Este minific participa en el evento de imágenes en el grupo de wssp de Imaginación Fanfiction. La idea es mostrar una imagen y usarla como referencia junto a un promt. En este caso, la imagen ha sido de (arroba) saradesuchiha. Quien nos concedió el permiso de utilizar su maravilloso arte.


Promt: Animales. En mi caso: Conejo y tortuga.

Pareja: (Esto es un poco complicado, así que ojo): NaruSakuSasu, pero es NaruHina.

Nota: está visto desde el pensamiento de Hinata.


Resumillo raro:

Naruto está enamorado de Sakura y de Sasuke, está seguro de ello. Sabe que moriría por ellos, que los amaría incluso en su muerte. Entonces, ¿por qué está besando a Hinata Hyûga a la luz de la luna?

Acababa de regalarle un conejo a Sakura, de esos pequeños que ella amaba y le gustaba. Le parecía que lo pomposo era hermoso.

Pero ahora besaba a otra mujer. ¿Quizás tuviera que ver con el reto de lamer la concha de una tortuga para el reto de valor de la acampada en la universidad?


Naruto Uzumaki era el amor de su vida, pero no la miraba a ella. Hinata Hyûga había crecido en el mismo círculo de amistades, los conocía de niña, había dormido en sus casas y ahora, todos iban a la misma universidad también.

Enamorarse de él fue irremediable, pues era un muchacho encantador, dulce, de los que daban la cara e iban de frente. Hinata prefería observarlo desde la lejanía, esperar que sus sentimientos llegaran de alguna forma, pero sabía que no iban a ser correspondidos.

Ella misma los había oído, los había visto jurarse amor eterno entre ellos mientras golpeaban botellas de cerveza y sonreían al cielo.

Hinata le había apoyado. Lo acompañó por diferentes tiendas hasta encontrar el conejo que a Sakura le gustaba, ese de orejitas rosas y patitas blancas. Les costó encontrarlo. Cuando lo hicieron, Naruto sonreía abiertamente, feliz, porque iba a poder hacer feliz a otra persona que no era ella.

Hinata sólo se moría por un beso, por una mirada más profunda, por una determinante decisión que provocara que fuera suyo y no de los otros dos. Pero ella no era mala y no quería verse arrastrada por la maldad que podrían provocar unos celos o el despecho.

Sin embargo, jamás pensó que el destino podría jugarles una mala pasada. Aunque de esa mala pasada, podía quedarse con algo bueno para ella.

¿Y qué podría ser?

Que Naruto Uzumaki estaba plantándole el mejor beso de su vida, rodeada por luciérnagas y la luna de fondo. El mejor escenario para un beso romántico y que debería de hacerla sentir infinitamente dichosa.

Sin embargo, no era así. Las lágrimas enseguida cedieron a sus parpadeos y fue el beso más húmedo y salado del mundo.

—¡Naruto! ¡Maldita sea!

Hinata y él se separaron. La frustración de saber que eso no iba a volver a ocurrir estuvo a punto de colapsarla. Naruto la mantenía bien aferrada de la cintura, por suerte.

—¡Sasuke! —exclamó Uzumaki sorprendido—. ¿Por qué hay dos de ti?

—No hay dos, idiota —indicó el nombrado acercándose a ellos y mostrándole una tortuga—. ¿Es cierto que has hecho el estúpido y has lamido el caparazón de la tortuga?

Naruto pareció perplejo, como si intentase comprender lo que le decía, encajar la tortuga en las manos de Sasuke y, después, al mirarla a ella, dio un respingo, soltándola. Aquello fue doloroso, más de lo que esperaba.

—Yo no he… ¿Lo he…?

—Olvídate de eso —cortó Sasuke sin importancia. Hinata sabía que no era muy de su agrado, quizás, porque reconocía mejor que los demás su afecto hacia Naruto—. Sakura está esperando. Y estás drogado. Hasta tal punto que cualquier lapa se engancha de ti.

Hinata apretó los labios. No era dada a enfrentar el conflicto y aunque Naruto hizo el intento de defenderla, estaba apuntando a un Sasuke inexistente.

—Está bien, Naruto —interrumpió—. Volveré con el resto.

Antes de que pudiera detenerla, se marchó.

Todo había comenzado por una reunión con amigos de la facultad. Kiba Inuzuka fue uno de los encargados de organizar el evento y por supuesto, no podía faltar una alocada aventura. En este caso; se sorteaban parejas al azar y cada uno debía de escoger un animal. Naruto y ella tomaron la tortuga como animal al ver una cerca, pero ninguno habría imaginado que el reto consistiera en lamerla.

Naruto se ofreció por ella caballerosamente. Y continuaron su camino en dirección a la meta. Hasta que pasó lo que pasó.

Por supuesto, Hinata no estaba dispuesta a quedarse para enfrentar una turbulenta batalla, aunque fuera de miradas con Sasuke o disculpas con Sakura. Quería atesorar ese beso lo más que pudiera. Así que tomó sus cosas y regresó a casa. Quizás para llorar. Quizás para ilusionarse como una idiota enamorada.

Lo que no esperaba era que al día siguiente Naruto apareciera en la puerta de su departamento, con su bebida favorita y rollos de canela.

—Lo siento, Hinata —se disculpó—. Sasuke me ha contado lo que pasó ayer. Sakura también me ha regañado. Y tienen razón.

Ella negó con la cabeza, inquieta.

—También es cosa mía. No creas que he venido porque ellos han insistido, que no lo saben —aseguró, nervioso—. Más bien, esperaba que me dieras con la puerta en la nariz. Nunca pensé que eso llevaría algo que provocara mi comportamiento así. Lo siento, de verdad.

—Está bien, por favor —rogó cubriéndose el rostro con las manos—. Por favor, no sigas disculpándose. Sólo fue un desliz inocente. Nada más. No sabíamos que fuera a pasar eso.

—Ya, pero… —Él continuó dudando y ella no necesitaba más excusas.

De continuar, no aseguraba mantener el control de sus lágrimas.

Naruto continuaba de pie, frente a ella.

—Hinata —dijo—. Tú eres mujer de una sola persona. ¿Verdad?

Eso la confundió.

—¿Qué?

Naruto se ruborizó. ¡Algo que nunca había visto de esa forma!

—No, no, no, nada —descartó rascándose la nuca—. Qué cosas digo. Si no lo comprendes, mejor. ¡Perdona!

Le guiñó un ojo y se marchó.

Años después, Hinata comprendió esa pregunta y deseó gritar, frustrada, porque no hubiera forma alguna de regresar atrás en el tiempo.

Se arrepentiría toda su vida de no haber sido más avispada, más abierta de mente y haber amado de verdad cada parte de Naruto, aunque hubiera tenido que compartirlo con otros, habría accedido mil veces a ser otra más de aquel extraño flujo amoroso.

Porque él, habría estado encantado de luchar por ello. Aunque, esto último, ella lo desconocía.

Fin


Y ya… Es una cosa confusa, pero mientras lo escribía yo misma estaba confusa. Es decir, me ataqué a mí misma (¿)