Gracias infinitas por seguir leyendo ¡está bien romántico este capítulo!

XXVI. La complicidad.

Todas las miradas, según lo predicho, se fueron a ellos y a sus manos reunidas al fin una con la otra.

Dziban apretó su agarre y en respuesta, Gawain se atrevió a mover su pulgar para acariciar el dorso de la mano de ella. Los dos respiraron pesado cuando el profesor Slughorn se acercó a recibirlos con las cejas tan levantadas que rozaban su gorro.

-¡Pero si es Gawain! ¡Te esperaba, mi muchacho! –lo saludó alegre-. Y la señorita Malfoy—añadió sin disimular su disgusto.

-Buenas noches, profesor –le respondió serio el pelirrojo mientras ya encaraba las miradas de los que se encontraban en la fiesta.

-Buenas noches –Dziban procuró sonreír más hacia las chicas al notar que la evaluaban de arriba abajo-, feliz navidad, profesor.

-¡Ah, sí, sí! Navidad… -murmuró el profesor dejándolos pasar, como si recordara de repente que su fiesta era por ese motivo.

Sin aflojar la unión de sus manos ni un milímetro, Dziban y Gawain miraron a su alrededor, sólo Luna les sonrió mientras sujetaba de un brazo a Harry y le murmuraba alguna cosa al oído, probablemente para que se mantuviera tranquilo.

Hermione por su parte, parecía empecinada en mostrar que Cormac, su acompañante, era el tipo más interesante del universo y que no podía quitarle los ojos de encima ni para ver a la pareja que apenas entrar, tenía ya toda la atención y todas las demás miradas.

Ni en las fiestas en la mansión Malfoy, ni en el baile de los campeones, Dziban había sido el foco de atención de esa manera. Por increíble que pareciera, ir de la mano de Gawain Weasley ¡Weasley! Parecía ser la noticia social que robaría la noche.

Por un instante, se planteó adoptar la actitud de suficiencia de su madre o los modales Malfoy ¿aun sabría? Llevaba lo que iba del año siendo indiferente a casi todo a su alrededor y de buenas a primeras, esa noche la miraban todos.

Y entonces Gawain volvió a llenar todo su campo de visión mientras se ponía frente a ella y tomaba su otra mano.

-¡A bailar! –susurró con una sonrisita y después la llevo entre la gente a la pequeña pista.

Comenzaron en una orilla, Dziban trató de fingir seguridad cuando acomodó una mano en el hombro de él, a Gawain la emoción se le desbordaba y temblaba cuando la tomó de la cintura y mientras esperaba que la canción llegara a un acorde adecuado para dar el primer paso.

Y el mundo volvió a ser solo suyo: se apagaron las voces, los murmullos y la crítica a su alrededor. Quedó una balada de fondo, el potente latido de sus corazones, el peso de su respiración y sus tímidos pasos.

-Ya deja de temblar—le susurró ella un poco burlona cuando terminó la primera canción y se soltaron para intercambiar una inclinación como si estuvieran en un gran baile y no sólo en una fiestita en el colegio.

Gawain se río, consciente de que no podía pasarse así la noche, pero sin querer ocultar su alegría tampoco.

-¿Quieres tomar algo?

Una nueva pieza estaba comenzando, Dziban miró a los músicos y después otra vez a su compañero con toda la emoción que ella tampoco quería reprimir.

-¡Aún no!

-¡Ah, pues…! –Gawain la hizo girar y después caminó a su alrededor esperando que le saliera como se suponía.

Benditas las tardes que había "desperdiciado" practicando ese movimiento, un par de años antes, con las chicas de Beauxbatoons.

Estaban al centro de la pista ahora. Y parecían los únicos que realmente sabían bailar el tipo de música que comenzaba: un vals.

Dziban también estaba encantada, no dejaba de sonreír con cierta incredulidad mientras se dejaba conducir. Bolita ros… ¡no! Gawain Weasley estaba lleno de sorpresas.

La próxima vez que la hizo girar, Dziban lo soltó a propósito y se permitió divertirse con su confusión mientras acomodaba ambas manos sobre sus hombros.

-Hola –musitó, realmente porque no se le ocurrió otra cosa.

Y rendido ante el gesto, sin aliento porque había dejado de respirar desde que ella lo soltó y pensó que se caería, Gawain dejo caer la frente en el hombro de ella y después la atrajo por la cintura.

-¡Que dejes de temblar! –insistió divertida y trasladando de buena gana sus manos y codos para abrazarlo también.

-¡No puedo! –dejo ir con una risita-. Perdona, no puedo.

Ella lo acompañó en la risita y muy a propósito rosó su cuello con su nariz.

-Es difícil bailar y temblar ¿no?

Gawain apretó los ojos, se rio más, sujetó la tela del vestido, la estrechó, estiró las manos otra vez, aspiró profundo, se dijo que podía, después que no, que moriría, ¡otra vez que sí, que esa taquicardia no lo detendría! dejó ir su aire, volvió a sentir la nariz de ella y de pronto, se hizo consciente del silencio.

Sacó la cabeza del hombro de Dziban y miró hacia los músicos que le sonreían con toda complicidad. Eran la única pareja en la pista y habían dejado de bailar…

Dziban también giró su rostro hacía los músicos, después hacía Gawain a quien fue soltando poco a poco hasta volver a una postura de baile, todos parecieron acordar que el baile seguiría, la música se reanudó y un poco menos efusivos, se deslizaron con ella.

Podría ser que, al día siguiente, el mundo ardería hasta sus cimientos o se congelara hasta romperse, las posibilidades de que todo fuera a mal estaban ahí, aunque silenciadas a su alrededor. Y, sin embargo, por ese instante, ocupados temblando en los brazos del otro, una posibilidad de un millón que se había cumplido y era tan dulce que hacía pensar que, a su mundo, al borde de la guerra, le quedaban aún milagros como el de su encuentro.

-D & G-

-D & G-

-D & G-

¡Qué bonito era eso de bailar cuando era una criatura de 15 años!

Espero que les haya gustado ;)