¡Gracias por seguir leyendo! ¡En especial a Chokle! ¡Gracias! Espero que lo disfruten
XXV. Dos años.
Gawain era consciente de su popularidad. Entre las cartas, los regalos y los besos que habían querido darle, era imposible que no viera esa realidad. De lo que no estaba tan seguro, era de merecer la dicha fama de galán a la que incluso Harry había hecho alusión. Considerando el antecedente de su primer año poseído y lo mucho que le había costado empezar a hacer amigos, era difícil, muy difícil situar ese cambio de situación.
Probablemente todo había comenzado con las chicas de Beauxbatoons, ellas siempre decían que era lindo y buscaban su compañía, pero no creía que alguna hubiera gustado más allá de él.
Después Michelle, ella había tomado la iniciativa y sorpresivamente se había declarado, Gawain se había dejado llevar… no se arrepentía.
Pero de pronto estaba frente a un espejo en la sala común de Gryffindor con una túnica de gala nueva, regalo de sus hermanos gemelos, usando la única loción que tenía, el cabello engominado hacía atrás, pero con los rizos rebeldes en la nuca, los zapatos más limpios de lo que los había llevado nunca y siendo el objeto de las miradas de sus compañeras de casa.
Colin Creevey incluso ofreció tomarle una foto para venderlas después. "Los dos sacarían algún dinero" le había dicho.
¿Pero estaría bien para Dziban? ¿Le gustaría? Sólo con pensarlo le entraba taquicardia, pero prefería esa sensación a la de imaginarse que no llegaría, porque también le daba taquicardia, pero de un tipo doloroso.
Tenía que llegar.
Y ojalá él estuviera bien y supiera conducirse con ella.
Al salir de la sala común se cruzó con Ron, era un tonto que no iba a la fiesta y estaba de mal humor, pero Gawain se limitó a un gesto y a huir, evitando olímpicamente su mirada o sus preguntas acerca de quien lo acompañaría.
Ojalá que si lo acompañara…
-D & G-
Se vieron por fin a media luz.
El pasillo del cuarto de menesteres no tenía la atención de nadie esa noche, ni siquiera de los cuadros o antorchas.
Era la iluminación externa del castillo, la luna, las grandes ventanas y ellos.
Dziban casi se reprochó su elección de túnica en cuanto lo vio. ¿Cuándo se había convertido el pequeño bolita rosada en ese chico tan guapo?
Tenía túnicas de mayor calidad, eligió por comodidad, porque consideró que no sería un evento tan grande como el baile de los campeones y porque no tenía muchas ganas de que le vieran los huesos de sus hombros y murmuraran más de ella.
Recargado en una columna, impaciente y mareado de nervios, Gawain la vio a ella.
Claro que estaba delgada y cambiada, pero de ninguna forma la encontró menos preciosa que dos años antes, cuando la vio "y descubrió su belleza" por primera vez.
Dziban llevaba el cabello suelto y ondulado, algunos brillantes resaltaban entre las ondas que caían suaves a su barbilla; llevaba un par de esmeraldas pequeñas en las orejas y un pendiente en medio de sus clavículas, su túnica era negra y elegante, vaporosa en la parte baja y con bordados en las mangas y el moño que la sujetaba a su cintura.
"Preciosa".
En reflejo, Gawain se acomodó las solapas, ojalá no se hubiera arrugado, ojalá no estuviera sonriendo como bobo a la visión de ella…
Sí lo estaba haciendo. Evidentemente que lo estaba haciendo.
Pero para todo bien, su sonrisa provocó que de inmediato, ella detuviera la hecatombe de culpa y malos pensamientos que pudiera haber tenido antes de llegar delante de él que era tan transparente y fácil de leer. Y se sintió sonreír casi tan tontamente como Gawain.
-Hola –susurró el pelirrojo. Estaba ruborizado y Dziban pensó en que ojalá ella fuera la única en verlo así, tan dulce, tan pecas, sonrisita y ojos brillantes.
-Hola—le devolvió un paso más cerca.
Él ofreció su brazo, su mano, su brazo otra vez… temblando.
Y ella decidió tomar su mano y volvió a sonreír cuando él la miro, sorprendido, pero indudablemente feliz.
Gawain comprendió, mientras la llevaba por el pasillo hacía la fiesta, que bien podría volver a pasar por todo lo malo y desagradable, todo, lo que fuera, pero siempre y cuando volviese a llegar a ese momento.
No tenía idea de lo que había en la mente de ella, si sentiría su entusiasmo o su mismo absurdo enamoramiento, si pensaba en su abrazo y temblaba como él… sólo sabía que la tenía de la mano y que iban por los pasillos del castillo y claro que iba a aferrarse a ello.
Se detuvieron a un paso del salón donde la fiesta tenía lugar.
-¿Si quieres entrar? –preguntó Gawain sin soltar su mano.
-Te van a ver conmigo—apuntó Dziban con duda en su voz.
-¡Ya sé! –su sonrisa y su tono definitivamente no eran lo que ella esperaba ¿ese chico lo había considerado realmente?
-Tal vez nadie vuelva a darte regalos o confesiones.
-No me importan.
-Tus amigos…
-Si son mis amigos entenderán.
¿Por qué los dos hablaban como si al ir de la mano de pronto hubiera un compromiso mucho más grande entre ellos que ir a una fiestita?
-¿Y tú? También a ti van a verte conmigo –seguro que esa era la línea más seria que Gawain había dicho en la vida.
Por respuesta, Dziban acercó su mano libre al cuello de él, dos años antes habían tenido la misma estatura y ahora él le sacaba toda la cabeza, aunque usara tacón. Se fijo en las tres pequitas que adornaban su barbilla, esas que no habían cambiado, Gawain se inclinó apenas sintió el tacto y ella trasladó su mirada a sus ojos.
-Pues van a saber, que contigo y contra mí, no tenían oportunidad—murmuró en tono burlón ¿hacía cuanto no hablaba en ese tono y con tanto orgullo?
Si por Gawain hubiera sido, la habría abrazado y besado ahí mismo. Ella en cambio, soltó su cuello, acomodó la sonrisa y entró, llevándolo, literalmente, llevándolo ella a él, dentro a la fiesta.
-D & G-
-D & G-
-D & G-
¡Al fin! Llegamos a un punto en el que, si no pongo cuidado y lo ato, Gawain va a comerse a besos a Dziban. Realmente me cuesta que siga la trama. ¡Espero que les haya gustado y que esperen con tantas ganas como yo el próximo!
