A Sanemi no le gustaba la noche.
Odiaba la noche, la repudiaba como si esta fuese lo más inmundo y despreciable. A pesar de que era natural que luego del día, la mañana y tarde se fuera diluyendo como agua para convertirse y dar paso a la noche y a veces, a la luna.
Sabía lo inevitable y obvio de esto, pero aun así, él seguía odiando la noche.
La noche significaba luz verde para salir y devorar humanos para los demonios.
La noche significaba oscuridad total como si le hubiesen vendado los ojos a él.
Y sobre todo, la noche le recordaba ese fatídico día.
Esa noche donde su mamá salió y no regresó hasta en la noche, convertida en una fiera voraz y sin vestigios de ser su amable, pequeña y cariñosa madre. La cual comenzó a atacar y matar a uno por uno a sus hermanos más pequeños como a moscas, y si de por sí por las noches era incapaz de ver, fue su deber como el mayor hacer algo.
Proteger al menos a Genya de mamá, tomando un cuchillo mientras se armaba de valor y coraje. Diciéndose en mente cual mantra No es mamá, no es mamá, no es mamá.
Porque mamá jamás atacaría a sus hijos como una bestia.
Porque mamá los ama y los cuida a pesar de las dificultades.
Porque mamá… es mamá.
Y ella no es mamá, no lo es, no es, no–
(Maté a mamá).
Tal vez no podía ver en la noche, pero había dos cosas que supo con certeza sin la necesidad de ver: Mamá estaba muerta y, Genya estaba ahí.
Genya, su amado y único hermano menor, estaba ahí. Lo estaba mirando, podía sentirlo.
Así como también, escuchar todas y cada una de las palabras de furia, dolor y odio dirigidas a él. Que no le dolieron en su momento gracias a la adrenalina que servía de anestesia y el shock de haber asesinado, por primera vez, a alguien.
(Yo… maté a mamá).
Esa noche obtuvo sus primeras cicatrices, las primeras de muchas.
(Y en esa noche, las cicatrices más profundas de su corazón aparecieron).
Las noches significan pérdida.
Significan dolor.
Significan lágrimas no derramadas y sangre de los suyos esparcida por el suelo.
Y sobre todo, las noches significan vulnerabilidad.
(Por eso Sanemi odia las noches).
