Capítulo 62: Destino incierto.

"No puedes cambiar el destino, pero puedes acudir a su encuentro".

~"La Princesa Mononoke" (1997) de Hayao Miyazaki.

10 de junio de 1859.

03:26 de la tarde, cementerio de Maidstone East Springs.

—Tu padre solía ser una buena persona antes de que muriera en un accidente cuando eras una niña pequeña, Aliza—comenzó a hablar Merina a una chica de cabellera color castaño oscuro, ojos cafés rojizos y con una mirada llena de inocencia que ni el luto ni la pena pudieron hacerla desaparecer, cuya edad ronda de los dos años; la infanta iba tomada de la mano en su madre, a la vez le llevaba un ramillete de margaritas hacia una lápida bañada en la sombra de un viejo álamo.

Sus pasos se escuchaban al son del canto veraniego de los pájaros, posando en las ramas de aquel árbol sublime, protagonista de un sinfín de historias a lo largo del paso en el tiempo.

—Mamá, ¿extrañas mucho a papá?—preguntó la referida sin dejar de mirar algunas tumbas.

—Sí, cariño. Echo de menos su calidez y su sonrisa—asintió la mujer con una pequeña sonrisa, tratando de no llorar en frente de su pequeña hija y pudiendo soportar el dolor gobernante en su corazón, encogido por la tristeza al llevarlo hacia el pecho—. Pero, me temo que muy pronto no estaré en este mundo ya nunca jamás y no quiero irme sin poder pasar mis últimos años de vida contigo y tus hermanos.

—Ojalá pudiera encontrar una cura para ti, mamá—aludió Aliza al consolarla—. Debes estar cansada, y no creo que venir aquí sea una buena idea. Mamá, debemos volver a casa. A mí tampoco me gusta este lugar, porque sólo puedo ver a gente muerta.

—Me temo que no puede haber una cura para el dolor—argumentó Merina al negar con la cabeza con melancolía—; no podré escapar de mi propio pesar rondando en todo mi ser, y no puedo permitir que lastime ni a ti ni a tus hermanos, dulzura. Por ello, cuando crezcas, tengas una mejor familia y seas una nueva persona, prefiero ser olvidada por estar enferma antes de ser recordada con vergüenza en nuestra propia sangre.

Pero Aliza, no convencida ante esta amarga confesión, le dijo al soltar su cariño incondicional hacia su madre:

—No, no quiero olvidarte; sin importar si estás mal o no, nacer, crecer, envejecer y morir es algo que puede dar sentido a la belleza del ser humano. Aunque sea muy joven para esto, yo nunca te abandonaré porque te quiero y siempre te querré hasta el día en que también deje de existir en este mundo y me convierta en polvo.

Ante estas hermosas palabras, Merina comenzó a llenarse de ternura al saber que Liz jamás la juzgaría y, con lágrimas de alegría escritas en sus ojos azul-grisáceos, sonrió al acariciar la mejilla de la muchacha para después abrazarla.

—Liz, cariño. No sé cómo agradecerte ese afecto, pero me siento feliz de que puedas aceptarme como tal—reconoce Merina, sin dejar de darle el afectuoso acto a su hija—. Jamás olvidaré este día tan especial en que me amaste a pesar de que este defecto siga reinando en mí.

Ambas se abrazaron y cerraron sus ojos para consolar la angustia ocasionada por la muerte del padre de Aliza; aun siendo una menor de edad, incapaz de comprender el miedo a perder a un ser querido, es consciente de los sentimientos que este temor al fallecimiento pueden generar.

La brisa fresca llena de vida en su hermoso esplendor recorría en el rostro aterciopelado de la cría, cuyas mejillas humedecidas por su tristeza eran aliviadas por el aria de la naturaleza; el tiempo, si bien puede ser relativamente corto, es un tesoro maravilloso del cual debe cubrirse de bellos recuerdos del pasado para conservarlos en la memoria y el corazón del presente, y así volver a vivirlas en el enigmático y lejano futuro incierto. Tarde o temprano, Aliza comenzaría a convertirse en una mujer al tener que despedirse de su tierna infancia una vez llegado el momento, sin embargo ella no era lo suficiente valiente en apaciguar sus dudas y temores estando en un lugar donde la primavera siempre parecía ser eterna y a la vez es algo efímero. Estando en un mundo donde la creciente diferencia social está presente.

Después de que ambas se soltaran, Lizzy se acercó hacia la lápida de su padre para dejarle su corona de flores y pararse en frente para despedirse de él, una vez más con estas palabras:

—Papá, yo sé lo mucho que fue doloroso para mí y para mamá irte sin decirnos adiós, pero prometo que algún día nos volveremos a ver, donde quieras que estés, porque te amamos y siempre te querremos hasta el final.

Ante esta despedida breve, como si su consciencia le dijera "Camina hacia adelante y no mires hacia atrás", se dirige hacia su madre para poder regresar a casa; en tanto, el capullo de una rosa azul empieza a florecer entre la vida y la muerte.

[22 años después…].

24 de abril, 1881

08: 12 de la noche.

Tren de primera clase rumbo a San Luxemburgo, Inglaterra.

Los silbatos y campanilla del tren de vapor se podían escuchar entre la oscuridad del anochecer, los árboles dibujados en forma de siluetas y las luces pertenecientes a los ventanales dorados de las cabinas de distintas clases sociales; entre la elegancia del vagón en las personas vestidas de terciopelo, seda y colores un poco apagados empero vistosos, los harapos en las ropas de los niños más pequeños que viajaban solos en busca de algún lugar donde llevar una mejor calidad de vida y gente adulta charlando de política, corbatas y novedades del Parlamento Inglés mientras reían, bebían vino tinto y fumaban opio, se encontraba una joven de cabellera plateada con una tonalidad cercana a ser blanca, piel marfileña como la nieve y un par de zafiros en sus ojos de un hermoso azul profundo, vistiendo un atuendo típico de la Época Victoriana, con la diferencia de que portaba un sombrero de copa negro y plumas de tonalidades turquesas y magentas.

La muchacha contemplaba con nostalgia el bello paisaje nocturno lleno de estrellas a través de la ventana, como si recordara ese pequeño cuento narrando el origen de esos diminutos puntos blancos muy lejanos a nuestro mundo, como si alguna vez las hubiera visto de cerca en algún punto de su infancia desconocida.

Al mismo tiempo, empezaba a redactar en una libreta roja, que había sido el regalo de Sophie, sus experiencias con una plumilla de tinta negra; cuando estaba a punto de culminar su obra maestra, empezaron a tocar la puerta y se escuchó una voz masculina que le preguntó a la misteriosa pasajera:

—Disculpe por interrumpir su estadía, señorita. ¿A dónde se dirigirá usted esta noche?

—A San Luxemburgo, señor—respondió Sakuya al ser sincera con su confirmación, pues en su boleto se encontraba el sitio en donde podría pasar el rato en el noroeste de la ciudad.

—Oh, mis sinceras disculpas—reconoció el jefe de la locomotora—. El propósito acerca del viaje entre nuestros pasajeros es asegurarnos de que todos estén disfrutando su estadía, sobre todo con la mejor calidad y excelente seguridad.

Un silencio profundo y corto fue lo único que el oficial recibió, sólo para continuar diciendo:

—Cambiando de tema para no incomodarla, si gusta puede pasar hasta nuestros mesones para que pueda recibir nuestra cálida bienvenida.

—Agradezco su comprensión y amabilidad, pero prefiero disfrutar un momento más de tranquilidad antes de pasar hacia los demás—agregó Sakuya con formalidad.

—Lo entiendo, y si a usted se le ofrece algo no dude en acudir a nuestras mucamas de compañía—concluyó el buen hombre y se pudieron escuchar los pasos en el suelo, al compás del sonido de las vías.

En cuanto se marchó, Sakuya empezaba a sacar la novela "Orgullo y Prejuicio", una manzana roja que Sophie le había comprado junto con unas naranjas, pan y mermelada de frambuesa antes de viajar lejos de su propio hogar; en ese instante, también pudo ver que en su maletín había un ramo de flores casi marchitas, por no decir carentes de agua, el cual había sido un regalo de despedida con una carta que mencionaba:

"Buena suerte, Sakuya.

Espero que algún día nos volvamos a ver".

Ante esto, estando en un viaje largo el cual las horas parecían convertirse en días, se había dado cuenta de algo: aunque no sabía sobre ello, era la primera vez que alguien le regalaba algún detalle considerado lindo, pero…¿de parte de quién? Y si es así, ¿por qué? ¿Por qué le darían un ramillete como forma de decir adiós en lugar de expresarlo en carne propia?

Parecía no comprender aquel detalle a pesar de ser una joven recién adentrada hacia un nuevo mundo abstracto para ella, pero familiar para muchos; si bien había sanado las heridas a Dio, consolado a Sophie durante su visita hacia las ruinas del castillo ubicado en San Bernardo y contemplado el mar por primera vez, todavía le quedaba un vacío dentro de su corazón: ella tampoco sabía cuál será su nuevo destino, como si su propio pasado le impidiera reconocerse a sí misma.

Al sacar su reloj de bolsillo, lo contempló por unos instantes hasta ver con claridad el movimiento independiente de las manecillas sin la necesidad de ser tocadas mediante el arco un poco doblado a causa del impacto con una caída de la cual había sufrido la misma noche en que Aliza desapareció y la buscaba sin descansar.

—¿En qué estoy pensando?—susurró para sí, confundida y sin ninguna idea clara a modo de respuesta ante aquella duda sin contestar; en pocas palabras, no hay aceptación ni negación lo cual encontrarla.

Las últimas imágenes rondando en su mente eran los cuerpos ensangrentados y con expresiones huecas de horror, miedo y tristeza escritos en las pupilas sin vida de su familia, la herida abierta en el pecho de Merina antes de que pereciera de una forma lenta y dolorosa, y a Aliza vestida de negro sin dejar de contemplar el atáud siendo enterrado bajo tierra y sin poder hacer nada para salvar lo poco que quedaba de su linaje ya casi extinto.

También podía percibir y memorizar el dolor de sus propios rasguños al caerse a un barranco y casi a punto de agonizar y morir siendo olvidada, no sin antes de ver una pequeña llama cálida sin extinguirse en medio de la oscuridad.

Era el sentimiento de esperanza.

Esperanza de poder buscar lo que anhela tener; esperanza de querer vivir en un mundo donde nacer, crecer, envejecer y morir son el verdadero secreto dentro de la belleza de la vida humana; esperanza hacia un sendero donde pueda ser una humana de verdad y ser libre en su propio universo, pero…¿a qué precio?

Justo cuando se quedaba pensativa en contemplar el relieve, se escucharon pasos acercándose hacia el sitio hasta entrar una persona; al notarlo, Sakuya miró con claridad a su acompañante: se trataba de una pequeña niña de ocho años, ojos café claro con reflejos rosados, vistiendo un traje blanco y rosa pastel a modo de vestido a la altura de sus rodillas, gorro tipo marinero con un arco magenta y anteojos en sus pupilas, pero había algo destacable en su apariencia infantil y alegre en su cabello, siendo de un azul violeta claro.

"Al parecer aquella pequeña risueña ha de pertenecer a una familia acomodada", volvió a pensar Miranda al verla acompañada de una muchacha de cabellera rubia y ojos azules con el atuendo similar a su joven acompañante, quien parecía estar divirtiéndose al contemplar el paisaje entre las ventanas del tren y mostraba felicidad entre risas y curiosidades.

—Esto es increíble—exclamó alegremente la cría sin dejar de estar emocionada.

—Ten mucho cuidado, Remy—anunció su prima-hermana tercera, a la vez cerrando el portón—. Puede ser muy peligroso.

—No, Lizzie—agregó la referida.

Pensando que se trataba de una de las tantas típicas jovencitas adineradas, quisquillosas y mimadas de linajes acaudalados pertenecientes al Londres victoriano, Sakuya empezó a no darle importancia una vez iniciado a leer la primera página.

De pronto, como si el viento entrara en su interior, una fuerte ráfaga de ventisca se adentra en el vagón con suma rapidez al voltear las hojas de su volumen hasta el punto de volar su propio sombrero. Al darse cuenta de ello, la joven de zafiros en sus pupilas trató de alcanzarlo sólo para que la pequeña lo viera y atrapara con su mano, pero cuando ya estaba a punto de no dejarlo ir, perdió el equilibrio a más no poder, casi a punto de caerse, empero Miranda pudo salvarla con sólo tomarle de su brazo y llevando su mano hasta la cintura.

—¿Te encuentras bien?—preguntó al rescatarla de algún suceso lamentable.

—Sí—respondió la nena, sólo para fijar sus ojos ante los de la mujer; parecía sorprenderse ante la hermosura tan extraordinaria de la misma, que su expresión era inefable.

Alizabeth—que era el nombre de la pariente—,tomó a la chiquilla entre sus manos y se disculpó por lo sucedido al hacer una reverencia, explicándole que se dirigían hacia el mismo lugar por cuestiones familiares.

—Lo sentimos muchísimo—inclinó al verse amable con la damisela—. Es la primera vez que viajamos en un vagón, y mi hermana pequeña a veces es un tanto curiosa—y le toma de la mano a la cría, quien no dejaba de verla con asombro—. Remmy, vámonos con Patchouli. Ella ya debe estar preocupada por nosotras.

—Oh, sí—agregó la aludida, quien pudo verla por última vez a su salvadora saludando con su mano.

Con ello, se cerró la puerta.

Capítulo 63: Elocuencia silenciosa.

«Procura que tus palabras sean mejor que el silencio».

~Proverbio japonés.

9:05 de la noche.

Estación de trenes de Market Chipping¹, Distrito de San Luxemburgo, Inglaterra.

Pasada media hora en el vagón, Sakuya finalmente pudo llegar a San Luxemburgo al bajarse del tren; cuando arribó al lugar, se quedó asombrada al ver la arquitectura neo gótica y victoriana combinadas entre sus paredes escarlatas, esculturas de mármol cuidadosamente detalladas y los techos cubiertos de esmeralda, jade y aguamarina por ser una ciudad bastante grande.

Era un mundo muy distinto al que ya estaba acostumbrada. Gracias a su estadía entre los relieves tranquilos del campo, pasando por las escenas del atardecer en el mar y las altas capitales similares o mayor desarrolladas en una época latente donde la gente adinerada disfruta de charlas tales como la política, las corbatas y hasta de mujeres hermosas mientras beben vino o fuman opio, siendo algo muy común sólo para las élites más privilegiadas.

En pocas palabras, la vida seglar bañadas de plata y oro en carne propia, porque aquella metrópoli es conocida por ser el sueño dorado para algunos trabajadores que, por diversas razones, no pudieron llegar a Inglaterra y obtienen mayor oportunidad de trabajo que en la sede londinense.

"Debe ser un lugar demasiado gigante para mí, pensó la chica al no poder encontrar palabras para describir su sorpresa al dejarse empujar por algunas personas merodeando por la entrada, siento que no puedo estar aquí. Pero debo hacer algo muy importante antes de pensar en cómo puedo encajar entre la gente".

Sin decir nada, decide avanzar hacia las escaleras para no pasar desapercibida entre los curiosos porque parecía ser un pez fuera del agua cuando se compara con otras mujeres pasando entre los bulevares laminados en perla, ladrillos dorados y árboles bañados en bronce, diamante, lemanita y rubíes; los jardínes de amatista, granates y perfumes exquisitos con aromas únicos desde el olor a vainilla, pasando por el agua de colonia impregnada con el efluvio de rosas rojas en la piel aterciopelada de una mujer antes de salir a las calles a altas horas de la noche, hasta el bálsamo a tierra mojada predecesora a un anochecer sigiloso, combinado con la esencia del pan recién horneado.

Esto último le causó a Sakuya una combinación de nostalgia y tristeza al recordar la textura de la levadura y la calidez del mendrugo en cada noche durante la cena cuando solía vivir en Maidstone East Springs; a veces, no era sencillo tener en cuenta su poca experiencia en estar en una urbe enorme comparada a su pequeño tamaño a pesar de tener casi la mayoría de edad—al menos, dieciséis años para ser exacta—, por no decir ser demasiado joven.

Y bien pudiera haber estado una vez más en San Bernardo, pues al llegar hacia el callejón más encalmado, se había dado cuenta de algo: no había nadie, salvo ella misma, como si el mismo boulevard perteneciera a un pueblo fantasma; la luz de la luna creciente parecía reflejar su sombra al sentirse sola, sin nadie quien pudiera acompañar o ayudar a conseguir algún lugar donde pueda descansar, con apenas el equipaje suficiente para una persona y no teniendo tanto dinero más que ochenta chelines, los cuales Sophie Lorren le había dado con la esperanza de que pudiera buscar una casa de huéspedes para pasar la noche.

O al menos, tratar de conseguir algún trabajo temporal sólo para tener un buen hogar.

Se escucharon sus pasos a través del concreto, en medio de un silencio pesado y muerto al no haber ningún sonido cuál cantar de una cigarra pudiese alterar el ambiente inefable; en comparación con otras calles bien iluminadas, donde se encontraba no había luz eléctrica, como si el tiempo se detuviera en las avenidas pintorescas ahora opacadas por la penumbra, el primer canto del gallo y las oraciones sin habla por llegar sana y a salvo.

Sakuya sentía el verdadero miedo a la oscuridad, aunque intentara tomarlo con calma al momento de tener la frente helada a causa del sudor frío recorriendo en su rostro; su corazón empezaba a latir con rapidez, a tal punto de que estuvo a punto de explotar gracias al temor escrito en su tez y sus huesos. Colocó su mano izquierda en el bolsillo, a su vez no soltaba su maletín.

"Si Liz estuviera aquí, no hubiera pasado por esto", se dijo ella misma, y al instante lo dudó en menos de un segundo, ya que estaba acostumbrada a pasar más tiempo fuera durante la noche.

Justo antes de que pudiera darse cuenta, alguien la empezaba a seguir desde lejos; pero dado a la oscuridad, Sakuya no pudo visualizar de quién se trataba, estando en una gran alerta al mirar hacia atrás, mas sin embargo no había nadie. Sólo se trataba de algún gato merodeando por ciertos rincones en búsqueda de comida alrededor de la basura.

Sabiendo que era producto de su propia imaginación, causado por el temor a ser asaltada al tener entre sus manos la poca plata para conseguir una habitación dentro de un hotel parecido a Langham Hotel ². De tal modo, ya era una de las tantas jóvenes abandonando sus hogares y familiares para conseguir mejor oportunidad en las ciudades grandes tales como Londres, Liverpool y hasta Manchester; no obstante, San Luxemburgo era mucho más bien desarrollado pero esto tampoco le salva de poseer gente en peores condiciones que trabajan por un salario miserable que sería, por lo menos, suficiente para un mendrugo de pan.

Finalmente, se detuvo para tomar aire en una pequeña banca de piedra cercana a una apacible casita a dos metros de distancia en el fuente London Garden; se sentía asqueada, aterrada, confundida, furiosa, muerta, herida, rota, desgarrada emocional y socialmente; quería tener a alguien con quien sentirse cercana, un techo donde tendría a esa persona esperándola y decirle: «bienvenida a casa, espero que te haya ido bien», sin importar si llegará cansada o no. Mientras pueda sentirse amada, estaría completa, incluyendo también tener lo necesario y satisfactorio para comer.

Regresando a su realidad, entre sus pequeñas lágrimas de melancolía y anhelo por sentir la calidez de un abrazo, sacó de su canasto la mermelada y uno de los panecillos, una rebanada de queso y un cuchillo de mantequilla para no continuar andando con el estómago vacío.

—Siento que debo conseguir algún trabajo aquí—se comentó ella misma, dándole un mordisco a su almuerzo improvisado a la vez contemplando el relieve iluminado con ventanales amarillos y familias con niños—, porque parece un lugar mucho más seguro que Londres. Aunque, dudo que me den oportunidad aquí.

En efecto, acertaba en su afirmación, porque ella venía de alguna procedencia desconocida, lejos de alguna unión noble. Empero se enfrentaba a la marginación social, sólo por ser distinta a los demás niños o personas comunes y corrientes.

El mundo real donde las diferencias latentes se intensifican entre discusiones, guerras sin sentido y ambiciones lejanas. Gracias a la avaricia, la envidia y la mala vida a causa de la ignorancia y el conservadurismo.

Sakuya era el tiempo encarnada en una joven de dieciséis años, no solo por tener una belleza elocuente en mente, carne y alma al instante, sino la primera—o quizá la única "humana"—en no tener existencia propia; su única compañía y testigo era el astro blanquecino de la Luna, pareciendo brillar en una duración breve. Su luminiscencia era dibujada en las ondas acuáticas del vital líquido, fluyendo con suavidad al ser considerada música para el oído y el corazón.

Con ello, consigue estar tranquila sabiendo que no se encontraba sola durante la oscuridad de la noche.

Siendo todavía una niña solitaria, pudo memorizar todos los momentos en que Aliza estuvo siempre a su lado; jamás en su vida había conocido a una chica tan dulce y buena como ella, como si sus sentimientos se dirigieran hacia su gentileza. Parecía tener la culpa de dejar que Liz se fuera lejos de su vista al imaginar su partida.

—¡No te vayas, Liz!—gritaba en su inconsciente con lágrimas en sus ojos, sumergiéndose en un mar de sentimientos jamás expresados en su ser. Los fantasmas de su pasado aparecían, esto a lo que se inundaba en la tempestad con el peso de sus pesares.

Al querer alzar su voz, las palabras se convertían en burbujas de aire al chocar con su espejismo de una mujer, desapareciendo su etapa de preadolescente al caer más bajo del agua sin poder hacer nada aparte de dejarse llevar por su propia oscuridad.

El vuelo de los cuervos era lo último que se reflejaba en el final de aquel sueño surrealista, ante un jardín de crucifijos y un paisaje monocromático, al igual que la imagen de una chica de cabellera azul pareciendo voltear hacia ella.

Notas aclaratorias:

1 Market Chipping es el lugar donde transcurre la novela "El Castillo Ambulante" de Diana Wynne Jones en 1986.

2 El Langham Hotel es uno de los grandes hoteles tradicionales más importantes de Londres; fue construido entre 1863 y 1865 con un coste de trescientas mil libras esterlinas, siendo el equivalente total a cuatrocientos diecisiete mil ciento cinco dólares actuales.

Capítulo 64: La chica del jardín en miniatura. Parte 1

«La tristeza de un destino cruel...

Es como si te llevara a un mundo donde quisieras permanecer para siempre...»

Al abrir sus ojos ante aquel sueño surrealista a la mañana siguiente, lo primero que encontró fue una rosa escarlata brotando al lado de una hermosa mansión cuyo edén estaba ahora lleno de hojarasca por la llegada del distante otoño. Lejos de quienes había conocido y siendo todavía una especie de muñeca abandonada a su suerte en medio de un panorama inusual.

No podía dar crédito a lo que veía a su alrededor: ¡había estado durmiendo en una casona sin darse cuenta! Temiendo ser descubierta, comienza a reflexionar sobre lo sucedido anoche. Había cenado en medio de sus lamentos, se había quedado dormida...Jamás en su vida había entrado a una avenida de personas acaudaladas, empero de tal manera no quería ser vista como una ladrona.

¿Cómo podría explicar su situación al probable dueño del sitio? ¿Decirle la verdad? ¿Contar su historia? No, eso no puede ser posible. No sabía qué hacer; por lo tanto, tomó sus cosas para huir del invernadero,lista para salir de ahí de no ser por un grito agudo de una mujer mayor dándose cuenta en la presencia de la niña:

—¡Una carterista! ¡Una carterista entró a la casa del señor Marlon!

—¡No…!—exclama ahogadamente Sakuya al intentar calmar a la anciana, tapando su boca por ambas manos al darse cuenta de que estaría en serios problemas de algo que no era. Incapaz de mantenerse quieta, se imaginaba una persecución detrás de ella y echó a correr con todas las fuerzas entre sus piernas.

Estuvo en lo cierto, mientras uno de los mayordomos y un jardinero la seguían con el objetivo de atraparla, llevarla a la comisaría y encerrar a la muchacha bajo las rejas; pero ella no se dejaba atrapar con tanta confianza, pues empezaba a gritar por ayuda, si es que sus plegarias fueron escuchadas al estar en una urbe la cual desconocía en su totalidad.

Abrió paso hacia los peatones incautos, vecinos y conocidos al ver cuál era la razón de tanto escándalo; algunos viajeros se unieron para ver qué estaba pasando, a lo que otros intentaron bloquear el paso, o algún oficial se aproxima a la multitud ante aquel alboroto hasta el punto de abandonar sus labores habituales.

Sakuya corrió y corrió sin ningún descanso, pasando por algunos puestos de frutas en las plazas comerciales, callejuelas y espantando las palomas por la plaza. Los niños parecían divertirse con ver a una damisela, literal y metafóricamente, en peligro de ser alcanzada todo por ser confundida por una ratera.

Su sombrero fue desapareciendo al sonido del viento, revelando su cabellera plateada al arribar a un parque en un intento de esconderse; aún así, se desviaba de su escape al amontonarse ante las personas dentro de un restaurante. Les gritaba que dejaban pasar, y cada incauto se aparta rápidamente; antes de querer preguntar qué demonios estaba ocurriendo, los sirvientes del tal señor Marlon entraban violentamente empujando a los guardias y entrando por el sitio con el fin de encontrar aquella mocosa.

Lo que no sabían es porque aquella chica tenía un plan elaborado: cogió de su valija su chal con rapidez después de posarse en una mesa vacía al ver dos bandos a punto de capturarla, la tiró hacia arriba y la dejó caer hacia ella para verse parecida a un fantasma. Una vez que parecían atraparla con las manos en la masa, los caballeros hicieron un desastre al chocar los unos a los otros.

Uno de barba larga y traje elegante, levantó el retazo. Al advertir que la supuesta ladronzuela logró desaparecer, quedó estupefacto al no ver ni un sólo pelo; uno de los policías se acercó y le dijo:

—Espere, señor Robbins. ¿Esa renacuaja desapareció, o sólo es producto de mi imaginación, o …?

—Creo que no tenía intenciones de robar nada, pero ya no está—confirmó el referido, sin dar créditos ante la escena. Enojado, tiró del chal al suelo al golpear su puño en la mesa al ver que Sakuya tenía ingenio para escapar de sus captores.

—¡Demonios! ¡Esa mocosa pudo salirse con la suya!—se lamentó una anciana al verse decepcionada con el resultado, y se dirigió hacia el señor Robbins—. ¿Por qué no la capturaste cuando estaba durmiendo en el jardín?

—Oiga, abuela—atajó el hombre, enfadado ante la reacción tajante de la mujer—. No me eche la culpa, lo que pasa es porque era demasiado noche cuando sucedió eso. ¡Muestre algo de dignidad, por favor!

—¡Darte de dignidad es cuando los señores se enteren que esa malnacida se metió a nuestra casa, y que te despidan por irresponsable! ¡¿Qué puedes hacer para que me respetes?! ¿Sabes eso lo que significa, Jason? ¡Nos echarán derechito a la calle!

—Señora, usted tiene que tranquilizarse—intervino un patrullero al ver cómo Jason y su abuela discutían en medio de la confusión, el chisme colectivo, y el esparcimiento de rumores falsos—. Nosotros trataremos de hablar con ella y resolver este problema de una forma pacífica.

—¿Cómo se atreve usted a meterse en donde no le importa?—chilló la institutriz con la cara roja del coraje—¡No me iré de este lugar hasta que esa mocosuela de dudosa cuna inferior aparezca y pague sus consecuencias!

—¡Oiga, no debería mostrar esa falta de respeto!—protesta una mujer joven ante la ira de la anciana—Es más, esa niña ni siquiera viene acompañada—para postre, se levanta ante la muchedumbre de damas y caballeros llevando sus brazos hacia los lados al arquear sus cejas—. Por favor, caballeros. Esta dama no sabe cómo ver a una chica proveniente de algún pueblo agreste y piensa que se trata de algunos de los niños callejeros que roban por necesidad y porque no tienen un hogar donde vivir. ¿Creen ustedes que juzgar un libro por su portada pueda beneficiarse en algo para ustedes?

El murmullo de la gente hizo aumentar más la incertidumbre, como si vieran a los sirvientes del caserón Marlon a modo de una secta de desconocidos; algunas damas empiezan a cuestionar la imagen del Parlamento inglés, incluso desconfiando de sus parejas. La tensión era tan pesada, que ni hasta el mismísimo Shakespeare podía describir con las palabras correctas la corta crisis ideológica; lady Mira, el cual era el nombre de la profesora, se dio cuenta de esto e intentó convencer a los turistas que era sólo un malentendido. Que no era lo que parecía ser, pues jamás pudo dar crédito a lo visto por sus propios ojos debido por el miedo irracional a los robos frecuentes en cada mansión.

En tanto, ni muy lejos ni muy cerca del café, Sakuya pudo salir del sitio a través de un arbusto debajo de un enorme árbol milenario; voltea hacia los lados para comprobar algún extravío y, por pura suerte, su reloj de bolsillo permanecía intacto dentro de su lugar.

—Es extraño—se dijo en voz alta, molesta ante su amarga bienvenida—. Yo ni siquiera pude encontrar un sitio donde dormir anoche, y ahora me ven con cara de carterista. ¡Vaya que este mundo no entiende el significado del sentido común! Ahora tendré que buscar alguna forma de regresar a casa, antes de que esa vieja bruja me culpe de cualquier tontería.

Continuará…

Saludos de la autora.

Un gran saludo.

Soy Mare Kajiura y estoy encantada de conocerte. Parece que has llegado hasta aquí y espero que hayas disfrutado de esta versión beta del final alternativo de "Touhou Kirisome no Amnesia: la historia de Sakuya Izayoi", o al menos el primer intento de hacer uno.

Como te darás cuenta desde el inicio, esa historia originalmente iba a contener ochenta capítulos con el fin de darse por completo; sin embargo, dado a situaciones de último momento, así como estar en peligro de desaparecer sin terminar algunos de mis relatos por presiones personales y de estudios, ese deseo de convertirse en realidad no resultó más que en un final demasiado rápido y sin terminar de responder algunas dudas.

Por lo tanto, si algunos lectores han leído el relato original, quiero disculparme por eso. En muchas ocasiones, ser escritora e ilustradora independiente no es tarea fácil para mí, porque a veces hay ocasiones en que necesito tomarme un tiempo para recuperar mi creatividad y hay ocasiones en donde no puedo estar actualizando.

Para no terminar con la duda, o empezar a escribir KnA de nuevo (y cansarlos con la misma historia una y otra vez), he decidido escribir esta prueba para ver qué tan buena aceptación tendrá y qué cambios pueden obtenerse al momento de escribir una versión "completa", la cual dudo que se realizará por los mismos motivos.

De igual forma, agradezco su comprensión y paciencia por esperar este momento que siempre quise hacerlo desde un principio.

Nos estaremos leyendo.

Mare Kajiura (MareMobox45).

TOUHOU PROJECT Y SUS PERSONAJES LE PERTENECEN A ZUN Y TEAM SHANGHAI ALICE.

Esta es una historia escrita por fans para fans sin fines de lucro. Queda prohibida la copia, reproducción, compra o venta del escrito sin permiso concedido por la autora. Si te pagaron por él, TE ESTAFARON.

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